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viernes, 22 de julio de 2022

EL OTRO KLIMANJARO







Era una tarde de esas de “familia”, con niños alrededor, con padres, con abuelos.., una tarde de las que ahora se echan en falta, y algunos faltan para poderlas echar.

Una tarde en la que una niña de 7 años jugaba como cualquiera otra, bueno quizás no, pero jugaba, y entre juego y juego, recalaba en los brazos de su abuela. 

En uno de esos momentos la abuela le preguntó:

Lourdes ¿qué quieres ser de mayor?

Y Lourdes, sin más pretensión que la inocencia de una niña respondió: ¡”Médico”!.


Todavía hoy no sabe el por qué respondió eso, solo sabe que es Médico. Se lo puso como objetivo, quizás como compromiso a sí misma por haberlo dicho, nadie lo sabe, ella tampoco…, pero a día de hoy esa respuesta, quizás en forma de promesa inconsciente, la ha cumplido: Primero como Licenciada en Medicina, posteriormente como especialista en anestesiología y reanimación, y luego Doctora en Medicina, que es la mayor titulación dentro de la Universidad.


Como ella misma dice, “te puedo contar miles de razones o razonamientos maduros, pero ninguno se equiparará en absoluto al razonamiento que tuvo aquella niña de 7 años, seguro, y que a día de hoy sigo sin saber”.


De nombre Lourdes Hernández, de profesión Doctora en Medicina, pero ante todo, persona. Persona de esas de las que te enamoras cuando conoces, no por lo que hace, sino por cómo lo hace.


Hasta donde sé, y hasta el día en que escribo estas líneas, ha abordado dos veces la subida al Klimanjaro.

La primera vez llegó a la cima, después de un esfuerzo sobrehumano, atacando la base con bronquitis, y llegando a la cima con mal de altura, pero nadie le quita la experiencia y la vivencia experimentada con sus amigos y con su hermano René. Llegó a la cima casi sin ser consciente de la hazaña que había logrado, pero como ella también dice “Hay fotos que me lo recuerdan”.


La segunda vez empezó hace bastantes años, creo que justo después de que aquella abuela diera la voz de salida con una pregunta inocente. Y sigue en ascenso hoy día. Es un ascenso distinto, también con problemas de aclimatamiento, con mucho esfuerzo físico y mental, y por supuesto, con mal de alturas por momentos. Y aunque sabe que le acompañan Sherpas muy especiales, el esfuerzo sigue siendo el suyo, y el decidir por qué vía ir, con quién ir, y cómo ir…, sigue siendo decisión suya.

Es la subida a su Klimanjaro particular, ese en el que la cima tiene forma de personas a las que hay que ayudar a llegar a su bienestar físico, psíquico y emocional, personas que incluso a veces te miran extrañadas de que las estés ayudando, y, por qué no decirlo, encontrándote con supuestos alpinistas experimentados de tu profesión que cuando te ven pasar no entienden lo que estás haciendo, o, simplemente, prefieren verte pasar.

Cimas llenas de curiosidades y de muchas satisfacciones, que te enseñan otra cima más, no se si al lado o más arriba, pero cima que hay que alcanzar, aunque por último ese esfuerzo esté siendo algo más grande de lo normal, porque no se puede llevar a todo el mundo..

Hace algunas semanas, también una tarde, aparcamos nuestros deberes conjuntos y nos arrancamos en una charla totalmente espontánea, una charla de conocer, de averiguar, de recordar…, de vivir, de experimentar, y de adquirir consciencia de lo que somos y por qué lo somos.


Permítanme que les muestre un poco más de todo lo que hablamos aquella tarde, en particular de esa subida a la que no quiere llegar, sino, simplemente, transitar.





1.- Campamento Base - Empezamos.


Hoy día, con el recorrido que tienes andado, con toda esa experiencia, si ahora tuvieras la posibilidad de volver atrás con lo que sabes, ya no con la incógnita, sino con lo que sabes, ¿volverías a coger medicina?


Sin duda.


¿Y volverías a escoger anestesiología?


Sí, rotundamente.


¿Y volverías a trabajar donde estás trabajando?


Sí, porque han sido elecciones de la vida, y como no conozco otra realidad…, he tenido la oportunidad o la suerte en que los caminos se me iban abriendo, y se me han abierto para bien.



Mirando retrospectivamente por qué elegí medicina, veo que durante ese camino he adquirido una serie de vivencias, y mucho sacrificio.

Recuerdo que los sábados, y sobre todo los domingos, la familia quedaba para hacer una paella, y todo el mundo sabía dónde estaba Lourdes: estudiando. Me he perdido muchos momentos, es posible, pero después vivía otros momentos intensos…, no es tanto la cantidad, sino la calidad.

¿Que lo podría haber vivido de otra manera?, quizás sí. Pero, ¿sabes? la experiencia es lo que te da esa viveza de hacer las cosas de otra manera. 


La medicina me ha dado esa posibilidad de hacer lo que quería, de ayudar a la gente, aunque fuera de manera indirecta, pero también darme un soporte económico por el cual seguir haciendo otros sueños realidad, como el poder viajar y no depender de mi familia, de mis padres. Mi familia no es que sea muy pudiente y la verdad es que he tenido la fortuna de que mis padres han confiado en mí, que esa niña de 7 años hubiera decidido eso y ellos dijeran, ¡pues venga!, con todos los esfuerzos y sacrificios que eso suponía. 

  

Recuerdo mi padre siempre trabajando para tener algo más. Me he salvado gracias a las becas para poder estudiar. Ellos no lo tuvieron fácil, mi madre dejó de estudiar simplemente porque con 12 años alcanzó la altura que tiene en estos momentos y mi abuelo dijo que ya era lo suficientemente grande como para estar en el colegio.

