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miércoles, 8 de julio de 2015

SENSACIONES - Capítulo I: Aire Fresco










AIRE FRESCO

¡Estoy abajo en el coche! ¡Baja!. – y cuelgo el teléfono.

Instantes después aparece Nico franqueando el portal de su vivienda, cruza la calle mirando a ambos lados, abre la puerta del copiloto y se sienta, fresco como una lechuga.

¡Hola campeón! -  me dice-. ¡Hola gamberro! – le respondo. Y nos chocamos las manos entrelazando los pulgares. Pongo en marcha el coche y avanzamos.

¿Y Jose? – me pregunta - . Ahora lo recogemos, llegó tarde y le dije que lo recogía al final. Ya me avisó que estaba listo.

Nico y Jose son mis dos mejores amigos. A Jose lo conozco desde el instituto. Es un tipo al que nadie le ha regalado nada, que ha tenido que sortear muchos problemas casi sin ayuda, y que hoy por hoy es un flamante médico especialista en traumatología, con un futuro muy prometedor. A Nico lo conozco desde que comencé la carrera. Ambos estudiamos administración y dirección de empresas, y después un Máster de comercio internacional y relaciones institucionales. Es un tipo que lo ha tenido relativamente fácil y gracias a sus padres ha podido vivir más que desahogadamente, pero no ha perdido su contacto con la tierra. Nico se apunta a todas las fiestas, Jose depende de la que sea y en mi caso, no soy de fiestas. Pero hay veces en que toca.

Es Sábado, 11:30 de la noche. Una noche del mes de Octubre, de las de post-verano. Tiempo agradable, pero con nostalgia de vacaciones. ¿Vacaciones?, ¿qué es eso?, me digo a veces. Hace tiempo que no sé que es estar verdaderamente de vacaciones.  A propuesta de Nico, y no podía ser de otra manera, vamos a salir a “coger aire” y a tomar algo en la terraza TAO. Una especie de despedida hasta al menos dentro de 2 meses (con suerte) o 3.

¡Que! ¿Ya tienes listo todo? – me pregunta Nico.

Si. El lunes voy a recoger una carta de representación en el consulado, y ya todo listo para el Jueves – le digo.

Después de unos 15 minutos de viaje, y tras sortear un par de calles, me paro al final de una donde está esperando Jose. Se sube por el lado derecho.

Hola Jose – le digo.

Hola Chapi – le dice Nico. Le llama cariñosamente así, y Jose lo acepta, desde que un día le explicó una operación en la que había colocado dos placas de Titanio en una factura doble en una pierna, fijándolas con tornillos. Nico le dijo que si era médico o chapista.

¡Buenaaaasssss! ¡Que tal! – dice Jose. Siempre tiene una sonrisa en la cara. Se sienta y le da un suave coscorrón a Nico por detrás.

Durante el trayecto desde Telde hacia Las Palmas hablamos de varias cosas, trascendentes e intrascendentes, pero alegres, como si quisiéramos olvidar cualquier otra cosa.

La terraza TAO esta en el centro de Las Palmas, al lado del muelle deportivo, del Hotel Santa Catalina (uno de los más emblemáticos de la ciudad), y del club de natación Metropol, un punto de referencia en Las Palmas. Tiene dos espacios diferenciados, uno para celebraciones, y otro como un espacio Garden-Chillout, bastante agradable, con zonas al aire libre. Aparco el coche en el Parking que está enfrente del Metropol y vamos caminando tranquilamente hacia TAO.

Llegamos. Hay bastante gente en la zona de delante de la entrada, lugar de encuentro de las distintas quedadas antes de entrar. Nosotros entramos directamente. Damos una vuelta por los distintos pasillos y ambientes de la terraza. Jose dice que parecemos buitres de caza, a lo que Nico ríe haciéndole una mueca y mostrando el gesto de “me gusta” con su puño y pulgar en alto. Nos acercamos a una barra a la izquierda de la entrada. Justo en el pasillo al otro lado de la barra hay un panel con el nombre de la terraza a modo de Photocall improvisado, donde algunos pasan, posan y se hacen fotos entre ellos.

Pedimos. Dos cubatas y una cerveza sin alcohol. Siempre me regañan por lo mismo. Nico dice que soy un soso, y Jose que un poco de alcohol es depurativo (el siempre empieza con un cubata, y después se pasa también a la cerveza sin alcohol o combinados de frutas).

Seguimos hablando. Nico está en su salsa, no pierde ojo especialmente de los grupos de chicas que van entrando, y siempre con una sonrisa pillina en la cara. ¡Y le funciona!. Unas cuantas de las chicas que han pasado por su lado le han devuelto la mirada con una sonrisa para nada cortante. Jose es más comedido.

Seguimos hablando. Ha pasado ya casi media hora. Nico hace rato que ya ha empezado a hacer “aproximación” a dos chicas que están sentadas un poco más allá de donde estamos nosotros. Idas y venidas entre risas y cada vez acercándose más. Me asombra la capacidad de relacionarse que tiene, es casi un don. Jose y yo mantenemos la continuidad de nuestra conversación y a ratos hacemos caso a los comentarios de Nico.

He terminado la cerveza, pero tengo sed. Voy a acercarme a la barra a por un refresco.

¿Te pido algo Jose? – le digo.

Te acompaño – me dice. Miramos para Nico y le hacemos seña a nuestros vasos, y nos devuelve un gesto de negación. Nos dirigimos unos pasos más adelante hacia la barra más próxima. Pedimos dos refrescos de naranja, y mientras nos lo ponen me quedo mirando para el supuesto Photocall. Hay una chica haciendo una foto a otra con su móvil. Se intercambian de posición y cuando me fijo en la que ahora va a posar, mis ojos son arrastrados de una forma casi abismal hasta los suyos, que están mirando a su amiga para la foto. Dos preciosos ojos, grandes y ladrones, han secuestrado toda mi atención. No distingo su color, pero son claros. No soy consciente del tiempo que ha pasado, ni tampoco de si se han hecho la foto. Estoy totalmente abstraído y diría que paralizado.

