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martes, 20 de septiembre de 2011

Tiempo

Tiempo

 

Parece que uno de los valores por los que solemos luchar es el de "atesorar cosas de valor". Cosas que en un momento dado nos "ayuden" a salir de un apuro. Y bajo esa perspectiva definimos el valor desde un punto de vista monetario.

Así vemos la proliferación de mercados de Oro, metales y piedras preciosas, etc. Todos ellos tienen un denominador común: son escasos. Y como no podía ser menos por esa tan famosa  y dichosa ley de oferta y demanda, entre más escasa es una cosa, más se demanda y más valor tiene.

 

Pero hay un bien, no tangible, que tiene muchísimo más valor que todo lo que se nos pueda ocurrir: El Tiempo. En definitiva, eso que nos permitirá disfrutar o no de los momentos de nuestra vida.

 

¿Para qué queremos riquezas si no tenemos tiempo de disfrutarlas?

 

Formal o etimológicamente se define "Tiempo" como una magnitud física (cuya unidad de medida es el segundo) que permite establecer una secuencia a las cosas y por tanto definir un pasado, presente y futuro.

 

Dicho así parece que estamos hablando de una mera unidad de medida. Pero a nadie se le escapa que esa unidad de medida encierra en su interior un tesoro: lo que puedes hacer mientras esa secuencia se produce. Y digo "lo que puedes hacer", porque lo que hiciste ya es pasado y es irrecuperable. El tiempo pasa, se consume, y ya no lo puedes volver a utilizar. Esta es su principal diferencia respecto de otros bienes considerados "valiosos" que una vez perdidos, si consigues fondos, podrías recuperarlos (pero para todo ello necesitas tiempo).

 

El pasado es historia, el futuro es un misterio, y el hoy es un regalo. Tres variantes de tiempo que condicionan nuestra existencia, y que son consideradas de manera distinta por las personas.

 

El joven considera que tiene todo el tiempo del mundo. Está en el supuesto comienzo de la distancia de su vida (es corredor de media maratón). No cree que el tiempo sea algo tan valioso. Pronto se dará cuenta de que su escala de valores cambiará y necesitará tiempo para todas las cosas que le van llenando el gusanillo de sus expectativas, ilusiones o necesidades.

El anciano, dependiendo de lo que haya hecho en su vida, sentirá añoranza o peleará con uñas y dientes por cualquier resquicio de segundo que le pase por delante, porque cuenta con que no sabe si podrá hacer lo que quiere en la distancia que le queda por recorrer (es corredor de 100 metros lisos). También hay quienes prefieren sentarse a ver pasar el tiempo como agua que cae por los desagües sin aprovechamiento alguno.

El que está en la supuesta mitad de camino normalmente hace de farero (dependiendo de su expectativas será corredor de fondo o de obstáculos). Se permite el lujo de otear hacia atrás y replantear cosas pensando que todavía le queda mucho por delante. Pocos son los que han vislumbrado que su camino se va consumiendo y tiene que llenar cada segundo de su vida de cosas interesantes y satisfactorias para él mismo y para los que le rodean.

 

Debemos pelear por cada segundo de nuestro camino como si en ello nos fuera la vida. No podemos desperdiciar un bien tan valioso.

 

Desgraciadamente, el tiempo que mide nuestra andadura tiene dos partes: Tiempo ocupado y tiempo libre.

El primero suele ser el mayor, el que más abarca del total de nuestro tiempo, y lo defino como aquel que no controlamos, cuyo consumo nos viene dado por obligaciones (de la naturaleza que sea) y que no podemos evitar y cambiar, al menos si pretendemos tener "otros recursos" para poder utilizarnos en dar sentido y contenido al segundo.

 

Tiempo libre. ¡Qué gusto! ¡Munición para gastar en lo que nos gusta! (o para desperdiciarlo si no somos conscientes).

Normalmente está asociado a la porción de tiempo que las obligaciones, o terceros, nos dejan para nuestro propio uso y disfrute. Ese que realmente nos satisface y para el que deberíamos estar orientados mientras "gastamos" el otro tiempo que no podemos manejar.

 

Pero ya que hablamos de "valores", incluso podemos encontrar una parte de ese tiempo que tiene más valor: el tiempo liberado. Ese tiempo que para nosotros es libre, que podemos dedicar a esas cosas que nos gustan, y que, por valores propios o externos, decidimos en un momento dedicar para otras cosas, que directamente no nos repercuten a nosotros, pero sí nos dan satisfacción. Todo el voluntariado se basa en tiempo liberado, y ese sí que no tiene precio.