Recuerdo estar en el colegio, estudiando en la EGB, y mi madre con Radio Ecca en casa sacándose también la EGB.

Eso lo he vivido en mi casa. Ese poder de sacrificio que tienen mis padres se te queda grabado y forma parte de sus enseñanzas.

  

Porque, ellos lo saben, yo me podía haber dedicado a no estudiar, pero es que me apasionaba estudiar y mi padre, para que lo hiciera, al igual que mis hermanos, salía a trabajar de noche y volvía de noche.

  

En verano recuerdo que nos íbamos en tropa, caminando por el barranco, a Salinetas, a la playa y mi padre solo pasaba cuando venía de trabajar, se daba un baño, dormía un poco, y a casa todos.


Dentro de esas limitaciones es verdad, yo disfrutaba demasiado, pero mis padres iban más allá, intentaban darnos muchas veces lo que no podían.

Estábamos en actividades escolares, estuve 10 años en ballet, y eso se pagaba con su trabajo.

  

¿Y para Reyes? Yo qué sé, yo recuerdo pedirle la muñeca de Famosa que patinaba y a mí me trajeron otra que patinaba, no era esa, era más barata, pero me daba igual. Cuando analizas eso dices que mis padres se volcaban, realmente te daban lo que no podían y posiblemente muchas veces se lo quitarían de la boca para dárnoslo a nosotros.

 

Entonces ¿lo volvería a hacer? Si, lo volvería a hacer igual, sí, porque hice lo que estaba dentro de mis posibilidades.





2.- Los preparativos


Durante la facultad no se veía tanto lo de hacer el Erasmus ( o Sócrates que era en aquel momento la beca que existía para España). Un verano trabajé para Sócrates, y recibimos a los italianos.

Al año siguiente se suponía que nosotros hacíamos Erasmus, y por motivos de la persona que dirigía todo eso, y por intereses personales, dió pie a que al año siguiente él decidiera que sus compañeras de clase tenían más derecho a ir, aunque no habían trabajado el año anterior, porque era el último año que ellas podían y si no lo hacían en ese momento ya lo perdían. Nosotras, las que íbamos a ir, cedimos ese puesto con la condición de que al año siguiente nosotras fuéramos sí o sí, ¿Qué pasó? que al año siguiente esa persona, que era el responsable del departamento,  no presentó  no sé qué papeles y se acabó Sócrates en la Universidad de Las Palmas, dentro de Medicina. 

¿Algo que cambiaría? Pues esa visión internacional de poder salir a otro país, conocer gente de otro país, ver universidades de otros países, y aprender, eso sí.

Yo, por ejemplo, viajo porque me gusta conocer otras culturas, otras formas en las que la gente vive y así poder enriquecerme y aprender, desde conocer cómo se cocina un plato que me como aquí, el cómo es el de origen, o sea, esas chorradas.., pero me gusta.

 

Eso que no me permitió la Universidad, lo hice con la especialidad, busqué esa posibilidad, viajé a Italia y me formé en Italia en algo que en España no existía, que fué aprender la “eco transesofágica dentro de quirófano” (ver el corazón desde dentro), que ahora es algo estándar en las cirugías de calidad.

 

Una ecografía te la hacen por fuera, pero por dentro es mucho más sensible y más específica, es decir, te da más detalles que la que se hace por fuera porque no todo el mundo tiene lo que se llama una buena “ventana”.

 

Tuve la suerte que cuando roté en el Materno Infantil, coincidí con el equipo de los italianos. Y el que venía de anestesia casualmente era, y es, el presidente europeo de la sociedad de anestesiología cardiaca: Marco Ranucci.

Me metí en la Universidad súper rápido a aprender italiano porque me conocieron, vieron cómo trabajaba y Ranucci me aceptó en su rotación. En la rotación solo te dejaban 3 meses. Yo estuve 4, porque mi mes de vacaciones ese año me lo dediqué a formación.

 

Eso me dio una visión mucho más abierta de cómo se pueden hacer las cosas, como se puede trabajar de manera seria, porque al final esto es España, y en España todo parece otra cosa…


¿Y cómo llegaste a la anestesiología?


Hice medicina porque quería ser médico. Durante mi etapa estudiando BUP y COU por el tema de mi visión fui a un oftalmólogo, y por lo que me contó ese oftalmólogo, cuando entré en medicina yo decía ¡yo quiero estudiar oftalmología”,  solo por lo que me había contado ese hombre.

 

En cuarto hice la rotación de oftalmología me dije: “¡esto es un aburrimiento!”. Cambié a ¡Yo quiero ser ginecóloga! porque la ginecología era, además,  la mejor práctica, porque era donde se aprendía: hice un parto y ahí me flipé.

¿Qué pasó? Que en sexto de carrera cogí una asignatura que es cuidados paliativos, con Marcos Gómez, que además de ser el profesor, es el padre de los cuidados paliativos de España, y me enamoró lo que ví.

Cuidados paliativos, porque al final tratas con la muerte, pero una muerte de confort, confort digno, de humanización.

Pregunté, ¿y este hombre, qué especialidad es? Y me dijeron “este hombre es  anestesista”.  Yo había hecho las prácticas de anestesia en cuarto o en quinto, y además era de estas optativas que si no las elegías, no las hacías, que recordaba que era como intubar y bueno, pues nada, una semana allí que prácticamente no te hacían caso, como en todas las asignaturas de la facultad, menos Ginecología, y Pediatría en que también la profesora se implicó bastante, pero por lo demás no me llamó la atención.


Fue este hombre el que me hizo pensar ¡oye, que está la anestesiología por ahí! 


