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domingo, 18 de mayo de 2014

A mis amigos de lo "pequeño".

Me atraen las cosas pequeñas, el verlas de cerca y contemplar sus texturas, formas caprichosas y aspectos que pasan desapercibidos cuando no nos acercamos a ellas.

No es que me gusten en particular los insectos, animalitos o bichitos pequeños, pero he de reconocer que, como ya dije en alguna ocasión, desde que el amigo Franky abrió a mis ojos y conocimiento esta faceta de la fotografía, cada vez que paso por un jardín, matorral, muro, terreno o cualquier otra cosa, lo veo con otros ojos. Digamos que me entretengo, busco algo más, en lugar de ignorarlo o pasar sin mirarlo.

Mis fotografías, en lo que a macro se refieren, todavía dejan mucho que desear, pero he de reconocer que me maravillo de lo poco que consigo, no solo por el hecho de conseguirlas, sino de lo que se aprende en el camino, y no me refiero solo a fotografiar.

Hoy ha sido un día de los que se van a quedar grabados, en lo que a "práctica macro" se refiere.
He de reconocer que me "he divertido" durante algo más de media hora, contemplando un pequeño grupo de abejas (bueno, perdón, para mí son abejas), que pululaban sobre unas flores. Las he seguido (o lo he intentado), he intentado hacerles algunas fotos, y las he hecho, pero lo que se me ha quedado grabado no son las fotos en sí, sino lo que he aprendido de ellas y que nunca hasta ahora había visto.
Cuando observas su comportamiento ves cosas que antes ni te hubieras imaginado.
Todos sabemos que las abejas se acercan a las flores, y sacan su "néctar", que se supone es su razón de existir.
Pero lo que nunca hubiera imaginado es que, además de eso, algunas se dedicaban a recolectar pétalos. Si, recolectar. Seguramente será algo de lo más natural, y ustedes a lo mejor dicen "anda, este ya descubrió la pólvora", pero reconozcan que para quien nunca lo ha visto, cuando menos es sorprendente.
Algunas de ellas después de posar en varias flores, terminaban seleccionando una flor, se colocaban en la vertical de uno de sus pétalos y, mientras agarraban con sus patas el pétalo, lo iban cortando a mordidas en círculo, y cuando llegaban al final lo "ovillaban" de forma que quedaba entre sus patas una especie de pétalo en forma de cuasi-tubo y cuando lo conseguían desprender del todo, iniciaban su vuelo hacia no sé que lugar. Incluso en una ocasión, una de ellas se comprende que no conseguía llevarse el pétalo todo lo bien que debiera, que decidió hacer una parada en una piedra, acomodárselo mejor entre sus patas, y reanudar ese errático y programado vuelo hacia no se donde.

En otra ocasión, una de ellas no conseguía que el pétalo se desprendiera del todo, y era simpático ver como se sacudía volando de un lado a otro, dando "reflechones" mientras lo tenía cogido con sus patas hasta que consiguió que el fino hilo que lo mantenía unido a la flor, se quebrara finalmente. Era similar a cuando un pero está mordiendo un trozo de tela que quiere romper y sujetándola con las patas da golpes de cabeza a un lado y otro hasta que lo consigue.

Curiosa que es la naturaleza. Y sabia.

Habrá que seguir aprendiendo de ella. Y, de paso, de ustedes, que en esto de plasmar en imágenes sus secuencias son unos guardianes  con mucha maestría.

Les dejo algunas de las modestas fotos que hice durante el aprendizaje de hoy. Y no se corten en ser crueles con quien las hizo, que el aprendizaje nadie dijo que iba a ser cómodo.

Un saludo, y mi más sincero reconocimiento y admiración.








lunes, 5 de mayo de 2014

He visto la Luz

"He visto la luz".

La luz se puede manifestar de muchas maneras, pero sin dudarlo, ese sería el título de la fotografía que ahora mismo tengo en mi mente. Es una fotografía muy grande y que por ello transmite mucho…, de todo…, especialmente luz.