 

Como bien alguien, nuestro tiempo es un recipiente en el que vamos poniendo cosas hasta que lo llenamos. Procuremos poner primero las cosas más grandes, porque si no lo hacemos, y lo llenamos de cosas pequeñas, después no nos cabrán. Y cada cual que decida cuáles son sus cosas grandes. Las mías las tengo muy claras.

 

lunes, 11 de abril de 2011

Piñata

Suelo frecuentar la lectura de algunos medios digitales de mi entrañable y querida Telde. Y creo que no he sido el único que se ha dado cuenta de que desde hace algún tiempo se ha abierto una especie de "veda".

Al aviso de ¡Ya! Se han lanzado al terrero mediático local una serie protagonistas, ausentes hasta ahora, con muchas ganas de escribir cosas (el tema se repite). Ya no entro en si ha sido de "motu proprio" o "guiados", ni siquiera si forman parte de una campaña de marketing al más puro estilo consola de videojuego, que seguro que algo hay.

Leyendo todas esas colaboraciones "nuevas" la verdad es que uno saca conclusiones bastante interesantes, a la vez que, de vez en cuando, te provocan una sonrisa, que en los tiempos en que estamos, no viene nada mal.

 

La imagen que me viene a la mente es la de una piñata. Desde que el que tiene los ojos tapados da el primer golpe al saco de las sorpresas, todo el corrillo, hasta ese momento quieto, aunque no tranquilo, se lanza al centro a coger cualquier pieza que se le cruce o esté a su alcance. Y el que más consigue es el que gana.

Pues sí, la Gran Piñata ya comenzó. Ya los que estaban en el corrillo de alrededor se han lanzado al "terrero" a "capturar" sorpresas en forma de simpatizantes, convencidos o no, que les valgan para sumar puntos el día que se acabe la Piñata. Todo vale.

 

También suelo frecuentar las calles de los dos núcleos principales de mi querida Telde, solo por caminar y observar lo que sucede. No saben ustedes lo que el silencio cuenta. No saben cuánto se aprende simplemente oyendo el murmullo de los comentarios espontáneos de los viandantes. Y no saben lo enriquecedor que es el observar las idas y venidas de esos ciudadanos anónimos absortos en sus preocupaciones y observando los distintos personajes que en un momento dado ocupan el escenario del paseo.

En esos paseos, cuando los llevas repitiendo durante un período más o menos consistente, y aunque a uno no lo conozcan, te sueles cruzar con la misma gente, y el escenario suele tener más o menos los mismos personajes principales. Pero he aquí que desde hace algunas semanas, han aparecido personajes nuevos (no desconocidos). Van siempre acompañados, con caminar lento, como si contaran los pasos, muy pensativos y demostrando mucha atención, con sonrisa de libro o serio según lo requiera el/los interlocutor/es que le acompañan, y mirada a modo de radar (ahora un barrido a la derecha, sonrisa; ahora un barrido a la izquierda, sonrisa; mirada a mis pies, serio; y vuelta a empezar). Curiosamente son personajes que al final terminas identificándolos con este o aquél grupo de interés, denominando grupo de interés, todos esos que forman parte del corrillo de la piñata.

 

No voy a valorar el interés especial que cada uno puede tener para el día en que acabe la piñata. Solo pensé que sería un buen ejercicio hacer una comparación de todos los ideales que cada grupo de interés se ha afanado tanto en exponer desde que comenzó el juego, tanto de una forma directa como a través de esos colaboradores espontáneos que han asomado a los tabloides digitales locales en este último tiempo, por ver si había alguno que dijera algo especial.

 

Todos los esos grupos de interés, más o menos vienen a decir lo mismo:

*Crear Equipo

*Mejorar la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras

*Mantenimiento de servicios públicos: limpieza, alumbrado, etc.

*Sostenibilidad Social

*Modelo económico como eje principal, priorizando a las personas

*Gobierno más realista, coherente y práctico

*Los políticos deben trabajar para todos por igual

*Deporte para todos y accesible para todos

*Reconocimiento y mantenimiento del patrimonio

*Activismo Social

*Fomento del turismo

*Comercio de cercanía

*Aparcamientos

*Infraestructuras

*…

 

En definitiva: Todos quieren lo mismo, pero Ninguno dice cómo hacerlo. Ahí está el juego.