¡¡ehh!! – noto dos leves empujones, miro a Jose, que está diciéndome algo, pero sin prestar atención, nuevamente vuelvo a girar los ojos hasta donde están esas chicas.

Un ligero zarandeo en el hombro. – ¡Tierra llamando a Pablo, tierra llamando a Pablo!, ¿hay alguien por ahí? – grita.

¿Eh? – le digo como quien se despierta una mañana después de haber dormido solo un par de horas.

¿Te ha dado fuerte ¡eh!? – y con una sonrisa ancha en su boca me da un apretón con su mano apoyada en mi hombro.

Sonrío también a la vez que le digo – Directo a la línea de flotación. ¡que ojos más preciosos Dios mío! – y vuelvo a mirar para ellas, que ahora están hablando entre sí y mirando sus móviles.

¿Las invitamos? – me dice Jose.

¡No, no! – le digo apresuradamente, y un escalofrío me deja sudando nada más de pensarlo.

Jose deja su vaso en la barra, y aunque intento agarrarlo por el brazo, se suelta y se dirige recomponiéndose hacia ellas. ¡Tierra trágame! , es lo primero que me viene a la cabeza. ¡Ojalá le den calabazas!

Se acerca a ellas, les dice algo, tras un momento intercambian besos de saludo y parece que entablan conversación. Jose está de espaldas a mí, por lo que no distingo su cara. ¡Y me está tapando a la chica de los ojos ladrones! Hay risas…, hablan…, hablan…, hablan…, gestos…, ¡oh!, ¡oh!, se giran y vienen hacia aquí. Quiero esconderme, pero a la vez, a medida que se aproximan, la atracción de esos ojos impide que los míos se aparten. Ahora que están más cerca me doy cuenta de que las dos son muy guapas. Ambas visten traje corto de una sola pieza, ceñido al cuerpo, pero lo justo, mi ladrona en color beige con trazos blancos y su amiga en gris marengo, ambas con zapatos de tazón altos a juego con sus trajes, y un pequeño bolso en la mano. ¡Dios mío!, ¡para colmo tiene una sonrisa encantadora!

El sudor frío se acelera. Cuando ya casi están a mi altura, me levanto del taburete de la barra en el que me había apoyado y me dispongo a saludarlas.

Este es mi amigo Pablo. – dice Jose – y como ven, no las he engañado. Tiene mala cara. – Pablo, te presento a Isa - ¡se llama Isa! – y Carol.

Hola, yo soy Pablo – digo en un casi imperceptible tono – me inclino a saludar a Isa con un beso en la mejilla y hago lo propio con Carol y casi tropiezo con mi propio taburete. Inmediatamente Jose se me acerca, me agarra el brazo y empieza…

¡Tranquilo, tranquilo!, no te esfuerces, necesitas reposo y cuidados – y sonríe.

Lo miro entre risas, pero un “¡Cabrón!” ha volado invisiblemente de mis labios a sus oídos, y le ha llegado perfectamente, porque hace una mueca, y sonríe.

¡Pues es verdad! – dice Isa riendo. Y con esa misma sonrisa, siguiéndole el juego a Jose prosigue – Nos dice tu amigo que te estabas poniendo mal y que como médico tuyo nos necesitaba para hacer que mejoraras ¿podemos ayudarte de alguna forma?

No lo mires – dice Jose - tiene tus ojos clavados y no puede quitárselos de encima a riesgo de una gran hemorragia – Las risas de los tres aumentan, y mi desasosiego también.

Ahora mismo lo que necesito es poder ¡“ESTRANGULAR A ESTE GAMBERRO”! – digo simulando enfado y agarrando a Jose por el cuello.

¡Eh!, que soy tu médico… - responde Jose. Lo suelto.- Como médico tuyo – prosigue – puedo asegurar que padeces sobretensión cupídica, – hace una pausa, sonríen – y no tiene cura. Solo podemos aplicar remedios paliativos para suavizar su comienzo… - hace otra pausa, en la que todos ríen nuevamente – y el primer tratamiento que te receto es una aplicación de terapia de conocimiento conjunta, es decir, que nos sentemos un rato y hablemos de cosas divertidas. – y hace un gesto hacia un grupo de sillones al otro lado de la barra, justo por donde anda Nico.

Anda, pues sí que es buen médico – dice Carol. Isa no ha dejado de sonreír, lo que acrecienta más todavía su belleza y lo hermoso de sus ojos.

Bueno pues todo sea por el paciente – dice finalmente Isa, y me mira. Es el momento en que vuelvo a quedarme congelado, eso sí, ahora con una sonrisa en la cara.

Jose hace un gesto para que ellas pasen primero, y las seguimos nosotros. Le doy un puñetazo en su hombro. Isa lo ve y vuelve a reír. – ¡encima que se preocupa por ti! -  y Jose apostilla – ¡eso, eso!-.

Nos acercamos hacia donde está Nico, antes de sentarnos hacemos las presentaciones,  y él a su vez presenta a las dos chicas con las que estaba hablando. Juntamos un poco más los sillones y terminamos haciendo un casi círculo grande: Nico y las dos chicas (Paula y Marta), Jose, Carol, Isa y yo.

Hablamos, hablamos…, chistes, bromas, comentarios,…, seguimos hablando de forma distendida y alegre. La velada va transcurriendo y cada vez estoy más a gusto. He conseguido poco a poco vencer el miedo a mirar a Isa a los ojos. Pero cada vez que lo hago me quedo absorto. Creo que se ha dado cuenta.

Isa es encantadora, buena conversadora, siempre alegre, y esos ojos….

