No te lo pierdas

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cerrado por necesidad



Harto.

Harto de que mis planes se vayan a la porra, y no porque yo lo haya decidido.

Siempre cediendo para bien de los demás, siempre dejando para un segundo plano mis apetencias con el único fin de que mi entorno esté conforme y a gusto, porque se supone que eso redunda en que yo también lo estaría.

Y tu depósito de resistencia va vaciándose…

Siempre ayudando a los demás, dejando a un lado incluso tus propios intereses, para satisfacer los de otros que, a simple vista, te parecen más necesitados o en peor situación que la tuya. Y volviendo a reincidir incluso aun cuando te hayas dado cuenta de que no era así. Total, siempre tienes una mano dispuesta para ayudar a quien sea.

Y tu depósito de resistencia sigue vaciándose…

Cansado de que los demás den por hecho que suya es la razón, y que tú no lo haces bien. Ni siquiera valoran tu planteamiento. Simplemente como no opinas lo mismo, tú estás equivocado. Ellos no. Ni siquiera se plantean si la forma en que tú haces las cosas es válida. Simplemente es distinta de la suya, y por tanto, no vale.

Y tu depósito de resistencia se niega a perder su última gota…

Estás convencido de que la vida es bella, y un paraíso para disfrutar. Y para los que en determinadas ocasiones pierden su norte o empiezan a dejarse impregnar de nubes borrascosas en el horizonte de su inteligencia emocional siempre tienes palabras de ánimo. Siempre buscas argumentos, en los que confías y crees plenamente, para intentar convencerles de que hay más formas de ver las cosas, por lo general dos: optimista y pesimista; y que por salud propia, todo aspecto negativo seguro tiene un lado positivo. Pero la cerrazón y orgullo anti-consejo, incluso desprecio, que en ocasiones te lanzan aquellos a los que intentas ayudar, van rascando con dolor en tu propia reserva de fuerzas, máxime si quienes lo hacen forma parte de tu entorno más querido.

Y la última gota cayó…

Cierras todas tus puertas. Esas que has dejado abierta de par en par a todos los que te rodean para que puedan pedirte ayuda cada vez que lo necesiten sin ningún tipo de prejuicio. Esas que has franqueado en infinidad de ocasiones a riesgo propio simplemente para ayudar a otros. Esas que por dejar abiertas han permitido que aires nocivos impregnen tu propio interior, que para ti es sagrado. Lo haces con el firme y profundo convencimiento de que al final si no lo haces, vas a caer. Caer en tinieblas, en desasosiego, en perder la ilusión por lo que haces o por lo que te llena, en la frustración y en la apatía.

Quieres cortar con todo vínculo de aquello a lo que has pretendido ayudar, porque tu impotencia por ver que no consigues llegar puede más que el volverlo a intentar. Y te convences de que incluso puede ser bueno para quien no se deja ayudar. ¡Que se estampe!, a lo mejor así se da cuenta de lo equivocado de su razonamiento, aunque sea de la forma más dolorosa.

Estoy cansado.

Necesito respirar. Necesito alimentarme de todo aquello que me da alegría. Buscar variantes nuevas de mis propias aficiones, nuevos retos que me den ilusión, estudiarlos y llevarlos a cabo, aislándome del parecer de los demás. Regocijarme con las maravillas que nos rodean. En definitiva, pensar, aunque sea por un tiempo, más en mí.

¿Egoísta? Probablemente si. Y probablemente aquellos a los que he intentado ayudar incluso se atreverán a juzgar por encima de sus propios prejuicios, calificándome en un grupo de indeseables, porque siempre he ayudado sin que me lo pidieran, y ahora se verían en la situación de tenerlo que hacer. La empatía seguro que no es su fuerte. Si así fuera sabrían que para poder dar energía, primero hay que tenerla.