Al hacer el examen MIR tenía que elegir la plaza, y justo delante de mí se elige la última plaza de ginecología en Las Palmas. No tenía el concepto de ir fuera a estudiar y, además, era un sobrecoste para mis padres, y a la vez decía, si estoy fuera al haber tantos residentes, posiblemente mi formación será de menos calidad, cuando tú tienes muchos, y poco a repartir menos te toca. La ventaja de estar aquí era estar con mi familia. Además, por aquel entonces mi padre no lo estaba pasando muy bien, y estaría en un hospital pequeño que tenía de todo. Así pues, cuando me dicen que ya no quedaba plaza de Ginecología, pregunté por Anestesiología, y me dicen que sí, que quedaban 2 plazas (la única formación que había antes aquí era en el Negrín y eran 3 plazas). Escogí la segunda plaza.

Sinceramente cogí anestesia por lo de paliativos, pero no tenía ni idea de lo que era lo que iba a hacer.


Lo que sí tenía claro era que si cogía anestesia sabía que mi visión iba a ser súper amplia.



 



3.- Aclimatación


No me gustaba ir al Hospital Materno Infantil, Yo decía “los niños en el hospital no me gustan”. ¡Los niños tienen que estar en los parques jugando!. ¡En el Hospital me daban una pena!,  ...y temía ir al Materno, “no me gusta nada”, “lo voy a pasar fatal…”. 

¡Nada que ver con lo que me había imaginado! ¡Una lección de vida que te dan los niños! 

Me enamoré y fue ahí cuando decidí ¡quiero ser anestesista pediátrica! y volver otra vez a retornar mi parte de por qué me gustaba la ginecología, ¡estaba desde el otro lado haciendo ginecología!.

  

Aprendí con unos profesionales que me enseñaron lo que no está en los libros, matronas, sobre todo. Unas matronas que me enseñaron la importancia de la vida y la muerte, cómo se puede vivir en el mismo sitio con una una mujer y una familia, y que cada mujer tiene su historia detrás. 

Eso lo descubrí con ellas.

Eso la facultad no te lo enseña.

  

De hecho, hay una asignatura pendiente que se daba y que era cómo dar malas noticias. No nos enseñan a dar malas noticias.

Muchas veces tienes que decirle a otra persona una mala noticia que no quiere escuchar, ¿cómo enfrentarte a eso?

  

Y no sé, a mí me encantó.



El doctor Bonilla, del hospital Negrín, que sabía lo que no está escrito,  te decía, ¡pincha aquí!, y tú metías la aguja y el músculo hacía “plin”.

  

Después, cuando ibas al libro, leías, “pues el pulso de la arteria femoral 2 cm por debajo...”, ¡ahhh!. 

Ahora con la ecografía, tú lo ves, pero antes no, era anatomía pura, por eso me gusta anestesiología, porque es fisiología, farmacología y anatomía, las bases de la medicina.

Era un hombre de visión de rayos X .

    

Nosotras aprendimos con ese señor. Justo eso fue la ventaja de estudiar aquí. Teníamos todas las especialidades y éramos 3, teníamos todo todo para nosotros.


Cuando tú ves que hay gente brillante, tú dices, podemos mejorar y buscar la excelencia.

 

Yo no puedo cambiar a los demás, pero a mí sí y en ese aspecto intento buscar la excelencia de mejorar cada día.


He ido conociendo durante este trayecto de mi vida un montón de gente. La medicina me ha dado pie a conocer al ser humano por dentro, la fisiología, cómo funcionamos, a veces era esa inquietud que siempre tenía de "y esto por qué", "y aquello por qué", pero también el ir más allá, es decir, los límites, Sí, es una vocación, pero se piensa que, simplemente por el hecho de que seas médico, tienes que tener un determinado perfil. Antes es posible, porque era igual que los profesores y los maestros: eran los respetables, el cura, el  maestro y el médico eran la referencia.

  

Lo digo por el descubrir que hasta el ser más más rudo, más cruel, ante la enfermedad es igual que los demás, y que ¡podemos hacer tanto con tan poco!; Ya no se trata de tienes esto, te pongo esto, es simplemente el hablar con el paciente, con la persona, porque sí es verdad que es un paciente, pero el hablar, el tocar, el comprender a la otra persona muchas veces vale más.


En medicina se dice que con la historia clínica sacas más del 80% de información de lo que le pasa al paciente. Pero es que hablando con el paciente, a lo mejor el 80% de su enfermedad se la puedes curar. Eso no está escrito, pero bueno.


Una de las cosas que te atraen de la medicina es llegar a conocer la persona por dentro.  






¿En qué consiste eso de humanizar la sanidad?


Es volver a los orígenes de mejorar el cuerpo o mejorar la enfermedad.

  

Más que nada porque todo se basa en economía y todo el mundo gira en torno a la economía, si hay algo que no es productivo económicamente, o no interesa, no se hace..

  

La medicina la conocí ya como una medicina paternalista en la que el médico era la eminencia. He vivido el caso de estar tratando a los pacientes, estar en la misma consulta con el residente estudiante, y los pacientes dirigirse a él en lugar de a ti porque le dan más importancia al hombre que a la mujer.

  

Por tanto, lo de humanizar es volver al cuidado del ser humano, más allá del hecho de que me interese o no porque tengo una ganancia económica.

  

Debo hacer este proceso yo como médico, que, bueno, cada uno tendrá sus motores en la vida, y que también es verdad que los médicos también tenemos que vivir, pero eso de hacerlo por dinero no, yo no soy así. Hago el trabajo que me gusta y me pagan por ello, pero no prevarico. Tampoco por el hecho de recibir unos honorarios por mi trabajo quiere decir que tenga que aceptar o “tragar” con todo. Hay cosas que, por ética o moral, no voy a hacer, por mucho que me paguen.