He estado en muchas conferencias, cursos, seminarios, charlas, talleres etc., de muy diversa índole y contenido, pero he de reconocer que acabo de asistir a un Taller de Iluminación de la asociación Foto Gran Canaria que tenía una característica más, muy diferenciada del resto y que ha hecho que en mi biblioteca intelectual haya quedado soldado al banco de neuronas de mi cerebro bajo el bloque cognitivo de "para uso y disfrute recurrente". Llamemos a esa característica "humanidad". Justo lo que hizo que el taller pasara de ser un "impartir" contenidos a "compartir" experiencias.

En realidad fueron dos talleres, pero he de reconocer que en el primero (Taller de Iniciación) no pude participar plenamente por incompatibilidad con otras obligaciones, aunque sí asistir posteriormente a ratos, los que mi cabeza, que se encontraba por momentos en otra cosa, me permitía. Eso sí, por lo que estuve presente, le es de aplicación sus mismas características.

Y tirando de esas mismas neuronas, pude ver y comprobar que a ellas también estaban soldadas los contenidos de un taller anterior organizado por la misma Asociación sobre Fotografía Macro. ¿Casualidad?..., puedo asegurar que no.

Todos esos talleres tienen ese mismo nexo, ese factor común de humanidad y de "compartir" que les distingue.

Ayer pude comprobar una vez más el secreto. Y es precisamente que no es un secreto, sino que forma parte de la naturaleza de las personas. Por eso a otros les es tan difícil de copiar, por muy "doctor" o "gurú" que se sea.

Es un "todos a una" por conseguir que "lo que sea" funcione. Y funciona.

Desde un recibimiento espontáneo a un interés personal en que te sientas bien en cada momento, aderezado con multitud de detalles que es posible que pasen desapercibidos para algunos pero que al final hacen esa marca de la casa.

-       Para empezar, el hecho de hacer los talleres, desinteresadamente, solo por la idea de compartir una pasión, o una parte de tu experiencia con esa pasión.

-       El hablar desde el punto de vista de igual a igual. Eso solo resulta fácil hacerlo cuando tus convicciones las tienes muy claras, y en estos talleres al minuto 0 ya estás notando que no hay diferencias, aunque alguno esté 20cm más alto.

-       El trato participativo, amigable, demostrando talento, pero sin nublar el de los demás.

-       La sencillez y simplicidad de las cosas, sin necesidad de soportarlo con mil teorías o otros tantos manuales "de obligado mandamiento" (lo cual no excluye que puedan tenerse y leerse, que de todo se aprende algo, como mínimo para tener una opinión). El ejemplo es la mejor llave del aprendizaje.

-       El no querer "venderte" algo. Solo "enseñarte" algo y más.

-       El ver a gente comprometida con lo que cree, y que no se guarda sus conocimientos, sino que retan a que más personas los tengan para así entre todos enriquecerse en la técnica, el conocimiento…, la experiencia.

-       La preocupación constante porque estés bien y a gusto.

-       Algo tan pequeño como la "esquina de pastas-agua-cafés-y-otros-brebajes", magistralmente colocado y atendido por colaboradores como si en ello les fuera la vida.

-       Compañeros y amigos de aventura, podríamos decir, que se prestan a estar presente solo por si fuera necesaria su ayuda, desde acarrear un cable a aguantar un difusor, maquillar a una modelo, acompañar a alguien a buscar algo, vigilar el ordenador y proyector, montar equipo, desmontar equipo y atrezzo, etc.

-       Una mano encima del hombro en cualquier momento improvisando una charla o soltando una "patujada" que, entre bromas, también te hace pensar, aunque sea para que solo te rias.

-       Sentido del humor por doquier…

-       Sentido común por doquier…

-       Humanidad por doquier…

-       Honorabilidad por doquier.

