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lunes, 20 de febrero de 2012

LA NEURONA...

Hombres, mujeres, … ¿tan distintos somos? ¿o es que nos empeñamos en vernos distintos?.

 

Ayer, ya en la parte final de una reunión de amigos, los caprichos de la conversación llevaron a un tema que levantó puntos de vista distintos y fuertemente encontrados.

 

Y como si estuviera asomado a un balcón mirando un patio, asistí como observador a un debate improvisado en el que, ahora debo reconocer, no quise participar porque no veía visos de que ninguno de los tertulianos quisiera "ponerse" en el pellejo del otro, sino que hacían defensa a ultranza de su posición (cosa totalmente plausible).

Dos bandos: hombre y mujeres. Y en mi caso, decantándome en forma general por los primeros.

Todo se inició cuando una de las asistentes sentenció que "cuando una mujer tiene hijos, el marido pasa a un segundo término y tiene que ser así" (interpretado por los hombres como que la mujer usa al hombre para satisfacer su necesidad de procreación, y después, "lo tira", -maquiavélico-). Lo aderezó con que "el hombre solo tiene una neurona y la usa para pensar siempre en lo mismo: sexo", y lo terminó de adornar con el argumento de que el hombre cuando llega a casa no tiene preocupaciones, y por eso no tiene ningún reparo en "molestar" a la mujer con sus "caprichos" y pensando siempre en lo mismo, mientras que la mujer cuando llega de trabajar lo hace cargando con mil problemas y no tiene el horno para bollos (sin comentarios).

 

En conclusión, y con alguna puntualización que otra, digamos que de forma general las mujeres se veían en posesión de la verdad, ¡su verdad!, y poco menos que no se admitía discusión (de ahí lo de quedarme simplemente como observador).

El argumento mayoritariamente esgrimido por los hombres (y que comparto) es que esa aparente ausencia de preocupación es un ejercicio final de querer y saber dejar fuera del hogar lo que se entiende que NO debe afectar al hogar, y por ende, a la relación de pareja.

 

Llegado este punto me permito hacer, ahora sí, algunas reflexiones.

 

Nuestras vidas se ven afectadas por dos clases de fuerzas: las impuestas y las que uno mismo gestiona.

Hay multitud de hechos en los que te ves inmerso, la mayoría de las veces por obligación, que curiosamente se desarrollan "fuera" de eso que llamamos hogar, y que, salvo para algunos privilegiados, normalmente no forma parte de tus preferencias o de aquello que te llena, pero que desgraciadamente tienes que seguir haciendo, y encima, para más "inri", te ocupa una parte muy grande de tu tiempo. Pues bien, quienes me conocen saben que siempre digo que "mi filosofía es muy simple". Y es que tenemos que conseguir llenar de cosas buenas nuestro cajón particular. Ese que pretendemos cultivar alejado de intrusos y de las malas energías y vibraciones.

Hace mucho tiempo aprendí que si traigo problemas a casa, problemas de los que no podemos hacer nada por evitarlos porque al día siguiente van a estar ahí, y que, además, hay gente que se va a encargar de recordárnoslo o incluso darnos otro, lo único que estoy consiguiendo es "contagiar" mi tiempo de familia. Y ese tiempo es sagrado, no se lo doy a nadie, ni permito que nadie actúe sobre él sin mi permiso.

Lo que no podemos hacer es arrastrar esa carga hasta casa y pretender culpar a tu pareja, o sacrificar tu tiempo de familia, porque vienes cabreado o porque hay algo que te ronda la cabeza. Podemos "compartir" nuestras preocupaciones, que para eso se supone que nuestra pareja es nuestro mejor consejero, pero de ahí a tirar por tierra todo el tiempo que podrías aprovechar en disfrutar y pasarlo bien con ella, porque alguien "de la calle" se está adueñando de tu otro tiempo, es una aberración.

Igual deberían dedicar un tiempo a meditar si realmente ese es el camino correcto, y si acusar a la pareja (al hombre) de pensar solo en lo mismo es una respuesta válida o simplemente una disculpa fácil por no poder (¿querer?) hacer lo mismo. Dicen que eso es imposible. Pues miren, si hay hombres que ya lo hacen, y encima normalmente nos acusan de inútiles, no lo será tanto.

