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miércoles, 18 de junio de 2014

¡Miguel está contento!

Miguel es un niño de 7 años. Vive con sus padres en un 4º piso de un bloque de viviendas "sociales" (qué ironía,  justo la descripción de lo que no son) abandonadas a la interperie de la desidia.
En su casa no se sabe si podrán comer algo mañana. Hoy escaparán con un apaño que su madre ha hecho con lo que ha podido conseguir de algunas vecinas, y harán lo posible para que algo dure hasta la noche.
Ya se ha acostumbrado a ese malestar, esa tirantez de estómago que según sus padres es producto del "crecimiento" y que se le pasará…, aunque él no sabe cuándo.
Apenas tiene algún juguete. Su mayor distracción es pasarse horas y horas mirando por el ruinoso balcón de su casa lo que pasa en la calle, porque a veces ni fuerzas tiene para bajar las escaleras, pensando que después hay que subirlas. Tiempo atrás ni se lo pensaba.
Mira al mundo desde unos ojos transparentes intentando buscar y encontrar esa cosa que todos dicen que conocen como "crisis", y que es la culpable del mal humor de sus padres en muchas ocasiones, pero que él es incapaz de distinguir en su corta realidad. Si un día la viera "la reviento a patadas", ha dicho en más de una ocasión mientras otea el mundo que pasa invisible ante sus ojos apostado en el balcón como si de un francotirador en plena guerra se tratara.
En su mente inocente las carambolas de los mayores quedan fuera. No sabe de mangoneos, de estafas, de fraudes, de globalización, de etiquetas partidistas, de coyunturas ni de discursos baratos y enrocados. Pero sí sabe de "cambullo", porque para él es lo más natural. Se lo ha oído decir a su padre cuando consigue traer algo de dinero a casa con el que tirar un día o dos. Piensa que eso del "cambullo" debe ser como un trabajo porque para su familia es bueno y les permite tener dinero con el que comprar cosas, aunque sean muy pocas y se acaben antes que pronto.
¡Pero Miguel está contento!
¡Hoy podrá ver el partido de fútbol en casa!
Un acontecimiento histórico que permanecerá en su mente grabado con un nivel de importancia incluso mayor la que tuvo la abolición de la esclavitud o el descubrimiento de la penicilina. Triste. Cierto.

Parece que a su padre se le ha dado bien el cambullo hoy, porque ha llegado hace poco con un televisor y le ha entregado una bandera grande con dos bandas horizontales de color rojo a los lados,  una amarilla en el centro, y con un dibujo un tanto raro en medio.
Miguel corre al balcón con la bandera, la engancha como puede en una esquina y se queda un rato viendo cómo baila con el viento,  y mirando a ratos hacia el mundo exterior de su bunker particular orgulloso de que con esa artillería "¡que intente asomarse ahora la crisis!".
Su padre está hablando, a ratos y distante, con su madre de no se qué "necesidades prioritarias" mientras coloca la tele en el suelo del salón y busca donde enchufarla canturreando un "oeeeh…"  continuado.
¡Miguel! ¡Hoy podemos ver el partido de España! ¡Vamos a darle una lección a esos mamones del contrario!.
¡Qué bueno!, piensa Miguel. ¡Mi padre está contento!. A lo mejor ya encontró a la crisis esa y la pateó bien lejos.

En su mente inocente, las carambolas de los mayores siguen quedando fuera. Su mundo es más simple: "La alegría no quita el hambre".
¿Podrá ver Miguel otro partido de fútbol dentro de un año? ¿Está en su mano el que pueda verlo?
Fin de la cita.