Carol pide disculpas para ir a los servicios e Isa se ofrece a acompañarla. Paula y Marta también se unen. Nos levantamos galantemente para dejarles hueco. – ¡No se vayan, eh! – les digo. – ¡No, no, que el empeoramiento de este hombre caerá sobre vuestras consciencias! – remata Jose, y todos reímos. Isa me mira sin abandonar esa sonrisa alegre como si quisiera saber si he encajado la broma, y se dirigen hacia los servicios.

¡Chacho Pablo! ¡me has sorprendido!, - Nico me zarandea y Jose ríe a carcajadas. – ¡esto hay que celebrarlo de alguna forma!

¡Te mato, desgraciado! – le digo a Jose - ¿pero yo que he hecho? – me increpa Jose - Solo he sido fiel a mi juramento…, sanar a los enfermos… y vaya que si estabas tocado – Nico pide aclaración, y Jose se la da con todo tipo de señales. El muy sinvergüenza les enseñó su acreditación de médico para entablar conversación con Isa y Carol y de ahí arrancó su estrategia de que nos acompañaran.

Nico ríe a carcajadas – me alegro por ti, Pablo. Es la primera vez que salimos y que te veo animado por no decir ilusionado.

¿Y tú que? – me dirijo a Nico. – Llevas toda la noche enfrascado con Paula y Marta. Ni has ido a merodear por la terraza como en otras ocasiones.

¡Es que Paulita…! - dice sonriéndose – Es la segunda vez que me encuentro con ella. Coincidimos la semana pasada. De hecho, le había dicho de quedar aquí otra vez. – a lo que Jose replica – ¡Ajajá!, ¡ahora entiendo el por qué teníamos que venir aquí y no a otro sitio!, ¡ya tenias algo en mente! – y Nico hace un gesto de encogerse de hombros.

Las chicas llegan con un revoloteo de risas. – Oye, ¿y si nos  vamos para allá, por donde está la música y nos movemos algo? – Sin mediar palabra, todos nos levantamos y nos dirigimos hacia una zona de la terraza más amplia donde la gente simplemente permanece de pié con sus copas en la mano e intentan seguir cualquier movimiento acompasado que la música les inspire.

La música es agradable, nada de “pumba-pumba”, actual, variada. Empezamos a movernos  intentando acompasar el ritmo y a ratos siguiendo los gestos y movimientos “graciosos” que alguno del grupo propone. Se trata de divertirse. Isa está a mi lado, moviéndose alegremente y compinchada con Nico y Carol en hacer gestos y movimientos un tanto extraños, pero siempre divertidos. De vez en cuando le sigo la corriente, participo en alguna de sus ocurrencias o hago alguna variante, pero he de reconocer que no paro de mirarla y eso casi me abstrae de lo que ocurre alrededor. Y me está costando caro: algunos especialmente no paran de hacer alguna mueca al respecto.

Por momentos, incluso hay algún extraño que se ha unido al grupo, pero muy diligente y cortésmente ha sido “excluido”, simplemente cerrando filas sobre nosotros mismos. Ha sido curioso y a la par simpático. En ocasiones nos reagrupamos, dejamos de movernos e iniciamos alguna conversación a raíz de algún comentario, y así hasta que alguno vuelve a hacer un gesto o inicia otro tipo de extraña coreografía estática.

Así llevamos bastante tiempo. Un tiempo delicioso que no soy capaz de medir o cuantificar.

En ese momento Jose se acerca moviéndose al son de la música, me agarra de la mano, y hace un gesto a todos de que les siga. Se dirige hacia el panel de Photocall que hay en el espacio central de la terraza y empieza, como si fuera un maestro de ceremonias, a colocarnos a todos como de un anuncio publicitario se tratara. Va haciendo recolocaciones con los rezagados y poniendo orden de una forma un tanto desordenada, pero al final lo consigue.

Hace una seña a un camarero y le pide muy educadamente que si nos puede hacer una foto. El camarero suelta su bandeja en la barra y se acerca diligentemente. Jose le da su móvil y le indica los que tienen que salir, como si desconfiara de que enfocara a otro lado.

Después de algunas bromas más y comentarios burlones para mantener la sonrisa, un pequeño “click” suena, y el camarero hace el gesto de entregar el móvil a Jose. Este lo mira y le da las gracias elogiando sus dotes de fotógrafo. Nos la enseña de lejos, y dice – el que la quiera ya puede empezar a pasarme su número de móvil -.

¡eh! ¡Que el mío ya lo tienes! – decimos casi al unísono Nico y yo. –

Vale – responde Jose -, no iba por ustedes.

Un bip suena en mi móvil, lo miro y veo que es un mensaje de Jose con foto recién hecha y un texto que dice: “dsla tu prngao”. Malamente entiendo lo que dice, por lo que arqueo las cejas y lo miro indicándole mi móvil, a lo que él me hace una seña en dirección a Isa. ¡ah vale, ahora veo! Este capullo tiene recursos para todo.

Abro la imagen a pantalla completa y se la enseño a Isa que está a mi lado. Está guapa – dice totalmente alegre y risueña.

¿Te la paso? – le pregunto.

¡Vale! – me responde.

¿Me das tu teléfono? – y me dispongo a enviarle un mensaje.

No puedo, lo necesito – me dice.

Hago un gesto de “tocado y hundido” mientras con cara de abatido digo – no sé cómo me las apaño. Mira que es viejo el comentario, y me lo has colado. ¡Qué mala! -  Ella ríe como una diablilla que se ha salido con la suya.

Bueno, a ver…, ¿me puedes indicar cuál es el número de tu teléfono móvil para poder pasarte la imagen? – lo digo despacio, como si me estuviera examinando.

Si – es su respuesta. Y se queda impasible.

Espero, pero veo que no hace gesto alguno como de decirme el número de su teléfono. Me rio.., se ríe…,  - es que solo me has preguntado si te lo podía “indicar”, y ¡yo te he respondido, eh! – sonríe pícaramente.

