Era un viernes cualquiera (que pronto dejaría de ser indiferente) del mes de Diciembre de 2025 cuando, alrededor de las 9 de la mañana un grupo de 14 extraños aparecieron en las aulas de la Escuela de Música Mr Bordón, todos ellos, menos uno, sin saber por qué estaban allí.
Lo que no sabían era que cada uno iba, durante un espacio de tiempo, a probar y familiarizarse con hasta 3 instrumentos distintos, para finalmente intentar con uno de ellos, aprender algo que sonara más o o menos aceptable teniendo en cuenta la inexperiencia, pero seguro del empeño que en ello iban a poner.
Un Do, un Sol y un Re que plácidamente dormían sobre una clave de Fa, despertaron sobresaltados de su sueño melódico y salieron corriendo a esconderse tras el silencio del primer compas de la partitura en la que descansaban.
Pronto se dieron cuenta de que no tendrían escapatoria, y que para salir de ahí, tendrían que ponerse a merced de esos incautos.
De una forma un tanto abrupta esas notas fueron despertando y adquiriendo tono a través de violines, violoncelos, saxos, piano, bajo y guitarra, y con el ritmo de fondo de una conga y una batería que, aislados, intentaban también darle compás a lo que sonaba.
En cada grupo que se formó para enfrentarse a distintos instrumentos, las notas sonaban y sonaban, una y otra vez, aunque a veces no eran notas, eran como gritos exclamando piedad o como ruido de cubiertos cayendo al suelo.
Cada grupo de instrumentos por separado se esforzó por hacer sufrir lo menos posible a las notas y que no perdieran su belleza y compostura en cada intento, aun sin saber qué es lo que estaban haciendo. Aquí destacar el trabajo realizado por los profesores que nos acompañaron, que en ningún momento perdieron la fe..., bueno, es posible que sí, pero son tan buenos que no lo parecía.
Cuando todos estuvieron medianamente convencidos (los profesores no creo que lo estén en la vida) de lo que allí se escuchaba, nos invitaron a hacerlo todos juntos a la vez.
Y ocurrió lo impensable. A cada repetición, el sonido no sé si mejoraba, pero para los que allí estábamos era magia. Cada parte de cada uno tenía sentido por separado, pero cuando se unía con los demás adquiría vida, se convertía en algo mucho más grande, y nos engrandecía a todos.
Seguro que no era algo que sonara merecedor de una distinción en los Opera Awards, pero el premio era ser nosotros mismos los que lo habíamos creado.
Por primera vez vi al Do, el Sol y el Re abrazados entre ellos en un acorde unísono, mientras nos hacían un guiño. No se si los que estaban allí se dieron cuenta pero cuando nos íbamos, las tres notas estaban agitando sus plicas y chocando sus cabezas a modo de despedida, como quien desea que vuelvas.
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Aristóteles usaba la expresión de "El todo es mayor que la suma de sus partes". Ese concepto es el origen de la psicología de la percepción, considerando que nunca somos elementos aislados sino conjuntos con su propio significado. En la música, la melodía es mucho más que una secuencia de notas, es una corriente que arrastra emociones y te hace ser parte de ella.
Ese básicamente era el objetivo que perseguía con esta acción, usando la música como excusa y medio aglutinador y transmisor.
El Control de Gestión es un área transversal en toda empresa. Un área que tiene que entender el funcionamiento y características de todos los actores de la organización, para poder buscar la forma de dar soporte y ayudar a que las acciones sean efectivas y todas contribuyan a engrandecer las decisiones que se tomen en la empresa. Razón de más para intentar plasmar y mostrar de una forma sencilla y práctica lo que en teoría tenemos ya asimilado.
Gracias a Santiago Guerra y Anselmo Palacios por permitirme darle vida a una idea y ser cómplices en su ejecución.
Gracias a Ángel, director de la escuela, por dejar que lo asaltara aquella tarde y aceptar el reto que le propuse. Y sobre todo por llevarlo a la realidad en la forma en que se hizo.
Gracias a Ángel, Maite, Tania, Sara, Pedro y Aidé por sufrirnos como profesores, pero sobre todo por permitirnos experimentar y entender la pasión de quienes aman lo que hacen pese a todos los impedimentos que puedan encontrarse. Nos llevamos su vocación, su pasión, pero sobre todo nos los llevamos a ustedes.
- Rubén y Sergio al Saxo
- Olivia en la Conga
- Nati en la Batería
- Leticia al Bajo
- Oscar a la Guitarra
- Ester y Laura al piano
- Nahuel y Jasmina al violín
- Cristina, mi "partner in crime" con los Violonchelos
Y permítanme tener una dedicatoria muy especial a Vanesa, quien en su ausencia se tuvo que enfrentar a una de las partituras más difíciles, ingratas e injustas de la vida. Estoy seguro que nuestras notas, aún imperfectas, volaron hasta donde estabas, te abrazaron y te acompañaron todo el tiempo.
A todos: ¡No saben el regalo que me hicieron ese día!.
Porque 1+1, no siempre es 2.

