Reflexionando…
Cualquier acto es bueno si ayuda a que un niño no sufra, en cualquiera de sus variantes.
Pero ese acto debe tener coherencia y continuidad. Debe originarse en la lógica pura y en la necesidad de cada uno de nosotros, y no en expectativas de un tercero que ni por lo más mínimo tiene interés en nuestro porvenir, ni en el de nuestros hijos, salvo que de eso dependa su propio provecho.
Estamos hablando de sentimiento mediático incrustado con campañas de patriotismo barato. No confundamos patriotismo con marketing interesado. Y no olvidemos que esos por los que todos parecen que se alegran cuando ganan un partido de fútbol, ya sean jugadores o séquito de todas clases, viven ajenos a nuestros problemas, no les interesa lo más mínimo, y si llegara el caso de que lo supieran, se alejarían de nosotros como si tuviéramos la peste.
La táctica de distracción funciona. Los borreguitos siguen haciéndoles caso a los payasos y bufones de la carpa del fútbol "nacional" y alimentando sus "egos millonarios" aunque sea a costa de privar de un bocadillo decente o de un vaso de leche caliente a un pequeño que no comprende la ingeniería política de conveniencia. Esa misma ingeniería que hace que una entidad privada se beneficie de una imagen pública y de fondos "colaterales" de unas arcas nacionales maltrechas por otros tantos payasos de otro circo vinculado, y sin tener que pagar por ello.
La táctica de distracción funciona.
El fútbol no crea progreso, salvo el de unos cuantos. Es más, es un agujero de despilfarro.
Los valores personales se han ido al traste. Se cambia bienestar de futuro por diversión para ya,  y al precio que sea.
Se decía que la dignidad es lo último que se pierde. Ahora mismo, creo que más de uno perdería su dignidad a favor de ese dichoso fútbol, aunque con ello arrastrara a sus seres (en otro momento) queridos.
Pero ¡no importa!. ¡España juega!.
¿y…?

domingo, 8 de junio de 2014

BOMBA FOTONICA EN LAS PALMAS


BOMBA FOTONICA EN LAS PALMAS

Estalla una Bomba Fotónica en Las Palmas dejando 26 afectados, uno de ellos grave.

Las Palmas – Corresponsal.

Eran las 5 de la tarde del Viernes 6 de Mayo cuando en la Biblioteca Municipal de Las Palmas se produjo el estallido de una Bomba Fotónica de gran potencia y onda expansiva lenta.

Las 26 personas que se encontraban en uno de los salones de la institución, dispuestos a asistir a un taller de Fotografía, organizado por la Asociación Foto Gran Canaria, una prestigiosa organización, puntera y pionera en la divulgación de la fotografía en la isla de Gran Canaria, fueron sorprendidos cuando recibieron la visita de un joven de apariencia inofensiva pero que, ante el estupor y la sorpresa de todos los allí presentes, se “Inmoló” accionando con un novedoso detonador de desparpajo el arsenal de conocimiento que guardaba en su interior.

El artefacto produjo una explosión de dimensiones sobrecogedoras afectando de lleno a todos los presentes que quedaron inmediatamente contaminados y no pudieron hacer nada por escapar del baño de conocimiento que generó la onda expansiva, la cual los dejó inmersos en un caudal de rebelión interior, ansias de superación, auto-reto, y aumentando su nivel de adicción a los caudales de fotones.

Los servicios médicos desplazados al lugar confirman que hay 26 afectados, uno de ellos grave, con síntomas notorios de “táctilo-disparo compulsivo”. Consultados sobre las secuelas y posible evolución de los afectados nos indican que todos han quedado en un estado de no retorno, y que para evitar complicaciones aconsejan dosis continuadas de fotones a discreción. Lo llaman el Sindrome "Sayman".

Entrevistados los supervivientes, todos afirman que  todavía están analizando la naturaleza de la metralla que tienen incrustadas en su cuerpo y mente, aunque todos coinciden en que con seguridad estaba compuesta de sabiduría, profesionalidad, arte, sentido del humor, cercanía, humildad y sobre todo humanidad.

El atentado fue reivindicado por el Grupo La Mirada y El Fotógrafo, una facción radical de la organización Valdivia, una organización sin ánimo de Ego que está ganando adeptos a pasos agigantados por donde quiera que realiza sus actividades.

“Indudablemente estamos ante un fenómeno de formación de células simpatizantes sin comparación. Una nueva forma de envenenamiento consentido”, comentaba otro de los afectados: “Ves la explosión y aunque quieras evitarla te atrae sin remedio”.

Al momento de enviar esta crónica, hemos sabido de fuentes fidedignas que se espera otra explosión en próximas fechas.


Juan Sanabria – Junio/2014
Miembro de la asociación de afectados del síndrome “Sayman”.




martes, 27 de mayo de 2014

Interés desinteresado.

O lo que es lo mismo, de cómo es el interés que se muestra cuando muestras interés, o no.

Zona de Triana. Una mañana tranquila que se había despertado gris y que todavía se desperezaba sin terminar de abrir sus nubes al sol. Pero agradable en cualquier caso. Paseando en buena compañía, sin rumbo fijo, solo disfrutando del momento.

Es media mañana y decides tomar algo. Vamos a una cafetería de la calle Perdomo y, cuando ya estamos sentados, mi vena observadora empieza a captar, unir y desgranar imágenes.

