No te lo pierdas

martes, 10 de septiembre de 2013

I + T




Caminaba por el paseo marítimo que va desde Melenara hasta La Garita, uno de mis sitios favoritos para, simplemente, caminar. Era media mañana y una ligera brisa con ciertos tintes marinos amenizaba el trayecto. No era la primera vez que lo hacía, pero, también es cierto que cada vez que lo hago siempre tiene algo distinto.

En uno de los tramos del paseo, después de pasar la zona llamada "Castellanos", muy apreciada por pescadores de caña para apostarse a disfrutar de su pasión, con el faro de Taliarte más atrás,  y bordeando por lo alto una pequeña cala de piedras, el trayecto tiene un casi imperceptible ascenso hacia el lado noreste de la cala para posteriormente seguir su trazado con un giro a la izquierda.

Allí, justo en ese giro, y sobre el borde del paseo hay apostado un banco mirando al mar. A modo de pasarela abierta y directa al infinito horizonte, observando la inmensidad del manto marino que se despliega ante él, invita a todo el que pasa a compartir con él la vista que la naturaleza, con sus caprichos y sabiduría, nos regala en este punto de la costa. Un respiro para el caminante, un regalo para los ojos y un tranquilizante para el alma.

Es un banco creado sobre dos pilastras de hormigón embellecido con piedras, y cuyo asiento, brazos y espaldar están hechos de vigas de madera tratados con alguna pintura protectora (o no) de color verdoso (o al menos antes lo era).

El banco en sí muestra signos de la guerra que la interperie y los aires de marisma vienen librando contra cualquier elemento puesto por el hombre. Esa pintura otrora verde aparece desgarrada y, en algunos casos, mutilada, pero, aún así, le sigue dando cierto aire de elegancia.

Y como si se agarrara con todas sus fuerzas al componente natural de la madera, evitando caer vencido en esa guerra a todas luces perdida, vi una inscripción que no me dejó indiferente:

"Ni toda la vida,

 ni toda el agua del mar

 podrá explicar lo que tú me haces sentir.

27-10-2012 I+T (y un corazoncito)".

 

Y la imaginación, que es muy traicionera, empezó a elucubrar.

¿Qué situación daría lugar a que un pensamiento tan fuerte como ese acabara transcrito a un trozo de madera de ese banco? Supongo que nos imaginamos a alguna pareja (seguro que la mayoría pensaría en jóvenes) sentada en el banco, abrazados, y uno de ellos que, después de declarar su amor a su media naranja, dejó constancia del momento reproduciendo posiblemente parte de su declaración sobre el improvisado pergamino de madera.

Pero, ¿y si no hubiera ocurrido así?, ¿nos llegaríamos a plantear en situaciones como esta cualquier otra variante distinta de aquella que  posiblemente más nos interese o guste?

¿No serían dos ancianos? ¿Serían dos chicos? ¿O dos chicas? ¿Importa la edad? Tendemos a ver las cosas siempre desde nuestros condicionantes, desde nuestro lado del prisma que forma nuestra existencia y viciados por nuestras propias preferencias, sin tener en cuenta que hay más lados que aportan otras perspectivas.

Me permito la licencia de pensar en otra historia:

Alguien, solo, que se sienta en el banco después de haber estado caminando ausente y posiblemente sin ser consciente del trayecto andado ni del tiempo empleado. Que se sienta y deja que el mar en su inmensidad le llene los ojos haciéndole rebosar lágrimas de impotencia. Impotencia por un amor no alcanzado o dado por perdido. Alguien que sufre o llora por no poder hacer cumplir su sueño con aquella persona a la que ama en el anonimato, y que, por las circunstancias que sean, se ahoga en sus penas antes que desafiar al puñetero destino e intentar alcanzar aquello que quiere, simplemente por no buscar la respuesta sino acomodarse con una fabricada de conveniencia con la excusa de no hacer daño al otro, o aquello de "es difícil de entender", "no funcionaría" o "es imposible".

Pues sí, ni toda una vida, ni toda el agua del mar podrá explicar lo que esa persona de la que está enamorada le hace sentir.

La expresión es la misma. Pero depende de nosotros que el significado sea uno u otro, lo que me lleva a pensar que si la vida es una frase, la entonación sería nuestro destino, y decírselo a alguien, lo que le da sentido.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Amor y Esperanza

Ese es el título de una fotografía que he visto hoy de un compañero de foro en la asociación Foto Gran Canaria, y que me hizo tener un punto de reflexión.

Por razones obvias de privacidad y autorización no la reproduzco, pero, para que se hagan una mínima idea, la intento describir.

Una imagen en blanco y negro de un primer plano de perfil de una pareja (sobre treinta y largos o cuarenta años imagino). Sus cabezas apoyadas frente con frente, el mirándola a sus ojos, y ella, con sus ojos cerrados cogiéndole con sus dos manos su cara y cuello. Lo que marca indiscutiblemente la imagen: ella tiene su cabeza totalmente rapada.

Su autor lanzó una serie de preguntas en el foro sobre dicha imagen: Qué nos sugería, qué nos gustaba, qué no nos gustaba y cómo se podía mejorar.

Se plasmaron un sinfín de comentarios, todos constructivos por supuesto, respecto de la definición del blanco y negro, respecto de recorte o no, respecto de contraste de iluminación, etc. Muchos coincidían en que veían tristeza o dureza en la imagen. A medida que las opiniones surgían, quedaba cada vez más claro que ella estaba luchando contra un cáncer.

Para  mí era una instantánea perfecta. Habla por sí sola. Rebosa sentimientos, rebosa ternura, rebosa amor. Y en contra de lo que algunos dijeron, no le veía tristeza. ¿Por qué?, porque era la imagen del momento. No era una imagen preparada, no era una pose estudiada. Era simplemente un momento real que el fotógrafo tuvo la agilidad de captar, tal cual, sin añadidos. Si se hubiera entretenido en ajustar la iluminación o la exposición adecuada, el momento hubiera pasado, y seguramente ya no diría lo mismo.

Son de esos instantes que te encuentras en tu vida que no tienen repetición, y que si intentas repetirlo nunca se va a parecer, será con creces muy distinto.

