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martes, 4 de septiembre de 2018

Fran, Diábolo, Frábolo


Me encontraba sentado en el centro de la Platea del CICCA, observando durante los ensayos de la escuela de baile de Rubén T., para poder hacerme una idea de cómo iba a transcurrir el espectáculo de fin de curso y planificar algunas fotografías de las que haría en las funciones de los dos días siguientes. No conocía el contenido del espectáculo, por lo que también me servía para tener una primera toma de contacto con su desarrollo.
Los distintos grupos salían y hacían un previo sin vestuario simplemente para tomar contacto con el escenario y revisar posibles imprevistos de última hora, antes de hacer el ensayo general con vestuario.
En uno de los grupos vi como junto con los bailarines salía una persona adulta, que evolucionaba con ellos, todo hay que decirlo, con gran soltura. Un hombre alto, delgado, totalmente integrado en el grupo y que bailaba con ellos al ritmo de música ambientada en el musical de Priscilla, reina del desierto. Formaban un único bloque, y al terminar su previo, era notoria la “adoración” que  todos mostraban hacia ese personaje. Eso me sorprendió.
Poco después, en el ensayo con vestuario, cuando le tocó a ese grupo, ese adulto no estaba, en su lugar salió una estrella que brillaba con luz propia, que destacaba sobre los demás por su desplante, por su manera de caminar, por su manera de interactuar, sobresaliendo, pero sin dejar de formar parte del grupo.
Al terminar el ensayo general, y mientras esperaba a mi hija en el backstage, pude comprobar la transformación de esa estrella que brillaba con luz propia en otra estrella, que brillaba con otra luz muy especial y particular y que no dejaba indiferente a ninguno de los niños, niñas y jóvenes que formaban parte del cuerpo de baile y que se cruzaban y hablaban con él.
En los dos días siguientes pude volver a ser testigo de esa transformación en un sentido y en otro, y como denominador común, la igualdad, las ganas de reir, las ganas de disfrutar, pero sobre todo, pasión por lo que hacía.
Como ya dije en su momento, “una persona que llegó a los ensayos como un viandante que pasaba a saludar, que llegó al backstage en cada sesión desde el minuto 0 con su bolsa, como uno más, mezclándose y hablando con todos, grandes y pequeños, sin perder su naturalidad, y que se fue el último día como una REINA, y llevándose un trozo de corazón de todos los que allí estábamos”.

Así fue como conocí a Fran, o quizás a Diábolo, o mejor, a Fran de la mano de Diábolo.


Tiempo después nos vimos la tarde de un jueves en La Barbería de Vegueta y estuvimos charlando los tres durante algo más de una hora.
Una charla llena de aprendizaje, de descubrimientos, de vida por encima de todo, y, como los buenos tesoros, me gustaría compartirla con ustedes…



¿Quién es Fran?
Fran…, Fran es un chico ya mayor (risas..), de 48 años al que le gusta vivir la vida al máximo.

¿ Y quién es Diábolo?
Diabolo es la parte de Fran que no se atreve a sacar.
Como todo en esta vida, te encuentras con mil historias, Diabolo es el personaje que se atreve a hacer todo lo que Fran no puede.

¿Y Fran no lo puede hacer por …?
Por educación,  por creencias, hasta incluso por vergüenza. Diábolo esta por encima de eso, está por encima del ridículo. Incluso hay veces que en mi día a día lo utilizo sin estar maquillado. Si yo lo necesito en una entrevista de trabajo en la que puedo estar con, con perdón, el culo “encogío”, Diábolo una vez que entra por la puerta, lo asumo, y tiene la caradura de presentarse a quien sea diciendo ¡Hola soy Fran, hago esto, esto y esto, sirvo para esto, esto y esto, y depende de ustedes que me cojan!.

¿Te llevas bien con Diábolo?
Muy bien.

¿Y Diábolo contigo?
Perfecto.
No hemos tenido nunca enfrentamientos porque hemos sabido llevar bien todas nuestras facetas. También hay que decir que hay todo un entrenamiento detrás, yo vengo del teatro, de la danza. Es complicado que un personaje no te absorba como persona, y lo he sabido medir.  Hay momentos en que he utilizado a Diábolo, como hay momentos en que Diábolo utiliza a Fran.
Y eso creo que es lo que ha hecho que haya podido triunfar en muchas cosas.
Cuando era Fran bailarín y actor, era Fran, e indudablemente cuando hacía un papel asumía un personaje, pero nunca tuve uno tan creado como cuando creé a Diábolo. Diábolo es educado, responsable, a veces grotesco, puede ser también muy echado para adelante, pero nunca deja que nadie se le suba encima.
Hay veces que voy con esos aires, no de grandeza, porque pienso que la gente no tiene que engrandecerse ni porque tenga dinero, ni porque sea famoso, ni porque hagas cosas que otras personas no hagan, pero Diábolo tiende a no dejar que le pasen. Es como si pudiera haber gente como él, pero nunca por encima.
Creo que en la vida hay que comportarse o ponerse la capa, según venga el viento.

Hemos tenido algún momento vago de “¡que pena, no sacamos todo lo que teníamos que sacar!, pero nunca me ha defraudado ni lo he defraudado.