Pues sí, necesito ser algo egoísta, aunque sea por un tiempo. Necesito que mi vaso de capacidades, especialmente las emocionales, se recargue hasta un nivel mínimo aceptable. Me niego a no ayudar. Me niego a no ofrecer mi mano a quien la necesite, aunque ellos también tengan dos pero no sean capaces de verlas. Soy consciente de que no lo podré hacer si no rearmo mis capacidades, si no realimento mi estabilidad interior para ser capaz de ayudar y vencer a los contratiempos.

Cerrar capítulo, y empezar otro.

Sigo pensando que la vida es bella, que no la disfrutamos todo lo que debiéramos, sin entrar en detalles peliagudos o escabrosos del entorno y condicionantes de cada uno, que reir es mejor que llorar, y lo más importante: que nosotros, siempre, tenemos la opción de escoger.

Una sombra se produce porque al otro lado hay luz. Yo prefiero caminar hacia la luz, buscarla. Dejar las sombras detrás.

Pero, de momento, "cerrado por necesidad".

martes, 10 de septiembre de 2013

I + T




Caminaba por el paseo marítimo que va desde Melenara hasta La Garita, uno de mis sitios favoritos para, simplemente, caminar. Era media mañana y una ligera brisa con ciertos tintes marinos amenizaba el trayecto. No era la primera vez que lo hacía, pero, también es cierto que cada vez que lo hago siempre tiene algo distinto.

En uno de los tramos del paseo, después de pasar la zona llamada "Castellanos", muy apreciada por pescadores de caña para apostarse a disfrutar de su pasión, con el faro de Taliarte más atrás,  y bordeando por lo alto una pequeña cala de piedras, el trayecto tiene un casi imperceptible ascenso hacia el lado noreste de la cala para posteriormente seguir su trazado con un giro a la izquierda.

Allí, justo en ese giro, y sobre el borde del paseo hay apostado un banco mirando al mar. A modo de pasarela abierta y directa al infinito horizonte, observando la inmensidad del manto marino que se despliega ante él, invita a todo el que pasa a compartir con él la vista que la naturaleza, con sus caprichos y sabiduría, nos regala en este punto de la costa. Un respiro para el caminante, un regalo para los ojos y un tranquilizante para el alma.

Es un banco creado sobre dos pilastras de hormigón embellecido con piedras, y cuyo asiento, brazos y espaldar están hechos de vigas de madera tratados con alguna pintura protectora (o no) de color verdoso (o al menos antes lo era).

El banco en sí muestra signos de la guerra que la interperie y los aires de marisma vienen librando contra cualquier elemento puesto por el hombre. Esa pintura otrora verde aparece desgarrada y, en algunos casos, mutilada, pero, aún así, le sigue dando cierto aire de elegancia.

Y como si se agarrara con todas sus fuerzas al componente natural de la madera, evitando caer vencido en esa guerra a todas luces perdida, vi una inscripción que no me dejó indiferente:

"Ni toda la vida,

 ni toda el agua del mar

 podrá explicar lo que tú me haces sentir.

27-10-2012 I+T (y un corazoncito)".

 

Y la imaginación, que es muy traicionera, empezó a elucubrar.

¿Qué situación daría lugar a que un pensamiento tan fuerte como ese acabara transcrito a un trozo de madera de ese banco? Supongo que nos imaginamos a alguna pareja (seguro que la mayoría pensaría en jóvenes) sentada en el banco, abrazados, y uno de ellos que, después de declarar su amor a su media naranja, dejó constancia del momento reproduciendo posiblemente parte de su declaración sobre el improvisado pergamino de madera.

Pero, ¿y si no hubiera ocurrido así?, ¿nos llegaríamos a plantear en situaciones como esta cualquier otra variante distinta de aquella que  posiblemente más nos interese o guste?

¿No serían dos ancianos? ¿Serían dos chicos? ¿O dos chicas? ¿Importa la edad? Tendemos a ver las cosas siempre desde nuestros condicionantes, desde nuestro lado del prisma que forma nuestra existencia y viciados por nuestras propias preferencias, sin tener en cuenta que hay más lados que aportan otras perspectivas.