Este fue el comentario que envíe a su autor:

¿Qué representa la imagen? Pues lo que has puesto de título, sin más. Y no le demos más vueltas. Creo que en este caso la imagen habría que verla desde la perspectiva de sus protagonistas, no de su autor (con todos mis respetos) y creo que es lo que has hecho.
¿Que si tiene defectos? Nuevamente, y con mis respectos a todos los que han opinado, ninguno. ¿Por qué?, porque es una imagen de un momento determinado, no preparado. ¿acaso el fotógrafo de guerra se entretiene pensando si mejor bajar o subir un paso de exposicíón o cambiar el balance de blancos que lleva configurado? si lo hiciera posiblemente no captará la imagen que quiere, sino el momento después (que no quiere decir que fuera malo, sino que no es lo que quería captar). Por tanto, la imagen es lo que es, presenta una realidad a la que no hay que maquillar sino contemplar. Y admirar, porque dentro de lo que realmente representa para tí, y lo que representa para sus protagonistas (cuya opinión posiblemente nos desarme a todos), es una joya.

Como dijo un compañero del foro, hay fotos que "no necesitan comentarios".

Y haciendo mías las palabras que me respondió su autor, y que comparto completamente: "Muchas veces perdemos la imagen que queríamos hacer porque nos perdemos en tecnicismos, en vez de ver el momento tal cual".

Me repito, para mí, es una instantánea perfecta.

 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Payaso, ... hasta el final.


Decimos "Payaso", e inmediatamente nos viene a la mente alegría, risas, diversión.

Pero el ser Payaso, incluso cuando a veces su término se equipara a algo despectivo, no tiene que ir aparejado a una vestimenta de elementos desproporcionados y de colores chillones y contrapuestos. Es una actitud casi más que una predisposición. Podemos ser payasos de nuestra vida, de nuestro entorno, de nuestro propio carácter. Todo depende de la forma en que se afronte cada uno de esos aspectos.

Lo difícil no es ser Payaso en sí. Lo difícil es serlo cuando todo está en tu contra. Cuando con lágrimas interiores sigues esforzándote porque los que te rodean capten un atisbo de esperanza o alegría que les ayude a olvidar por un momento cualquier colección de desventuras que puedan estar amenazándoles.

Y es que, al final, un Payaso también es persona. También está sujeto, aunque no hayamos caído en la cuenta, a las bofetadas de la vida, situaciones adversas, amigos traicioneros, etc., Pero le distingue su predisposición y su fuerza de voluntad. Esa que nos hace reir o tender una mano silenciosa cuando más la necesitamos aunque por dentro esté ahogado en lágrimas o impotencia.

A veces, siendo Payaso, te ves completamente hundido porque ves que tus esfuerzos por alegrar o ayudar a alguien no dan fruto. No consigues hacerle llegar tu mensaje. Lo más injusto, por no decir denigrante incluso, es cuando, siendo Payaso, brindas tu sonrisa y alegría a otra persona, porque sabes que la necesita, y lo que recibes es burla, sorna, hasta desprecio en muchas formas.

Un Payaso, fiel a su misión de alegrar y tener una sonrisa disponible siempre, ¿tiene que "ceder" a su propio interés, en beneficio de aquél a quien tiende la mano?. Ya lo dije antes. Es una cuestión de actitud y predisposición. Y, desgraciadamente para los Payasos, la mayor parte de las veces así es. Se termina cediendo o mirando a otro lado para aguantar la rabia y no aflorar sus sentimientos que podrían, en según qué condiciones, agravar aquello que él mismo está intentando apaciguar, aquello para lo que siempre tiene una sonrisa disponible.

Hay una canción que cantaba Raphael, titulada "Payaso", que en su letra exponía de una forma especial esa incomprensión o frustración que alguien, en su rol de Payaso puede llegar a sentir, ya sea por incomprendido o por tener que aguantar con una sonrisa en la cara cualquier batalla interior que en un determinado momento puedas estar librando, o incluso perdiendo.

No has echo caso de mi amor,

tan solo risa te causo,

te ha divertido mi fracaso

y te has burlado de mi corazón.


Me he sentido como un pobre payaso

que no sabe sin ti que hacer,

y hace reir

mientras que él llora por ti.

 

Todo el amor que te juré,

las mil caricias que soñé,

todo el calor que hubo en mis brazos

no te han podido el alma conmover.

 

Es la exposición de que, a veces, solo nos fijamos en el envoltorio y no en lo que realmente hay detrás, en lo que realmente da sentido al envoltorio.

Esas tres estrofas al final vienen a decirnos que:

a)    Aunque brindemos sonrisas, no siempre nos las van a agradecer. Podemos encontrarnos con mucha incomprensión en mil formas.

b)    Al final cedemos, si el hacerlo hace que consigamos alegrar, animar a alguien. Alegría que fabricamos con nuestro propio dolor o impotencia interior. ¡Qué triste e injusto es!.

c)    No siempre conseguimos lo que buscamos. Para un payaso el no provocar la risa es lo peor que hay. El no conseguir alegrar a otro es lo peor que hay.

 

Risas y alegría son dos términos que a veces se disfrazan de muy diversas formas. A veces incluso de lágrimas y tristeza.

 

Pero al final, el payaso vuelve a salir a la pista, se rearma de nueva energía, aunque sea alimentada con sus propias lágrimas y sufrimiento, y seguirá intentando alegrar a su entorno.

 

Confío en que, algún día, su entorno le corresponda, y las risas y alegrías sean mutuas. La canción seguro que sonaría mucho mejor.

 

 

lunes, 5 de agosto de 2013

Admiración


Admiración es la situación de contemplar a algo o alguien que llama la atención por algo que se considera extraordinario.

Lo normal es que ese sentimiento de admiración esté focalizado hacia alguien ilustre o notorio que no conocemos pero del que nos han transmitido sus "hazañas". En otras ocasiones, esa admiración viene de momentos que uno disfruta desde el propio anonimato y que transmiten un mensaje/enseñanza que van más allá del propio hecho que hayamos presenciado.

En mi caso, ese particular sentimiento de admiración afloró en una situación del segundo grupo.

Domingo por la mañana. Se celebraba el Triatlon de Salinetas (2013). Tenía libre hasta las 10:30, así que, pertrechado con mi cámara fotográfica, me acerco hasta donde se celebraba la concentración de la prueba para captar momentos de la misma, intentando darle una visión particular.

Deambulé por el lugar de concentración tomando algunas instantáneas de lo que quería, y cuando los participantes se dirigieron hacia la playa para iniciar el primer tramo de la prueba, acudí a cabecera de pista para intentar captar el momento. Pronto me di cuenta de que no iba a ser fácil. Muchísimos participantes, bastante público, y un mar algo cabreado que en un último intento de ganar su batalla estiraba los brazos de sus olas cada vez más intentando agarrar en cada embestida los pies de los que se agolpaban en la orilla. Hice algunas capturas algo distintas a lo que se espera de un fotógrafo, y terminé por colocarme en un costado del pasillo habilitado para cuando los corredores salieran del agua. Me interesaba captar las caras de los participantes en este tramo, ya que denotarían su confianza o estado de ánimo con lo que hubiera acontecido en el agua.