Seguramente si se les obligara a decir cómo lo van a hacer, sin discursos dogmáticos, sino con propuestas claras, gran parte (por no decir todos) tendrían un suspenso. Pero siempre queda bien eso de decir que yo lo haré mejor que el de al lado.

¡Que no me engañen! ¡Quiero saber cómo piensan hacerlo!, cualquier otra cosa es humo.

 

Y algo curioso: Incluso hay alguno que se atreve a publicar que 30 horas le ha servido para conocer las inquietudes de los distintos barrios. ¡Dios mío! ¡Lo que se podría haber hecho si se hubiera puesto a ello desde hace 2 años! (Su asesor de imagen, sea quien sea, no ha debido estar muy inspirado con ese titular).

 

Y si todos quieren lo mismo, ¿por qué demonios no se ponen de acuerdo y trabajan juntos (formando ese equipo del que tanto hablan en sus propuestas) para conseguir lo que debe primar que es la mejora de nuestra ciudad? ¡Claro! Se me olvidaba que si se juntan, tocaría a menos.

En fin. La piñata se acerca. Solo pido que no hayan vientos atípicos que desvíen las sorpresas hacia uno u otro participante de modo que solo se puedan hacer con ellas de una forma clara y convenciendo con hechos, no con promesas, que a día de hoy, no valen un suspiro. Empujones seguro que habrán.

 

 

lunes, 4 de abril de 2011

Reacciones

Lo que empezaba siendo un almuerzo tranquilo, tardó un segundo en convertirse en un revuelto de sensaciones nada agradable.

Telde, Día veraniego, terraza vistas al mar, decibelios normales de conversaciones de los distintos comensales junto con sonido ambiente propio de zona playera. Nada anormal.

De repente, ¡eh, eh, eh, eh,!, y lo único que consigo ver es un grupo de jóvenes maduritos con actitud amenazante queriéndose enfrentar a alguien que portaba el soporte de un parasol con ademanes de defenderse golpeando a sus oponentes, más otros que en un momento sujetaron a este último para intentar deshacer el tumulto y se lo llevan calmándolo en dirección contraria.

¿La razón del por qué? Solo ellos lo sabrán.

La tensión vuelve a registrar un salto abismal cuando el grupo de jóvenes citados, regresan portando botellas e inician actitud desafiante contra alguien difuso. Difuso porque en su imaginación asociaban a su oponente con  alguien en el interior de la terraza en la que nos encontrábamos.

Nuevamente ¡eh, eh, eh!; ¡que aquí no es!..., ¡es el de al lado!, y el grupo cambia de rumbo hacia otra terraza contigua. Menos de diez segundos y regresan (incluso portaban una señal de tráfico enterita a modo de bate) volviendo a desafiar a grito pelado a ese alguien difuso no identificado. Ya la terraza estaba casi toda en pié a modo de ¿a dónde vas chaval, no te equivoques?. Ante ello, terminaron por dirigirse hacia la otra terraza que quedaba, a la vez que desde la terraza en la que estábamos ya estaban llamando a la policía. Lo último que vi fue una silla lanzada por el grupo desafiante sobre las mesas de esa otra terraza, ocupada por gente que lo único que intentaba era pasar un rato agradable.

 

Mi atención ya se encontraba desviada atraída por la colección de reacciones que empiezaba a ver y percibir:

-          La primera reacción absurda, la ya descrita anteriormente: ¡eh, eh, eh!; ¡que aquí no es!..., ¡es el de al lado! Vamos, que a mí no me mates, mata a otro.

-          La segunda reacción absurda, cuando ante esta petición, los "amenazantes" piden disculpas ¡perdón! ¡perdón! ¡perdón!, pero al instante salen corriendo como energúmenos hacia la otra terraza.

-          Mi hija de 10 años, pidiéndonos a gritos que nos fuéramos, temblando como un flan, porque no entendía por qué las personas hacen eso… (esta posiblemente sea la reacción más lógica), y que muy a duras penas reaccionaba a todos los argumentos que podíamos facilitarle para calmarla y hacerle entender la situación (de supuestos adultos).

-          Gente anónima que hasta ese momento estaban en la playa, se acercan a la avenida y toman posesión de los muros, bancos y huecos existentes, a modo de grada, para presenciar la sesión de tarde. El espectáculo acababa de empezar: oye, ¿qué pasó?. ; no sé, una pelea..; ¡ah! Vale. Y se quedan para ver.