Es curioso cómo se comporta la mente. Mientras nada te llama la atención, todas las imágenes que han captado tus ojos van pasando como desapercibidas por tu conocimiento y quedando grabadas en tu mente cual disco duro. Pero basta que en un momento determinado una imagen que está siendo captada llame tu atención, para que inmediatamente nuestro robot del razonamiento se sumerja en el mar de instantáneas de ese inmenso disco duro y en una milésima de segundo ponga de nuevo en nuestra memoria reciente todas las imágenes relacionadas con aquella que ha captado nuestra atención, cual buscador Google en nuestro intelecto. Maravillas del ser humano.

Y así fue como una secuencia de lo más normal en una cafetería, llegó a conformar una reflexión.

Una pareja de unos cuarenta años están pidiendo en la barra. Ambos con vestimenta de sport ("casual", que dirían algunos). El lleva en la mano una bolsa grande de la tienda Apple. Se sientan y al momento saca de la bolsa una caja: por el dibujo exterior se trata de unos "cascos" grandes, de una de esas marcas que cuando te dicen el precio te quitan el hipo aún sin tenerlo. La escena que sucede es:

Ambos sentados, uno frente al otro. El a la izquierda desde mi perspectiva. Ella a la derecha.

Él erguido, con la caja en la mano. Le está dando explicaciones (no consigo oírlas, pero se por entonaciones y frases sueltas que lo está haciendo – no pretendo ser veleto o novelero-) sobre las bondades, características y ranking del aparato en cuestión. Mira la caja y vuelve la mirada una y otra vez hacia su pareja como un perfecto profesor que da su mejor clase argumentada.

Ella, enfrente de él, ligeramente ladeada, con las piernas cruzadas una sobre otra, arqueada hacia adelante apoyando su barbilla sobre una mano mientras la otra le cuelga con desdén sobre la pierna contraria. Y su cara…, en ningún momento de la explicación de su pareja cambió su expresión. Su cara estaba presente, su mente no.

Le podrían estar hablando de política, de deportes, de pintura, del carácter aventurero del zorro del desierto o del arte grafitero de la araña Tigre que su expresión no hubiera cambiado. Su cara estaba  presente, su mente no.

No intercambió un solo comentario. No pidió aclaración, no dudó, no mostraba reacción alguna, solo estaba plantada delante de él. Casi se veía físicamente como las palabras de su interlocutor chocaban en su cara y salían despedidas hacia territorio de nadie.  Si fuera una sesión de hipnosis, diría que lo estaba consiguiendo. ¿O acaso se trataba de un sugestivo estado de meditación trascendental?. Les aseguro que no: Su cara estaba presente, su mente no.

Cuando él terminó su exposición, ella, sin romper ese estado gravitacional de indiferencia, se levantó con un desganado "ahora vengo", y se levantó.  ¡Vaya Final de Oscar!

 

Y digo yo…:

-       Si la exposición en lugar de sobre un aparato electrónico hubiera sido sobre moda o zapatos, ¿su reacción hubiera sido la misma?

-       Si la exposición la hubiera hecho ella, ¿habría podido él permanecer impasible durante las primeas tres frases o se hubiera llevado una reprimenda por "no prestar atención" posiblemente aderezada de un "ya no me haces caso" y caras largas durante un buen rato?.

 

Me tildarán de exagerado. Solo sé que la cara es un reflejo del alma. Y por si hubiera duda, miré sus ojos. Esos no engañan.

domingo, 18 de mayo de 2014

A mis amigos de lo "pequeño".

Me atraen las cosas pequeñas, el verlas de cerca y contemplar sus texturas, formas caprichosas y aspectos que pasan desapercibidos cuando no nos acercamos a ellas.

No es que me gusten en particular los insectos, animalitos o bichitos pequeños, pero he de reconocer que, como ya dije en alguna ocasión, desde que el amigo Franky abrió a mis ojos y conocimiento esta faceta de la fotografía, cada vez que paso por un jardín, matorral, muro, terreno o cualquier otra cosa, lo veo con otros ojos. Digamos que me entretengo, busco algo más, en lugar de ignorarlo o pasar sin mirarlo.

Mis fotografías, en lo que a macro se refieren, todavía dejan mucho que desear, pero he de reconocer que me maravillo de lo poco que consigo, no solo por el hecho de conseguirlas, sino de lo que se aprende en el camino, y no me refiero solo a fotografiar.