La prueba se estaba retrasando, y apenas me quedaba tiempo para tomar instantáneas.

Dieron la salida a la primera de las pruebas: féminas. No eran muchas (al final comprobé que eran 22) en comparación con la maraña de los masculinos. El mar se resistía a que se adentraran en su interior, pero lo lograron…, y llegó el momento de salir del agua y enfilar el pasillo de arena hacia el segundo tramo. Me prepare y empecé a captar momentos de cada una de las participantes.

De pronto, algo captó mi atención. Una participante enfundada en un neopreno negro salía del agua. Inmediatamente, y sin dejar de correr, se soltó la parte superior del neopreno para ir más cómoda. Su forma de correr era distinta, algo encorvada si acaso, y cuando entró en el pasillo de arena y tomó la vertical hacia donde yo estaba comprendí que se trataba de una participante "veterana". Sí, veterana, no mayor. Se hizo todo el trayecto del pasillo con una sonrisa en la cara, con paso constante como si fuera algo de lo más normal o si lo hubiera hecho toda la vida. Paradójicamente, su equipo se llamaba Titán .

Alguien cerca (a quien solo puedo calificar de ignorante) soltó un comentario de "a dónde va esta pobre, no tiene posibilidades". ¡Qué comentario tan equivocado!. Precisamente estaba demostrando que tenía todas las posibilidades, que sí sabía a dónde iba y que lo hacía con buena disposición y humor. Otra cosa es que quisiera ser la primera. Después de ella salieron aproximadamente otras 10 participantes, por lo que no se por qué a ella sí se le hacía esa clase de comentario y a las que iban detrás no. Bueno sí lo sé: la envidia  es muy puñetera y se disfraza de muchas formas.

No sé en qué lugar quedó, ni me importa. Solo lamento no haberme podido quedar hasta el final para poderla saludar, felicitarla y charlar algo. Seguro que en lecciones de experiencia y motivación en la vida estaría Doctorada y sus palabras harían más bien a cualquiera que el más caro de los sicólogos que se les ocurra.

Me quedo con el sentimiento de admiración que experimenté. Y me quedo con la cara de asombro (quizás también admiración) de un niño que en una de las instantáneas que capturé aparece de fondo mirándola. Espero sinceramente que la cordura vuelva a nuestra razón y permita valorar las cosas que realmente tienen importancia, aquellas de las que realmente tenemos que aprender porque nos llena de buenos valores y que provocan admiración, sana y libre.

martes, 16 de julio de 2013

28 x 36 x 35


 
28 x 36 x 35

Si, ese es el equivalente a 26 años de trabajo. Apenas un volumen de 35 litros como equipaje material de un viaje iniciado hace 26 años y que ahora se interrumpe por necesidades, o más bien avería, del medio de transporte. Un medio de transporte que ha tenido muchas experiencias, situaciones estresantes, exigencias, paradas imprevistas, sobresaltos, sacrificios, etc.,  pero que siempre, ha contado con la dedicación y vocación de una protagonista, la que ha dado origen a esta reflexión.

Al igual que ella, otro puñado de buenos viajeros han sido "obligados" a bajarse en esta estación de infortunio, blandiéndoles mil excusas de mala coyuntura, esa palabrita que tan bien les viene cuando no se sabe que decir, de situaciones adversas para la economía,  y otras tantas frases manidas y desnutridas.

Si, una de esas empresas de rancio abolengo y prestigio nominal, está "reorganizándose", "reestructurándose" (es moda), vamos, despidiendo trabajadores, aprovechándose de unas leyes casi hechas a su medida. Nadie sabrá cuánto hay de cierto y cuánto de "aprovechando que pasaba por aquí…".

Hace algunos meses leía un artículo (de esos de diseño a medida) en un periódico nacional sobre el entonces presidente de esa Gran Empresa, y ponía como un gran ejemplo que él era un defensor de la austeridad y firmaba los documentos con un bolígrafo "bic". Pues fíjense que igual con ese mismo bolígrafo "bic" firmó una operación de compra de otra supuesta "gran empresa" internacional en una de sus muchas partidas de Monopoly con sus colegas de empresa, e incluso de partido. Y lo que compró fue aire. Si, aire, porque el agujero que se han encontrado después y que en parte ha provocado esa "reestructuración" viene del coste de ese aire.

Pero, ¡no pasa nada!, Es muy fácil tirar con pólvora ajena. Su nómina no se toca, y era bastante inflada. E incluso más inflada a raíz de esa compra.

Lo siento, pero nadie me ha podido convencer todavía que una persona que gana al año en nomina fija una cifra de 7 dígitos (x.xxx.xxx €), más bonificaciones, gratificaciones, etc., tenga sentido del valor de una cifra de 5 dígitos, igual que la que pueda tener un trabajador que gana 1.000 euros al mes. Para el último es una necesidad. Para el primero, posiblemente un capricho.

Llegados a este punto, ¿qué pasa con la responsabilidad?

Tristemente, la responsabilidad es inversamente exigible a la "importancia" social que tengas. A saber: si eres un "pringao mileurista" y te equivocas, agárrate la cabeza porque te la cortan sin contemplaciones. Pero si eres un acaudalado y reconocido protagonista de círculos societarios bien, y te equivocas, es que estabas sometido a mucha tensión y no tenías toda la información suficiente, pero no te preocupes, que algún "pringao mileurista" lo pagará.

Lo curioso es que, para estos casos, las consecuencias de las malas decisiones sí son directamente proporcionales a esa "importancia" social. El área de influencia de un "pringao mileurista" nunca será la misma que la de uno de estos señoritos "socialmente importantes". Y si no, que se lo digan a determinados figurines que con cartera de ministros todavía creen que crecer es lo mismo que decrecer despacio, porque podía ser más rápido. ¡Ole!.

No es el primer ejemplo de personajes (más bien figuras) que han ido dejando tierra estéril por donde han pasado, pero a los que nadie, de los que tienen la obligación de hacerlo, les han pedido responsabilidades. Al contrario, han salido de una empresa y ya tenían hueco reservado en otra. ¿Por qué la oficina de empleo funciona tan bien en estos casos? Voy a averiguar qué oficina es y su dirección y le voy a pedir a mi protagonista que se inscriba en esa, a ver si de aquí a un par de días ya está recolocada.