Vale, 2 a cero. Tú ganas. – le digo, y poniendo cara de vencido le digo – por favor, dime cuál es tu número de teléfono móvil. Te lo agradeceré eternamente y evitaremos un conflicto internacional.

Extiende su mano, me coge mi teléfono, teclea varios números y me lo devuelve diciendo – aquí lo tienes, ¿ves que era fácil?, y hace un guiño de victoria.

Hundido en la miseria…, vamos, que me has dejado para los restos…, - y mientras digo esas palabras, rápidamente grabo el número y envío la imagen.

Mientras tanto, los demás ya se habían percatado del jueguecito y estallan en risas. Jose me pone una mano compasiva en el hombro. Los demás hacen chistes a mi costa.

Por favor, confírmame que lo he escrito bien, - me dirijo a Isa y le pongo el móvil delante de su cara pero se da cuenta tarde de que lo había puesto en modo cámara, justo el tiempo necesario para poder accionar el disparador, y ¡chas! le hago una foto.

¡Eh!, ¡tramposo!..., no vale. – dice fingiendo enfado.

Bueno, te dejaré que me hagas una si quieres – le respondo como con ganas de revancha, y recibo un empujón en el hombro. Me quedo mirándola momentáneamente con aire divertido, y termino diciendo - Vale, en señal de paz, ¿te haces una foto conmigo?...,  por favor….

¡Vale!, ¡pero no te acostumbres! – me dice.

¡A sus órdenes! – y rio.

Me acerco a ella, nos juntamos y nos hacemos una foto con mi móvil, y después otra, ambas poniendo caras divertidas. Al final le digo a Jose, - Jose, por favor, haznos una foto con mi móvil -  Jose se acerca, lo coge y nos encuadra, mientras nosotros nos colocamos, sonrientes pero sin hacer muecas. Jose hace la foto y me devuelve el móvil. Lo miramos - ¡ha quedado bien, eh! – es nuestro comentario común.

Pásamela por favor – me dice Isa.

Me lo pensaré – le respondo sonriente, con ademán de indiferencia, pero inmediatamente le hago un guiño, y se la envío.

Bueno, bueno, ya está bien de historietas y jueguecitos. – Nico hace ademán de que le presten atención y prosigue - ¿Qué les parece si nos acercamos al muelle deportivo a dar una vuelta y si acaso tomar algo allí?

Por mí no hay problema – dice Jose y mira a las chicas. Ellas se miran entre sí, miran el reloj y hacen un gesto de asentimiento entre ellas mientras una tras otra dicen – de acuerdo, vale… - todos parecen de acuerdo.

Y el anfitrión que dice – Nico se dirige a mí.

Pues nada, que si hay que ir, se va…, sin problema – no lo digo resignado, pero casi como que la decisión está tomada y no voy yo a aguar la fiesta.

¿Y lo de anfitrión por qué? - Pregunta Isa a Nico a la vez que me mira - ¿se celebra algo?

Que te lo diga el muchacho, pero mientras caminamos – le sentencia Nico - , ¡Venga, vamos!, -y como si fuera el rango más alto del escuadrón, marca el desfile hacia la salida.

Caminamos entre la gente hasta alcanzar la puerta de salida, bajamos unos pocos escalones y ya en la explanada de enfrente, nos reagrupamos y empezamos a caminar hacia el muelle deportivo. Por delante van Nico y Jose entremezclados entre Paula, Marta y Carol. Isa se ha quedado un poco más atrás, y va a mi lado.

Cuéntame, ¿qué celebras? – me dice intrigada, pero sin que una sonrisa picarona y hermosa abandone su preciosa cara.

Cosas de estos dos – le digo – que aprovechan cualquier excusa para celebrar algo o hacer una salida.

¿y cuál es ese “algo”?  - Sus dos ojos, inmensos y totalmente expresivos están preguntándomelo, y ante tal inquisición no puedo negarme.

Pues que el próximo Jueves me voy por un par de meses fuera, y se supone que han “inventado” una salida de despedida.

Ahhh!..., Y, ¿a dónde te vas tanto tiempo? – parece intrigada.

A La Haya, y después, si todo sale bien, que espero que sí, Mauritania o Senegal, depende de lo que consigamos – lo digo con cierto aire de descontento.

¿Y qué vas a hacer allí?, si me lo quieres decir – lo pregunta como con cierto temor -. Es que parece un viaje raro…, primero vas a lo más arriba de Europa, y después casi a lo más bajo de África… - y me mira algo cautelosa, como si hubiera preguntado algo contraproducente.

Eso mismo dije yo cuando me lo propusieron, pero he de reconocer que no encontramos otra forma. - Hago una pausa.- Trabajo en un proyecto de Unicef, bajo tutela de la ONU, para instalar y poner en marcha una infraestructura de logística para África. Primero tendremos que cerrar los contactos, compromisos, acuerdos de instituciones y gobiernos, etc., y se hará en La Haya, aprovechando que es una ciudad con representación de todos los países con compromisos adquiridos. Y si todo va bien, después nos iremos a Senegal o Mauritania, el que al final salga elegido, para iniciar el montaje de toda la infraestructura que Unicef necesita para atender la logística de todos sus programas de intervención en África.

¡Uaooo! – exclama.- pues sí que es interesante-  Y ¿a qué demonios te dedicas para que tengas que hacer todo eso? Como fue, ¿apareció una oferta de trabajo y te presentaste?- dice irónicamente. Los dos sonreímos. Creo que lo ha hecho a posta para quitar algún aurea de incertidumbre que me haya podido notar.

Pues más o menos. Llevo trabajando con ellos desde que estuve en Holanda con una beca de fin de carrera. Allí conocí esta parte de los proyectos que aborda Unicef y me propusieron que formara parte de su equipo, aunque fuera para proyectos determinados. Participé en dos proyectos mientras terminaba la beca y después siempre he seguido vinculado a ellos. El problema es que las necesidades son muchas y los proyectos terminan encadenándose uno detrás de otro, a veces incluso de solapan, y llevo ya mucho tiempo sin parar. Y si encima le añades mis obligaciones y mis compromisos aquí, que no puedo abandonar, te harás una idea de cómo anda mi tiempo.