Eso puede llevar a que un paciente al final sea un mero número, un mero componente de un ratio en una estructura estadística que sea más vital. Y lo que no sabe ese paciente es que tú, como médico, también eres un mero ratio y número dentro del complejo del hospital.

Al final eres un número, el paciente se ve así, y yo también.

   

Esa “deshumanización” es por la presión asistencial.

Ejemplo, y es real: A nosotros nos marcan “pues hoy haces la consulta de 20 pacientes”. Y la haces. Y mañana te meten 21.

Te hacen acelerar. Y la percepción del paciente no es otra que “es que no me miró a la cara”.

No puedo.

  

Eso lo viven muchos compañeros míos en atención primaria, y en otras especialidades, con dos minutos por paciente.

¡Dos minutos! y como lamentablemente te toque el pobre que tarda dos minutos en sentarse en la silla, te dices, ¡ya la hemos liado!.



4.- Evaluación


Te pongo tres premisas:  

Saber lo que hay que hacer, ganas de hacerlo, y hacerlo.

En base a ello, ¿Cómo crees tú que hoy por hoy se concibe la sanidad o en qué punto está? ¿Están todos al mismo nivel, o hay uno que está más alto, otros más bajos?


Sobre lo que hay que hacer es algo que tienes que saber tú, y en cada momento. Otra cosa es que te dejen hacer, o que puedas hacer porque ya no depende de ti, depende de un trabajo en equipo, el que sea.

  

Sobre Ganas de hacerlo, siempre hay ganas de hacer cosas. O por lo menos depende también de la actitud que tú tengas, que la actitud tuya ante la vida es la misma que ante el trabajo. Hay gente que tiene una actitud más pasiva y dice, “¡ay, yo vengo aquí a cumplir y ya está!”, o  “yo no quiero problemas”, o “yo quiero mejorar”, y vienen más motivados.

  

Pero lamentablemente mucho de esa motivación es por cuestión propia y tiempo propio que la persona gasta de su tiempo personal y familiar para dedicarlo a eso, no es que te den ese tiempo.

  

Extrapólalo a una visión más general: la investigación en España.

   

¿Es ridícula? Pues eso extrapolado a dentro del hospital. No te facilitan el que tú investigues o que hagas un estudio, porque es a costa de tu tiempo personal, no de tu tiempo profesional. 

Cuando ves cómo se rigen en otros sitios…

En Inglaterra los profesionales sanitarios tienen un rango por experiencia. Cuanto más rango por experiencia  puedes llegar hasta la figura del Consulting: el consulting está en su casa y si hay algún problema le llaman por teléfono, ¡oye mira que tengo este caso…! y el consulting orienta o dice qué hacer.

  

Pero esas personas, desde el más pequeño al más grande obligatoriamente, 30 días al año (o X días) lo tienen dedicado para estudios y formación. Están obligados a hacer ese tiempo. Te quitan tu carga asistencial para que vayas a formarte, eso forma parte de un estándar de calidad.

 

Qué decir de los enfermeros y enfermeras españolas en el servicio británico de salud, o en europeo. Son tan apreciados porque tienen muchísimas habilidades, saben sondar, coger vías… Ellos están protocolizados, es decir, tú no puedes sondar a un paciente si previamente no has pasado el curso de sondaje. Es decir, es una manera de acreditar que una persona está apta para realizar un determinado trabajo.



  



Si a ti a tu consulta te llegara un paciente que se llama Servicio Canario de Salud, con lo que sabes…, ¿qué le diagnosticarías?

  

Politiquitis

  

¿Es crónico?


Por lo que conozco puede ser agudo, pero yo creo que viene de más atrás.

 

Entonces ¿tiene remedio?. 


Creo que está en una situación crítica. No necesita paliativos, porque paliativo es lo precedente a la muerte… pero puede ser…, ya no solo el Servicio Canario de Salud sino el servicio español de salud. Somos un país con 17 comunidades en las que hay 17 proyectos de salud diferentes, en las que en unos sitios se hacen unas cosas, en otros no son válidos, es decir, no hay una uniformidad y si en tal sitio hay un programa y funciona súper bien, ¿por qué no lo llevamos todos? ¡Porque es que al final se trata de crecer!.

  

Siempre se ha dicho que el Sistema Nacional de salud español era un ejemplo a seguir, pero claro, a costa de los profesionales que trabajan en ellos, se sustenta fundamentalmente porque los sueldos de los profesionales están por debajo de otros países. Hasta tal punto que los que viven de manera fronteriza prefieren, viviendo en España, cruzar fronteras y trabajar en Portugal, por ejemplo.

  

El sistema funciona, entre otras cosas, a costa de lo que se está ahorrando del pago de los profesionales, y no contratar a los profesionales. El problema de España, igual que en medicina y en la investigación es que tú formas a alguien y esa persona se va. Emigra porque encuentra otras condiciones mejor fuera que dentro de su país.

  

  

Lo primero que haría falta hacerle al servicio canario de salud.

   

Bueno, hacer un análisis sincero.

El Gobierno tiene sus ministros, los ministros tienen sus asesores, los asesores tienen sus asesores, los asesores tienen más asesores y luego al final el que realiza el trabajo, es el funcionario o trabajador de turno. Lo que vive cada día el que trabaja no tiene nada que ver con los que, en un puesto más arriba se imaginan ese trabajo. La verdad se pierde y se desvirtúa.

 

Hacer un análisis interno de, vale, cuántos somos, qué hace quién, monitorizar y a decir realmente cuántos necesitamos, quiénes son los necesarios aquí.