¿qué es más correcto, pretender disfrutar con tu pareja o ayudarla a destruir conjuntamente tu tiempo en común? Me quedo con lo primero.

¿qué es más útil, tener una única neurona que siempre piensa en lo mismo (con matices) e intentar disfrutar, o argumentar que se tienen mil neuronas, pero las tienes todas en conflicto y en guerra permanente? También me quedo con lo primero (pero puedo asegurarles que tengo más de una neurona, y no todas piensan en lo mismo).

Ojo, que quede claro que estoy considerando hombre a aquel que tiene al menos dos dedos de frente y se siente involucrado con su familia, no el que llega a casa tira los zapatos y se sienta delante de la tele o se acuesta en el sofá esperando que su sirviente le atienda. Eso no es un hombre, es un desperdicio humano.

 

La condición humana se adquiere por tener tres componentes o acciones: Pensar, Hacer y Relacionar.

Les invito a que cojan una hoja, tracen una línea divisoria en medio, y coloquen a un lado las características que creen tiene un hombre y en el otro lado las características que tiene una mujer. Casi con toda seguridad, la primera característica que escribirían de un hombre es que es "más bruto" (o algo parecido), y para una mujer, que es "más sensible". Pero hagan el ejercicio, y después verán por qué.

Pues bien, aunque no nos guste, y aunque parezca un retorno al pasado, lo cierto es que el hombre ha desarrollado como fuertes el Pensar y el Hacer, mientras que la mujer ha desarrollado el Pensar y el Relacionar.

Si miran la lista de características que han escrito (si lo han hecho) verán que las que le han asignado al hombre están relacionadas con el pensar y el hacer, y las que le han asignado a la mujer están relacionadas con el pensar y el relacionarse.

El hombre suele ser parco en palabras, pero mucho más proactivo a desarrollar cosas y llevarlas a la práctica, sin preocuparle el qué dirán o el tener que llevarse bien con todo el mundo.

La mujer ha desarrollado todo un lenguaje no escrito, y ha desempañado el papel de conciliadora con el entorno social de ahí que se devane los sesos intentando agradar a todo el mundo, y para ella eso sea algo primordial.

Pero lo importante es saber compaginar los tres pilares, darles su dosis adecuada a cada persona y no establecer una competición por definir cuáles son los más importantes. No debemos ser clones.

Como hombre siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que es muy gráfico y a todos seguro que nos ha pasado: Vas de compra con tu pareja, se compra una prenda y pasa al probador. Se la prueba y lanza "La" pregunta: ¿te gusta? Tú respondes sinceramente SI, y empieza la debacle: ¡claro, me dices sí para que me esté callada, si ni siquiera me has mirado!.

 

Puedo garantizar que las respuestas SI y NO son las más sencillas y simples en el mundo (no solo para los hombres). Solo son SI y NO. No hay Sí tirando a No, o casi Si, o casi NO. Pero para una mujer siempre tiene connotaciones.

Y también puedo garantizar que si se supone que conoces a tu pareja, no necesitas diez minutos para mirarla, remirarla y hacerle un zoom contrapicado para ver si lo que se ha puesto te gusta o no. Simplemente ves la imagen de conjunto y opinas de una manera clara y rápida.


El hombre siempre verá una prenda roja como roja. La mujer verá una infinidad de tonalidades . Ambos están viendo lo mismo.

 

Aunque no nos guste, esa diferencia de apreciaciones son las que al final están aplicándose a todas las situaciones de nuestra vida, y hay que convivir con ellas. Hagamos de ello un aprendizaje, no una lucha. Disfrutemos juntos y dejemos de pelear por quién de los dos tiene razón y quién no.

 

Y por último dos pensamientos en voz alta:

- Si tengo un problema y tiene solución, no me preocupo. Pero si tengo un problema y NO hay solución o no puedo hacer nada para evitarlo, lo podré meditar y razonar para aprender de cara al futuro, pero intentaré por todos los medios poner mi parcela "privada" a buen recaudo de contagios. 