 A veces me pregunto qué clase de gestión se hace en una gran empresa (o supuesta gran empresa) de Telefonía española que se pasa su historia recogiendo caídos de altos sillones. Siempre hay una posición disponible a medida del caído, ¡qué casualidades de la vida!. A lo mejor esa es la razón por la que también se ha visto obligada a hacer algunas reestructuraciones "coyunturales para adecuar su tamaño a las características del mercado". ¡Toma ya!, eso es arte, y no lo que se ve en los museos.

En fin, como ya dije en una ocasión, soy accionista de una empresa llamada España, pero los consejeros delegados que han sido nombrados por la Junta Universal, no dan la talla. Y lo que es peor, el presidente del Consejo es sordo o no oye. Venían contagiados de una enfermedad muy grave para cualquier cosa y muy especialmente para el cargo que ocupan: La Ignorancia y la falta de respeto hacia sus accionistas. El poder es muy goloso y crea una coraza de falsa seguridad que suele romperse con el tiempo debido a creerse todopoderosos.

De momento yo les digo que la impotencia tiene forma de lágrimas, que son muchas las que ya se han vertido por protagonistas/accionistas que no han hecho nada para merecerlas, y que ya queda menos. La energía de una lágrima derramada mueve montañas, especialmente cuando entre todas forman un caudal inmenso de rabia y lucha.

 

domingo, 14 de julio de 2013

Magia en el aire

¿Qué es una coreografía?
De las cuatro definiciones que da la Real Academia Española de la Lengua, solo me quedo con una: Arte de componer bailes.
De todas formas, creo que esa definición no le hace justicia, salvo por lo de usar la expresión "arte", que sí lo es.
Creo que la verdadera expresión de lo que es una coreografía se alcanza cuando un profano o desconocedor de la materia se sienta delante de un escenario y llega a entender lo que uno o varios bailarines transmiten con sus movimientos. ¡Eso es coreografía!
Transmitir, llegar y calar en los rincones sensoriales y emotivos de cualquier persona que lo vea.
Y si además llegas a entender la historia, sin que nadie te haya dicho de qué iba, es que tanto la coreografía como los que la ejecutan, son muy buenos.
Eso es lo que, una vez más tuve la oportunidad de disfrutar ayer, y con sesión doble, en un Cicca completamente lleno de muchas cosas:
Enfrente del escenario, lleno de público ansioso por ver que deparaba el espectáculo.
- Detrás de bambalinas, muchos protagonistas de muy diversa índole, llenos de ganas de enseñar lo que sabían y transmitir cada una de sus pequeñas o grandes historias, aunque ello supusiera carreras, prisas,… nervios al fin y al cabo.
Atrás quedaban meses y meses de trabajo, de problemas, de imprevistos, de desarrollo y gestación de cada una de las coreografías que ese día tenían que "nacer". Y nacieron…, ¡vaya si nacieron!.
Múltiples historias surgieron en el escenario, magistralmente contadas sin palabras, solo con gestos y movimientos. A veces, incluso sin música, ese acompañante que parece casi obligatorio para cualquier coreografía.
Puzzles desgajados que se iban uniendo una y otra vez formando en cada una de ellas un esquema distinto perfectamente engranado, sincronizado, con su justa medida, creando mil formas hasta conseguir escribir, gesto a gesto, movimiento a movimiento, la historia que nos habían venido a contar.
Desde un caos muy estudiado que se ordena y desordena, para finalmente volver a ser un fantástico caos controlado, hasta una magistral cuento de sentimientos, pasando por gráciles y diminutas figuras que con desparpajo e inocencia también contaban su historia, aquella que meses atrás empezaron como un juego, y que ahora construyen como parte de sí mismos, junto con toques de humor inteligente que iban dando forma a lo que todos ellos, protagonistas de su propio esfuerzo, construyeron en conjunto: UN ESPECTÁCULO.
Cats, Grease, Fama, Mamma Mia, Chorus Line, Cabaret, Chicago, Burlesque…, todos ellos fueron revividos de forma metódica y precisa,  pusieron los ánimos muy altos y prepararon el terreno para que los más pequeños evolucionaran después con su inocencia y frescura reclamando su hueco y, por qué no, advirtiendo a los más grandes de que vienen "transmitiendo" fuerte y que aunque "siempre hay un amigo en ti",  "yo también quiero ser el rey".
 Una ondanada de colores en el viento que nos llenaron de frescura y que dieron paso a un repertorio clásico que siguió elevando el listón, haciendo que los presentes deseáramos más, y más. Deseo cumplido: cuando los contenidos te llegan y te transportan, es que te han hecho partícipe de lo que hacen, y eso no tiene precio. Es cierto: "la belleza está en el interior". Y nos la hicieron salir…
Y para terminar, fuerza, pasión, brío, ímpetu, y todos los adjetivos que puedan imaginar: eso es lo que desfiló por el escenario secuestrándonos a todos los presentes y convirtiéndonos en co-protagonistas de algo que al principio desconocíamos y que ahora no queríamos dejar.
 
Lo mejor de todo: Las caras de los bailarines. Caras de disfrute y profesionalidad. Caras de estar convencidos de lo que contaban. Y caras de satisfacción al acabar.
Este año, todavía no se por qué, algo hizo que me fijara más en los finales de cada historia: qué composición era la escogida para poner el punto final a lo que cada una de esas historias contaba. Todos tenían un matiz distinto. Todos tenían una escenografía muy cuidada, un acabado digno de la mejor de las acuarelas, pero en vivo. Ninguno me defraudó. Al contrario, como amante de la fotografía que soy, cada uno de ellos me maravilló. Fueron precisos. Fueron preciosos.
Pero tengo que ser sincero, hay uno que me cautivó.  El de la última historia. Solo dos bailarines que después de desgranar de una forma algo desgarradora su historia acaban separados, y juntos. La escena final: impecable. Dos personas, un toque en un hombro y un gesto que lo dice todo. ¡Muy pocas veces he visto decir tanto con tan poco!.
Podía extenderme mucho más sobre lo vivido ayer, pero, me repetiría. Solo quiero acabar con dos reflexiones dirigidas a Rubén:
La primera, de gratitud. Gracias por compartir con nosotros ese buen hacer,  por conseguir que crezca la semilla de algo tan bonito en nuestros hijos y por hacerles ver que detrás de un esfuerzo (nada es fácil) siempre hay una recompensa, especialmente si se trabaja con gusto, dedicación y devoción por algo que se quiere, se ama.
La segunda: ¡10 años no es nada!. Lo mejor queda por venir…
 
JSR - Julio 2013

sábado, 17 de noviembre de 2012

Capitulo 6 - Crear, Creer...