    

Hablo por mí: yo podré mejorar mi parcela, proporcionar al paciente que me asignen cada día lo mejor de mí, con el mejor conocimiento que yo tengo, para que lleguen al mejor de los cuidados.

No hay que cambiar todo el organismo, porque si no se viene abajo, pero sí cada uno de manera particular hace ese análisis de oye, pues, ¿si puedo dar el 100 por 100 de mí ¡por qué estoy dando 50%.? La desmotivación del profesional deriva de la no valoración por su trabajo. No valoración por los organismos gestores, pero tampoco por el usuario / paciente / familia. Te ves haciendo horas miles de trabajo (en guardias de 24 horas, festivos, fines de semana….) para cubrir un servicio…, pero nadie se preocupa por tí. Al final el profesional responsable solo se preocupa de sus pacientes sin parar a pensar cuáles son sus necesidades. Te acostumbras a normalizar algo que puede estar mejor. Tiras pa’lante.

  

Que estoy mal pagado o que tal si, pero la motivación de que la otra persona reciba lo mejor, los cuidados…, y también al recíproco, es decir, que la otra persona diga, confío en este profesional, porque, lamentablemente, es verdad que tú le puedes decir a un paciente, “mire, le recomiendo que haga esto”, pero tú como paciente no puedes decirnos que quiero que me cuiden cuando eres el primero que está fumando o que estás tomando drogas, etc, es decir, poniéndote tú mismo el problema.





5.- Pensamientos de fogata

Dime tres Valores que hacen que Lourdes sea lo que es.

  

El ponerte en lugar del otro, 

  

Empatía, sinceridad y respeto, sobre todo por los mayores.

Las personas que tienen 70 u 80 años parece que molestan y no, en muchas culturas el mayor es el más respetado por su experiencia, por sus conocimientos, su sabiduría. En Occidente eso está perdido.

 

Parece que lo que prima ahora es el número de youtubers, de visitas, y cuantas más visitas eres más bueno.

  

 

  

Si te digo la palabra niño que te viene a la cabeza.

  

Profesión.  

El hospital.

  

Porque tengo esa visión, de que ahora lo veo más dentro del hospital y más con el confinamiento del Covid, porque no podía estar en los parques.

  

CHUIMI

 

Trabajo y estrés.


¿Qué es lo que le da entonces energía a Lourdes para ese trabajo y estrés?

  

Pues la satisfacción personal de poder ayudar a la gente.

  

Esa es la energía, yo por lo menos hago lo que me gusta, y sé que aunque sea estresante y duro pero es el trabajo que he elegido. No deja de ser la búsqueda de conseguir ayudar a alguien.

  

 

  

Y ese trabajo que has elegido ¿A qué precio?

¿Cuál es el precio que crees has pagado por el trabajo que estás haciendo?

 

¡Uf!.

  

No le pondría precio porque cuantificación económica puede ser por los libros, por el tiempo, con todo el tiempo que has empleado. Pero me ha dado pie a hacer lo que he querido cuando he querido, aunque al mismo tiempo no me ha dejado hacer cosas que he querido, por la obligación de estar con guardias, etc. 

  

Pero si tomas la actitud positiva y dices, mira que estoy haciendo lo que me gusta. Lo podría hacer de 8 a 3, como los funcionarios pero hay una obligación, es decir, tiene unos derechos, pero también una obligación y destrezas, obligaciones, Guardia que se puede llevar otra manera, pero es una cuestión de cambio institucional, y volvemos otra vez al planteamiento de cómo funciona el Sistema Nacional de salud.

 

¿Cuál es el principio activo de Lourdes?


Energía.

Energía para hacer cosas, soñar que las cosas pueden hacerse, lo sueño y lo llevo a cabo…, ahora, el día que no tengo energía, soy como un felpudo.

 

Esa energía se toma como cápsula, inyectable intravenoso, muscular...


No.., ganas de vivir y de aprovechar la vida.

  

¿Qué es lo que te da ganas de vivir? 


Pues eso, el aprovechar el tiempo, el decir solo tengo esta vida y la quiero aprovechar.

  

Dime algo que has hecho y que volverías a hacer una y otra vez.


Viajar.

  

Un destino.


Cualquiera, Japón.

  

Uno al que no te planteas ir.



A sitios de guerra.

Ya veo mucha miseria en el día a día como para ir motu proprio, ir a ver esa cara B del ser humano

  

¿El ser humano tiene cara B?


A ver, me refiero a la cara B como una moneda y después está que tendrá sus motivos, sus intereses, económicos, religiosos, etc. que lo lleva a ser la peor parte del ser humano, porque si lo ponemos como en una vara de medir de cero a 100, 50 es A y 50 es B.

 

¿Qué te da el viajar?


El aprendizaje de otras culturas, de cómo otros seres humanos han salido adelante desde otra perspectiva de vida, de otra visión de la vida de que hasta puedes comer otras cosas.

Que no es lo que tú tienes, es como abrir una ventana a decir que hay miles de mundos, no es mi realidad, no es la que veo todos los días en mi casa o cuando voy al trabajo o en la isla. Hay muchos mundos, y te hace ser quizás más humilde en el sentido de valorar que has nacido en un buen sitio y que hay gente que no ha tenido esos privilegios, hablando incluso un poco del sacrificio de mis padres y demás.


Hay gente que está súper desconectada ha perdido muchos valores o se creen con más derechos que otros, porque no conocen otro mundo.

Y cuando viajo a esos sitios, vuelvo a las raíces de los valores del ser humano, de no necesito tantas cosas materiales para ser feliz, no necesito beberme un Moet Chandon para decir soy feliz.