- Que distinto es dar un "buenos días" por la mañana  y que te respondan con una sonrisa y con un beso, a que te respondan con un gruñido. Si ni siquiera ha abierto los ojos, ¿porqué me culpa de cómo esté el día si a lo mejor está precioso?. (válido tanto para hombres como para mujeres).

 

Seguro que habrá muchos que comparten todo que he expuesto, pero también otros que me tacharán de iluso. Bueno, a todos les pido un ejercicio de empatía, de ponerse en la situación del otro, con todas sus consecuencias, y después volver a opinar.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo en que la Política se construía con letras mayúsculas. Era una Ciencia. Una Ciencia que como todas las Ciencias eran objeto de estudio y confrontación.

Pero vivimos otro tiempo en que la "política" se ha convertido en un arte. Mejor dicho, ha degenerado hacia un arte pésimo e interesado.

 

Cuando la política era Ciencia, lo normal era que se escogieran para tales menesteres personas de renombre. Personas que se habían ganado su reconocimiento por su buen hacer y por su experiencia.

Esos vientos ya no corren.
 

Ahora se escogen personas agrupadas en etiquetas de tal o cual corriente, personas que tienen como único logro el haber sabido hacer campaña de marketing, con variantes de aquello de "el fin justifica los medios", y aparecer en los medios de comunicación de forma repetitiva. Es lo que ahora se denomina "darse a conocer".

Por lo general, cada 4 años se escoge o se autopromueve un títere de conveniencia y se organiza un espectáculo mediático para darlo a conocer al público en general. Es así como personas totalmente desconocidas para la gran mayoría, llegan a tomar las riendas de nuestro país.

Parece que hoy entre más aparecen en los medios es que eres más reconocido. Pero esa clase de reconocimiento no sirve. Solo sirve para la corte de interesados que, a buen seguro, una vez que acabe la campaña para la que fueron escogidos, tendrán más saneadas sus economías y vivirán a costa de lo que no hicieron pero vendieron.

Estoy cansado de que mi país sea gobernado por artistas de la palabra. Profesionales de la mentira aliados a intereses no siempre claros, no siempre orientados al bien común, y, para más "inri", con todas las instituciones gubernamentales a su servicio. Y, claro, con esa clase de intereses no es de extrañar que lo único que se haya conseguido en los últimos años solo sea la separación más pronunciada entre los curritos y los que se enriquecen.

 

Qué casualidad, cuando lanzo una pregunta a un "profesional" me da respuestas claras y con ejemplos de acción-reacción, de comportamiento respecto a actuaciones, de causa-efecto que son medianamente comprensibles, argumentos casi medibles. Pero cuando hago una pregunta a uno de estos "artistas de la palabra", sus respuestas son un bucle de descripciones, conceptos y gestos que no llevan a nada, que no dan una respuesta concisa y clara. Creo que las palabras que con más sinsentido y despropósito usan son "coyuntura" y "situación", con toda una retahíla de variantes que dicen lo mismo pero suenan de otra manera. Tan en decadencia hemos caído, que hasta incluso se permiten el lujo de mentir descaradamente y hacer oídos sordos cuando se lo recuerdan, o utilizar otro ejército de palabras estudiadas para distraer y confundir.

Total, la culpa siempre la habrá tenido el que estuvo antes (de otra etiqueta, por supuesto).

 

Alguno me dirá que es un pensamiento fatalista. Sinceramente, estaría encantado de que me pudieran demostrar lo contrario, pero con argumentos de hechos, no de palabra.

 

lunes, 13 de febrero de 2012

EN-AMOR

Quisiera hacer una reflexión sobre un sentimiento que debiera ser el pilar de todos los movimientos, y que en los últimos años está muy manido y teñido de tintes comerciales: El Amor.
Y como soy bastante práctico, voy a partir de dos definiciones más o menos "asépticas" que lo podrían definir en su amplio espectro de significados:
-          Enamorado: Que tiene amor.
-          Amor: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
Me quedo con dos palabras de la definición: "intenso" e "insuficiencia". Precisamente por lo paradójico que pueden ser sus significados.