¿Se esconde alguno detrás del otro?
Según en qué momentos. Hay momentos en que me he visto acorralado por cualquier situación o circunstancia y empiezo a decaer, y es entonces cuando Diábolo toma las riendas, y hace que vuelva otra vez arriba.
Aunque parezca una locura (si me oyera un sicólogo me va a encerrar), Diábolo me ayuda a sostenerme en muchas ocasiones.
Llevo ya 20 años con Diábolo y muchas veces pienso “voy a colgar las plataformas…”, pero miro para atrás y me digo, “¡Uao!, lo que he hecho yo con Diábolo, y no se si sabré hacerlo solo”, Pero todavía no es el momento.

¿Cómo nació y cuándo nació Diábolo?
Diábolo nació  a raíz de que deje de bailar, dejé el teatro y me ofrecieron la oportunidad de trabajar en un restaurante que se llamaba Las Meninas, que se inauguraba por entonces. Nació a raíz de crear un personaje para poder estar cerca del publico que yo, como artista, necesito tener. Ya no es el dinero, que influye no seamos tontos, pero si es verdad que la satisfacción que te da el personaje hacia los demás es impagable.
Hay veces que aquí en La Barbería, que es donde estoy actuando ahora, el público se acerca y nos dicen cosas como “de esta isla yo me he enamorado de algo, y ese algo eres tú”, o cosas como “hace años que no reía, por una situación muy jodida en mi vida, y hoy me has hecho sacar carcajadas”. Eso me infla como persona, porque realmente no les estoy pidiendo nada. Simplemente Diábolo hace que la gente participe, que se activen, y que ¡señores, la vida está para reírse, no para estar llorando!.
He pasado situaciones muy fastidiadas en mi vida, que he convertido en algo favorable hacia mí.
Me explico. Hace 5 años sufrí la muerte de mi sobrina con 28 años, una niña maravillosa, y ella me demostró, porque murió de cáncer y se fue en mes y medio, la entereza que tuvo de hacer lo posible para que todos estuviéramos bien. ¿qué te da a demostrar eso? Pues que estás aquí, estás viviendo, ¡pues disfrútalo!. El día que te vayas a marchar, lo único que vas a pensar es que te has pasado todos los días trabajando, reuniendo, y lo único que has hecho es “no vivir”. Y vida solo tenemos una.
Me considero afortunado inclusive de cada relación personal, porque las cosas malas las he borrado y me quedo con las buenas. La gente se va, y yo me quedo a gusto, porque hay muchos momentos que he pasado muy bien, y eso es lo único que cuenta y que te vas a llevar.


¿Cuál crees que es la principal diferencia entre lo que una persona que viene a tu actuación espera ver y lo que realmente se lleva?
Eso es muy guay.
Hay todo tipo de público.
Está el público al que tú le haces solo ¡Hu!, y se mea directamente. Si, si, de verdad, hay noches en que tu llegas haces ¡Hu!, y la genta ya se parte.
Hay otro tipo de público al que haces el primer número y el segundo, y aplauden, pero muy bajito y ni sonríe.
Y está el otro publico del “¡vamos a pegar el culito a la pared porque no sabemos lo que va a pasar aquí dentro!”.
¿Qué pasa?, que al final de la noche, el que se mea sale encantado, porque ya viene “meao” de la risa y además me dice, "me duele la mandíbula de reirme". El que viene en silencio, que tú dices, ¡Dios mío vaya porquería de público me ha tocado hoy!, pero a la vez piensas, “no importa, esto es un ensayo general Diábolo, para adelante!, y al final se levantan y te dicen muy educadamente “¡espectacular lo que hemos visto!, lo hemos pasado muy bien”, y tú te quedas pensando, “Dios mío ¿y por qué no has puesto cara de eso entonces?”.
Y después está el otro que llega con “cuidado, cuidado” y salen con todo lo contrario, sobre todo los chicos que vienen con, lo voy a decir vulgarmente como lo dicen ellos, “cuidado con el maricón, a ver que pasa”, y al final salen de aquí diciéndote “tío enhorabuena, me encanta, dame dos besos, dame un abrazo…”, y al final te das cuenta de que cambia el concepto que la gente tiene. Esto es un café teatro, La Barbería es un café teatro, y aquí cada noche se crea una magia que hace que la gente se olvide de lo que hay fuera, y te concentras en ello, compartes con ellos tu vida, tu momento. Al final de la noche, esa magia es lo que se va a llevar cada uno, y eso es lo que me gusta de este trabajo.
Aquí la gente descubre la diferencia entre Gala Drag, por ejemplo, y lo que hay en este espectáculo.
La Gala Drag está genial. Ellos son acróbatas, hacen de todo, se tiran, se lanzan, se matan, se abren como locos en el suelo…, yo eso lo dejé hace muchos años. Aquí trabajas de cara a cara con público. El “face to face” es muy jodido, es un jurado muy duro, y aquí lo tienes cada noche. Al final logras que la gente entienda la diferencia entre el Drag de competición y el teatrero.


¿Crees que la vida cotidiana se parece en algo a un espectáculo de café teatro?
Siempre he dicho que mi vida es una obra de teatro, y en mi vida hay varias escenas. Voy acumulando más escenas cada vez. Hay quien me dice que no puedo decir eso, pero sí puedo decirlo, porque realmente ¿quién es quien si todos somos un personaje según donde estés?
Si bebes y estás de marcha, eres otra persona, en tu trabajo eres otra persona, si llevas un traje con corbata, es un disfraz. Nos encubrimos en diferentes cosas. Si eres un padre de familia ya tienes otro personaje, otra actitud, que no es el mismo de cuando un padre de familia necesita desahogarse se va y cambia su actitud.
Todos, todos, todos, hacemos una obra de teatro.