Disfrutas con las experiencias que vives porque cuando viajas te subes a una montaña rusa de emociones, de ver la vida con otros ojos, de conocer que otras formas de vivir, de pensar o de resolver las cuestiones de la vida, son posibles.  Abrir tu mente a otras posibilidades. Te subes en un teleférico, haces cosas en una avioneta, es decir, ves y haces cosas que no las haces aquí, pero con el objetivo de conocer en profundidad el lugar que visitas.

Es la manera de vivir intensamente, de explorar esos sitios.

  

Te voy a decir una serie de palabras a las que tienes que recetarle algo, pero no puede ser medicina pura, no puede ser medicamento. Tiene que ser algo más.

  

Depresión.


Ir al circo.

 

Desmotivación.


Rodearte de tus mejores amigos, de la gente que realmente te quiere.

Y que digan lo mejor de ti. Que te describan.

 

Dolor de cabeza


Un paseo por la naturaleza, abrazar un árbol.

  

 

Cansado


Dormirte en la playa.

Y sentir el calor de la arena en tus pies.

  

Pasotismo.


Ir a un asilo a ver a los ancianos.

  

Egoísmo.


Darte una vuelta por el tercer mundo.

Vete a La India o Mozambique.

  

Conformismo.


Ir a la planta de oncología  infantil y ver a los niños cómo luchan. Con los sueros puestos y salen al parque a jugar, pero están dentro del hospital.

Y siguen luchando frente a la adversidad, no se conforman con su diagnóstico, sino que siguen adelante.

  

¿Entienden esos niños el diagnóstico que tienen?


Muchas veces no.  

Los padres son muy protectores, entonces no les dicen la verdad, pero los niños son listos y al menos ellos sí saben lo que sienten. Y lo que tiene un niño es que siempre te dice la verdad.

Y cuando le duele, le duele.

No dicen, creo que me duele. O creo que me va a doler.  

Porque tú lo ves. Es que no hace falta a veces ni que te lo digan.


 



  

Posiblemente tendrás muchos, pero escoge un aprendizaje que ha hecho Lourdes desde que tiene uso de razón.

  

El subir al Klimanjaro  

El aprendizaje de esfuerzo personal de tengo que llegar ahí y eres tú la única que puede llegar. Es tu esfuerzo físico, tu esfuerzo mental. Es una cosa que tú no te has preparado.

Y es después la satisfacción personal del esfuerzo que has hecho, y lo que ves. Porque Klimanjaro es el techo de África, ver el amanecer de África.. era como decir, ¿en serio que estoy aquí?.

Era como una cosa que yo me planteaba como ¡venga, una cosa que vamos a hacer todos juntos!, todos en la ignorancia total de lo que iba a pasar.

  

O sea que es un logro que yo no lo vi como un reto, no fue premeditado

Pero bueno, ahí está: un 6.000.


Puede ser cualquier otra cosa que he hecho, el aprender a bucear y poder bucear cuando no lo esperaba, o el haber conseguido simplemente la licenciatura, con las becas.


El aprendizaje en todos esos logros es que para conseguir algo, hay que ponerse a ello. A veces puede costar más esfuerzo, más tiempo, pero la constancia y perseverancia en tu intento, te dará más opciones de conseguirlo que si te quedas esperando de brazos cruzados. Hay gente que tiene más suerte en la vida (suerte, “padrino” o … estar en el lugar y momento concreto) y lo consigue fácilmente. En mi caso, no puedo decir lo mismo. Todo lo que he conseguido ha sido producto de mi esfuerzo, tiempo y sacrificio. Nadie me ha regalado nada. Así que por ello sé el valor de las cosas, de lo que vale, por ejemplo, mi carrera y el puesto que ocupo en estos momentos. De modo que con mi experiencia he podido ayudar a los demás para que consigan también sus sueños o cualquier otro proyecto en sus vidas. No me canso de aprender cosas nuevas.

  

  

¿Lo harías otra vez?

  

Sí, pero estaría más días. Para disfrutar más de la aclimatación.  

Bueno, no sé si lo haría otra vez, pero la experiencia fue brutal.

  

  

Dulce salado.


Salado

 

Noche o día.


Día.

  

Una estación del año.


La Primavera

  

El país, antes me dijiste Japón.


Si.  

  

Un color.


Azul

  

Blanco o negro.


Blanco.

    

Un deporte. 


Lo que sea acuático, algo relacionado con el agua.

Nadar, snorkel, buceo, vela, windsurf, surf, bodyboard.

El Mar.

  

Una comida.

  

Soy más de cuchara. Siempre me ha gustado la ensaladilla rusa, pero me quedo con el potaje de lentejas.

 

Un postre.


Helado.

  

 

Un sitio para sentarte.

Mi casa.

  

Algo que quieres hacer.


¡Me he apuntado a un curso de windsurf.!,   

Aprender a tocar un instrumento... ¡Son tantas cosas que todavía me quedan por hacer!

  

  

¿Qué es lo que estás dudando si haces o no haces?

  

Dudar sobre acoger a un niño.

Hace muchos años presenté los papeles para la adopción.

No sé por qué esos papeles se perdieron, que vino hasta el jefe del departamento a decirme “Automáticamente, mañana lo tramitamos”, y le dije ¡No!, por algún motivo esto no se ha hecho, así que dejémoslo como está.

Y he descubierto que existen otras opciones, la duda es que no estoy en mi mejor momento, entonces no puedo cuidar de otra persona cuando lo que tengo que hacer primero es cuidarme a mi.

 

 




¿Qué te falta entonces para saber que ya cuidas de ti?  


Pues tiempo.

Tiempo de paz, de volver otra vez a mi, a mi esencia, de intentar que no me afecte muchas cosas que veo.  