Me permito la licencia de pensar en otra historia:

Alguien, solo, que se sienta en el banco después de haber estado caminando ausente y posiblemente sin ser consciente del trayecto andado ni del tiempo empleado. Que se sienta y deja que el mar en su inmensidad le llene los ojos haciéndole rebosar lágrimas de impotencia. Impotencia por un amor no alcanzado o dado por perdido. Alguien que sufre o llora por no poder hacer cumplir su sueño con aquella persona a la que ama en el anonimato, y que, por las circunstancias que sean, se ahoga en sus penas antes que desafiar al puñetero destino e intentar alcanzar aquello que quiere, simplemente por no buscar la respuesta sino acomodarse con una fabricada de conveniencia con la excusa de no hacer daño al otro, o aquello de "es difícil de entender", "no funcionaría" o "es imposible".

Pues sí, ni toda una vida, ni toda el agua del mar podrá explicar lo que esa persona de la que está enamorada le hace sentir.

La expresión es la misma. Pero depende de nosotros que el significado sea uno u otro, lo que me lleva a pensar que si la vida es una frase, la entonación sería nuestro destino, y decírselo a alguien, lo que le da sentido.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Amor y Esperanza

Ese es el título de una fotografía que he visto hoy de un compañero de foro en la asociación Foto Gran Canaria, y que me hizo tener un punto de reflexión.

Por razones obvias de privacidad y autorización no la reproduzco, pero, para que se hagan una mínima idea, la intento describir.

Una imagen en blanco y negro de un primer plano de perfil de una pareja (sobre treinta y largos o cuarenta años imagino). Sus cabezas apoyadas frente con frente, el mirándola a sus ojos, y ella, con sus ojos cerrados cogiéndole con sus dos manos su cara y cuello. Lo que marca indiscutiblemente la imagen: ella tiene su cabeza totalmente rapada.

Su autor lanzó una serie de preguntas en el foro sobre dicha imagen: Qué nos sugería, qué nos gustaba, qué no nos gustaba y cómo se podía mejorar.

Se plasmaron un sinfín de comentarios, todos constructivos por supuesto, respecto de la definición del blanco y negro, respecto de recorte o no, respecto de contraste de iluminación, etc. Muchos coincidían en que veían tristeza o dureza en la imagen. A medida que las opiniones surgían, quedaba cada vez más claro que ella estaba luchando contra un cáncer.

Para  mí era una instantánea perfecta. Habla por sí sola. Rebosa sentimientos, rebosa ternura, rebosa amor. Y en contra de lo que algunos dijeron, no le veía tristeza. ¿Por qué?, porque era la imagen del momento. No era una imagen preparada, no era una pose estudiada. Era simplemente un momento real que el fotógrafo tuvo la agilidad de captar, tal cual, sin añadidos. Si se hubiera entretenido en ajustar la iluminación o la exposición adecuada, el momento hubiera pasado, y seguramente ya no diría lo mismo.

Son de esos instantes que te encuentras en tu vida que no tienen repetición, y que si intentas repetirlo nunca se va a parecer, será con creces muy distinto.

Este fue el comentario que envíe a su autor:

¿Qué representa la imagen? Pues lo que has puesto de título, sin más. Y no le demos más vueltas. Creo que en este caso la imagen habría que verla desde la perspectiva de sus protagonistas, no de su autor (con todos mis respetos) y creo que es lo que has hecho.
¿Que si tiene defectos? Nuevamente, y con mis respectos a todos los que han opinado, ninguno. ¿Por qué?, porque es una imagen de un momento determinado, no preparado. ¿acaso el fotógrafo de guerra se entretiene pensando si mejor bajar o subir un paso de exposicíón o cambiar el balance de blancos que lleva configurado? si lo hiciera posiblemente no captará la imagen que quiere, sino el momento después (que no quiere decir que fuera malo, sino que no es lo que quería captar). Por tanto, la imagen es lo que es, presenta una realidad a la que no hay que maquillar sino contemplar. Y admirar, porque dentro de lo que realmente representa para tí, y lo que representa para sus protagonistas (cuya opinión posiblemente nos desarme a todos), es una joya.