¿En qué punto estás de tu obra de teatro ahora mismo?
Pensando en una frase que me encanta, mi obra de teatro está en el punto de que “la vida me regala sonrisas y espero que me de carcajadas”.

¿Eres un sicólogo práctico?
Yo creo que si. Hay situaciones en el día a día que veo en las noticias y las comento en el espectáculo, como por ejemplo todo el tema de maltrato a las mujeres. He dicho muchas veces “nosotros sin ustedes no somos nadie, venimos de ustedes, y son las únicas en esta vida que tienen la suerte de crear”.
Llorar no. Hay que tirar para adelante, porque si tú no tiras para adelante no va a tirar nadie por ti. Y que se quite la gente, porque yo voy a seguir recto.
A veces me sorprendo porque hablo con gente, y te das cuenta de que hay cosas que a lo mejor para ti no te sirve, pero para otros si.
La vida está para regalar, para ofrecer y no para dar por obligación. La vida está para disfrutarla, y si algo te molesta quítalo.
Mira, por ejemplo, en las relaciones yo me lo tomo así: “A rey muerto, rey puesto”. Te doy tres días, que son los tres días que te voy a llorar, al cuarto ya estoy buscando otro.
La vida tiene tres días, uno y medio te pasas trabajando, medio durmiendo, otro medio para el funeral, y al final que queda solo medio día, así que, o espabilas o te mueres ya.

Cada día lo vivo intensamente, porque no se si mañana me voy a levantar. Y cada día le digo a la gente que quiero ¡Te quiero!, y a la que no me quiere nada le digo ¡más te quiero!, que jode. Yo se que te caigo fatal, pero llego te doy un abrazo y dos besos y te quedas muerto, y además me voy con el “¡Mua, ahí te quedas bonito!”.

Si hablamos del momento en que nace Diabolo, y hablamos de expectativa y realidad respecto del entonces y el ahora, ¿cómo ha sido?
Quizás aposté algo sobre seguro. Venía del teatro, había hecho muchas obras en la calle, no me fue difícil. Lo que no pensé que fuera a crecer tanto, y cuando me di cuenta me dije, ¡chacho, aquí hay partidazo. Mi cielo, a reventarlo!, y lo reventé. Y el Diábolo contento no, ¡privado!: le di rienda suelta y ¡yuosssss! .

¿Irías de Diábolo todos los días en tu vida cotidiana?
No. Hay que saber diferenciar la realidad de algo irreal. Diábolo es mi realidad, pero mía, y para los demás es real en ciertos momentos.

¿Te han rechazado alguna vez por llevar contigo a Diábolo?
Por supuesto.
Habrá gente a la que le guste y me ame. Y habrá gente que me odie y no me soporte. Pero como dice mi madre, “hijo, si te critican es que realmente desean algo que tú tienes, y si no te critican, preocúpate: es que vales una mierda”.

Sobre los que me rechazan siempre he dicho, “no eres merecedor de mi”, me da igual.

¿Plataformas si o no?
Según. Plataforma de competición: no.
Taconcito mono altito con plataformas: Si.

¿Recuerdas la primera vez que lo usaste?
Si. No me maté y eran más grandes.
Venía del mundo del baile, y tenía los tobillos muy fuertes de hacer puntas, de clásico.

Si hoy tuvieras resuelto tu vida desde el punto de vista económico y te pudieras permitir todos los caprichos del mundo, ¿qué harías?
Seguir trabajando, no solo en esto sino en el otro trabajo. El trabajo dignifica a la persona y eso es real.
Me gusta lo que hago. El problema es que cuando dejo de hacer algo porque me tomo vacaciones, al tercer día estoy buscando cosas porque no puedo estar quieto. Soy hiperactivo.
Lo que pasa que te lo tomas con otra filosofía.


Cuando Diábolo está descansando, ¿qué hace Fran?
Ver pelis, comer como un cerdo, montar videos, viendo ballet,.., muchas cosas.

¿En qué te inspiras?
En parte de los grandes.
Madonna ha sido un referente increíble. Me parece una tía “con dos cojones”, de la que mucha gente tendría que aprender porque como dice ella, “me puedes llamar prostituta, me puedes llamar lesbiana, me puedes llamar lo que quieras, pero yo sigo aquí”. Se enfrenta a quien sea. Una tía que salió de la nada, y hace espectáculo, no, lo siguiente, igual que Michael Jackson q.e.p.d.
Esa es mi motivación. Veo un vídeo de Madonna y ¡ufff! ¡que guay!, intento imitarlo, no me sale igual por supuesto (risas…) porque no tengo las mismas condiciones, pero si que trabajo mis vídeos del espectáculo, y la gente queda muy, muy contenta.

Te propongo que te digo una serie de palabras, y me dices lo primero que le viene a la cabeza a Fran, y lo que diría Diábolo.
Ufff! Intentaré conectar con los dos a la vez (nuevamente risas).
Pues dile que esté al loro
¡Oye tú, sal de ahí, prepárate!

Injusticia: Buf…, crueldad. Y para Diábolo es rabia.
¿qué le hace pensar a Diábolo en rabia?
Porque vive en un mundo mágico que es puro amor, diversión, sensualidad…, pero no tiene nada que ver con esto.

Negro: un color que me encanta. Para Diábolo, elegancia.

Espectáculo: Vida. Para Diábolo, su única razón de ser.
¿Su única razón de ser?¿Estás seguro?
Si. Mira, ¿tú sabes los “clown”? Diábolo no roza a ser un clown, pero si divierte como un clown.