Y ahora voy a continuar la reflexión sobre una de las "clases" de amor, si es que se puede llamar así. Ese amor que parece ser palpable, que parece que todos tenemos y que todos los años vuelve cual epidemia allá por el mes de Febrero contagiando y revolucionando al mundo y gente que nos rodea, enfrascándolos en una competición de demostraciones como si de ello dependiera la juventud eterna.

Es curioso, una de las características básicas de una de las clases de "amor" (tal cual yo lo veo) es el ser constante con esa persona que se ha convertido en tu mejor compañero/a en el siempre sorprendente viaje de nuestra vida. Pero más curioso es aún el hecho de que como no participes en esa batalla de demostraciones da igual cual constante hayas sido, porque quedas marcado con un "¡no me quieres!" tamaño XXL, que a veces es silencioso, muy silencioso, pero que deja secuelas, muy fuertes y de toda índole.

Afortunadamente, no todos participamos en esa guerra.

Amor es estar ahí cuando te necesita, y saber que estás aunque no te necesite.
Amor es oir y comprender. Amor es compartir, es ser egoísta hacia tu compañero/a, es mirar a los ojos y hablar sin palabras. Es aceptar virtudes y defectos, y que te acepten los tuyos. Es agradecer que te complementen y ser generoso. Es conocer. Es acariciar. Es guiar cuando eres fuerte o seguro, y dejar que te guíen cuando no lo eres tanto.
Amor también es discutir... y reconciliar.
Siempre es una balanza, y de nosotros depende su equilibrio.
Es en estas frases que preceden donde recalco aquello de "intensidad". Esta es la intensidad que marca la diferencia entre lo que es Amor y lo que es Interés.
Y está claro que todas ellas definen contenidos de carencias (esas insuficiencias del ser humano) que van siendo cubiertas por esa persona que mejor te comprende y adapta a tus circunstancias llegando a formar parte de ti como si de una continuidad tuya se tratara.

A eso si me rindo. Pero nunca a que un ramo de rosas, un anillo o el mejor regalo del mundo sea lo que haga decidir si existe amor o no. No es algo de un solo gesto.
El hecho de regalar algo lo veo como un signo de "recuerda que estoy aquí para lo que necesites". Y el año tiene 364 días más para hacerlo también.
En mis padres nunca vi que ninguno reprochara al otro el no tener un detalle. Y discutían, ¡vaya que si discutían!, y más a medida que avanzaban en edad. Pero estaban ahí uno para el otro. Y de los mejores recuerdos que conservaré siempre es verlos cogidos de la mano cuando salíamos. Eran el apoyo de uno con el otro. A mí me bastaba, y a ellos también.

No es la primera vez que alguien me comenta que "fulanito/a me quiere un montón" prque le había hecho un regalo del carajo-la-vela. Pero fulanito/a nunca le acompaña al médico, nunca va con esa persona de compras, nunca comparte, siempre exige. Yo solo veo un egoísta y un ciego de mente.

Si realmente amar es mantener el jardín de nuestros sentimientos siempre cuidados para que no marchiten, ¿para qué demonios necesito hacerlo todo en un único día?.
Está bien que exista una fecha señalada en la que todos, igual que en un cumpleaños, demos gracias por haberla alcanzado. Pero de ahí a que la decisión de "me quiere / no me quiere" dependa de lo que se haga en ese día, es un absurdo: ¡me niego!.
Un vaso no se "rebosa" por la última gota. Se rebosa porque antes han caído muchas más que no se han bebido.
Si realmente queremos ese vaso de agua, bebamos. Si no bebemos se rebosa: el equilibrio se ha roto.
Si no nos gusta el agua, no bebamos: no digamos que nos gusta solo por complacer o por conseguir algo (eso, como ya he dicho, no es amor, es interés).

martes, 25 de octubre de 2011

Toc, Toc,...

Soy un amante de la fotografía. Solo aficionado. Y disfruto cuando veo fotografías hechas con personalidad.

Gracias a eso que llaman "las nuevas tecnologías" existen sitios donde personas que comparten una misma afición, pueden compartir sus obras, comentarlas. Son una fuente inagotable de aprendizaje.

Al final, cada obra lleva un sello personal de su autor. Un sello que en algunas ocasiones traspasa la mera imagen y va más allá. Llega hasta la apreciación de la propia personalidad, estado anímico, etc.