Estoy riendo… y, de repente, abro los ojos.
Solo veo una incipiente claridad sobre una pared. Después de un instante de incertidumbre reconozco que es el techo de mi habitación.
Giro bruscamente la cabeza y tomo consciencia de que estoy acostado en mi cama, … solo. Las luces de un nuevo día quieren conquistar la penumbra de la habitación, y eso me produce una inesperada e irreconocible sensación de desasosiego y frustración.
Acabo de despertarme…, y un sobresalto se apodera de mí. .¿Un sueño?. ¡No!, ¡No,!, ¡No puede ser!
La cruda realidad ha caído sobre mí con toda su fuerza y me ha abofeteado con la mayor de sus verdades, devolviéndome a un presente que se me antoja vengativo.
No puedo creer que esté saliendo de un sueño. Me incorporo en la cama, doy un vistazo agitado a mi alrededor y vuelvo a tomar conciencia de donde dejé la última vez mi realidad.
Si. Ha sido un sueño. La sentencia es brutal y tajante: Es viernes, y acabo de regresar a un presente que se sitúa casi 2 semanas atrás en mis sueños. Nunca he experimentado una sensación de angustia como la que me aprisiona.
Me paso las manos por los ojos en un último intento desesperado de volver a despertar y seguir donde había dejado la que ahora parece mi otra realidad, pero no surte efecto: sigo en este presente ladrón que parece reírse de mi imaginación.
Me dejo caer en la cama y cruzo los brazos sobre mis ojos como si quisiera negar mi propia realidad. Una noria de fotogramas de ese tiempo imaginario se dan prisa por aparecer en la ventana trasera de mis ojos como cual película de cine mudo. Y a medida que pasan, la angustia crece y provoca que se aceleren mis pulsaciones como si quisiera ganar alguna guerra a mi cuerpo.
No es justo, no es justo…, ese es el cartel que intermitentemente aparece por las esquinas de mi subconsciente.
Poco a poco consigo contener esa agitación sobrevenida, esa tempestad emocional y calmar las fuerzas que luchan contra mi fuero físico y mental. Es curioso como un mundo puede parecer real y ser fruto de tus sueños hasta hacerte dudar de en qué lado estás. Pero caigo en la cuenta de que no todo en el sueño que acabo de interrumpir era imaginario. Su principal protagonista es real, aunque, para mi desgracia, ella no sabe el protagonismo que ha tenido.
El pensar esto me calma aún más. Eso quiere decir que a lo mejor no todo se ha esfumado. Un resquicio de ilusión queda, una posibilidad minúscula existe, de que en algún momento ese protagonismo sea consciente y correspondido por su parte. Y a eso me aferro.
En este momento me viene a la mente una frase de Carl Jung, un reconocido psicólogo y psiquiatra suizo que hizo grandes aportaciones al análisis de la actividad onírica, al estudio de los sueños y a lo que se dio en llamar la "psicología profunda", que dice: "Hasta que no hagas consciente tu inconsciente, éste gobernará tu vida y le llamarás destino".
Me niego a no ser capaz de gobernar mi destino. Me niego a perder las emociones y sensaciones que he vivido en mi sueño. La intensidad de los mismos y la realidad vivida creo que son razones más que suficientes para luchar por ellas y por Ella. Y por una vez creo que voy a hacer todo lo posible e imposible para que mi destino sea consciente y no dejado a un azar traicionero.
Con esa convicción me levanto, abro la ventana, me emborracho llenando mis pulmones con una gran bocanada de aire fresco de la mañana, y mirando al exterior digo para mis adentros: "Buenos días Mundo". Los recuerdos del sueño van dejando paso a una inusitada alegría y ganas por comenzar este nuevo día, con el firme propósito de ser yo mismo quien escriba este capítulo de mi vida, y los que le sigan, dando cabida en ellos a todos los protagonistas con los que quiero compartirla, y con alguien en particular en un papel destacado, bajo un argumento que, parcialmente, se ha dibujado de forma imaginaria en un sueño que ya ha pasado, pero que, seguro, seguirá inspirándome.
El día ha empezado con un gran sobresalto y una desilusión. ¡Hay que cambiarlo!
 