Carnaval: Belleza. Para Diábolo, nacimiento. Porque en carnaval se crean todos los personajes, aunque la gente no se de cuenta. En carnaval la gente sale vestida de otra manera, y adoptan personajes. No te das cuentas que lo adoptas, y ese personaje está haciendo en carnaval todo lo que tú no eres. Es una vía de escape.

Transgresor: Avances, en cualquier sentido. Creo que en la vida, si te dan una cosa, tienes que ir a buscar otra más. Y para Diábolo, son escalones. Va subiendo solo, y no espera que nadie le tienda una mano arriba.

Envidia: Poca, no significa nada. Para Diábolo, amor. Porque tú me puedes envidiar, pero lo que vas a recibir por envidiarme es más amor. Es mi moneda de cambio.

Papa frita (y tómalo como quieras): ohhhhh!, Si es la del McDonald o las de mi casa me las como todas, y con salsa, y si es la chumichurri, mejor.
Para Diábolo “papa frita”, no significa nada, no tiene ningún significado.

Actuar: el día a día. Para Diábolo actuar es su persona, su esencia.

Tonto/Idiota: Tú. Para tonto yo, tonto tu, je, je, je.
Para mí tonto / idiota es no disfrutar la vida. Para Diábolo, tonto o idiota es seguir creyendo que te quieren cuando no te quieren. En ese caso eres tonto e idiota.

Política: No creo. Para Diábolo política no le dice nada.

Maquillaje: Mi otra esencia, para Fran. Para Diábolo, ¡belleeeza!.
¿Cuál es el estereotipo de belleza, si existe, para Diábolo?
La belleza se crea desde el interior. Tu te maquillas para que los demás te presten un poco más de atención, y eso es una realidad. Tu belleza interior es la que aflora por ese maquillaje que has hecho. Y una vez que la gente te mira, hablas, y cuando hablas, la gente te observa.

Sueño: ¡No, ahora no, estoy despiertito!... je, je…, Sueño…, sueño es que la vida es bella. Y Diábolo sueña en que todo el mundo es amor.

Felicidad: Para Fran conocer a Diábolo. Para Diábolo, estar al lado de Fran.

Antes dijiste que no crees en la política y que a Diábolo no le dice nada.
Si le pusieras un sentido a la palabra política, ¿cuál sería?
Opinamos los dos de la misma forma: responsabilidad. Y eso es lo que no hay, solo hay injusticia, enriquecimiento, y marginados. La palabra política es muy grande como para llevarla cuatro pelagatos que no saben manejarla y no tienen responsabilidad ninguna. Su primer criterio debe ser responsable de un país del cual tienes que mantener que todo el mundo esté a un mismo nivel.
¿Y a nivel local? Tampoco. El problema es que ¡estamos tan decepcionados de la política!
Deberíamos aprender de otros países como los nórdicos donde la política es espectacular, el juego con su dinero es eficiente, porque no pierdes, ganas. Aquí, el que es pobre tiene que ser más pobre. Parece que el objetivo cuando tú eres empresario, por ejemplo, es hundirte.

No se si Diábolo coincide contigo en las cosas que te voy a preguntar, si no coincide, simplemente lo aclaras.

Un sitio para estar: ¡Hummmmm!. Yo estaría viviendo encima de un teatro, y Diábolo viviría en escena.

Un sitio para actuar: ¡Las Vegas!, ¡me encantría! Además, tengo el show visionado y todo.
¿Y por qué no lo haces?
Porque hace falta muchos contactos, mucho dinero…
¿Lo has intentado?
Es cierto que no lo he intentado, y posiblemente es una de las cosas que se me ha quedado en el tintero, pero también es cierto que para llegar allí o tienes alguien conocido para poder hacer algo allí y que la gente te conozca, etc. o no hay nada que hacer. En cualquier caso, sí que he mandado cartitas a sitios, de los cuales no he recibido respuesta (tampoco me preocupa). Mira, yo las mando, ¿qué viene respuesta? ¡genial!, ¿qué no viene? ¡ellos se lo pierden!.
¿Y Diábolo?
Diábolo estaría encantado de estar en Las Vegas, vamossss, ¡uassss!, es que se regocija.

Alguien con quien actuar: Mi referencia, y para los dos.

Un sueño: caminar por la calle y ver la gente sonreir.
¿Ves mucha gente sonriendo?
Veo gente sonriendo, veo gente que sonríe por obligación, y veo gente que no sonríe.
Solo tienes que irte a Triana sentarte en un banquito, como los viejitos, y ponerte a mirar.
¿Para Diábolo sería el mismo sueño? Si, sin lugar a dudas.

Una ilusión: Bufff, hay tantas. Sería maravilloso encontrarme con gente que ya no está. Sobre todo porque a lo mejor hay cosas que no has hablado.
Para Diábolo sería poder seguir viviendo 100 años más.

Un reto: seguir creciendo, personalmente, creativamente,…, todo. Para Diábolo, seguir cada día sacando a la gente sonrisas.
Cada día hay gente nueva, con entidades nuevas, con situaciones distintas, y es un reto conocerlos y poderles sacar una sonrisa.

Una canción: I will survive. (no hizo falta preguntarle a Diábolo)

Una palabra: Amor (tampoco hizo falta preguntarle a Diábolo)

¿Reescribirías algún episodio de tu particular obra de teatro?
No. No hubiera servido.
¿Hubieras añadido algún personaje?
A lo mejor personajes que me hubieran gustado que estuvieran en ese momento, sí.
¿Hubieras quitado personajes? No. Ni siquiera los “malos”.