Comparto mis pequeñas creaciones en uno de esos sitios: Flickr. En él me he encontrado con gente muy profesional, con los que compartes afición y comentarios, incluso aunque personalmente no los conozcas.

En Flickr me tropecé por casualidad con la galería de una persona llamada Cristina Marrodán (http://www.flickr.com/photos/cristinagallery), que me sorprendió porque a todas sus fotos les pone un comentario, cotidiano, personal. Sus fotos describían su propia vida, desde la perspectiva unidireccional y aislada de ella misma.

Por mi forma de ser, si veo que algo o alguien necesita ayuda, intento darla en la medida de mis posibilidades y en la mejor forma que considero en cada momento.

Este es el comentario que dejé en una de las últimas fotos de Cristina. No quiere decir que sea la única que necesite ayuda, ni siquiera que la necesite, sino que posiblemente haya pasado por momentos en los que ha dudado… y lo ha plasmado en sus creaciones.

Simplemente, me sentí en la obligación o necesidad de hacerlo, y ahora lo comparto.

 

Toc, toc…,

Hola Cristina. Permíteme que te salude como un vecino más de este portal. No te quito mucho tiempo, solo el justo para compartir dos reflexiones.

La primera: Tus obras son muy buenas, buenísimas. Pero eso ya lo sabes. Y si no lo sabes es que estás majara. Con lo cual, si estando majara haces lo que haces, hija mía, date prisa por estar cuerda.

No te conozco. Supe de tu obra gracias a los vientos caprichosos de las "sugerencias" de este barrio llamado Flickr. Y la verdad, que para bien. Solo soy un aprendiz de la imagen, pero sin prisas. Y cuando veo creaciones como las tuyas, no puedo por menos que admirarlas, y admirarlas. En cada pixel se aprende algo, y no exagero.

Tienes un sello propio, un estilo inconfundible. Eso es tuyo y de nadie más. ¡Se creativa y sácale todo el jugo que puedas!, y verás que nunca te cansarás…

 

 

La segunda: ¡He leído tu novela! Sí, tu novela. Esa que supongo has escrito inconscientemente, y que de la misma forma inconsciente has convertido en arte, como si de una caricatura de tu vida se tratara.

Me he permitido hacer una lectura cronológica de tu galería, desde las primeras obras colgadas hasta las más recientes.

A modo de novela, tiene capítulos apasionantes, otros casi trágicos, otros tiernos y otros que derrochan vida por todos lados. ¡Sorprendente conjugación de momentos!

Me llamó mucho la atención el capítulo en el que haces una reivindicación a gritos de tus principios en cuanto a tu forma de ser, a cómo quisieras que te aceptaran, y a que nadie tiene el derecho a exigir que cambies por el mero hecho de una cuestión de "gustos unipersonales" cuando intentas compartir algo del universo de otra persona. Compartir es bidireccional.

Y también me sorprendió algún capítulo de descontento contigo misma. Una especie de "a la porra con todo". Me sorprendió no por el hecho en sí, perfectamente lícito para cada persona, sino por el aparente abandono de algo que en teoría te llena y que debió ser precisamente lo que te debía ayudar a no mandarlo a la porra: tus criaturas. Y no me hables de inspiración, porque la mejor inspiración es el momento.

Mogen Cunnigham respondió una vez así a una pregunta: "¿Qué cuál de mis fotos es mi fotografía preferida? Una que voy a hacer mañana".

Te garantizo que mi mejor día será mañana. Y te invito a que hagas lo mismo, si no es que lo haces ya.

Te invito a que tú misma leas tu novela nuevamente, ahora desde la perspectiva del tiempo ya pasado, e intenta ver cómo afrontarías ahora, con la experiencia y tiempo transcurrido, esos capítulos difíciles, pero intentando abstraerte de predisposiciones (no olvides que en muchos capítulos por no decir todos, eres la protagonista). Igual hasta te sorprendes.