Hoy tengo reunión a las 9 con Alberto y Pablo, los socios de Inversiones Atlántico, para el análisis y estudio de la información a discutir en los consejos de administración de dos de las empresas en las que participan activamente y avanzar en otro proyecto de inversión. Casualidad o no, mi protagonista trabaja ahí.
Inversiones Atlántico tiene sus oficinas en una segunda planta de un edificio del casco antiguo de Las Palmas, situado en una de las calles paralelas a Triana más hacia el lado puerto. Es una oficina encantadora, decorada con buen gusto, nada exagerado, pero si alegre. Entro en la recepción de Inversiones Atlántico un poco antes de las nueve, nunca me ha gustado llegar justo o retrasado. Saludo a Laura, que atiende la recepción y hace labores de soporte para otras áreas, y, aunque he insistido en que no es necesario porque ya me conozco las instalaciones perfectamente, muy amablemente me acompaña hacia la sala de reuniones. A continuación de la recepción hay un pasillo en forma de L delimitado a un lado por una pared adornada con fotografías y al otro lado una zona diáfana donde se ubican varias mesas de trabajo y muebles auxiliares a modo de bordes limítrofes. Veo a Elena en su mesa. Los conozco a todos, porque ya son bastantes veces las que he venido. Doy los buenos días a  los que se encuentran en esa zona a medida que avanzo siguiendo a Laura, y no puedo evitar fijar la vista finalmente en Elena, situada cerca del vértice de la imaginaria L. Levanta su mirada, me mira, se sonríe, y me saluda con un "buenos días" encantador, al que respondo nuevamente con un "buenos días Elena", ahora más jovial, divertido y alegre si cabe.
Sé muy poco sobre ella, que vive relativamente cerca del trabajo, que está separada, que tiene una niña pequeña y poco más. Lo que sí sé es que siento una atracción irresistible hacia ella desde que la conocí y que forma parte de mis pensamientos de una forma muy frecuente. Y ahora, esos sentimientos han quedado plasmados en un sueño que algún día confío hacer realidad.
La sala de reuniones está al final del pasillo, le doy las gracias a Laura y coloco mi portátil y mis documentos en el lado en el que siempre me siento, en una de las esquinas de la mesa alargada, dejando los otros dos lados para Alberto y Pablo que cerrarán el extremo de la mesa conmigo.
Mientras los espero, me asomo a la puerta, y deambulo un poco por el pasillo, acercándome hacia donde se encuentra Elena. Le hago un saludo algo más cordial intentando que sea extensivo a los demás, y, durante un corto tiempo bromeamos entre todos sobre temas nada importantes pero sí alegres, especialmente el "por fin es viernes" y algunos planes que van a hacer el fin de semana. Elena no parece tener ningún plan en particular, o al menos no lo ha dicho.
"Hola Iván, qué tal", me saludan Pablo y Alberto, que se aproximan por el otro extremo del pasillo. Nos saludamos efusivamente. - Hasta luego -, le digo a Elena y sus compañeras, y me dirijo con ellos a la sala de reuniones. La puerta se cierra, y empieza nuestra maratoniana jornada de análisis y decisiones.
Damos por terminada la reunión muy cerca de las 2 de la tarde, y después de una corta pero distendida conversación con intercambio de comentarios totalmente ajenos al trabajo, finalmente nos despedimos hasta el Lunes, para continuar con el repaso de otros temas..
Salgo de la sala de reuniones y al pasar por donde está Elena, en ese preciso instante ella se está incorporando al pasillo, cargando con su bolso, lista para marcharse, y casi chocamos. Me detengo bruscamente a tiempo y me rio, mientras a ella se le escapa un ¡Ay! ¡perdón! Que me ha sonado divertido.
Tú primero, por favor – le digo.
Gracias – es su sonriente respuesta – ¡si casi te doy un golpe!.
Tranquila, no ha pasado nada – y nos dirigimos a la salida.
Nos despedimos de Laura, y ya fuera del vestíbulo, y sin "acuerdo" previo, bajamos tranquilamente las dos plantas por las escaleras estableciendo una conversación nada trascendental de cómo ha ido el día y de que ahora toca descansar.
Al llegar a la calle no puedo resistir la tentación que llevo reprimiendo desde que nos tropezamos en el pasillo, y me lanzo a la conquista de mi sueño.
¿Para dónde vas? – le pregunto.
Hacia el otro extremo de Triana – me dice algo sorprendida, o no.
Y sin pensarlo mucho le digo - ¿Me permites que te acompañe? –.
No consigo detectar si la expresión de su cara es de sorpresa o alegría, y finalmente me responde -Si, claro, ¡si quieres! –. Una fanfarria suena en mi interior, pero pronto la reprimo. Tranquilo, poco a poco.
Pues vamos – e iniciamos la marcha caminando por la acera, de una forma tranquila, sin prisas, y continuando la conversación que iniciamos en las escaleras.
No hay muchos transeúntes, por lo que el caminar se hace agradable y podemos mantener cierta conversación sin tener que preocuparnos demasiado por esquivar a otros peatones que se nos crucen.
Llevamos caminando, o más bien paseando, en la dirección que marca Elena unos 10 minutos y no quiero que acabe. Acabamos de iniciar una charla sobre hobbies y tiempo libre. Acabo de saber que le gusta caminar y que le encanta hacerlo sin rumbo fijo, sino guiándose por la apetencia del momento, lo cual hace que me guste aún más.
Oye Elena, creo que voy a quedarme por Triana a comer, y… me gustaría que me acompañaras, si no tienes algún compromiso o algo mejor que hacer, claro – Las palabras me salen de una forma espontánea. No sé si ha sonado convincente, pero es una petición desesperada por retenerla algún tiempo más, y de pronto me viene a la mente un pasaje algo parecido de mis sueños. Además, sé que tiene una hija pequeña, que se llama Ana, y mi temor es que tenga que marcharse por tener que recogerla o alguna otra causa.
Bueno -  me responde -, en principio no tengo ningún compromiso inmediato hasta las 4 que llega Ana.- se hace un corto silencio como si sopesara posibilidades – así que, vale, te acepto la invitación.
Una tremenda traca estalla en mi interior, y mi cara me traiciona, dejando ver la alegría que esa decisión me causa.
¿Te apetece algo en particular? – le pregunto.
No, nada especial. – me responde.
Me paro – Podemos ir al Gambrinus, al McCarthy o acercarnos a algún sitio de Vegueta si quieres -.
El McCarthy está bien, y está cerca ¿te parece? – me dice.
Perfecto, vamos allá – y haciéndole una seña galante de "ella primero", reanudamos la marcha hacia el nuevo rumbo establecido.
Camina a mi lado, o yo camino al suyo, y no dejo de mirarla y admirarla. Me roba los sentidos cada vez que la miro. Todavía recuerdo la impresión que me causó cuando la vi por primera vez, en la empresa. No estaba en su mesa el primer día que crucé el pasillo, así que no la ví. Entró más tarde en la sala de reuniones a traernos unos documentos que Pablo había pedido y mi alma se congeló al verla. Sus ojazos me secuestraron de por vida. Tanto que instintivamente me levanté y para disimular, aunque de una forma muy torpe, hice como que iba a bordear la mesa para salir, pero de nada sirvió. Me quedé quieto al lado de la mesa mirándola mientras le entregaba los documentos a Pablo. Y el muy sinvergüenza, que se dio cuenta, aprovechó para decirme "oye Iván, ven – haciéndome un gesto de que me acercara más – te presento a Elena, una de nuestras colaboradoras. Elena, te presento a Iván. A partir de ahora lo verás más por aquí, ya que va a ayudarnos con algunas cosas". Me acerqué a la vez que Pablo se levantaba y se colocaba detrás mío como si quisiera evitar que me alejara. Saludé a Elena estrechándole la mano y dándole un beso cortés en la mejilla. Encantado Elena, le dije, pero no soy capaz de recordar si me contestó algo, aunque creo que sí, porque si ya venía congelado, en ese momento me derritió del todo. Estaba preciosa, y sus ojos seguían hablando por ella. También recuerdo las bromas y comentarios burlones que a partir de entonces tanto Pablo como Alberto han sacado a mi costa. Y también es cierto que a partir de ese día, cada vez que voy a Inversiones Atlántico, tengo un aliciente más.
¿En qué piensas? – la pregunta de Elena me saca de mis pensamientos.
¡Eh!.. ¡ah! disculpa…, mi mente me ha jugado una trastada. – le digo algo consternado.
Debe ser alegre porque estabas sonriendo – me dice sonriendo a su vez.
Pues sí, alegre y algo embarazosa. – le digo. Elena se queda mirando sin comprender – Acabo de acordarme de cuando nos presentaron y lo imbécil que debí parecer – digo finalmente.
Su sonrisa se hace más pronunciada – bueno, a mí también me pareció algo extraña. ¡Pensé que tenía algo en la cara!, porque no me quitabas la vista de ella. Cuando salí le pregunté a mi compañera si tenía algo, y cuando le expliqué por qué lo decía, se echó a reír, y no quiero decirte lo que me dijo.
¿Qué te dijo?  - le pregunto como si esperara algo muy extraño.
No, no…, es una tontería – dice, y noto que sus mejillas adquieren un precioso color rosado.
Venga, dime que te dijo. No creo que sea una barbaridad – le digo sonriendo e intentando quitar importancia al tema.
Me dijo que "Cupido tiene muchas formas de manifestarse" – y sonríe más fuertemente.
También sonrío y permanezco unos segundos en silencio, bueno, permanecemos unos segundos en silencio.
He de confesar – ahora la miro, hablo de forma pausada, y aunque mantengo una ligera sonrisa en la cara, intento que no parezca burlona – que cuando te vi no puede dejar de mirarte. Tus ojos me cautivaron y todavía me cautivan…, es más, me gusta que lo hagan. Y por otro lado, me agrada la idea de que tu amiga tenga razón.
Me mira. Sus mejillas siguen sonrojadas, aunque creo que las mías también, y me dice – Gracias, es todo un cumplido.
La verdad tiene eso, no la puedes eludir, y es aplastante como ella sola – le digo. Ella me mira y vuelve a sonreir.
En ese momento estamos llegando al McCarthy. Entramos y preferimos sentarnos en una mesa de una esquina cerca de la salida, donde hay bastante claridad. Nos toman la comanda y continuamos hablando. Me sorprendo por lo bien que me siento. Miro a Elena y parece relajada y alegre.
Tienes unos ojos preciosos Elena – le digo – Bueno, no es que sea eso solo…, o sea, no quiero decir que no tengas nada más precioso… solo que los tienes preciosos…, - y agachando la cabeza a la vez que hago un gesto de desaprobación y pongo las manos apoyadas en la mesa termino – ¡cállate Iván que te estás luciendo!.
Reímos. Elena va a decir algo y le hago un gesto con la mano como que me deje continuar. - Bueno, igual me vas a matar, o me vas a mandar a freir puñetas…, tendrías todo el derecho del mundo, pero, es que, ¡de verdad!, eres preciosa, y tus ojos transmiten algo que me llega hasta el alma.
 