Imagina que te ofrecen hacer el espectáculo que te de la puñetera gana, cueste lo que cueste. ¿Dónde sería y cómo sería?
Yo tengo predilección por mi tierra, y por un teatro donde he bailado mucho y me encanta, que es el teatro Pérez Galdós, pequeño, pero maravilloso.
Consistiría en que la gente volara. Volar no físicamente, sino mentalmente. Que lo que viera fuera una ilusión tan grande, que la gente solo quisiera estar ahí.
Mira no se si conoces un espectáculo que se llama Starlight Express, en el que hay patinadores que van por encima del público. Eso crea magia.
Imagínate trabajar con audiovisuales, con formas que se crean encima de la gente y los envuelve.
Eso me alucinaría (..y en ese momento observo como la cara se le enciende y se le ilumina). Imagina hacer que el teatro Pérez Galdós se convierta todo por encima de la gente, con combinación de luces, como un prado lleno de margaritas…, la gente empezaría a volar. Si a eso le unes música, acción, etc., la gente no querría salir…
(soy consciente de que en ese momento lo está viendo, porque sus ojos lo reflejan, y actúan como una gran pantalla de cine donde se proyecta esa gran imagen)

¿Te consideras un niño que no quiere crecer?
Creo que sí. Lo que se vuelve viejo es la funda. Te conservas joven si realmente te sientes joven, niño. La niñez nunca hay que perderla por mucho que uno se haga mayor y tenga responsabilidades.
A veces hago cosas y me digo ¡ ay niñato, crece! Pero hasta yo mismo me digo ¡para qué!
Hay cosas que las ves y dices…, no, no, quiero seguir teniendo esa niñez, porque eso es lo que nos da montón de energía.
Uno empieza a crecer y se empieza a apagar por todas esas responsabilidades que adquieres.
A la responsabilidad déjale un 80% de ti, pero al resto, déjale que haga tonterías, y sorpréndete. De verdad que te sorprende.

Hay una cosa que hago todos los días. Cuando te levantas por la mañana, lo primero que haces es ir al baño, porque vas a lo que vas, que te estás meando toda. En ese momento, mírate en el espejo que es cuando estás destruido, date los buenos días, ¡mua!, ¡mua!, ¡mua!…, ¡te quiero!. Es lo que hago todos los días por la mañana, y ese es el primer motivo, el motor de encendido, con el que salgo a la calle a comerme el mundo, porque yo me quiero.

¿Te dejará Diábolo alguna vez apagar las luces del escenario?
Si, yo creo que sí. Es un pacto que tenemos. Llegará el momento.
Por eso hago muchos videos míos. Porque ese va a ser el recuerdo de Diábolo, y en el espacio para Diábolo que siempre habrá dentro de mi, va a ver todo lo que ha hecho.

¿Y Si tuvieras que crear un personaje nuevo…?
No, no. No traicionaría a Diábolo.
Una cosa es crear un personaje temporal para una obra de teatro. Pero estamos hablando de Diábolo, y Diábolo es mi otro yo.

Riesgo o facilidad.
Riesgo. Las cosas fáciles me ponen nervioso.


¿Cuál es el último riesgo que has asumido, si se puede saber?
Subir en parapente. ¡Dios mío que me voy a matar!,
Pero en el video salí como ¡yujuuuuu! ¡que guayyyy! A punto de vomitar, pero aguanté.
Riesgo grande, grande no. He asumido riesgos, como por ejemplo, apostar por una empresa y que no saliera como querías, no porque no lo hayamos hecho bien, sino por trabas que te ponen otros.

¿Qué quisieras hacer que todavía no has hecho?
Bailar con Madonna.
Que no lo voy a hacer nunca, porque igual se retira ya. Que igual mañana me llama y me dice “oye que te he visto en un video y me encantas”. Yo diré, ¡ya me puedo morir!, y Diábolo dirá, “¡y una mierda!”, tu sigues “p’alante.
A lo mejor trabajar más en cine. Hice poquitas cosas.

¿Qué es lo último que has aprendido?
Que todo lo que me proponga lo puedo conseguir.

¿Qué es lo más difícil que consideras que te has propuesto?
Ser yo.
¿Has conseguido ser tú?
Si.
¿No vas a cambiar?
No.
¿Nada, nada?
No.
¿Desde cuándo eres tú?
Desde los veintipocos.
¿y antes quién eras?
¡Un niñato! (risas…), que bailaba y hacía cosas, pero era un niñato.
Me gusta como soy, tengo muchos defectos, pero también grandes virtudes.

Si consiguiera reunir a todas esas personas que consideras que son tu círculo afectivo inmediato, todas esas personas que quieres y de las que cuentan su opinión, y les preguntara ¿quién es Fran?, ¿cuál sería la respuesta común?
Mi amigo.

¿Si les preguntara a todos ellos cuál es el punto débil de Fran?
Pocos lo saben, o casi nadie (lo dice en voz bajita, muy suave, y se hace silencio).
Es que ahí entra Diábolo.

¿Y cual dirían que es el punto fuerte de Fran?
La cara dura que me gasto. El enfrentarme a todo.

Ese círculo de amigos ¿conoce a Diábolo?
Si.

¿Cuál sería la palabra común para Diábolo?
Grande.

Su punto débil.
No tiene.

Su punto fuerte.
Cambiar la vida de la gente.