-          Alguien que sale del interior de una terraza para unirse al público diciendo ¿hay sangre?. ¡qué animal! Ya había encontrado un entretenimiento a su aburrida vida. ¡como si no hubiera cosas con las que llenar el tiempo de una forma más sana y provechosa!

-          Un comensal tertuliano de una mesa contigua con síndrome de chulito sabelotodo: ¡esto solo pasa en Telde!. ¡Claro, es que él vive en una burbuja paraíso!.

-          La policía llegó en menos de cinco minutos, pero hubo más de un intransigente que aunó gritos diciendo ¡ahora llegan, a buena hora y con sol! Es curioso, supongo que lo dirán porque ellos en sus respectivos trabajos están siempre dónde y cuándo se les necesita. Es más, seguro que en sus trabajos tienen el don de poder estar en más de un sitio a la vez. ¡qué suerte!.

-          Lo más curioso: cada vez que aparecía por la terraza alguien nuevo, alguno le preguntaba qué había pasado, y todas las versiones dadas eran distintas: que sin un infarto por amenaza, que si se habían ido sin pagar, que si tal, que si cual,…, ¿estaría yo en otro sitio y lo habría soñado?

-          Y la última. Los espectadores de gradas, aguantaron hasta que la policía se fue. Eso sí murmullando ¡bah! No pasó nada… Se les fastidió el espectáculo. Lo que finalmente fue un éxito, porque no llegó a más, parece que no es del agrado de los viandantes. ¡Qué triste!

 

En fin, que para que se monte un circo no son imprescindibles los payasos. Ya encontramos bastantes en nuestro deambular cotidiano, junto con doctores de la nada y catedráticos de la interpretación que crean cruzada sobre todo aquello que vean les puede ayudar a engrandecer su ego o sentirse protagonistas.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El Patio de mi Ciudad

Erase una vez un hombre A y un hombre B, que luego de vivir en armonía en una parcela, empezaron a disputarse más espacio en la misma. Y empezaron las peleas. Peleas sin ton ni son, de sí, porque sí, de no, porque no. Al final la pelea se mantiene sobre una misma parcela, pero en realidad, ya es como si existieran dos, e irreconciliables. Se instauran fronteras intraspasables.

Es a partir de entonces cuando cobran vida otra clase de hombrecillos: los interesados. Figuras que lejos de arbitrar y buscar una solución consensuada, van tomando posicionamiento por uno o por otro en función de quien les parezca que tiene más poder, y, por tanto, les pueda sacar más partido en el devenir futuro.

 

Pero aparece un hombre C, que hasta ahora no había despertado atención alguna, pero que está adquiriendo un poderío determinado (el ámbito me da igual). Y lejos de, simplemente, valorar eso que han llamado poderío, el hombre A y B lo ven como un enemigo. Solo entonces, cuando ambos han visto o creído ver en peligro sus parcelas en discordia, se ponen de acuerdo en algo: solos no hacemos nada, pero si nos unimos, podemos hacerle frente.

Y los que hasta hace un segundo eran enemigos, pasan a formar una alianza con un mismo objetivo.

En este punto se realizan varios movimientos de ficha. Los hombre A y B, por lo general intentan tomar posiciones y agradar (caer en gracia) al hombre C. Y por ende, los hombrecillos circundantes de cada uno optan o por seguir son su pupilo, o incluso probar suerte con el nuevo, a costa incluso de retirar su apoyo al hasta ahora sponsorizado (todo dependerá de dónde vean más posibilidades de "salir ganando"). Y lo que antes era pelea de dos se traslada a un escenario de 3, donde ya son multitud.

 

¡Pero aparece  un hombre D! Y vuelta a empezar. El trinomio A-B-C termina haciendo frente común a lo que creen un peligro potencial que amenaza su yo individual reconvertido en una alianza de conveniencia.

Nuevos movimientos de ficha, nuevas alianzas, nuevos intereses…, nada nuevo.

 

Conclusión: Las "peleas" o rencillas solo se superan (o se olvidan) cuando aparece un peligro o amenaza superior que afecte a todos los "protagonistas".

 

Sirva este ejemplo metafórico para introducir lo que realmente quiero plasmar en estas líneas.