 

Pues bien, todo eso es lo que aparece en esa fotografía tan grande que he visto en mi mente.

Y es tan fuerte el mensaje que envía que creo que será muy difícil (por no decir imposible) encontrar en algún momento alguna idea o motivo que pueda fotografiar y que me permita transmitirlo todo junto. Por eso posiblemente solo quede como una foto en mi mente y nunca intente llevarla a la práctica, porque será harto difícil que consiga transmitir todas las dimensiones que conlleva, aunque prometo intentarlo.

En cualquier caso, y como "De bien nacido, es ser agradecido", creo que es justo transmitir mi agradecimiento a quienes hacen posible que haya experimentado tan grata sensación y alimentado mi hambre fotónica.

Gracias Carlos, por liderar la asociación y por ser un "maestro" de los que acompañan. Gracias Perico por bañarnos con esa peculiar manera de ver las cosas. Gracias Franky, por hacer de un mundo tan pequeño algo tan grande. Gracias Dunia, por, digamos el "protocolo" o toque de organización y por otras muchas cosas, especialmente por las pastas de chocolate. Gracias Manolo, por tu punto de vista de perro verde, todavía hay muchos que no lo han visto. Gracias Sisco por tu lado "heavy" y por "bajar" al suelo cosas que a priori parecen muy altas. Gracias Verónica porque al igual que el "aire", el que no se te vea no significa que no estés. Gracias Carolina (permíteme llamarte Nano) por querer ser una niña grande; lo que muchos no dicen es que ellos también quisieran serlo. Gracias Francis, por el buen humor, por tu apoyo y por tus momentos "smarthpone". Gracias Mila por tu compañía, tu interés, y tu calor de buen-hacer.

A todos…, gracias por vuestro tiempo. Porque el tiempo que verdaderamente cuesta no es el libre, sino el liberado.

Y a todos…, gracias por ser como son.

Espero poder seguir bebiendo de vuestra compañía y compartir la fuente de la mía.

Un abrazo.

Juan (Airban).

jueves, 27 de marzo de 2014

HONOR HONORIS

He leído un artículo de M.Graciani, en el que con base en una historia de los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo, hacía un desarrollo de lo que es el HONOR.

Y he de reconocer que ese artículo me hizo recordar una reflexión que hace relativamente poco tiempo tuve cuando viendo imágenes de un “consejo de ministros” me vino a la mente la pregunta de cómo han debido evolucionar en el tiempo la forma en que se hacen esos “consejos” o “reuniones” de personas que marcaban designios de un territorio, ya fuera reino o país.

El artículo vino a fortalecer mi idea de que entre todas las diferencias que hubieran, hay una que está por encima, y que está ligada al grado de consecución del bien social y común, que se supone es lo que se busca en esos consejos: La Integridad, el HONOR:

Y para resumen solo decir que hay dos grandes diferencias entre los Caballeros de la Mesa Redonda (si, escrito con mayúsculas) de la época medieval, y los personajillos del teatro político (si, con minúsculas) que se reúnen ahora en otras mesas supuestamente para defender un bien común, pero con un honor más que dudable:

- Por un lado: En la mesa redonda eran Caballeros, que respondían por sí mismos, y en sus actos estaba su mejor estandarte y publicidad. En el teatrillo político actual, no responden de nada, están en representación de algo que llaman "partido" y que no viene a ser más que una asociación de intereses particulares, bajo una bandera de ideología veleta (por lo de orientación al viento que sople que mejor convenga).

- Y por otro lado: El HONOR no se aprende, se inculca, viene de serie por propio convencimiento, y la vida te hace enriquecerlo. Los Caballeros de la Mesa Redonda venían de serie con esa forma de ver las cosas inculcada, y de ellos dependía su fortalecimiento. Los teatrilleros políticos actuales confunden HONOR con CARRERA (ya sea la diplomática o la del círculo de amistad de turno) cuando posiblemente estén haciendo carrera pero haciéndole un flaco favor al HONOR, y, lo que es peor, usando estrategias de imagen para hacer confundir al patio de butacas. Por eso es teatrillo.