¿Cómo definirías tú a Diábolo?
El mejor.

Su punto débil
Ser la parte clown del teatro. Creo que su punto débil es que no le puedan prestar atención. Diábolo es feliz siempre y cuando controle. Si algo no funciona recurre a mi, y entre los dos hacemos ¡Uaooo!, y recuperamos.

¿Cuál es su punto fuerte?
Se come el mundo.

¿Y si ahora le pregunto a Diábolo como definiría a Fran?
Increíble.

Su punto débil
Que a veces no le hace mucho caso.
¿Fran no le hace caso a Diábolo?
Je, je, Hay veces que no, porque Diábolo quiere hacer cosas que ¡chacho, te pasas!,  ¡Te has ido muy arriba!, (y no resiste las risas).

El punto fuerte de Fran.
Compañero.




Amigo Fran (permíteme que te llame amigo), como te dije cuando terminamos nuestra charla, me has enseñado muchísimo más de lo que imaginas, y espero haber sabido trasladar parte de esas enseñanzas contadas desde tus vivencias y tus propias palabras a este humilde texto.

Pero lo que más te agradezco es que sigas contagiando de esa forma de ver las cosas a todos aquellos que se cruzan en tu camino.
Ahora terminé de entender el porqué todas aquellas personas y personitas, de muy diferentes edades, no querían abandonar el backstage del Cicca, aunque sus padres y familiares estuvieran esperándoles, sin antes buscar desesperadamente a Fran y darle un gran abrazo y un beso.
Fue un enorme tesoro ver niños de 6 años con los ojos totalmente iluminados mientras se abrazaban a ti y a Diábolo, y ver adolescentes y no tan adolescentes que hacían lo mismo y te miraban con dulzura y con la sensación de que se llevaban una parte tuya y de Diábolo.

Al acabar nuestra charla quedé con una sensación ambigua. Por un lado gratitud, por poder compartir ese ratito,  aprender tanto y por seguir conociendo gente de las que muchos debieran aprender.
Por otro lado, algo de frustración, simplemente por una especie de impotencia al ver lo fácil que es vivir y lo complicado que lo ponen algunos, que como tú mismo decías, no tienen consciencia ni responsabilidad. Habrá que hacer algo.

Allá donde Diábolo y tú actúan consiguen crear una cápsula del tiempo, que después te llevas de regalo, y en la que las risas están garantizadas y revolotean sobre nuestras cabezas y sensaciones como el mejor de los espectáculos. Doy fe.


Puedo asegurar que tu obra de teatro particular se seguirá representando “sine die”, para regocijo de los que te han conocido, de los que te van a conocer y de los que a buen seguro te van a seguir siempre.
Dile a Diábolo que esté tranquilo, porque va a vivir muuuucho más de 100 años. Al final, la funda es solo eso, una funda, y lo que importa es lo que están dejando, lo están sembrando en ese escenario vital que brilla con luz propia y que seguirá brillando como las buenas estrellas. No se preocupen del tiempo, ese es el mejor escenario.


¡Madonna, no sabes lo que te pierdes!


Pd.: cuando nos despedimos, me dijiste que te pusiera una foto con muchos filtros.

Bien, esta es la foto.


No mates al mensajero. La foto la hice yo. La idea me la dijo Diábolo cuando no te dabas cuenta, o si (pero no repito el gesto que me hizo).


jueves, 23 de agosto de 2018

MARISA, sin más.


Hace ya bastante tiempo que el baile y la danza llegó a mi vida, aunque al principio solo como un trayecto casi diario de ida y vuelta.
Con el tiempo, el baile y la danza me han permitido saborear momentos fantásticos, y, como no, conocer gente maravillosa, gente profesional cuyo corazón late con pulso de pasos perfectos y magistrales, gente que vive por y para su pasión, el baile.



Cuando, sin conocer a alguien, a tus oídos te empieza a llegar repetidamente un nombre, y ese nombre siempre ves que va ligado a momentos de felicidad para quien te lo cuenta, momentos de sueños cumplidos, momentos de aprendizaje adquirido desde el corazón, y momentos en los que ves que quien te lo cuenta está contagiado de su forma particular de pasión por lo que ha aprendido o ha experimentado, significa que algo maravilloso está ocurriendo en sus vidas, especialmente cuando de niños pequeños, jóvenes y adolescentes se trata.


Así fue como supe de alguien que se llamaba Marisa (casi mamá Marisa).
La persona que con paciencia, con voz templada y uniforme, con una sonrisa casi constante y normalmente con un abrigo anudado a su cintura, tendía un puente entre su sabiduría y las ganas de aprender de sus "alumnas y alumnos" para que su pulso rítmico y disciplinado les contagiara.
La persona con la que todos querían probar a estirar su piernitas, más adelante piernas, y probarse por primera vez una malla, para emular a los mejores bailarines y bailarinas clásicos en el momento de su primera subida en puntas.
La persona que año tras año irradiaba la misma pasión cuando se ponía al frente de cada una de sus clases para, sin olvidar que delante tenía niños, y siendo consciente de las aptitudes y capacidades de cada uno, hacer que todos alcanzaran un mismo nivel de satisfacción y de disfrute con lo que hacían, consiguiendo que su pasión se inoculara en ellos de la manera que mejor funciona, paso a paso, y saboreando cada movimiento que se hace.