Yo no soy de esas personas que giran la cabeza a un lado cuando ve algo, una injusticia o algo que no le gusta, y tengo que buscar el equilibrio de aceptar que puede que otra persona haga las cosas de otra manera y que sea igual de válido, siempre y cuando no sufra otra tercera persona, no haya una víctima.

  

Entonces, ¿cómo sé yo que voy a estar bien? Si siempre soy positiva y ahora voy en una montaña rusa, supongo que cuando haya vomitado, vomitar algo para sentirme mejor.

Hay cosas de los últimos años de mi vida que he hecho,  que me han pasado factura, entonces tengo ciertas limitaciones ahora, que no por ello no dejo de hacer las cosas que me gustan.

Por ejemplo, no quiero que mi problema de visión vaya a más.

   

Una frase.


No hagas a otros lo que no te gustaría para ti.

  

Un Consejo.


Sé libre. 

-Chiquito Consejo- 

Haz lo que te dé la gana. Ser libre.

  

Ese “sé libre”, ¿Física, emocional o psíquica?

  

Mental, psíquica, emocional, de salud, todo lo que te limita.

Hacer lo que quieres, o pensar en lo que quieres o hacer pensar, eso es ser libre, mientras no hagas daño a nadie.

  

 

Algo que quieras decir.    


Últimamente me gusta más el silencio. Soy más de escuchar.

    

Pero bueno...algo que quiero decir…, Pues ¡aquí estoy!.

Para lo que quieran.

  

¿Aunque sea para usarte como felpudo?

  

No. Mi espacio vital debo salvaguardarlo, tengo que aprender a respetarlo, a poner límites, y que los demás los respeten, mínimamente como yo los respeto a ellos.

  

¿Crees que lo estás consiguiendo o que lo vas a conseguir?

  

Bueno, es cuestión de práctica, supongo. No estoy acostumbrada.

  

Pide un deseo.

  

Un deseo.

Salud.

  

Una ilusión.

El poder seguir disfrutando de la compañía de mis padres, mis seres queridos, que siempre estén bien. Cuanto más tiempo, mejor.

  

Un sueño. 

Dormir.

 

  

Tu siguiente aventura.


Mi siguiente aventura…, bueno, la del windsurf, ...el “proyecto”, … no sé.

  

Estoy precavida, por un lado, de dar pasitos poco a poco a ver qué es esto, investigando, pero, hay tantas posibilidades, tantas cosas que se pueden hacer, y tanta gente que se puede beneficiar.

  


¿Te consideras una tercera víctima del sistema sanitario?


Si.

Pero no soy la única.

Hay una teoría de neuronas reflejas, o neuronas espejo, y un estudio de un psicólogo americano en el que se establece que cuando tú estás acostumbrado a ver cosas muy impactantes, se te quedan grabados.

  

Por ejemplo, la normalidad de la enfermedad, con el sufrimiento del dolor, que vas chupando, y queda en tus poros. Este psicólogo investigó, y vió que los soldados americanos, cuando tenían que ejecutar a alguien y después volvían a su país había más trastornos mentales, o de ansiedad, o depresión, o somatización, en aquellos que habían visto la ejecución más que en los que la ejecutaron, porque el que ejecutó descargó físicamente, y el que lo vio, lo vio y lo integró.

  

Entiendo que en el sistema sanitario hay muchas terceras víctimas.   


Quizás es la expectativa y realidad, el equilibrio, la expectativa de es verdad que no somos dioses y que no todo depende de nosotros, pero de, así y todo, ¡vamos a curar este paciente!, a hacer todo lo posible, te matas horas…, y el paciente fallece.

  

Fallece, que no es poco, y, ahora, informa a la familia. Ves el impacto de la familia, y la historia que hay detrás, porque cuanto más conoces del paciente y a su familia, más te afecta.

  

Generalmente supongo que la gente que es menos empática lo sufre menos, pero los que sí lo son, no.

 

¿Crees que el paciente sabe que existe eso que se llama tercera víctima porque el personal sanitario puede sentirse la víctima?.

  

De hecho, el personal sanitario, muchas veces no sabe que existe, hay mucha gente que no sabe qué es  eso. 

Son algo reciente. Eso es puntero.

  

Pero Te hablo el sistema sanitario como te puedo hablar de cualquier trabajo, una cajera que está haciendo su trabajo y ve a lo mejor un robo o una violencia de alguien que roba un bolso o una agresión. Cuando tú ves, eso es ser una tercera víctima de cara al público.

 

Igual me equivoco. La opinión no genera ciencia, como decía Hipócrates.





En este punto de lo que fue esa tarde de charla, de conocimiento y de intercambio de experiencias, quizás faltaría un último capítulo…, pero con lo que hablamos creo que, con tu permiso Lourdes,  me puedo aventurar a adivinar cuál sería, y hago mi propia interpretación de su escueto contenido.



6.- La Cima

Bueno, eso…, eso está por llegar. De hecho no importa llegar. Porque no hay Cima. Solo hay andar.






--- o ---


Es cierto Lourdes, la opinión no genera final, ni siquiera principio, pero hay opiniones que pesan, y que valen como guías de lo que significa aprehender y no aprender, de lo que significa creer en lo que se hace, y frente a todos los obstáculos que se presentan seguir pensando que alguna salida tiene que haber, y debemos buscarla. Buscar no solo desde nuestro castillo personal, sino desde las vaguadas de nuestros vecinos, para poder entender donde estamos sin tapujos ni ornamentos. 

A eso se le llama humildad, y cuando alguien lo muestra en su trabajo, se hace diferente, lo ven diferente, porque destaca en valores y en principios que en los días que corren son lo raro.