Como dijo un compañero del foro, hay fotos que "no necesitan comentarios".

Y haciendo mías las palabras que me respondió su autor, y que comparto completamente: "Muchas veces perdemos la imagen que queríamos hacer porque nos perdemos en tecnicismos, en vez de ver el momento tal cual".

Me repito, para mí, es una instantánea perfecta.

 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Payaso, ... hasta el final.


Decimos "Payaso", e inmediatamente nos viene a la mente alegría, risas, diversión.

Pero el ser Payaso, incluso cuando a veces su término se equipara a algo despectivo, no tiene que ir aparejado a una vestimenta de elementos desproporcionados y de colores chillones y contrapuestos. Es una actitud casi más que una predisposición. Podemos ser payasos de nuestra vida, de nuestro entorno, de nuestro propio carácter. Todo depende de la forma en que se afronte cada uno de esos aspectos.

Lo difícil no es ser Payaso en sí. Lo difícil es serlo cuando todo está en tu contra. Cuando con lágrimas interiores sigues esforzándote porque los que te rodean capten un atisbo de esperanza o alegría que les ayude a olvidar por un momento cualquier colección de desventuras que puedan estar amenazándoles.

Y es que, al final, un Payaso también es persona. También está sujeto, aunque no hayamos caído en la cuenta, a las bofetadas de la vida, situaciones adversas, amigos traicioneros, etc., Pero le distingue su predisposición y su fuerza de voluntad. Esa que nos hace reir o tender una mano silenciosa cuando más la necesitamos aunque por dentro esté ahogado en lágrimas o impotencia.

A veces, siendo Payaso, te ves completamente hundido porque ves que tus esfuerzos por alegrar o ayudar a alguien no dan fruto. No consigues hacerle llegar tu mensaje. Lo más injusto, por no decir denigrante incluso, es cuando, siendo Payaso, brindas tu sonrisa y alegría a otra persona, porque sabes que la necesita, y lo que recibes es burla, sorna, hasta desprecio en muchas formas.

Un Payaso, fiel a su misión de alegrar y tener una sonrisa disponible siempre, ¿tiene que "ceder" a su propio interés, en beneficio de aquél a quien tiende la mano?. Ya lo dije antes. Es una cuestión de actitud y predisposición. Y, desgraciadamente para los Payasos, la mayor parte de las veces así es. Se termina cediendo o mirando a otro lado para aguantar la rabia y no aflorar sus sentimientos que podrían, en según qué condiciones, agravar aquello que él mismo está intentando apaciguar, aquello para lo que siempre tiene una sonrisa disponible.

Hay una canción que cantaba Raphael, titulada "Payaso", que en su letra exponía de una forma especial esa incomprensión o frustración que alguien, en su rol de Payaso puede llegar a sentir, ya sea por incomprendido o por tener que aguantar con una sonrisa en la cara cualquier batalla interior que en un determinado momento puedas estar librando, o incluso perdiendo.

No has echo caso de mi amor,

tan solo risa te causo,

te ha divertido mi fracaso

y te has burlado de mi corazón.


Me he sentido como un pobre payaso

que no sabe sin ti que hacer,

y hace reir

mientras que él llora por ti.

 

Todo el amor que te juré,

las mil caricias que soñé,

todo el calor que hubo en mis brazos

no te han podido el alma conmover.

 

Es la exposición de que, a veces, solo nos fijamos en el envoltorio y no en lo que realmente hay detrás, en lo que realmente da sentido al envoltorio.