Por eso es por lo que cuando hay una persona que destaca de forma natural y sin campaña de imagen exagerada de los demás, es que su HONOR fue inculcado y se preocupó de enriquecerlo y agrandarlo por que verdaderamente tiene una visión de bien conjunto, no individual. El HONOR no es un NEGOCIO.

Y eso que dejo a un lado las apreciaciones que pueda tener, y las tengo, sobre los buitres leonados camaleónicos y oportunistas que siguen la estela de la veleta por aquello de salir bien en la foto y que no quede disonante lo que en un momento determinado se les pudiera escapar de sus bocas.

La Historia y el Tiempo son Grandes Jueces. Lástima que sean tan lentos.

jueves, 20 de marzo de 2014

PERSONA

Hace bastante tiempo un Director de la empresa en la que estaba me dijo que si quería llegar a ser un buen Ejecutivo/Director tendría que ser más “Hijo de p…”. Ese día comenzó mi empeño por demostrar justo lo contrario. Creo que donde he estado lo he conseguido, pero no por ello dejo de seguir buscando y cultivando nuevas formas de reforzarlo.
Hoy he leído un artículo de María Graciani titulado “PERSONA: PERSpetiva Optimista de la Naturaleza, y, además de sentirme completamente identificado con él, y tener la satisfacción de que has encontrado alguien más que también piensa igual me han venido algunas imágenes:
- Cuánto me he divertido viendo la película Monstruos S.A. – El cambio del terror por la risa (optimismo).
-  Cuántas caras de incredulidad he visto cuando en más de una ocasión he afirmado que Mickey Mouse es un líder optimista (solo lo veían como unos dibujos animados infantiles).
Como seres humanos tenemos la fatal tendencia de pensar que somos superiores y que nuestro punto de vista, supuestamente más racional, prevalece sobre la naturaleza. ¡Qué equivocados estamos!. La Naturaleza nos supera, incluso en optimismo. ¡Si! ¡en optimismo!. ¿Hay algo más optimista que el propio ciclo de vida, que, por cierto, no es exclusivo de los seres humanos?.
Soy optimista por naturaleza, y a veces me tachan de “loco” por ello. Pero hasta ahora nadie me ha demostrado que el no serlo me revierta más beneficios que el serlo. Así que…, yo sigo con mis planteamientos y buscando este tipo de enriquecimiento porque como reza el artículo de María, “ser PERSONA es rentable”. ¡Y vaya que sí lo es!. Como mínimo afrontas los mismos problemas pero con más energía para superarlo. ¿No es eso de por sí ya suficiente?.
 


martes, 31 de diciembre de 2013

Una reflexión de última hora.


31 de Diciembre de 2013.

Estamos en un día en el que parece que todo se acaba. Aparte de locuras festivas y afán de desmadre que se percibe en algunos sitios, parece como si nos fuera la vida en el día de hoy.

Los medios audiovisuales, radio, televisión, prensa escrita, etc. nos vuelven locos recordando lo sucedido en los últimos 365 días. ¡Ay que ver! Siempre mirando atrás.

Yo prefiero pensar en todo lo que me queda por hacer, y cuánto de ello quiero hacer en el próximo año. Tengo mis objetivos, tengo mis ilusiones, tengo mis sueños, y quiero caminar hacia ellos. Lo pasado queda como mochila de experiencia para el futuro, que es lo que realmente me importa.

Sé que no será fácil, y más con los tiempos que corren y el mundo en el que vivo, pero nadie me quitará las ganas.

Nos ha tocado vivir en un mundo completamente loco. ¿Por qué?, pues porque:

-       Es de locos ver como se pagan millones de euros/dólares para contratar a un señor que lo único que hace es correr detrás de una pelota, mientras parece que duele el alma cuando pedimos de hacer una mínima aportación a cualquier causa justa.