Los años me dieron la certeza de que había sido una gran suerte que se cruzara en mi camino, en el de mi hija, y en el de otros tantos niños y niñas, porque con el tiempo tengo más que claro que su forma de entender el baile y la danza, inevitablemente ha influenciado en la forma en la que quien la practica la disfruta, y quien la ve, la entiende y también disfruta.

El baile, la danza, requiere disciplina, mucha disciplina, pero por encima de eso, ser consciente de donde estás, y de que, ante todo estás trabajando con personas. Personas que no tienen por qué asociar sufrimiento a un arte que exige dedicación, pero si disciplina de trabajo continuo, lo que indudablemente le valdrá al que la practique no solo para crecimiento como bailarina o bailarín, sino para afrontar otras muchas cosas en su vida cotidiana y en la construcción de su futuro.
Marisa en eso ha sido una gran especialista, y lo mejor, lo hace de forma natural.


Desgraciadamente Marisa, y no por decisión suya, no va a estar el próximo año cerca de algunos de sus grupos..., algunos de sus alumnos..., de una parte de su peculiar familia. Y es que, no siempre puedes controlar qué obstáculos se ponen en tu camino, sean de la índole que sea.
Pero una cosa tiene segura: tiene familia numerosa, aunque sea postiza, porque he podido constatar que sus enseñanzas están muy bien arraigadas, muy bien aprendidas y nunca se olvidarán: ¡nunca la olvidarán!. 

Es imposible olvidarse de Marisa. Y si no, no tienen más que ver la reacción de cualquiera de sus alumnos cuando se la encuentran por la calle: un ¡Mariiisa! enorme y acentuado en el centro sale de sus bocas con todo el sentimiento del mundo para posteriormente apagarse mientras se funden en un abrazo que desprende cariño, que desprende ternura y que desprende esa clase de amor que ella les ha dado y les da cada vez que las ve.

Hay una gran diferencia entre ser jefe y ser líder. El primero da órdenes y todos las acatan porque es una obligación. El segundo genera confianza, enseña con su ejemplo y provoca que todos le sigan porque sabe que está haciendo lo mejor para ellos, valorándolos como personas, reconociéndolos como persona. Indiscutiblemente, Marisa es Líder.

Hace poco estaba hablando con ella después de conocer que no contaban con su participación para el próximo curso en la escuela de baile de Rubén T., y durante la conversación me hizo un regalo vital en forma de palabras: "toda mi vida ha estado vinculada a la danza, y siempre estará vinculada a la danza. Y si no es bailando, será dando clases o cualquier otra manera en que pueda hacerlo". 
Es cierto: solo se trata de adaptarte en cada momento, y seguir haciendo lo que te gusta, en la forma que te gusta.

Hace un año le propuse a Marisa hacer una sesión de fotos ambientada en una de sus clases y en la que ella fuera la protagonista. Por problemas de tiempo no pudimos hacerlo en aquel momento, pero ahora, ¡qué mejor momento para hacerlo!

Y así fue como hace un par de días, con la complicidad de nueve de los que hasta ahora han sido sus alumn@s en la escuela de baile de Ruben T., nos dejamos ver en un parque de Las Palmas y jugamos durante algo más de 2 horas en las que hubo de todo, pero sobre todo, y especialmente para quien se dedicó todo el tiempo a observarles,  tanto desde el visor de la cámara como desde la amplitud que te da el aislarte por momentos de lo que está ocurriendo delante de tus ojos, hubo devoción, agradecimiento y amor camuflado de muchas maneras.

Quiero con estas líneas dar las gracias a quienes hicieron posible que pasáramos esa tarde que nunca olvidaremos:

Primero a los alumnos, ya bailarines, que participaron y que tantos buenos momentos me han regalado este año, no solo como bailarines, sino como personas.
Gracias Laura, Gracias Valentina, Gracias Alba Hernández, Gracias Sara, Gracias Barbi, Gracias Andrea, Gracias Paula, Gracias Alba Doria, Gracias Jaiset. Son un lujo de personas. No cambien, solo mejoren su propia versión.

Gracias a Elizabeth López de Dansarte Las Palmas por el vestuario que dejó para la ocasión con el que se puso el toque mágico y clásico en cada imagen.

Y como no, a Gracias infinitas a tí Marisa, que aceptaste el reto sin dudarlo en ningún momento, dejando claro una vez más lo que significa profesionalidad y humildad caminando de la misma mano.



Este es nuestro pequeño homenaje a una gran persona, a la que esperamos seguir viendo  y encontrándonos en todos los recovecos de nuestra vida.
Se que cuando llegas a tu casa tienes dos cositas pequeñas que agitan alegremente sus colas al verte.
Puedes estar segura de que en cualquier de las nuestras, siempre serás recibida con gran alegría y con agradecimiento infinito.

Ese día me regalaste una imagen que posiblemente pase inadvertida, pero tiene mucho significado. Es la imagen de cabecera de esta entrada: Marisa sentada en la escalinata con la cabeza apoyada en sus manos y los ojos medio cerrados.
Significa orgullo, por ver lo que has conseguido con todos aquellos que han pasado por tu lado. Significa también algo de tristeza, por ver que en esta parada se queda parte de tu mochila.
Pero por sobre todo significa lo grande que eres y todo lo que te queda por enseñar, ya que solo tienes que desplegar tu elegante andar, cual diagonal, para seguir subiendo todos esos escalones que se te presentan, y seguro que lo harás con ágiles y firmes pasos, mientras otra corte de aprendices te seguirán hacia el manantial de tu experiencia y buen saber, y los que ya han aprendido te aplaudirán desde el borde del camino o, incluso, se unan a él.