Esas tres estrofas al final vienen a decirnos que:

a)    Aunque brindemos sonrisas, no siempre nos las van a agradecer. Podemos encontrarnos con mucha incomprensión en mil formas.

b)    Al final cedemos, si el hacerlo hace que consigamos alegrar, animar a alguien. Alegría que fabricamos con nuestro propio dolor o impotencia interior. ¡Qué triste e injusto es!.

c)    No siempre conseguimos lo que buscamos. Para un payaso el no provocar la risa es lo peor que hay. El no conseguir alegrar a otro es lo peor que hay.

 

Risas y alegría son dos términos que a veces se disfrazan de muy diversas formas. A veces incluso de lágrimas y tristeza.

 

Pero al final, el payaso vuelve a salir a la pista, se rearma de nueva energía, aunque sea alimentada con sus propias lágrimas y sufrimiento, y seguirá intentando alegrar a su entorno.

 

Confío en que, algún día, su entorno le corresponda, y las risas y alegrías sean mutuas. La canción seguro que sonaría mucho mejor.

 

 

lunes, 5 de agosto de 2013

Admiración


Admiración es la situación de contemplar a algo o alguien que llama la atención por algo que se considera extraordinario.

Lo normal es que ese sentimiento de admiración esté focalizado hacia alguien ilustre o notorio que no conocemos pero del que nos han transmitido sus "hazañas". En otras ocasiones, esa admiración viene de momentos que uno disfruta desde el propio anonimato y que transmiten un mensaje/enseñanza que van más allá del propio hecho que hayamos presenciado.

En mi caso, ese particular sentimiento de admiración afloró en una situación del segundo grupo.

Domingo por la mañana. Se celebraba el Triatlon de Salinetas (2013). Tenía libre hasta las 10:30, así que, pertrechado con mi cámara fotográfica, me acerco hasta donde se celebraba la concentración de la prueba para captar momentos de la misma, intentando darle una visión particular.

Deambulé por el lugar de concentración tomando algunas instantáneas de lo que quería, y cuando los participantes se dirigieron hacia la playa para iniciar el primer tramo de la prueba, acudí a cabecera de pista para intentar captar el momento. Pronto me di cuenta de que no iba a ser fácil. Muchísimos participantes, bastante público, y un mar algo cabreado que en un último intento de ganar su batalla estiraba los brazos de sus olas cada vez más intentando agarrar en cada embestida los pies de los que se agolpaban en la orilla. Hice algunas capturas algo distintas a lo que se espera de un fotógrafo, y terminé por colocarme en un costado del pasillo habilitado para cuando los corredores salieran del agua. Me interesaba captar las caras de los participantes en este tramo, ya que denotarían su confianza o estado de ánimo con lo que hubiera acontecido en el agua.

La prueba se estaba retrasando, y apenas me quedaba tiempo para tomar instantáneas.

Dieron la salida a la primera de las pruebas: féminas. No eran muchas (al final comprobé que eran 22) en comparación con la maraña de los masculinos. El mar se resistía a que se adentraran en su interior, pero lo lograron…, y llegó el momento de salir del agua y enfilar el pasillo de arena hacia el segundo tramo. Me prepare y empecé a captar momentos de cada una de las participantes.

De pronto, algo captó mi atención. Una participante enfundada en un neopreno negro salía del agua. Inmediatamente, y sin dejar de correr, se soltó la parte superior del neopreno para ir más cómoda. Su forma de correr era distinta, algo encorvada si acaso, y cuando entró en el pasillo de arena y tomó la vertical hacia donde yo estaba comprendí que se trataba de una participante "veterana". Sí, veterana, no mayor. Se hizo todo el trayecto del pasillo con una sonrisa en la cara, con paso constante como si fuera algo de lo más normal o si lo hubiera hecho toda la vida. Paradójicamente, su equipo se llamaba Titán .