 

Desde mi más sincero respeto por tu obra y persona, Felicidades. Emborráchate de toda la buena gente que te rodea. Aparta todo lo que te hace daño y camina. Siempre camina. Después de la noche, siempre viene el día. Detrás de la tormenta, siempre sale el sol, y aunque a veces el día aparezca nublado, siempre encontrarás un encuadre y motivo perfecto para tu vida: ¡captúralo! ¡Recréate con él!, y si puedes, ¡compártelo!. Algunos te lo agradeceremos.

 

No te robo más tiempo.

Sigue escribiendo con tu cámara…, y si puedo proponerte un reto, escribe ahora sobre lo que quisieras hacer, no sobre lo que haces.

 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Trabajar

Trabajar, trabajar poco, trabajar mucho, ¡no trabajar!, diferentes puntos de vista para un mismo hecho.

De la misma forma que se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro, hoy en día quien tiene un trabajo tiene una mina, que producirá más o menos, pero mina al fin y al cabo.

 

Siempre han existido discusiones en relación con los distintos calificativos que pueden valer para medir el trabajo: su dureza, las distintas formas de hacerlo o afrontarlo, las diferencias en criterios de remuneración, la variopinta interpretación de la dedicación, y como no, la percepción personal de importancia que cada cual tiene sobre el suyo.

Lo normal era que las discrepancias existieran entre distintos "gremios" o grandes niveles de agrupaciones profesionales. Aquello de "médicos, arquitectos, ingenieros y abogados" son los que mejor lo ganan, con lo que todo el mundo quería tener un hijo en dicho gremio. Después estaban los gremios especiales, tipo pilotos, estibadores, etc., con supuesta poca dedicación y mucha rentabilidad. Y alrededor de todos ellos estaban los llamados funcionarios (los del "puesto seguro" de por vida, cosa que nunca entenderé), el más alto rango de los puestos deseados, fuera cual fuere su dedicación.

Pero he aquí que cuando tormentas estrepitosas y de gran calado sacuden toda la vida económica, a todos esos gremios que antes eran vistos de forma global, le salen conspiradores en su propio fuero. Ahora hay reojo entre los propios médicos, entre los propios abogados, y, ¡cómo no!, entre los propios funcionarios. Si antes todos tan contentos porque con serlo era suficiente, ahora ya no basta. Ahora se comparan escalafones, niveles, tiempo de dedicación, horas trabajadas, "beneficios adicionales", etc.

 

En estos últimos días se ha abierto un debate cuasi público sobre la dedicación de los maestros (o profesores, que los hay que se molestan si no se les llama así). Y miren ustedes por donde, ahora se están cuestionando que esos "maestros" tienen muchas vacaciones, que trabajan pocas horas, y lo que es peor, que la calidad de la enseñanza no mejora ni en sueños.

No sé de qué se extrañan. Tiempo atrás se quería que los hijos fueran "maestros", porque "vivían bien", daba igual qué es lo que hiciera. Entonces coincidirán conmigo en que si no se antepone la "profesionalidad" y la "calidad" para el desempeño de cualquier trabajo, unido a una justa medida de recompensa, no nos podemos quejar después del resultado obtenido.

Ahora no es demasiado tarde para corregirlo, simplemente tarde, pero hay que poner remedio. El remedio empieza por la concienciación, algo que a todos nos cuesta pero con lo que debemos comprometernos.

 

He visto médicos malos, que ni te miran a la cara cuando vas a su consulta por necesidad, pero también he visto médicos buenos, vocacionales, que se toman cada caso con la profesionalidad que requiere para dar una solución.

He visto abogados buenos, que intentan hacer su trabajo desde la perspectiva de defender a un tercero (ya no entro si culpable o no), sin elucubraciones o "tejemanejes", y también he visto abogados que se venden por tres duros.

Pero también he visto maestros que disfrutan enseñando (y con los que se aprende sin problemas, solo los lógicos de su materia), y profesores que solo son eso, casi meros lectores de un libro que no transmiten conocimiento sino pena o desidia.

El que un trabajo no me guste no debe implicar que lo haga mal. Pero desgraciadamente, hay muchos que no lo ven así, y siempre está la excusa de echarle la culpa a otro (normalmente el gobierno u otra institución). Ese es el principal cambio a realizar.

 

Las comparaciones son odiosas, dicen. Más que odiosas, creo que son frustrantes.