Hoy ha sido un día de los que se van a quedar grabados, en lo que a "práctica macro" se refiere.
He de reconocer que me "he divertido" durante algo más de media hora, contemplando un pequeño grupo de abejas (bueno, perdón, para mí son abejas), que pululaban sobre unas flores. Las he seguido (o lo he intentado), he intentado hacerles algunas fotos, y las he hecho, pero lo que se me ha quedado grabado no son las fotos en sí, sino lo que he aprendido de ellas y que nunca hasta ahora había visto.
Cuando observas su comportamiento ves cosas que antes ni te hubieras imaginado.
Todos sabemos que las abejas se acercan a las flores, y sacan su "néctar", que se supone es su razón de existir.
Pero lo que nunca hubiera imaginado es que, además de eso, algunas se dedicaban a recolectar pétalos. Si, recolectar. Seguramente será algo de lo más natural, y ustedes a lo mejor dicen "anda, este ya descubrió la pólvora", pero reconozcan que para quien nunca lo ha visto, cuando menos es sorprendente.
Algunas de ellas después de posar en varias flores, terminaban seleccionando una flor, se colocaban en la vertical de uno de sus pétalos y, mientras agarraban con sus patas el pétalo, lo iban cortando a mordidas en círculo, y cuando llegaban al final lo "ovillaban" de forma que quedaba entre sus patas una especie de pétalo en forma de cuasi-tubo y cuando lo conseguían desprender del todo, iniciaban su vuelo hacia no sé que lugar. Incluso en una ocasión, una de ellas se comprende que no conseguía llevarse el pétalo todo lo bien que debiera, que decidió hacer una parada en una piedra, acomodárselo mejor entre sus patas, y reanudar ese errático y programado vuelo hacia no se donde.

En otra ocasión, una de ellas no conseguía que el pétalo se desprendiera del todo, y era simpático ver como se sacudía volando de un lado a otro, dando "reflechones" mientras lo tenía cogido con sus patas hasta que consiguió que el fino hilo que lo mantenía unido a la flor, se quebrara finalmente. Era similar a cuando un pero está mordiendo un trozo de tela que quiere romper y sujetándola con las patas da golpes de cabeza a un lado y otro hasta que lo consigue.

Curiosa que es la naturaleza. Y sabia.

Habrá que seguir aprendiendo de ella. Y, de paso, de ustedes, que en esto de plasmar en imágenes sus secuencias son unos guardianes  con mucha maestría.

Les dejo algunas de las modestas fotos que hice durante el aprendizaje de hoy. Y no se corten en ser crueles con quien las hizo, que el aprendizaje nadie dijo que iba a ser cómodo.

Un saludo, y mi más sincero reconocimiento y admiración.








lunes, 5 de mayo de 2014

He visto la Luz

"He visto la luz".

La luz se puede manifestar de muchas maneras, pero sin dudarlo, ese sería el título de la fotografía que ahora mismo tengo en mi mente. Es una fotografía muy grande y que por ello transmite mucho…, de todo…, especialmente luz.

He estado en muchas conferencias, cursos, seminarios, charlas, talleres etc., de muy diversa índole y contenido, pero he de reconocer que acabo de asistir a un Taller de Iluminación de la asociación Foto Gran Canaria que tenía una característica más, muy diferenciada del resto y que ha hecho que en mi biblioteca intelectual haya quedado soldado al banco de neuronas de mi cerebro bajo el bloque cognitivo de "para uso y disfrute recurrente". Llamemos a esa característica "humanidad". Justo lo que hizo que el taller pasara de ser un "impartir" contenidos a "compartir" experiencias.

En realidad fueron dos talleres, pero he de reconocer que en el primero (Taller de Iniciación) no pude participar plenamente por incompatibilidad con otras obligaciones, aunque sí asistir posteriormente a ratos, los que mi cabeza, que se encontraba por momentos en otra cosa, me permitía. Eso sí, por lo que estuve presente, le es de aplicación sus mismas características.

Y tirando de esas mismas neuronas, pude ver y comprobar que a ellas también estaban soldadas los contenidos de un taller anterior organizado por la misma Asociación sobre Fotografía Macro. ¿Casualidad?..., puedo asegurar que no.

Todos esos talleres tienen ese mismo nexo, ese factor común de humanidad y de "compartir" que les distingue.

Ayer pude comprobar una vez más el secreto. Y es precisamente que no es un secreto, sino que forma parte de la naturaleza de las personas. Por eso a otros les es tan difícil de copiar, por muy "doctor" o "gurú" que se sea.