Gracias otra vez. – lo dice en voz baja- No es para tanto.
Lo siento, pero te digo lo que pienso, y es verdad – me quedo mirándola mientras ella ha bajado su mirada.
¿Te incomodo? – le pregunto.
No, no, es solo que es algo que no esperaba. – Me mira – Es casi una declaración.
Bueno, realmente lo es, aunque creo que he hecho el tonto. Espero que no pienses nada raro de mí.
No, no,  tranquilo. No tengo por qué pensar nada raro. Está bien. – me dice.
Y como si fuera una súplica encubierta le pregunto - Entonces ¿te sigue apeteciendo comer conmigo?
Si, claro ¿por qué no? – Su respuesta ha sonado sincera y no de cortesía, lo cual me tranquiliza.
No sabes lo que me alegra el oírte decir eso. El poder estar así, aquí…, ahora…, contigo. Estoy muy a gusto – le digo.
Yo también – me dice. Nos miramos durante un instante, que queda interrumpido cuando se acerca el camarero con nuestra comida.
¿Tienes planes para esta tarde? – le pregunto después de que el camarero haya dejado los platos y se ha marchado.
Nada en particular. Después de que llegue Ana, ya veré.
¿Te apetece dar un paseo esta tarde? Podríamos caminar por la avenida marítima hasta el muelle, tomar algo, comer golosinas, disfrutar de la compañía… Bueno a lo mejor ese paseo es mucho para Ana. Lo haríamos más corto o hacia otro sitio, no importa.
Te agradezco que hayas tenido en cuenta a Ana. Pero ella se va a las 5 con su padre porque está con él este fin de semana. – se hace un momento de silencio - ¿Y tú no tenías planes? – me pregunta.
Ahora sí los tengo. Lo que te acabo de proponer. Simplemente pasar la tarde contigo – me quedo esperando un segundo - ¿vendrías?.
Me gusta la idea. Vale, iremos a pasear esta tarde – es su respuesta, y me reconforta.
¡Bien! – se me escapa la exclamación a modo de victoria.
¿qué pasa? – pregunta divertida
Nada, nada, que me veía recogiendo calabazas y ahora tengo una posibilidad de pasar una tarde en tu compañía. Eso no tiene precio. – digo quitando importancia.
Terminamos de comer, salimos a la calle y continuamos caminando durante unos minutos más. Subimos por calle perpendicular a Triana y un momento después Elena se para frente a un portal.
He llegado – dice, mientras señala hacia el portal.
He disfrutado mucho de la comida con tu compañía Elena. – le digo.
Yo también – me responde.
¿Te parece bien que venga a buscarte sobre las … cinco o cinco y media? – le pregunto.
¡Vale! – me dice sonriendo.
Perfecto…, ¿me dices tú número? – y sonrío pícaramente mientras saco mi móvil.
Ja, ja,… - suelta una carcajada. – dame, dame – me dice mientras extiende su mano para coger mi móvil. Se lo doy y ella marca un número. Cuando el suyo suena, cuelga la llamada y me dice – Ya lo tienes.
Me quedo asombrado, vuelve a mi mente una escena muy parecida de aquel sueño traicionero que se esfumó esta mañana, lo cual me deja por un momento perplejo, pero a la vez esperanzado.
Gracias – le digo – te llamaré cuando llegue.
Vale. Hasta después – abre el portal y desaparece detrás de la puerta mientras sigue riendo.
Me ha contagiado. Y también estoy riendo. Pero ahora solo quiero llegar a casa, cambiarme y ponerme más cómodo para volver a buscarla.
 