Alguien cerca (a quien solo puedo calificar de ignorante) soltó un comentario de "a dónde va esta pobre, no tiene posibilidades". ¡Qué comentario tan equivocado!. Precisamente estaba demostrando que tenía todas las posibilidades, que sí sabía a dónde iba y que lo hacía con buena disposición y humor. Otra cosa es que quisiera ser la primera. Después de ella salieron aproximadamente otras 10 participantes, por lo que no se por qué a ella sí se le hacía esa clase de comentario y a las que iban detrás no. Bueno sí lo sé: la envidia  es muy puñetera y se disfraza de muchas formas.

No sé en qué lugar quedó, ni me importa. Solo lamento no haberme podido quedar hasta el final para poderla saludar, felicitarla y charlar algo. Seguro que en lecciones de experiencia y motivación en la vida estaría Doctorada y sus palabras harían más bien a cualquiera que el más caro de los sicólogos que se les ocurra.

Me quedo con el sentimiento de admiración que experimenté. Y me quedo con la cara de asombro (quizás también admiración) de un niño que en una de las instantáneas que capturé aparece de fondo mirándola. Espero sinceramente que la cordura vuelva a nuestra razón y permita valorar las cosas que realmente tienen importancia, aquellas de las que realmente tenemos que aprender porque nos llena de buenos valores y que provocan admiración, sana y libre.

martes, 16 de julio de 2013

28 x 36 x 35


 
28 x 36 x 35

Si, ese es el equivalente a 26 años de trabajo. Apenas un volumen de 35 litros como equipaje material de un viaje iniciado hace 26 años y que ahora se interrumpe por necesidades, o más bien avería, del medio de transporte. Un medio de transporte que ha tenido muchas experiencias, situaciones estresantes, exigencias, paradas imprevistas, sobresaltos, sacrificios, etc.,  pero que siempre, ha contado con la dedicación y vocación de una protagonista, la que ha dado origen a esta reflexión.

Al igual que ella, otro puñado de buenos viajeros han sido "obligados" a bajarse en esta estación de infortunio, blandiéndoles mil excusas de mala coyuntura, esa palabrita que tan bien les viene cuando no se sabe que decir, de situaciones adversas para la economía,  y otras tantas frases manidas y desnutridas.

Si, una de esas empresas de rancio abolengo y prestigio nominal, está "reorganizándose", "reestructurándose" (es moda), vamos, despidiendo trabajadores, aprovechándose de unas leyes casi hechas a su medida. Nadie sabrá cuánto hay de cierto y cuánto de "aprovechando que pasaba por aquí…".

Hace algunos meses leía un artículo (de esos de diseño a medida) en un periódico nacional sobre el entonces presidente de esa Gran Empresa, y ponía como un gran ejemplo que él era un defensor de la austeridad y firmaba los documentos con un bolígrafo "bic". Pues fíjense que igual con ese mismo bolígrafo "bic" firmó una operación de compra de otra supuesta "gran empresa" internacional en una de sus muchas partidas de Monopoly con sus colegas de empresa, e incluso de partido. Y lo que compró fue aire. Si, aire, porque el agujero que se han encontrado después y que en parte ha provocado esa "reestructuración" viene del coste de ese aire.

Pero, ¡no pasa nada!, Es muy fácil tirar con pólvora ajena. Su nómina no se toca, y era bastante inflada. E incluso más inflada a raíz de esa compra.

Lo siento, pero nadie me ha podido convencer todavía que una persona que gana al año en nomina fija una cifra de 7 dígitos (x.xxx.xxx €), más bonificaciones, gratificaciones, etc., tenga sentido del valor de una cifra de 5 dígitos, igual que la que pueda tener un trabajador que gana 1.000 euros al mes. Para el último es una necesidad. Para el primero, posiblemente un capricho.

Llegados a este punto, ¿qué pasa con la responsabilidad?