Hoy por hoy me preocupan muchas cosas y de muy diversa índole. Pero una de las que más me preocupan es mi entorno inmediato, mi ciudad. Y veo que aquellos que han sido elegidos para gobernar y para hacer seguimiento a los que gobiernan, están enfrascados en sus propias rencillas y peleas de protagonismo, utilizando para su fin cualquier medida, aunque esas vayan en contra de los mismos principios que enarbolan. Todo sea por la causa: El arte de la guerra ha llegado hace tiempo a la política.

Frente a los problemas, lo que interesa es despistar al enemigo, acorralarlo con cualquier cosa que valga. El objetivo: hacer mella en su imagen y su credibilidad. La ignorancia sigue siendo fuente de ingresos para muchos. Y a todo esto los problemas siguen sin resolverse.

Si la corporación dice algo, la oposición no valora lo que dice, sino busca como utilizar lo que ha dicho para poder argumentar que lo hacen pésimo y que ellos si lo hacen bien.

Si la oposición dice algo, la corporación tampoco valora lo que dice, sino que hace lo mismo.

Da igual que lo que se haya dicho por una u otra parte sea cierto. Se maneja a conveniencia. El sentimiento de poder (o de falsa popularidad) normalmente siembra entre los que se creen que lo tienen cierto aura de "intocable", y hace que traten a su prójimo o interlocutor como un analfabeto.

Cada parte está volcada, gastando esfuerzos y fondos, incluso públicos (no olvidemos que tanto los ayuntamientos como los partidos están financiados con fondos que salen de las nóminas de los cada vez menos trabajadores), en demostrar que ellos son los mejores y que los otros no.

¡El barco se hunde, pero mi camarote es el más limpio!

 

Hay muchas personas que no me gustan, pero ello no significa que inicie una cruzada a cualquier coste contra ellas. El que no me guste no es incompatible con que pueda compartir algunas de sus ideas si van en beneficio de mi comunidad. Me importa un pimiento que después quiera pregonar que la idea fue suya.

 

Como bien leía en un comentario de un artículo hace algunos días, el día que podamos votar a las personas por su propia valía, personalidad y experiencia, y no como floreros de cristal dentro de partidos, a merced del florista de turno, seguro que los problemas se atajan de una forma mucho más satisfactoria para todos.

 

El patio de mi ciudad está revuelto. Está sucio. Nadie tiene culpa. Nadie hace nada.

Voy a ver si busco un "Peligro o amenaza" bien grande que pueda estar interesado en  entrar en el patio de mi ciudad, a ver si consigo que los que allí campean, los que no tienen culpa pero no hacen nada, por una vez arrimen el hombro y se pongan de acuerdo.

 

 

 

lunes, 27 de diciembre de 2010

El año se acaba

El año se acaba.

 

Primero nos vemos envueltos en el "agosto" de la hipocresía con millones de deseos de Felicidad completamente  inertes y sin vida que circulan por nuestras vidas, ya sea en el boca a boca, mano a mano, luminosos, postales, mensajitos, mails, etiquetas del Facebook y hasta grafitis en las paredes. A estas alturas debiéramos estar completamente llenos y hartos de Felicidad. Pero resulta que no.

Está bien eso de desear Felicidad. Incluso hay quien si no lo haces, piensa que tienes algo contra  él, y se genera un problema  ¡Dios no lo quiera!. A esa campaña se apuntan muchos, ya que no cuesta nada hacerlo y mira por donde igual hasta captas simpatías.

Esa Felicidad, ¡no la quiero!.

 

Y después, como todos los años,  comienzan los recordatorios mediáticos. Todos los medios de difusión pugnan por crear listas de "el año de…", "los mejores momentos…"; hacer toda clase de encuestas on-line para fidelizar usuarios mediante su participación en las mismas votando por tal o cual acontecimiento. Es bueno recordar, pero sin olvidar dónde estamos. En nuestra memoria histórica por lo general prevalecen aquellos registros que han sido más repetidos, o lo último que se ve. Y eso lo saben y manejan muy los asesores de imagen. De esa forma, parece que todos estamos Felices porque "La Roja" ganó el mundial allá por Julio (bueno, solo los que les gusta el fútbol), aunque vayas a empezar el año sin trabajo y con el banco intentando quitarte lo que tienes.

¿Se han preguntado alguna vez por qué siempre en los momentos inmediatamente anteriores a algo importante (una festividad importante -especialmente sentimental como puede ser la Navidad-, una encuesta de las llamadas Barómetros Independientes, una celebración multitudinaria, un  Fin de Año), a todo el mundo (con poder o interés mediático) le sale la vena colaboracionista y solidaria?