Suena estresante – me dice con cierto aire entre extrañeza y preocupación – Pero tendrás días de descanso, o vacaciones ¿no?

En cuatro años no he tomado vacaciones como tal. Tengo días libres, como hoy, mañana y algunos más, como todo el mundo, pero a veces echas de menos tener un par de días seguidos para recargar pilas en condiciones o simplemente, hacer otras cosas. Pero bueno, ¡alguna vez llegará! – lo digo como implorando al cielo, lo cual hace que se le escape una risita.

Hemos llegado al muelle deportivo, y nos disponemos a cruzar la carretera interior para dirigirnos hacia el pequeño centro comercial en el que se ubican algunas terrazas y zonas de ocio. Nico sigue al frente, y a una orden suya cruzamos y ya estamos en la entrada. Subimos por una escalinata curva y llegamos a la planta superior, a una zona con un ambiente algo parecido al área chillout de la terraza TAO, aunque con una decoración y colores completamente distintos. Franqueamos a dos gorilas que hay apostados en el espacio que forma la imaginaria puerta a esta zona, que nos dejan pasar sin problema. Hay un grupo tocando música de todos los tiempos, no me he preocupado de ver quiénes son, voy detrás de Isa cerrando todo el grupo, cuyo capitán, de nombre Nico, otea todo el ambiente buscando hueco, y lo encuentra, justo del lado de los pantalanes. Nos apostamos junto a unas mesas altas en las que reservamos taburetes para las chicas y nosotros nos colocamos junto a ellas de pie.

Una vez estamos todos más o menos colocados, Nico, sin preguntar si quiera, dice - ¡voy a por bebidas! – y sin esperar respuesta se pierde entre los pasillos de gente hacia una barra situada al otro costado.

¿Pero si no le hemos dicho nada? – dice Paula.

Tranquila Paula. Algo tiene en la cabeza – dice Jose.

Transcurrido un tiempo aparece de nuevo, igual que como se fue. - ¿y las bebidas? – le pregunta Paula.

Están en proceso, ya vienen – y me mira riéndose.

¡A ver qué has hecho! – le digo con cierto tono de reprimenda – que te tengo miedo.

¡Pero si soy un niño bueníiiisssimo! ¡Qué desconfiado eres Pablo! No he hecho nada, he ido a por bebidas, y ahora las traen, nada más – Jose hecha un bufido y se ríe.

Al momento aparece un camarero portando una botella de champan y siete copas. Las deja sobre una de las mesas altas que ocupamos y se retira, a la vez que surgen comentarios al respecto de la ocurrencia de Nico.

¡Que!, ¿no es una bebida? Pues entonces ¿a qué viene tanto escándalo y desconfianza, gente de poca fe? – Apostilla Nico, mostrándose victorioso y satisfecho, y más cuando los presentes le lanzan vítores de ¡bien!, ¡bien!

Diligentemente toma la botella, quita con maestría el envoltorio que cubre el tapón, afloja  la sujeción del mismo y con dos toques hace que éste salga, pero sin dispararlo, e inmediatamente empieza a servir copas. Cuando termina toma la suya, me encara y dice: Un brindis por el amigo Pablo. Para que vuelva a tener éxito en su proyecto y para que los dos meses que vienen pasen muy deprisa para tenerlo de nuevo entre nosotros – y hace un gesto de alzarla a la vez que la aproxima para chocarla con la mía. Suenan exclamaciones de ¡bravo!, ¡bravo!, ¡por pablo!, y terminamos todos brindando y chocando las copas.

Bueno Pablo, unas palabritas por favor – Jose lanza la petición muy socarronamente, lo que provoca un continuo “siii, siii, ¡que hable!, ¡que hable!” de lo demás.

Y qué quieren que les diga. Pues que el Jueves me voy a Holanda por motivos de trabajo y que si Dios quiere espero estar de vuelta en dos meses. Que no me voy a ninguna guerra y que estaré localizable – y mirando a Jose y a Nico recalco - ¡y los tendré localizados a ustedes, gamberros! – suenan aplausos - ¡ah! y gracias por esta velada, he de confesar que lo estoy pasando muy bien.

Viniendo de ti es todo un cumplido. Eso o estás malo. Jose échale un vistazo por favor – dice Nico.

Ya tiene diagnóstico: sobretensión cupídica – sentencia Jose. Nico suelta una gran carcajada, los demás ríen. Yo hago un gesto sonriente de desaprobación. Miro a Isa. Ella también ríe, y sus ojos vuelven a secuestrarme.

¿Lo ves?, ¿lo ves? –le dice Jose a Nico. - Es que soy buenísimo-. Todos ríen a mi costa.

Pues, ¡un brindis por la sobretensión cupídica! – exclama Nico, y todos le secundan.

La conversación entre todos sigue de una forma muy agradable durante los siguientes minutos. Nico enfrascado en agradar a Paula. Marta impecable en su papel de acompañante, Jose entablando conversación con Carol y Marta. Isa y yo, formando parte de todas las conversaciones.

De pronto, Isa me dice - ¿en qué trabajas aquí, cuando no estás fuera?

Pues me dedico a asesorar a instituciones sobre posibles acuerdos, iniciativas, proyectos sociales y económicos. Tengo una empresa de asesoramiento, y a través de ella lo que yo llamo un “Nido de inversión”, es decir, una empresa para invertir en negocios que puedan ser provechosos y que sus beneficios puedan revertir en la sociedad. Y por si fuera poco, tengo con estos dos chiflados un negocio común, bueno, en realidad no es un negocio sino un centro de ayuda social que financiamos entre los tres, ¡vamos para no aburrirnos!

¿Ayuda social? ¿Qué clase de ayuda y qué hacen? – su pregunta suena como si estuviera muy interesada y ávida de saber más.