Es un "todos a una" por conseguir que "lo que sea" funcione. Y funciona.

Desde un recibimiento espontáneo a un interés personal en que te sientas bien en cada momento, aderezado con multitud de detalles que es posible que pasen desapercibidos para algunos pero que al final hacen esa marca de la casa.

-       Para empezar, el hecho de hacer los talleres, desinteresadamente, solo por la idea de compartir una pasión, o una parte de tu experiencia con esa pasión.

-       El hablar desde el punto de vista de igual a igual. Eso solo resulta fácil hacerlo cuando tus convicciones las tienes muy claras, y en estos talleres al minuto 0 ya estás notando que no hay diferencias, aunque alguno esté 20cm más alto.

-       El trato participativo, amigable, demostrando talento, pero sin nublar el de los demás.

-       La sencillez y simplicidad de las cosas, sin necesidad de soportarlo con mil teorías o otros tantos manuales "de obligado mandamiento" (lo cual no excluye que puedan tenerse y leerse, que de todo se aprende algo, como mínimo para tener una opinión). El ejemplo es la mejor llave del aprendizaje.

-       El no querer "venderte" algo. Solo "enseñarte" algo y más.

-       El ver a gente comprometida con lo que cree, y que no se guarda sus conocimientos, sino que retan a que más personas los tengan para así entre todos enriquecerse en la técnica, el conocimiento…, la experiencia.

-       La preocupación constante porque estés bien y a gusto.

-       Algo tan pequeño como la "esquina de pastas-agua-cafés-y-otros-brebajes", magistralmente colocado y atendido por colaboradores como si en ello les fuera la vida.

-       Compañeros y amigos de aventura, podríamos decir, que se prestan a estar presente solo por si fuera necesaria su ayuda, desde acarrear un cable a aguantar un difusor, maquillar a una modelo, acompañar a alguien a buscar algo, vigilar el ordenador y proyector, montar equipo, desmontar equipo y atrezzo, etc.

-       Una mano encima del hombro en cualquier momento improvisando una charla o soltando una "patujada" que, entre bromas, también te hace pensar, aunque sea para que solo te rias.

-       Sentido del humor por doquier…

-       Sentido común por doquier…

-       Humanidad por doquier…

-       Honorabilidad por doquier.

 

Pues bien, todo eso es lo que aparece en esa fotografía tan grande que he visto en mi mente.

Y es tan fuerte el mensaje que envía que creo que será muy difícil (por no decir imposible) encontrar en algún momento alguna idea o motivo que pueda fotografiar y que me permita transmitirlo todo junto. Por eso posiblemente solo quede como una foto en mi mente y nunca intente llevarla a la práctica, porque será harto difícil que consiga transmitir todas las dimensiones que conlleva, aunque prometo intentarlo.

En cualquier caso, y como "De bien nacido, es ser agradecido", creo que es justo transmitir mi agradecimiento a quienes hacen posible que haya experimentado tan grata sensación y alimentado mi hambre fotónica.

Gracias Carlos, por liderar la asociación y por ser un "maestro" de los que acompañan. Gracias Perico por bañarnos con esa peculiar manera de ver las cosas. Gracias Franky, por hacer de un mundo tan pequeño algo tan grande. Gracias Dunia, por, digamos el "protocolo" o toque de organización y por otras muchas cosas, especialmente por las pastas de chocolate. Gracias Manolo, por tu punto de vista de perro verde, todavía hay muchos que no lo han visto. Gracias Sisco por tu lado "heavy" y por "bajar" al suelo cosas que a priori parecen muy altas. Gracias Verónica porque al igual que el "aire", el que no se te vea no significa que no estés. Gracias Carolina (permíteme llamarte Nano) por querer ser una niña grande; lo que muchos no dicen es que ellos también quisieran serlo. Gracias Francis, por el buen humor, por tu apoyo y por tus momentos "smarthpone". Gracias Mila por tu compañía, tu interés, y tu calor de buen-hacer.

A todos…, gracias por vuestro tiempo. Porque el tiempo que verdaderamente cuesta no es el libre, sino el liberado.

Y a todos…, gracias por ser como son.

Espero poder seguir bebiendo de vuestra compañía y compartir la fuente de la mía.

Un abrazo.

Juan (Airban).

jueves, 27 de marzo de 2014

HONOR HONORIS

He leído un artículo de M.Graciani, en el que con base en una historia de los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo, hacía un desarrollo de lo que es el HONOR.