Pongamos un ejemplo: He visto al Sr. Rajoy bajo un titular de "… como todos los años acude a colaborar en un comedor solidario para preparar comida a los más necesitados". Pero lo que he visto era un señor trajeado, al que le habían enfundado un delantal (muy limpio por cierto) y puesto en la mano un machete, y lo único que hizo es dar un zarpazo al muslo de pollo que le habían puesto delante, justo a la orden de ¡ya!, cuando el cámara empezó a grabar. Dudo mucho que se quedara después, salvo para dar la mano un par de veces, o sea, hacer campaña. Pero queda bonito, y vende (Lo que todavía no he conseguido averiguar es qué es lo que vende).

 

No estaría mal que en estas fechas, algún medio hiciera una lista o encuesta, pero de los peores hechos del año. Veríamos como unos pocos han dilapidado lo que no era suyo, o de cómo otros no han sabido atajar a tiempo las amenazas de sectores elitistas, o de cómo los que han originado esta crisis (eso que llaman Banca), han tenido el mejor ejercicio económico de su historia a costa de obtener financiación de sus propias víctimas (gubernamentales y de a pié) contando además con salvoconducto e inmunidad frente a sus fechorías, y No Nos Olvidaríamos de lo que en verdad son.

 

No nos dejemos engañar. Seamos adultos, y que no nos distraigan.

 

La Felicidad al final no es más que un grado de conformismo, ¡pero hay que alcanzarlo y no todos están en disposición de hacerlo!.

Recuerdo que cuando era más niño, tenía en el patio de mi casa un montículo de piedra que era todo: una pista de coches, el escondite de las fuerzas invasoras, el fuerte de los "machangos" de plástico, el asiento de un coche con volante de palo,… el escenario de mi imaginación. Hoy, o se enchufa y permite convertir un rascacielos en un mutante volante con cara de nada versión 2.0, o no "mola" ni es "guay". El juego es el mismo, pero necesitas más medios para poder alcanzar lo que consideras Felicidad. La distancia entre esos dos extremos depende exclusivamente de nosotros, los que no consideramos adultos. Y este ejemplo vale para todo.

 

Cada día empieza un año nuevo. Cada día tenemos una nueva oportunidad nueva de ser felices o trabajar para nuestra felicidad. Apartemos la "paja" y quedémonos con lo que realmente nos llena.

Sean Felices. Es lo único que cuenta y te llevarás.

 

martes, 21 de diciembre de 2010

¡Y se armó un Belén!

¡Y se armó un Belén!.

Cuánta verdad con esta expresión que puede significar  el comienzo, tanto de un tiempo de ambiente y festividad navideña,  como el de una revuelta de campeonato. Este mundo está hecho un Belén.

 

Francisco Cases, en una reciente charla, hizo un recorrido muy significativo por las distintas clases de figuras que podemos encontrarnos en un Belén:

-          Figuras que son Luz.

-          Figuras que reflejan la Luz

-          Figuras que guían hacia la Luz

-          Figuras que buscan la Luz

-          Figuras que "pasan" de la Luz

-          Y, figuras que quieren apagar la Luz.

 

Las figuras que me interesan en este momento, que también están perfectamente definidas en  cada una de las clasificaciones anteriores, no son las que pacientemente colocamos en los Belenes de nuestras casas, sino las de carne y hueso con las que convivimos a diario y que forman el Belén de nuestra propia vida, ese que está montado todos los días del año, y que lejos de ser estático, tiene a sus figuras continuamente en movimiento, interactuando y, desgraciadamente, generando conflictos. Tantas figuras dispares como pensamientos y personalidades podamos imaginarnos.

 

Es cierto. En nuestro Belén cotidiano tenemos figuras que son Luz. Líderes que hacen historia. Llevan su cortejo de seguidores fieles que a modo de espejos reflejan su misma Luz. E incluso los hay que, de motu proprio, alientan y animan estableciendo y allanando caminos hacia esa Luz.

Afortunadamente, y frente a los que les importa un comino todo (que todavía los hay), creo que la gran mayoría somos los que intentamos encontrar esa Luz. Lo difícil no es encontrar una Luz (hay montones). Lo difícil es encontrarla y saber que es buena, porque por desgracia hay muchas luces artificiales, de conveniencia, que tienen una duración proporcional a los intereses que planifique conseguir el que se defina como su líder. De estas luces hay a montones. Y encima usan circuitería sicológica, informática y mediática para atraer más la atención.