Tristemente, la responsabilidad es inversamente exigible a la "importancia" social que tengas. A saber: si eres un "pringao mileurista" y te equivocas, agárrate la cabeza porque te la cortan sin contemplaciones. Pero si eres un acaudalado y reconocido protagonista de círculos societarios bien, y te equivocas, es que estabas sometido a mucha tensión y no tenías toda la información suficiente, pero no te preocupes, que algún "pringao mileurista" lo pagará.

Lo curioso es que, para estos casos, las consecuencias de las malas decisiones sí son directamente proporcionales a esa "importancia" social. El área de influencia de un "pringao mileurista" nunca será la misma que la de uno de estos señoritos "socialmente importantes". Y si no, que se lo digan a determinados figurines que con cartera de ministros todavía creen que crecer es lo mismo que decrecer despacio, porque podía ser más rápido. ¡Ole!.

No es el primer ejemplo de personajes (más bien figuras) que han ido dejando tierra estéril por donde han pasado, pero a los que nadie, de los que tienen la obligación de hacerlo, les han pedido responsabilidades. Al contrario, han salido de una empresa y ya tenían hueco reservado en otra. ¿Por qué la oficina de empleo funciona tan bien en estos casos? Voy a averiguar qué oficina es y su dirección y le voy a pedir a mi protagonista que se inscriba en esa, a ver si de aquí a un par de días ya está recolocada.

 A veces me pregunto qué clase de gestión se hace en una gran empresa (o supuesta gran empresa) de Telefonía española que se pasa su historia recogiendo caídos de altos sillones. Siempre hay una posición disponible a medida del caído, ¡qué casualidades de la vida!. A lo mejor esa es la razón por la que también se ha visto obligada a hacer algunas reestructuraciones "coyunturales para adecuar su tamaño a las características del mercado". ¡Toma ya!, eso es arte, y no lo que se ve en los museos.

En fin, como ya dije en una ocasión, soy accionista de una empresa llamada España, pero los consejeros delegados que han sido nombrados por la Junta Universal, no dan la talla. Y lo que es peor, el presidente del Consejo es sordo o no oye. Venían contagiados de una enfermedad muy grave para cualquier cosa y muy especialmente para el cargo que ocupan: La Ignorancia y la falta de respeto hacia sus accionistas. El poder es muy goloso y crea una coraza de falsa seguridad que suele romperse con el tiempo debido a creerse todopoderosos.

De momento yo les digo que la impotencia tiene forma de lágrimas, que son muchas las que ya se han vertido por protagonistas/accionistas que no han hecho nada para merecerlas, y que ya queda menos. La energía de una lágrima derramada mueve montañas, especialmente cuando entre todas forman un caudal inmenso de rabia y lucha.

 