-       Es de locos que se organicen condumios del alto copete con comidas de nombre irreconocibles hechas por majestuosos chef's  y a un precio astronómico por cubierto bajo la excusa de recaudación solidaria, cuando la verdadera solidaridad es que el condumio se pudiera traducir en bocatas, hamburguesas o comida de primera necesidad para entregar a quienes lo están pasando mal.

-       Es de locos que la justicia esté siendo juzgada por los malhechores.

-       Es de locos que a alguien se le prive de su vida, y quien lo haya hecho esté viviendo holgada y sufragadamente de un gobierno incompetente que no ha sabido aplicarle el castigo merecido.

-       Es de locos que la mentira haya llegado al poder y con el respaldo del voto del "cabreo" esté construyendo un feudo de garantías personales y particulares.

-       Es de locos que le necedad y miseria de quienes rigen nuestros destinos políticos condenen impunemente a un enfermo a la muerte por no sufragarle un medicamento vital mientras por otro lado se aumentan partidas presupuestarias para sostener a entidades y asociaciones políticas que terminarán gastándolo en viajes, copetes y fiestorros que nada tienen que ver con su supuesta actividad.

-       Es de locos que la conciencia ciudadana no responda ante este o aquel maltrato humano o privación de derechos fundamentales, pero sin embargo responda abrumadoramente si de lo que se trata es de gritar o pelear por este o aquel equipo de fútbol, y encima pagando por hacerlo.

-       Es de locos que un investigador o estudiante tenga que pasar mil pruebas subjetivas que demuestren su capacidad para poder optar a un puesto de trabajo, y sin embargo aquellos que tienen una responsabilidad enorme sobre el colectivo de un país, solo necesiten ser amigo de este o aquel figurín, sin importar si tiene conocimientos para lo que vaya a desempeñar.

-       Es de locos que mientras aumenta desesperadamente el nivel de pobreza, también aumente exponencialmente la riqueza de los "poderosos", creando un siglo XXI feudal de señores que ese enriquecen a costa de los plebeyos que pagan.

 Así y todo, en este entorno de locura sigo peleando por mis sueños.

Aunque me tropiece con gente que parece que está deseando que fracase para vociferar aquello de "ya te lo dije",  también sé que me encontraré con gente que me dará ánimos, que me enseñará cosas nuevas sin pedir nada a cambio, y que me bridarán su amistad para lo que se tercie.

Sé que mi  ámbito de influencia no es muy grande. Pero dentro de él me propongo conseguir lo que quiero. Y espero que otros, en sus ámbitos de influencia hagan lo mismo, hasta que consigamos crear una influencia común que poco a poco se vaya multiplicando.

Respeto a todos los que me rodean, sean como sean y tengan el pensamiento que tengan. Pero no a todos los acompañaré en su camino. Tampoco espero que me acompañen en el mío. No vivo queriendo agradar a todo el mundo ni mucho menos. Solo quiero ser consecuente con mis propias convicciones, actuar conforme a mis principios y aceptando que puedo estar equivocado, pero para ello tendrán que convencerme y argumentármelo. Estoy seguro de que el buen humor y el espíritu conciliador siempre me acompañará.

 
Por todo eso, abramos la puerta del nuevo año sin contemplaciones, sin miedos, sin reticencias, y ¡a descubrirlo!, ¡a moldearlo!, ¡a vivirlo!.

¡Es solo un escalón en el ascenso a nuestro propio descubrimiento!

viernes, 22 de noviembre de 2013

Príncipe Escéptico

Hoy estoy escéptico. Lo reconozco. Pero tranquilo, se me pasará…, tengo reservas para anular esa sensación.