Frente a esto les propongo un ejercicio. Busquen a las últimas figuras: las que quieren apagar la Luz. Si analizamos esas luces que quieren apagar, con casi absoluta certeza que entre ellas encontraremos más de una buena. A veces hay que apagar luces: las que nos hacen daño. Pero el resto seguro que algo bueno tienen que decir o aportar.

 

Desgraciadamente, en muchos casos la culpa es nuestra, porque somos nosotros con nuestros propios mecanismos democráticos los que ponemos esas figuras en el Belén, y una vez que tienen carta blanca para actuar, se olvidan, no solo de los que hicieron posible que esté ahí, sino de la razón principal por la que están, y se dedican a su guerra particular. Encandilan mucho, pero todo son palabrerías.

 

Una reflexión: si somos los que hemos puesto determinadas figuras en el Belén, ¿por qué no las podemos quitar?

 

Mientras maduro esa reflexión, prefiero seguir siendo Rey Mago. Buscar mi propia Luz, la que me convenza y deje en paz conmigo mismo. Y por el camino recoger todo lo que pueda aprender, y regalar lo poco que sé sin pretender nada a cambio.

 

Mis mejores deseos de PAZ y sabiduría, para poder definir el mejor Belén de nuestra vida.

martes, 16 de noviembre de 2010

Pensiones vitalicias

La expresión "Bienestar Social" es de las más utilizadas y recurridas en los últimos años. Y sigue en candelero. Su significado es todo un reto: en palabras asequibles a todos, que todos los que formamos una sociedad, estemos a gusto y satisfechos.

 

Esa expresión es un medidor inmejorable de la situación de una comunidad / sociedad, entre otras cosas porque "cuando el río suena, es porque agua lleva". Es decir, si la cantidad o volumen de reivindicaciones sociales va en aumento, es que el "bienestar" está en caída, y viceversa. Como en todos lados, existen grupos de presión que actúan directamente sobre determinadas masas sociales y las agitan como batidoras para que vayan en una dirección u otra según convenga a  los intereses de esos grupos. Pero, de momento, vamos a obviarlos y a asumir que los que formamos la gran masa de individuos genéricos tenemos un mínimo de dignidad para no dejarnos manipular.

 

Uno de los factores de que el bienestar social esté nivelado o compensado es la situación económica de un país. Esa situación económica es, a su vez, el producto final de una serie de actuaciones, medidas, etc., que deben ser gestionadas por todos los interlocutores económicos, entendiendo por éstos todos aquellos que inciden de forma directa o indirecta en el incremento de la riqueza de un país.

 

Aquí es donde quiero centrar esta opinión.  De todas las personas que forman la comunidad que aspira a ese Bienestar Social, unas trabajan y otras no (uno de los valores del bienestar es que los que no trabajan sea una proporción mínima o nula). Todos los que trabajan son los que aportan recursos para que, entre otras cosas, cuando les llegue el momento de dejar de trabajar (no obligados), tengan su recompensa y puedan vivir dignamente el resto de su vida.

 

Miren por donde esa recompensa tiene una serie de limitaciones:

-          El importe tiene un tope máximo. Por mucho que hayas contribuido, nunca recibirás más de ese importe.

-          Para conseguirlo tienes que tener un contrato de permanencia como en los de telefonía móvil: tienes que haber contribuido durante un mínimo de períodos, que les garantizo es superior CON CRECES, a 8 años.

-          Tienes que alcanzar una edad determinada contribuyendo. Si te retiras antes, aunque sea por cansancio, te penalizan acortando el importe máximo a percibir.

 

Para todos los que no han trabajado, o haciéndolo no llegan al mínimo exigido, existe toda una serie de "prestaciones no contributivas" que les da cierta ayuda, aunque su importe en ocasiones sea denigrante,

 

Por muchos defectos que tenga el sistema como tal, no voy ahora a criticar su existencia.  Solo denunciar la arbitrariedad para su aplicación. Y es que, desgraciadamente, hay clases y clases.

¿Quién aporta o contribuye más a la riqueza económica de un país?:

-          ¿El peón de carreteras que todos los días se hace kilómetros asfaltando vías, o el ministro de turno que decidió aplicar una partida presupuestaria para dicho asfaltado (sin entrar en detalles de cómo lo decidió)?