domingo, 14 de julio de 2013

Magia en el aire

¿Qué es una coreografía?
De las cuatro definiciones que da la Real Academia Española de la Lengua, solo me quedo con una: Arte de componer bailes.
De todas formas, creo que esa definición no le hace justicia, salvo por lo de usar la expresión "arte", que sí lo es.
Creo que la verdadera expresión de lo que es una coreografía se alcanza cuando un profano o desconocedor de la materia se sienta delante de un escenario y llega a entender lo que uno o varios bailarines transmiten con sus movimientos. ¡Eso es coreografía!
Transmitir, llegar y calar en los rincones sensoriales y emotivos de cualquier persona que lo vea.
Y si además llegas a entender la historia, sin que nadie te haya dicho de qué iba, es que tanto la coreografía como los que la ejecutan, son muy buenos.
Eso es lo que, una vez más tuve la oportunidad de disfrutar ayer, y con sesión doble, en un Cicca completamente lleno de muchas cosas:
Enfrente del escenario, lleno de público ansioso por ver que deparaba el espectáculo.
- Detrás de bambalinas, muchos protagonistas de muy diversa índole, llenos de ganas de enseñar lo que sabían y transmitir cada una de sus pequeñas o grandes historias, aunque ello supusiera carreras, prisas,… nervios al fin y al cabo.
Atrás quedaban meses y meses de trabajo, de problemas, de imprevistos, de desarrollo y gestación de cada una de las coreografías que ese día tenían que "nacer". Y nacieron…, ¡vaya si nacieron!.
Múltiples historias surgieron en el escenario, magistralmente contadas sin palabras, solo con gestos y movimientos. A veces, incluso sin música, ese acompañante que parece casi obligatorio para cualquier coreografía.
Puzzles desgajados que se iban uniendo una y otra vez formando en cada una de ellas un esquema distinto perfectamente engranado, sincronizado, con su justa medida, creando mil formas hasta conseguir escribir, gesto a gesto, movimiento a movimiento, la historia que nos habían venido a contar.
Desde un caos muy estudiado que se ordena y desordena, para finalmente volver a ser un fantástico caos controlado, hasta una magistral cuento de sentimientos, pasando por gráciles y diminutas figuras que con desparpajo e inocencia también contaban su historia, aquella que meses atrás empezaron como un juego, y que ahora construyen como parte de sí mismos, junto con toques de humor inteligente que iban dando forma a lo que todos ellos, protagonistas de su propio esfuerzo, construyeron en conjunto: UN ESPECTÁCULO.
Cats, Grease, Fama, Mamma Mia, Chorus Line, Cabaret, Chicago, Burlesque…, todos ellos fueron revividos de forma metódica y precisa,  pusieron los ánimos muy altos y prepararon el terreno para que los más pequeños evolucionaran después con su inocencia y frescura reclamando su hueco y, por qué no, advirtiendo a los más grandes de que vienen "transmitiendo" fuerte y que aunque "siempre hay un amigo en ti",  "yo también quiero ser el rey".
 Una ondanada de colores en el viento que nos llenaron de frescura y que dieron paso a un repertorio clásico que siguió elevando el listón, haciendo que los presentes deseáramos más, y más. Deseo cumplido: cuando los contenidos te llegan y te transportan, es que te han hecho partícipe de lo que hacen, y eso no tiene precio. Es cierto: "la belleza está en el interior". Y nos la hicieron salir…
Y para terminar, fuerza, pasión, brío, ímpetu, y todos los adjetivos que puedan imaginar: eso es lo que desfiló por el escenario secuestrándonos a todos los presentes y convirtiéndonos en co-protagonistas de algo que al principio desconocíamos y que ahora no queríamos dejar.
 
Lo mejor de todo: Las caras de los bailarines. Caras de disfrute y profesionalidad. Caras de estar convencidos de lo que contaban. Y caras de satisfacción al acabar.
Este año, todavía no se por qué, algo hizo que me fijara más en los finales de cada historia: qué composición era la escogida para poner el punto final a lo que cada una de esas historias contaba. Todos tenían un matiz distinto. Todos tenían una escenografía muy cuidada, un acabado digno de la mejor de las acuarelas, pero en vivo. Ninguno me defraudó. Al contrario, como amante de la fotografía que soy, cada uno de ellos me maravilló. Fueron precisos. Fueron preciosos.
Pero tengo que ser sincero, hay uno que me cautivó.  El de la última historia. Solo dos bailarines que después de desgranar de una forma algo desgarradora su historia acaban separados, y juntos. La escena final: impecable. Dos personas, un toque en un hombro y un gesto que lo dice todo. ¡Muy pocas veces he visto decir tanto con tan poco!.
Podía extenderme mucho más sobre lo vivido ayer, pero, me repetiría. Solo quiero acabar con dos reflexiones dirigidas a Rubén:
La primera, de gratitud. Gracias por compartir con nosotros ese buen hacer,  por conseguir que crezca la semilla de algo tan bonito en nuestros hijos y por hacerles ver que detrás de un esfuerzo (nada es fácil) siempre hay una recompensa, especialmente si se trabaja con gusto, dedicación y devoción por algo que se quiere, se ama.
La segunda: ¡10 años no es nada!. Lo mejor queda por venir…
 
JSR - Julio 2013