Una luz rara se encendió en mis neuronas hace poco tiempo. Últimamente, será coincidencia o no, me he topado con varios casos, lecturas, imágenes, etc., que ponían de manifiesto el esfuerzo que el hombre hace (y quiero imaginar que lo hace queriendo, no aparentando) por contentar a su pareja o a esa persona a la que ama o a la que quisiera amar y busca su correspondencia o conquista.

Me considero un romántico, y reconozco que intentar crear un ambiente agradable y afable para dos es siempre mucho mejor que hacerlo para uno o no hacerlo. También reconozco que cuando quieres a alguien, cualquier esfuerzo te parece poco, siempre quieres contentar a esa persona más y con gestos, hechos o situaciones que le agraden.

Hablamos de fiestas sorpresa, hablamos de regalos inesperados, hablamos de lo que en una canción se describía como regar el jardín todos los días para que la flor no se marchite, hablamos de hacer que se cumplan los sueños de tu persona amada, hablamos de rebuscar recursos para siempre sorprender a esa persona afortunada por la que vives.

Pero también hablamos de saber consolarla, de ayudarla, de simplemente hacerle saber que estás a su lado, de participar de sus inquietudes, de compartir sus momentos buenos, de servirle de bastón cuando lo necesite. Esto también es amar.

Desgraciadamente existe el tópico de asociar romanticismo con cosas bonitas y sorpresivas.

Siempre diré que la primera etapa de conocimiento de dos personas es puro marketing. Pero al igual que en la vida real, cuando te compran, si no eres lo que has vendido, mal lo vas a llevar. Por eso, lo que realmente has de vender en esa primera etapa es lo que te comprometes a mantener de por vida. Yo prefiero venderme como un apoyo incondicional y alguien en quien poder confiar, que hacerlo como alguien que regala rosas o dice cosas bonitas (eso no quiere decir que también lo haga, pero no es el núcleo que me sustenta ni lo que me define).

Pero llegado este punto he de reconocer, por naturaleza propia del hombre y la mujer, que en la inmensa mayoría de los casos, es el hombre quien hace, o a quien se le exige, esa muestra de "romanticismo clásico".

¿Quién no ha oído eso de "ya no me regalas flores como antes? O el "ya no eres tan detallista como antes".

Es como si en esa surrealista discusión, la mujer siempre asume el papel de defraudada, y fuera el hombre el culpable de sus desgracias.

Por una vez quisiera que el sentido de las cosas fuera al revés. Que fuera el hombre quien dijera "ya no me aceptas como antes", o el "ya no me acompañas en mis salidas como antes". O incluso que él sea el que reciba flores o  tarjetas con pensamientos sinceros o declaraciones de amor verdadero.

De igual forma que lo que se le exige a un niño de 10 años no es lo mismo que lo que se le exige a un joven de 18, en el recorrido de la vida no es lo mismo compartirla con 20 que con 40. Y tampoco es justo que para ciertas cosas aceptemos la evolución del tiempo y el paso de los años, pero para otras algunos quieran seguir anclados unos años atrás.

¿De qué me vale regalar flores si cuando me necesite no voy a estar?

¿De qué me vale decirle cosas bonitas si a la primera de cambio no quiere escuchar?

Tendemos a tratar a nuestras parejas, y hablo como hombre romántico, como si fueran princesas, pero lo cierto es que:

-       Las princesas se convierten en reinas, y en muchas ocasiones ya no esperan cosas, sino que las exigen, sin darse cuenta de que signos hay muchos, y las muestras de "contigo hasta el final" se pueden tener de muchas formas distintas, no necesariamente con flores.

-       Los príncipes no solemos convertirnos en reyes, y por eso mismo, también sería justo que, al menos en nuestra época de príncipes, pudiéramos disfrutar de los mismos halagos y muestras de cariño que se nos exigen.

 

Lo he dicho al principio, estoy un tanto escéptico. Un príncipe escéptico. Se me pasará.

lunes, 14 de octubre de 2013

Me llaman Loco


Me llaman loco por madrugar para, simplemente, ver amanecer.