-          ¿El dueño de una Pyme que hace malabarismos para conseguir pagar la nómina de sus 8 empleados porque tiene firmado un contrato con un ayuntamiento que no le paga desde hace 6 meses (afortunado) porque se ha declarado insolvente para sus acreedores (aunque no para festejos y demás viandas), o el presidente del gobierno (sea del color que sea) que supuestamente debería articular medidas para que eso no ocurra?

-          ¿el trabajador en general de una empresa privada que empieza a trabajar todos los días entre las 7 y las 8 de la mañana y que no sabe la hora a la que va a terminar porque si se va a sus 8 horas va a ser mal visto y posiblemente pierda su puesto de trabajo, y que no puede permitirse el lujo de ponerse malo porque significa falta al trabajo, da igual que sea justificada; o el funcionario de turno que tiene que estar a las 8 y que todos dicen que está pero nadie encuentra porque se ha ido a desayunar por segunda o quinta vez o ha ido a llevar a su hijo al colegio después de fichar su entrada, o simplemente no vino porque anoche salió y le duele la cabeza, o está haciendo otros trabajos que nada tienen que ver con su puesto, o si, pero doblemente remunerados?

 

El resultado final es bien distinto.

-          El ministrable tendrá una pensión, no vitalicia, pero sí durante bastante tiempo por el solo hecho de haber estado en su puesto 4 años, o incluso menos, mientras que el peón de turno se quedará posiblemente sin pensión, si no consigue que le renueven el contrato, o llegar a los 65 (¿67?) años trabajando, pero siempre que haya estado mucho más que 4 años.

-          El Presidente tendrá un sueldo vitalicio y de un importe más que jugoso, mientras que el dueño de la Pyme, que encima es autónomo, posiblemente se quede en la bancarrota, porque el ayuntamiento siga sin pagarle y cuando lo vaya a hacer su empresa ya no exista, y encima esté demandado por la Seguridad Social por, además, no haber podido pagar sus cuotas y las de la empresa.

-          El funcionario le da igual, porque va a recibir lo mismo trabaje mucho o no trabaje (su trabajo si es casi vitalicio, lo cual ya es un lujo), mientras que el trabajador genérico no solo tiene la incertidumbre diaria de si seguirá o no trabajando, sino que a buen seguro que si alcanza todos los límites establecidos, llegará mucho más cansado y la cuantía de su recompensa será como para llorar.

 

Solo pido que se aplique el mismo criterio para todos. Y como entiendo que a todos no nos pueden dar Pensiones Vitalicias, entonces que todos entremos en el saco de los normales. Esto para empezar.

Determinadas clases, y la política es una de ellas, en ocasiones lejos de contribuir a la mejora del país, lo que hacen es contribuir a la mejora de sus bolsillos. Ya cuando terminan su mandato tienen una serie de contactos que les abren puertas aunque sea para que cuenten como lo han hecho y qué piensan de esto o aquello, pero cobrando. Eso de por sí ya es una pensión adicional y  una oportunidad que ninguno del resto de los trabajadores mortales va a tener en su vida.

Lo curioso es que nuestros supuestos representantes (los políticos), que deben velar por el bienestar de todos sus conciudadanos, no protestaron cuando se sometieron estas "pensiones vitalicias" al parlamento para aprobar. ¿Por qué será? Seguro que el cristal era de otro color.

 

En el mundo empresarial se usa la figura de los "Acuerdos de Nivel de Servicio". Son acuerdos firmados entre las partes de un contrato, por el que la parte que contrata establece unos niveles mínimos de cumplimiento del servicio contratado. Y en función del nivel de cumplimiento alcanzado cobrarán la totalidad o una parte del precio pactado. De esta forma, el contratado se asegura muy mucho de prestar el servicio conforme a lo que le han exigido porque sabe que si no cumple, sus ingresos serán menores. Pero el sistema tiene una bondad: conoces las reglas del juego desde que empiezas.

No estaría mal que en el juramento de un cargo político se incluyera un Acuerdo de Nivel de Servicio respecto de los parámetros que divulgaron en sus campañas electorales. Si un administrador o gerente de empresa hace las cosas mal, puede ser demandado y exigírsele responsabilidades. Si un presidente o ministrable hace las cosas mal, da igual, eres intocable y encima te dan premio de por vida.