Pues ayuda a familias y personas en aquellos asuntos que ellos se vean desbordados, y siempre de alguna forma u otra buscando el bienestar de los más pequeños. Desde facilitarles una consulta médica para que puedan ser atendidos si no tienen acceso a la sanidad pública, hasta orientarles en búsqueda de trabajo posible, educación, salubridad y nutrición, e incluso, en algunos casos darles ayuda económica bajo una fórmula de préstamo comprometido, en el que a veces no lo tienen que devolver en dinero si no pueden, sino en compromisos con alguna tarea del centro con las familias que atendemos.

¿Y tienes tiempo para todo? – es su sorprendida pregunta.

Vamos mejorando poco a poco. Hay voluntarios que nos ayudan porque saben que no nos quedamos ni con un euro de lo que sacamos y que lo que sacamos está más que bien reinvertido. Pero es cierto que nos ha costado, y nos sigue costando, bastante dedicación. El tiempo lo vamos buscando, o lo liberamos.

¿y cómo es que te metiste en esos follones? – pregunta como si no llegara a entenderlo.

 Mira, aunque no lo parezca, los tres nos parecemos bastante. Nico hizo conmigo la carrera y estuvimos juntos en algunos proyectos. El se ha volcado en financiación internacional a través de los distintos gobiernos y la Unión Europea. Jose y yo somos amigos desde el instituto. Hemos crecido juntos y se convirtió en un excelente traumatólogo, también comprometido. Ahí donde lo ves, cada cierto tiempo se escapa con un colega suyo, también médico, durante un par de meses a algunas colonias en el extranjero, África o Sudamérica, donde sabe que hay niños que quedarían lisiados sin una intervención. Y como dice él, “a mí no me cuesta nada, y recibo más de lo que les doy”. Los tres en una ocasión llegamos al sano razonamiento de que estaba bien salir fuera a ayudar a quien nos necesitara, pero que no deberíamos dejar de mirar para nuestro propio entorno, nuestra propia realidad inmediata. Y así fue cómo surgió la idea del centro. Empezamos con un pequeño salón con 3 habitáculos: una pequeña recepción, una sala de observación y curas y una sala polivalente para el resto de cosas. Hace poco nos hemos mudado en la misma calle a otro local más grande. Afortunadamente, como te dije, hay personas que colaboran con nosotros y nos ayudan a que esto marche. Eso no se paga con dinero.

¡Uao! – Exclama-. Pues sí que hay tela ¡eh!

Si que la hay – le respondo. Y le hago un gesto de brindar, al que responde rápidamente. Sus ojos los tiene clavados en mí, y eso me descontrola haciendo que me quede mirándola como si estuviera perdido, sin terminar de acercar la copa.

¿Qué te pasa? – dice extrañada al ver mi reacción.

La miro, todavía sin acercar la copa. Y bajando la voz le digo – tienes unos ojos preciosos que me están desarmando por completo.

Vale, no te miro – me dice.

¡No, no! – respondo rápidamente - ¡me gusta que me desarmen! – y sin dejar de mirarla, chocamos las copas y bebemos.

Es curioso, estamos en un sitio lleno de gente, todos ellos hablando, con un nivel de ruido ambiente bastante alto, y, sin embargo, me parece como si estuviéramos solos.

¿Qué dices Pablo? - y un golpe en el hombro de Jose me saca de mi nube perfecta.

¡Eh!, ¿de qué? – pregunto desconcertado.

Aquí la peña que está proponiendo que para cuando vuelvas tenemos que hacer otro encuentro como este – dice finalmente.

Ah, pues muy bien, sin problema – y miro instintivamente a Isa, como si de su opinión dependiera el resultado final.

¡Yo me apunto! – dice Isa, y algo descansa en mi interior.

lunes, 8 de junio de 2015

Sueños de Maniquí



























“Llamar la atención consiste en hacer que olvides el pensamiento que en ese momento tengas y los sustituyas inmediatamente por el impulso de mirar en detalle algo que se te ha puesto delante de los ojos”.




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¿Te has fijado? - le decía a su compañero -, todos han pasado por delante nuestro, nos han observado, incluso toqueteado, pero ninguno nos ha mirado a la cara ni nos han dicho algo. Y sin embargo, le han puesto nuestra misma ropa a un grupo de niñatas y todo el mundo ha aplaudido cuando las han visto pasar desfilando por delante. No es justo, no es justo.

Nuestra misión no es desfilar, sino solo mostrar, pero con estilo – fue la respuesta que obtuvo.

Ni eso, dependemos de que quien nos coloque la ropa lo haga con ganas y no nos deje torcidos, inclinados, o incluso todo lleno de alfileres por ponernos la primera prenda de que disponen y no buscar una de nuestra talla. Eso no es “glamour”, eso denigrante. ¡Tengo que hacer algo!.

El Desfile había terminado, el salón ya había cerrado sus puertas, y los vigilantes estaban procediendo a apagar su iluminación. 3, 2 1 y todo quedó a oscuras… Los maniquíes que habían presenciado el desfile y exhibido parte de las prendas, también. 

¡Tengo que hacer algo!, volvía a decir uno de ellos, y lo seguía repitiendo en la oscuridad…

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La imagen era caótica y rocambolesca. Tenía los ojos cerrados pero estaba viendo perfectamente un montículo de brazos, piernas, cabezas…, cuerpos, totalmente entremezclados y amontonados como si de desecho se tratara. 

De pronto se percató de que parte de esos cuerpos estaban inertes y rígidos. Pero ¿y esto qué es?, se decía una y otra vez, sin llegar a mover un músculo, y solo teniendo presente la misma imagen. Una luz de inconsciencia le hizo ver aquello con lo que estaba entremezclada: ¡son maniquíes!. 