 

viernes, 23 de septiembre de 2011

IDEAS

Mil ideas hierven en mi cabeza. Todas se pelean por salir primera a la palestra. Piedras grandes y piedras pequeñas que pujan por su prioridad y por ganar la carrera de ser escogida.

Esa elección está condicionada. En el concurso de la vida, hay infinidad de jurados externos, subjetivos y objetivos que te restan libertad de acción.

No es lo que parece. Es lo que es. Las cosas son como son, no como uno quiere que sean. Puedes intentar incidir en ellas, ahí está la riqueza de no rendirse y de intentar moldear tu tiempo.

No me agobio con la elección. Ne desespero por querer hacer una cosa u otra.

Mi filosofía es muy simple. Si tiene solución, se busca. Si no tiene solución, una justa medida de rabia, y a por otra cosa. El tiempo es muy valioso para perderlo en lamentaciones que no te reportan nada, te ayudan menos y te desgastan innecesariamente. ¿Aprender para el futuro?, ¡siempre!.

Lo que hago en cada momento tiene que llenarme plenamente. Si no es así, la elección no ha sido buena: ¡una nueva enseñanza!.

A veces la elección es hacer Nada. Y si así es, ¿Por qué otros la cuestionan? Hacer nada es una parada, muy corta, lo justa para tomar respiro, para escudriñar el horizonte, para apreciar pequeñas cosas, o, simplemente, para remover la cabeza hirviendo.

No me gustan las prisas. Me gusta apreciar el detalle de las cosas, y las prisas te lo hacen ver borroso, movido. Ello no quiere decir que nunca vaya deprisa, solo que no me gusta.

Observo. Siempre observo. No quiere decir que sea detallista ni miniaturista. Quiero tener una correcta visión global, y por ello observo. El escenario de nuestra vida no es un metro cuadrado. Son muchos metros cuadrados, unos libres y otros ocupados, que interactúan, emiten y reciben flujos continuamente. Y no podemos evitar que de alguna manera nos toque, roce y afecte. Mejor conocerlos y predecirlos. Pero para ello primero hay que definir el alcance, cuál es el nuestro rango óptimo de observación. Ello depende de cada tema y de cada persona. Unas cosas las observamos con un alcance muy corto, otras con distancias medias, y otras con un rango muy largo. Normalmente eso depende de si pensamos que ese algo nos va a afectar y en cuánto tiempo.

 

Así y todo, muchas miserias me acompañan. Muchas medidas y valoraciones de terceros, razonadas o no, que pretenden marcarte y condicionarte tus decisiones, e incluso tu manera de ser. Mi regla: incluir esas miserias en la "olla hirviendo". Si son interesantes, pelearán por salir afuera, y si no lo son, se disolverán cual condimento. Para eso sí tengo solución. De vez en cuando, refrescar el caldo en el que guiso mis ideas: ¡agua fresca!

¡No saben lo bien que sienta "desconectar" de vez en cuando!¡aunque sean 5 minutos!

 

El que haga una cosa de una forma distinta a ti, no quiere decir por defecto que tú tengas razón y yo no. Simplemente las hacemos de manera diferente. La razón la delimita el que el producto final sea bueno o no, el que se haya hecho con las mismas expectativas y buscando el mismo fin dentro del mismo espacio temporal de tiempo (aquél en el que se puede hacer, no aquel en el que tú quieres que se haga).

 

Bueno, ya he removido el hervidero. Ahora, ¡a por lo siguiente…!

martes, 20 de septiembre de 2011

Tiempo

Tiempo

 

Parece que uno de los valores por los que solemos luchar es el de "atesorar cosas de valor". Cosas que en un momento dado nos "ayuden" a salir de un apuro. Y bajo esa perspectiva definimos el valor desde un punto de vista monetario.

Así vemos la proliferación de mercados de Oro, metales y piedras preciosas, etc. Todos ellos tienen un denominador común: son escasos. Y como no podía ser menos por esa tan famosa  y dichosa ley de oferta y demanda, entre más escasa es una cosa, más se demanda y más valor tiene.

 

Pero hay un bien, no tangible, que tiene muchísimo más valor que todo lo que se nos pueda ocurrir: El Tiempo. En definitiva, eso que nos permitirá disfrutar o no de los momentos de nuestra vida.