Me llaman loco por arrástrame por el suelo para fotografiar un insecto.

Me llaman loco por querer ver siempre el lado positivo de las cosas.

Me llaman loco por intentar tener paciencia ("pachorra") al afrontar las cosas.

Me llaman loco por ofrecer ayuda cuando no me la han pedido.

Me llaman loco por ayudar sin esperar nada a cambio.

Me llaman loco…, pero ni lo soy ni me llamo así.

¿Loco respecto de qué? ¿Loco comparado con qué o quién?

Vivimos en un mundo repleto de paradigmas. Si, paradigmas. Esas afirmaciones, hechos o sentencias que se dan por probadas o verdaderas, que nadie cuestiona sino que todo el mundo acepta como bueno o cierto. Un patrón, un modelo que se da por aceptado. Para muchos es cómodo vivir rodeado de paradigmas, porque te evita pensar, reflexionar o dilucidar si estás haciendo bien las cosas. Se supone que si respetas un paradigma, eres aceptado.

Particularmente pienso que un paradigma puede ser cierto, pero no infinitamente válido, y es sano replantearlo de vez en cuando. En mi caso, no es que prefiera estar cuestionándolo todo y siempre, solo que para cambiar de opinión respecto de lo que hago me tienen que convencer, y mientras no lo hagan, seguiré pensando lo mismo, máxime cuando nadie se ve perjudicado por ello, ni siquiera yo.

Hace años hicieron un experimento con chimpancés que es muy ilustrativo de lo que puede convertirse en un paradigma, sin serlo.

Encerraron a 4 chimpancés en una jaula grande, y todos los días le daban de comer plátanos por una puerta de la jaula. Transcurridos unos días empezaron a ponerle plátanos colgados en el otro lado de la jaula, y cuando alguno de los chimpancés se acercaba a los plátanos que colgaban para cogerlos, accionaban un chorro de agua a presión que los mojaban y que no paraba hasta que se alejaban.

Así siguieron día tras día hasta que, al final, ninguno de los chimpancés iba a coger plátanos de los que colgaban, sino solo de los que le dejaban por la puerta.

Llegados a ese punto, los científicos sacaron de la jaula a uno de los chimpancés, y metieron a uno nuevo. A la hora de comer les pusieron plátanos a través de la puerta, y también colgaron un racimo donde siempre. Los tres chimpancés que llevaban tiempo se dirigieron a los plátanos de la puerta, y el nuevo al ver el otro racimo se dirigió al que colgaba, que tenía menos pretendientes. Inmediatamente los otros tres salieron detrás de él y no le dejaban que cogiera de los que estaban colgados, empujándolo y pegándole hasta que abandonara el intento. Y así todos los días, hasta que ese nuevo chimpancé dejó de intentar coger el racimo colgado y se unía al resto de la manada para comer de los que les ponían por la puerta.

Los científicos sacaron otro chimpancé de los más antiguos y añadieron uno nuevo, y la casuística se repitió. El nuevo al ver que el racimo estaba solo se dirigía primero al colgado, pero los demás chimpancés iban enseguida tras él y a empujones y golpes hacían que abandonara el intento.

Con el tiempo, los científicos habían sacado de la jaula a los 4 chimpancés iniciales, y los que estaban dentro eran todos nuevos, nunca habían visto salir un chorro de agua cuando iban a coger los plátanos colgados, pero ninguno se acercaba, porque, simplemente, era la "costumbre, ejemplo o modelo" que le habían inculcado sus propios compañeros de especie.

¿Quién es más loco, el chimpancé nuevo que se plantea por qué no puedo coger esos plátanos, o los que llevan tiempo dentro que, sin saber por qué, asumen que esos plátanos no se pueden coger?.

Yo no les voy a quitar los suyos así que ¡déjenme comer mis plátanos!.