De la misma forma se percató de que no todos eran maniquíes, podía distinguir los cuerpos de tres chicas entremezclados con los maniquíes y el suyo propio. Y ellas. ¿quiénes son? –, pensando en los otros cuerpos que la acompañaban- ¡pero si son mis compañeras del desfile de esta tarde! -.

En un esfuerzo más por entender qué estaba pasando, hace un imaginario abrir y cerrar de ojos, pero lo que se encuentra al querer retomar esa extraña visión ya no es lo mismo. 




Los maniquíes estaban erguidos a un costado, ella seguía “amontonada” con el resto de modelos. Todas vestían un extraño mono de color carne, totalmente aséptico, sin expresividad. De pronto se da cuenta de que, inesperadamente, sobre ellas aparecían tirados los vestidos que cada una había lucido por la tarde durante el desfile, como si formaran parte de un desecho común.



Como si de un extraño resorte se tratara, el montículo humano cobra vida y todas las componentes se incorporan ligeramente en su mismo sitio cual despertar del peor de tus sueños, sin entender qué pasaba. 



Al mirar alrededor se dan cuenta de la irrealidad que les envolvía. Atónitas comprueban como sus vestidos, esos que en la tarde anterior habían lucido magistralmente delante del público que las había alabado, vitoreado y aplaudido, saltan como atraídos por un imán hacia el grupo de maniquíes que tenían delante, haciéndolas volver a un lánguido estado de somnolencia como si les hubieran despojado de todas sus energías.





¿Qué se siente al ser despojadas de vuestras preciosas vestimentas? – oyeron. 

¡No daban crédito!, hasta que se percataron de que la voz provenía de uno de los maniquíes. Intentaban hablar pero, ¡no podían!. Por más que lo intentaran su voz no salía, quedaba frenada y cortada por algún extraño halo invisible.

Sin vuestros vestidos no sois nadie. Ya es hora de que nos reconozcan nuestro trabajo y nuestra valía – volvía a exclamar el mismo maniquí-. Somos nosotros los que realmente realzamos y promocionamos la moda, somos los que siempre estamos ahí, enseñando estas creaciones para que el público los vea. Ustedes no hacen nada que nosotros no podamos hacer, y lo vamos a demostrar. Estas últimas palabras cayeron amenazantes sobre las cuatro modelos que, todavía incrédulas, seguían viendo a las cuatro figuras inertes, enfrentadas a ellas.


¡A ver que se siente ahora si tienen que desfilar sin ropa!.- sentenciaron finalmente.

Las modelos se levantaron y, una a una, empezaron a caminar como si de un desfile virtual por una imaginaria pasarela se tratara. Empezaban haciendo movimientos algo rígidos, casi estáticos. Sus caras denotaban tensión, también cierta dosis de enfado, sin salir de esa hipotética e irreal cárcel.










Poco a poco fueron incorporando consciencia de lo que estaban haciendo, e instintivamente sus caras fueron relajándose. A fin de cuentas estaban haciendo algo que les gustaba sobremanera, algo con lo que disfrutaban, con lo que estaban acostumbradas a jugar: el pasear su propia forma de ser, y contagiar con sus movimientos y su evolución por esa irreal pasarela a todos aquellos ojos invisibles que las estuvieran contemplando.


Desfilaron por separado, juntas, y, llegado un momento, incluso se atrevieron a acercarse a cada uno de los maniquíes y jugar con ellos, plantándoles cara, desafiándolos en su propio desafío.













Los maniquíes seguían inertes, inmóviles, pero curiosamente se captaba un halo de desesperación en su aspecto mientras las modelos pasaban entre ellos y, aunque sin ropa llamativa, solo con su esencia, habían roto las barreras de la extraña cárcel que habían intentado formar a su alrededor.

Los maniquíes, reaccionaron, cambiaron su colocación y se dispusieron a desfilar, en esta ocasión ataviados con los vestidos que le habían arrebatado a las modelos.

Pero, curiosamente, era un desfile inmóvil. Interiormente querían moverse, querían sonreír, gesticular…, pero no podían. Querían que el público imaginario presente se fijara en ellos y, sin embargo, ese público imaginario no mantenía la vista sobre sus figuras aunque portaran bonitos y elegantes vestidos. Ese público imaginario seguía volviendo su mirada hacia ese grupo de modelos que, sin nada característico encima, les había cautivado, y aunque a veces estáticas, irradiaban algo especial.

¡Qué tienen ellas que no tenemos nosotros! - gritó uno de ellos. Pero nadie les oía.

¡A ver qué sabéis hacer ahora!, –fue lo que oyeron de fondo en tono desafiante, presionando sobre sus oídos como si las arrastrara a un vacío imprevisible.

Las cuatro modelos, dentro de su incredulidad, reaccionaron instintivamente como para tomar las riendas, pero, inmediatamente y sin saber cómo, se encontraron rodeadas por los 4 maniquíes. 




Era una sensación de estar presa de tus propias capacidades, en una cárcel que se antojaba extraña a la par que ridícula.





Se miraban, como si se protegieran unas a otras de esa cárcel inerte, y como si intentaran averiguar qué extraño acontecimiento les hubiera llevado hasta allí, y no sin abandonar su manto de incredulidad y desconfianza, decidieron hacer aquello que mejor sabían hacer: desfilar.















Completamente seguras de sí mismas, se dirigieron hacia los maniquíes y cuidadosamente les despojaron de sus vestidos para, inmediatamente ponérselos. Y con el mismo garbo y saber estar que siempre habían demostrado, volvieron a desfilar, con mucha más elegancia, con mucha más sintonía, con mucha más complicidad con ese público imaginario, invitándoles a contagiarse de lo que irradiaban a borbotones: su saber hacer, su saber estar, su propia personalidad.

Mientras ellas evolucionaban, los maniquíes fueron quedando relegados a meros puntos de referencia dentro de una coreografía perfectamente marcada y ejecutada por las modelos. Desfilaron individualmente, dos a dos y todas en conjunto, invadiendo el sueño de alegría, risas y, nuevamente, su personalidad.
