 

¿Para qué queremos riquezas si no tenemos tiempo de disfrutarlas?

 

Formal o etimológicamente se define "Tiempo" como una magnitud física (cuya unidad de medida es el segundo) que permite establecer una secuencia a las cosas y por tanto definir un pasado, presente y futuro.

 

Dicho así parece que estamos hablando de una mera unidad de medida. Pero a nadie se le escapa que esa unidad de medida encierra en su interior un tesoro: lo que puedes hacer mientras esa secuencia se produce. Y digo "lo que puedes hacer", porque lo que hiciste ya es pasado y es irrecuperable. El tiempo pasa, se consume, y ya no lo puedes volver a utilizar. Esta es su principal diferencia respecto de otros bienes considerados "valiosos" que una vez perdidos, si consigues fondos, podrías recuperarlos (pero para todo ello necesitas tiempo).

 

El pasado es historia, el futuro es un misterio, y el hoy es un regalo. Tres variantes de tiempo que condicionan nuestra existencia, y que son consideradas de manera distinta por las personas.

 

El joven considera que tiene todo el tiempo del mundo. Está en el supuesto comienzo de la distancia de su vida (es corredor de media maratón). No cree que el tiempo sea algo tan valioso. Pronto se dará cuenta de que su escala de valores cambiará y necesitará tiempo para todas las cosas que le van llenando el gusanillo de sus expectativas, ilusiones o necesidades.

El anciano, dependiendo de lo que haya hecho en su vida, sentirá añoranza o peleará con uñas y dientes por cualquier resquicio de segundo que le pase por delante, porque cuenta con que no sabe si podrá hacer lo que quiere en la distancia que le queda por recorrer (es corredor de 100 metros lisos). También hay quienes prefieren sentarse a ver pasar el tiempo como agua que cae por los desagües sin aprovechamiento alguno.

El que está en la supuesta mitad de camino normalmente hace de farero (dependiendo de su expectativas será corredor de fondo o de obstáculos). Se permite el lujo de otear hacia atrás y replantear cosas pensando que todavía le queda mucho por delante. Pocos son los que han vislumbrado que su camino se va consumiendo y tiene que llenar cada segundo de su vida de cosas interesantes y satisfactorias para él mismo y para los que le rodean.

 

Debemos pelear por cada segundo de nuestro camino como si en ello nos fuera la vida. No podemos desperdiciar un bien tan valioso.

 

Desgraciadamente, el tiempo que mide nuestra andadura tiene dos partes: Tiempo ocupado y tiempo libre.

El primero suele ser el mayor, el que más abarca del total de nuestro tiempo, y lo defino como aquel que no controlamos, cuyo consumo nos viene dado por obligaciones (de la naturaleza que sea) y que no podemos evitar y cambiar, al menos si pretendemos tener "otros recursos" para poder utilizarnos en dar sentido y contenido al segundo.

 

Tiempo libre. ¡Qué gusto! ¡Munición para gastar en lo que nos gusta! (o para desperdiciarlo si no somos conscientes).

Normalmente está asociado a la porción de tiempo que las obligaciones, o terceros, nos dejan para nuestro propio uso y disfrute. Ese que realmente nos satisface y para el que deberíamos estar orientados mientras "gastamos" el otro tiempo que no podemos manejar.

 

Pero ya que hablamos de "valores", incluso podemos encontrar una parte de ese tiempo que tiene más valor: el tiempo liberado. Ese tiempo que para nosotros es libre, que podemos dedicar a esas cosas que nos gustan, y que, por valores propios o externos, decidimos en un momento dedicar para otras cosas, que directamente no nos repercuten a nosotros, pero sí nos dan satisfacción. Todo el voluntariado se basa en tiempo liberado, y ese sí que no tiene precio.

 

Como bien alguien, nuestro tiempo es un recipiente en el que vamos poniendo cosas hasta que lo llenamos. Procuremos poner primero las cosas más grandes, porque si no lo hacemos, y lo llenamos de cosas pequeñas, después no nos cabrán. Y cada cual que decida cuáles son sus cosas grandes. Las mías las tengo muy claras.