Y he de reconocer que ese artículo me hizo recordar una reflexión que hace relativamente poco tiempo tuve cuando viendo imágenes de un “consejo de ministros” me vino a la mente la pregunta de cómo han debido evolucionar en el tiempo la forma en que se hacen esos “consejos” o “reuniones” de personas que marcaban designios de un territorio, ya fuera reino o país.

El artículo vino a fortalecer mi idea de que entre todas las diferencias que hubieran, hay una que está por encima, y que está ligada al grado de consecución del bien social y común, que se supone es lo que se busca en esos consejos: La Integridad, el HONOR:

Y para resumen solo decir que hay dos grandes diferencias entre los Caballeros de la Mesa Redonda (si, escrito con mayúsculas) de la época medieval, y los personajillos del teatro político (si, con minúsculas) que se reúnen ahora en otras mesas supuestamente para defender un bien común, pero con un honor más que dudable:

- Por un lado: En la mesa redonda eran Caballeros, que respondían por sí mismos, y en sus actos estaba su mejor estandarte y publicidad. En el teatrillo político actual, no responden de nada, están en representación de algo que llaman "partido" y que no viene a ser más que una asociación de intereses particulares, bajo una bandera de ideología veleta (por lo de orientación al viento que sople que mejor convenga).

- Y por otro lado: El HONOR no se aprende, se inculca, viene de serie por propio convencimiento, y la vida te hace enriquecerlo. Los Caballeros de la Mesa Redonda venían de serie con esa forma de ver las cosas inculcada, y de ellos dependía su fortalecimiento. Los teatrilleros políticos actuales confunden HONOR con CARRERA (ya sea la diplomática o la del círculo de amistad de turno) cuando posiblemente estén haciendo carrera pero haciéndole un flaco favor al HONOR, y, lo que es peor, usando estrategias de imagen para hacer confundir al patio de butacas. Por eso es teatrillo.

Por eso es por lo que cuando hay una persona que destaca de forma natural y sin campaña de imagen exagerada de los demás, es que su HONOR fue inculcado y se preocupó de enriquecerlo y agrandarlo por que verdaderamente tiene una visión de bien conjunto, no individual. El HONOR no es un NEGOCIO.

Y eso que dejo a un lado las apreciaciones que pueda tener, y las tengo, sobre los buitres leonados camaleónicos y oportunistas que siguen la estela de la veleta por aquello de salir bien en la foto y que no quede disonante lo que en un momento determinado se les pudiera escapar de sus bocas.

La Historia y el Tiempo son Grandes Jueces. Lástima que sean tan lentos.

jueves, 20 de marzo de 2014

PERSONA

Hace bastante tiempo un Director de la empresa en la que estaba me dijo que si quería llegar a ser un buen Ejecutivo/Director tendría que ser más “Hijo de p…”. Ese día comenzó mi empeño por demostrar justo lo contrario. Creo que donde he estado lo he conseguido, pero no por ello dejo de seguir buscando y cultivando nuevas formas de reforzarlo.
Hoy he leído un artículo de María Graciani titulado “PERSONA: PERSpetiva Optimista de la Naturaleza, y, además de sentirme completamente identificado con él, y tener la satisfacción de que has encontrado alguien más que también piensa igual me han venido algunas imágenes:
- Cuánto me he divertido viendo la película Monstruos S.A. – El cambio del terror por la risa (optimismo).
-  Cuántas caras de incredulidad he visto cuando en más de una ocasión he afirmado que Mickey Mouse es un líder optimista (solo lo veían como unos dibujos animados infantiles).
Como seres humanos tenemos la fatal tendencia de pensar que somos superiores y que nuestro punto de vista, supuestamente más racional, prevalece sobre la naturaleza. ¡Qué equivocados estamos!. La Naturaleza nos supera, incluso en optimismo. ¡Si! ¡en optimismo!. ¿Hay algo más optimista que el propio ciclo de vida, que, por cierto, no es exclusivo de los seres humanos?.
Soy optimista por naturaleza, y a veces me tachan de “loco” por ello. Pero hasta ahora nadie me ha demostrado que el no serlo me revierta más beneficios que el serlo. Así que…, yo sigo con mis planteamientos y buscando este tipo de enriquecimiento porque como reza el artículo de María, “ser PERSONA es rentable”. ¡Y vaya que sí lo es!. Como mínimo afrontas los mismos problemas pero con más energía para superarlo. ¿No es eso de por sí ya suficiente?.