Los maniquíes terminaron por derrumbarse, y en su inexistente consciencia, aceptar que nunca podrían hacer aquello para lo que carecían de contenidos: la expresividad, los sentimientos, y todas esas cosas que conforman la personalidad y profesionalidad de quien, gustándole lo que hace, lo contagia.









Al finalizar, las modelos estaban pletóricas, alegres, delante de un montón de material inerte que, por alguna extraña razón, al comienzo de esta no-historia les habían ocasionado una sensación de impotencia, y que finamente se convirtió en solo un episodio de algún extraño sueño que a partir de ahora quedaría relegado en su memoria: Un sueño de maniquí.




--- o O o ---



En ese momento, éste que les escribe, tomó conciencia nuevamente de dónde estaba: en el interior de un comercio de ropa, observando desde cierta distancia un par de maniquíes que, como no, de forma inerte y estática, portaban prendas también sin vida. No recuerdo cuánto tiempo había estado contemplándolo, seguramente algunos segundos, pero fue el suficiente para que eso que llamamos imaginación corriera incluso más rápido que la luz.

¡Qué puñetera y ambiciosa es la imaginación!. Está claro que es un vigilante continuamente en alerta, dispuesto a saltar y llamar tu atención sobre esto o aquello para animarte a construir o crear algo, para que veas donde no se ve, para llenar tus alforjas de proyectos, etc., siempre de forma positiva, al menos para mí.

Y qué divertida resulta cuando decides plasmar eso y darle vida. Siempre, por supuesto, con tu forma personal de ver las cosas.

Este relato y las imágenes que lo acompañan son mi particular interpretación, y estoy muy satisfecho con el resultado obtenido.

No se trata de un examen, no se trata de una apuesta, no se trata de una competición, no se trata de agradar a nadie, no se trata de recibir aplausos. Se trata de solo eso: dar forma a un planteamiento imaginario, un lapsus de ficción, y convertirlo en una historia contada en imágenes (si a alguien más le gusta, encantado).

De paso, quedarme con lo que esa imaginación al final quería contar. Y es que en lo poco que conozco del mundo del desfile y pasarela de moda tengo formada opinión de que hay dos tipos de modelos:

  • El modelo maniquí: Ese o esa modelo que podrá tener la piel más perfecta, el pelo mejor cuidado, con un maquillaje de lujo, con unas facciones bellas, que podrá ir ataviado con los más elegantes vestidos, con las más caras joyas y complementos…, pero que lo único que hará será pasear lo que lleva puesto. Expositores con piernas que lejos de promocionar lo que llevan, lo apagarán.
  • Y el modelo Modelo: Esa figura humana, que con su propia forma de ser, su naturalidad innata, su manera de “hablar” sin palabras sobre la pasarela, su capacidad para invitar a los asistentes a participar de lo que está haciendo…, convertirán cualquier desfile en un espectáculo, trasladando su propio glamour a las prendas y complementos que lleven, realzándolas para que destaquen y sean admiradas, además de a ellas mismas.
Estas últimas me apasionan. Destacan y se distinguen cuando las ves aparecer. Y si ves que fuera de la pasarela son igual de transparentes que sobre ella, estás ante un Gran Tesoro Vital. 

Esas figuras son mis “musas”.

No piensen en sueños de maniquíes. Piensen en sus propios sueños que son los que le darán riqueza de la buena.


Es justo ser agradecido a todos los que me han ayudado a construir las imágenes que, ya sea dentro o fuera del texto, de forma individual tienen significado propio y, conjuntamente, hilvanan la historia.

Gracias a Vimor, por aceptar colaborar en el proyecto con sus maniquíes.

Y muy especialmente:
  • Gracias a mis cuatro musas de la pasarela: Desire Quintana, Jocelyn Rodríguez, Estefanía Rodríguez y Sara Torres. 
  • Y gracias a mi hada de los pinceles: Marta Artiles. 
Gracias porque sin vosotras cinco no hubiera sido igual, de eso estoy convencido.

Me reitero en lo que les escribí al día siguiente de la sesión y que quiero volver a repetir ahora, porque a medida que las sigo conociendo, más me ratifico en su contenido:


"Buenos días a todas.

Espero que hayan descansado, y que comiencen un estupendo y feliz fin de semana 

No quiero que pase el día sin decirles lo que pienso.

Tengo la absoluta certeza y convencimiento de que no me equivoqué cuando pensé en ustedes 5 para el proyecto.Creo que ayer cada una demostró con creces eso que llamó mi atención cuando las conocí, y que al final no es otra cosa que sencillez + naturalidad = personalidad.

Y si a eso unimos la complicidad que respiran entre todas, ¡que mas puedo decir!.

A Marta, gracias por su infinita paciencia y buen hacer, por saber ver e interpretar de cada una de las demás el aura que cada una desprende y plasmarlo en los colores justos y apropiados.

A Stefy, Desy, Jocelyn y Sara, gracias por, simplemente, ser como son y contagiar su entorno de "vida". Porque siendo todas completamente distintas han sabido cultivar un fruto precioso y muy valioso, el entenderse y aceptarse tal como son, prevaleciendo por encima las personas, y respetando la singularidad de cada una. Eso es la esencia de las relaciones entre personas, y ustedes contagian. No dejen de hacerlo.

A todas, gracias por aceptar el participar, y por aguantar mis "desparrames" mentales.Gracias por aguantar el tipo hasta horas insanas, gracias por tener siempre una sonrisa en la cara, gracias por demostrar que no hace falta mucho para poder divertirse, solo ganas, y gracias infinitamente por haberse cruzado en mi camino.

Aunque suene pedante, las quiero a las 5 (espero que no se me enfaden sus respectivas parejas...).

Y ahora.... 696.Sin prisas, pero lo antes que pueda.

Un besote enorme y un abrazo espachurrador a todas".




JSR – Mayo/2015