Vamos paseando por la avenida marítima, cerca del muelle deportivo. Hablando de todo un poco, riendo, comiendo golosinas…, compartiendo un tiempo precioso. A medida que caminamos, nuestros mundos se acercan y todo lo que nos envuelve se hace cada vez más familiar, empezamos a compartir cosas, vivencias, puntos de vista…, eso que al final podría llamarse la fuente de la complicidad.
¿En que ocupas tu tiempo tiempo libre ahora Iván? – me pregunta Elena mientras observamos el horizonte hacia los diques del puerto, sobre un mar de mástiles de los barcos atracados en el muelle deportivo.
Ahora persigo un sueño – y la miro -. Sí, desde "hoy" puedo decir que persigo un sueño, y haré todo lo que esté en mi mano y más por conseguirlo. No lo quiero dejar escapar. Es demasiado valioso para perderlo.
¿Y lo estás consiguiendo? – pregunta intrigada.
Si, creo que sí. Al menos en lo que percibo creo que voy por el buen camino.
¿Y puedo saber cuál es ese sueño? – vuelve a preguntarme.
Me quedo un momento en silencio y después le digo – Uno de mis mayores y más fuertes principios es el de la sinceridad. Y ahora me encuentro con que quiero decirte de qué se trata el sueño, pero a la vez tengo miedo de que al hacerlo, el sueño se esfume.
Pero ¿por qué tiene que esfumarse si me lo dices? – dice un tanto desorientada.
Porque tú formas parte de él. – Al decir esto, sus ojos se abren de par en par dejándome ver la inmensidad de su interior - A lo mejor piensas que soy un loco o chiflado y decides no querer saber más de mi a partir de ahora, con lo cual, y aunque yo quiera hacer todo lo posible por conseguirlo, si la protagonista no quiere, no hay sueño y por tanto, no habrá realidad, porque mi objetivo es al final convertir ese sueño en realidad.
Suena muy bonito. – Dice bajando la cabeza.
Es precioso, te juro que lo es. – le digo mientras la observo y ella vuelve a levantar las dos joyas de sus ojos.
Y ¿qué puedo hacer yo para ayudarte a conseguir tu sueño? – me pregunta finalmente.
Simplemente ser tú, y dejar que te conozca algo más. Por mi parte yo también dejaré que me conozcas – le digo.
Ella sonríe  - no parece difícil  - dice.
No lo parece, pero puede serlo. – Seguimos caminando.
¿Te asusta lo que te he dicho? – pregunto un tanto preocupado.
No me asusta.., me intriga. – afirma mientras camina.
Elena – me paro, ella se para y se gira para mirarme -, lo que estoy queriendo decirte es que quisiera conocerte. Me gustaría que me dejaras conocerte más, en todos los aspectos. Aunque pueda parecerte raro, por favor, no tengas miedo de mí. Me gustaría compartir mi tiempo contigo, y si decides que soy digno que compartas el tuyo conmigo, seré el hombre más feliz de la tierra.
¿Me estas pidiendo una cita? – pregunta mirándome.
Te estoy pidiendo que salgas conmigo como principio de ese sueño que persigo. – pasa un instante - ¿qué me dices?.
Bueno, ya estoy en una salida contigo ¿no? – me responde algo irónica.
¿Eso es un sí o un no? – pregunto riendo.
De momento tómatelo como un sí – me dice sonriente.
Mi cuerpo se estremece, mi corazón se acelara - ¿Me dejas que lo celebre? – le pregunto.
¿cómo? – dice sorprendida.
Déjame que te abrace – le digo abriendo los brazos.
¿eh?
Por favor – le suplico.
Elena se encoje de hombros, me acerco un poco y la abrazo fuertemente. Para mi alegría veo que el abrazo es correspondido.
Mientras la tengo abrazada le susurro a su oído – me acabas de emborrachar de felicidad, y has hecho que mi sueño empiece con un escalón de realidad. ¡Gracias preciosa!.
Nos separamos, aunque la mantengo cogida por sus brazos. Nuestros ojos se cruzan y se funden, y permanecemos así durante un buen tiempo, ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor. – Te prometo que removeré cielo y tierra para que seas feliz, y para compartir esa felicidad contigo. Confía en mi, y si alguna vez tienes alguna duda de lo que soy o lo que hago, por favor, dímelo enseguida. Esto va de conocernos y de compartir, con todo lo fácil y difícil que pueda resultar.
Elena asiente con la cabeza, y la vuelvo a abrazar momentáneamente. Le paso el brazo por su hombro y ella el suyo por mi espalda, y plantando cara a la brisa que nos rodea, seguimos caminando, ahora más juntos, hacia el principio de un sueño al que la realidad ya empieza asomarse.
 
 
 
 
EPILOGO
 
Ya han pasado un par de semanas desde aquél paseo inolvidable por la Avenida Marítima, cuando confesé a Elena que quería perseguir un sueño para hacerlo realidad. Un sueño en el que ella tenía mucho que ver.
Hoy el día nos ha regalado un atardecer hermoso de tonos anaranjados que ilumina todos los rincones que alcanza la vista. Estoy sentado en la terraza de casa jugando con Ana. Elena hace un buen rato que está leyendo un manuscrito que le he dejado para leer, después de que comimos.
En ese momento Elena aparece y se dirige hacia donde estoy. Tiene los ojos llorosos y lleva en una mano el manuscrito y con la otra tiene cogido el colgante que días atrás le regalé con una foto suya y de Ana, y con una llave pequeña, igual a la que yo llevo colgada a mi cuello.
Se acerca, suelta el manuscrito en la mesita, se sienta a mi lado, me abraza y se funde en un beso apasionado que me recorre toda el alma. Nos separamos, le acaricio la cara, secándole las lágrimas que han caído del manantial de sus ojos, esos mismos ojos que tanto me apasionan.
¿qué pasa? – le pregunto.
Y apartando un sollozo me dice muy despacio - Acabo de comprender, y ver, el sentido completo de aquello que me dijiste la primera tarde que salimos. Me siento mimada, alabada…, querida, y no sabes cuánto feliz me has hecho. Has perseguido un sueño y creo que lo has conseguido, porque, por si no te lo he dicho, creo que eres lo mejor que me podía haber pasado. Estoy cautiva de tu amor, y nada me haría mas feliz, que poder ser la compañera del viaje de tu vida. Te quiero Iván, con toda mi alma.
Te quiero Elena, te quiero desde que te vi, y no creo que pueda tener mejor compañera de viaje.
Y como aire con aire, agua con agua, nuestros labios se vuelven a encontrar fundiéndose en un apasionado beso que no hace más que sentenciar que el sueño ya es realidad, y que con un manto anaranjado como telón de fondo, comienza el viaje de nuestra vida.