Y ahora..., que no baje el telón..., ¡que siga el baile!.







jueves, 9 de agosto de 2018

Guerras exclusivas del inclusismo


Cada día veo algún episodio nuevo de eso que llaman “lenguaje no inclusivo”, y, sinceramente, vuelvo a pensar que como personas dejamos mucho que desear, porque creo que cada vez hay más brújulas erráticas.

Y como "pedrado" no existe, al menos hasta ahora, aquí va la pedrada (según una de las acepciones de la RAE, “Expresión dicha con intención de que alguien la oiga y se dé por aludido”):

Parece ser que según cómo escribamos las cosas formamos parte, sin haberlo pedido, y sin que nos lo hayan pedido, de una especie de partido o liga cuya competición se basa en estar a favor o en contra de la “imperiosa necesidad” de crear versiones nuevas de determinadas palabras en base al uso interesado de su género, esas mismas palabras que durante años han servido para comunicar a tantas miles de personas sin ningún problema.

¿Por qué nos empeñamos en crear guerras innecesarias para justificar lo que no hacemos en actos, con cruzadas en pro de cambios de lenguaje?
Es una cuestión de educación, no de escritura, Es producto de la incultura y del empeño en educar a personas desde ópticas diferentes, cuando en realidad solo hay un tipo de persona: el ser humano.

Perdónenme, pero me da risa tanto inteligente salido de no se donde, y erigido en Cid Campeador del lenguaje, que en algunos casos lo maneja solo de oídas.
Habrá que reescribir el Quijote, Fuenteovejuna, el Lazarillo de Tormes, La Celestina (por si no lo saben su verdadero nombre el Tragicomedia de Calixto y Melibea y la Puta Vieja Celestina) y tantas otras obras de arte de la literatura, que esos mismos nuevos hidalgos de paja posiblemente no han leído en su vida.

Parece ser que la solución a todos esos problemas de conducta humana pasa por un simple corrección o cambio en nuestra forma de expresión gramatical y/o semántica, e inmediatamente dejaremos de tener comportamientos "exclusivos" para convertirnos en seres "inclusivos".
Me explico:
“Soy deportisto, pero nunca he querido ser futbolisto, porque mis piernos no entienden de patados, solo de caminatos, en “los” cuales se respira de otra manera el aire que llega hasta mi caro.”
¿De verdad piensan que esto es lo que soluciona el problema? No lo soluciona. Ni siquiera creo que ayude a ello.

Es que si seguimos así, lo próximo será incluir en el código penal como delito que un matemático estudie matemáticas, porque se va a entender casi como un abuso sin consentimiento o una  violación, y, señores, un abuso sin consentimiento o una violación SI es algo muy serio. Lo de estas cruzadas del lenguaje, con perdón, son ganas de hacer polvajera.

Es la misma mano (¿o debo decir mana para no herir susceptibilidades?) la que golpea a un hombre o una mujer, y a ambos no le va a doler menos porque tenga género masculino o femenino, le duele por quien golpea.

No se, llámenme loco, pero me da por pensar que, en lugar de tapar carencias con corrientes de moda que solo generan “bulla” y más enfrentamiento innecesario, igual podrían dedicar ese tiempo a educar mejor en su ámbito de influencia, pero con hechos.


¿Y si...?

Estar convencido de que se puede conseguir lo que anhelas, y ver que, con algo que realmente sientes y deseas de corazón, no encuentras cómo hacerlo.

En tu mano está dar el primer paso, pero te frena un puñado de años, te frena una distancia a meta que se antoja injusta, te frena ponerte en el peor lugar respecto de la otra persona y concluir que eres un camino paralelo que nunca con el suyo se va a cruzar.

Me siento extraño en una burbuja particular con forma de Enero, el mismo Enero de esa canción que me retumba en la mente y que no se marcha para volver, sino que solo se aleja, ese que se va disfrazado de oportunidad, ese que toma forma de esperanza, escondida en la incredulidad, o de un sueño que se antoja irreal, y que a cada momento se distancia más y más.

Me resisto y busco la formula para crear estaciones más cortas que hasta mi nuevamente te hagan llegar, aunque solo sea para mirarte y beber de esa sonrisa que no se puede olvidar.
Mi tiempo va más rápido, lo se. Se consume más deprisa, lo sé. Pero quisiera que en él pudieras estar.

No me canso de buscar cómo acelerar el poder compartir contigo mis ganas de llegar a esa caprichosa estación del destino que se esconde delante del final, y se asoma detrás de mis deseos de junto a ti poder andar.
¡Ay, ese doble filo de la imaginación! Te permite visionar sueños, que sientes, que palmas y en los que crees más y más. Y te genera angustia por no conseguir volverlo real. No se si será la diferencia de velocidad entre cómo quieres que sucedan los acontecimientos y cómo se construyen en la realidad, o sentirte pasajero equivocado en un tranvía de ambigüedad, o, simplemente, darte cuenta de que por más que lo veas y lo sientas, no tienes ninguna posibilidad.

Así y todo, tu sonrisa me da vida, tus ojos iluminan y tu vida será la mía, aunque no me permita a tu lado sentarme para algo más que no sea sentir de lejos tu presencia o compartir un cruce de miradas que se escabullen con la excusa de un saludo pasajero y cordial.

Bueno, quizás ese cruce de miradas podría forzar el regreso de un nuevo Enero, para no irse más.

¿Y si se hiciera realidad?.