Son opiniones que gracias a decirlas, quiero creer que puedan avivar algún resto de llama en aquellos que han empezado a rendirse a su propio camino.


Gracias por esas opiniones y por ese ejemplo. A todos los que al leer esas opiniones experimenten la resiliencia emocional, física y personal, Bienvenidos al mundo de los “raros”.




Mi querida Lourdes, no se si te has dado cuenta de que cada día subes una base más en el ascenso de tu Klimanjaro particular, ese que comenzó sin saber cómo desde la inocente respuesta de una niña de 7 años y que se ha ido transitando con algunos tropezones, con muchas vivencias y, sobre todo, con lo que te gusta, conocer gente (aunque algunas sea para no hacerles caso, eso también es aprender), y conocer más a ese ser humano que cada vez necesita mejores profesionales, con visión y con pasión, a su alrededor.

Tampoco se si te has dado cuenta de que te conoces un poco más, y que, como tú bien decías, no necesitas mucho para encontrarte bien contigo misma, más allá de que las cicatrices cierren al ritmo que necesiten dejando la impronta de la enseñanza que por abrirse generaron y por ir cerrándose fortalecieron.



No se si han sido las noches de guardia las que te inspiraron, o las sonrisas de los niños en sus juegos de inocente esperanza en cualquier atardecer playero, o, simplemente, el abandonarse a la espontaneidad del sentimiento, pero algunas de tus letras, esas que con tanto cariño,  no sé si también nostalgia, guardas, merecen ser compartidas como resumen vital de lo que una profesión que se ama puede llegar a ser, y de la paz que la intransigencia puede obligar a buscar, porque tus versos cuentan mucho más de lo que dicen, y hablan, sobre todo, de lo que se vive…




Estoy aquí, una vez más,

mirándote a ti infinito mar.

Dejando que tu brisa acaricie mi cara

y que de vez en cuando me des una bofetada.

Dejo mis cabellos bailar a tu son,

permíteme por un momento escuchar tu corazón.

Tú que me aíslas y me das la libertad,

hazme compañía en esta soledad.

Quiero que me hables, yo ya sé escuchar.

Te entregaré mi alma y tú a mi “toa” tu sal.

(Lourdes Hernández)




¡Ah!, se me olvidaba. En cualquier caso, y para todo mal…, ya sabes, ¡agüita salá!.




JSR - Septiembre/21







viernes, 8 de julio de 2022

F15 - B7: A MI PROMOCIÓN 2018-2022 DEL GRADO DE PSICOLOGÍA UFPC




Esta semana he tenido la oportunidad de volver a disfrutar de un acto de graduación universitario, una vez más como parte interesada: La Graduación de la Promoción 2018-2022 del grado de Psicología de la UFPC.

Y durante una de las primeras intervenciones me vino a la cabeza una reflexión sobre los cambios de rumbo.

Estoy seguro que a todos, cuando éramos niños y niñas de 3 o 4 años nos han preguntado aquello de ¿y tú qué quieres ser de mayor? 
Estoy seguro también que la respuesta era bastante rápida, sincera, sin titubear.

Cuando ya no somos tan niños y despuntamos la adolescencia, tampoco es extraño que, incluso con más frecuencia, nos pregunten aquello de: ¿y tú qué vas a estudiar? 
Algunos darán una respuesta clara y concisa, otros es posible que planteren opciones…, pero la gran mayoría hoy día, después de titubear un momento dirá aquello de ¡no se!. Y lo que es peor, es posible que terminen con ¡cualquier cosa!,

Posiblemente esa sea una de las preguntas más estúpidas que se pueda hacer a un niño, o a un adolescente, especialmente cuando nuestro fantástico modelo educativo prima los ratios ante la formación, prima la cantidad de conocimientos frente al razonamiento de ellos, prima los valores materiales frente a los de talento, superación y crecimiento.

Si les hago a ustedes esa misma pregunta ahora…, ¿cuántos tendrían una respuesta clara y segura?

Cuando somos niños respondemos con el impulso de la diversión, damos respuestas basadas en algo que nos llama la atención porque pensamos que nos vamos a divertir con ello.
Cuando somos más mayores, entran en juego tus valores, tu entorno y un montón de condicionantes, muchos de ellos ajenos a nosotros mismos, a la hora de responder, y si no los tienes anclados, o se han alimentado durante los años de formación precedentes, seguramente no hay criterio para decidir, ya no de una forma certera, sino ni siquiera aproximada.

Que curioso… ¡dejamos de tener en cuenta la diversión con lo que hagamos…!

No se cuántos de los que se graduaron en ese acto han mantenido sus convicciones desde que eran niños y niñas, y cuántos las han ido conformando a medida que han crecido. Lo que si sé, es que hay un grupo de personas que de una forma u otra han conseguido lo que querían, ¡y de qué manera!

He sido testigo directo e indirecto de cómo en los últimos cuatro años, después de haber tomado una decisión importante sobre qué camino escoger, han ido buscando, desgranando, tropezando y, lo más importante, descubriendo, las riquezas que la carrera que habían escogido les iba brindando, el alcance de lo que encerraba esa formación más allá de las expectativas que sobre ella tenían.

Y lo han hecho en una disciplina que es muy difícil de medir, porque trabajan con situaciones, percepciones, sentimientos, sensaciones…, personas, y tienen que saber interpretar, leer y entender más allá de los que símplemente están escuchando, más allá de la palabra, involucrando los gestos, las expresiones, las reacciones, dándole importancia al contexto en lugar de a la individualidad…, y muchas más cosas que aunque los libros intenten transmitirlos, solo el empeño, la perseverancia y los buenos docentes conseguirán que alcancen y los hagan suyos.

Como dijo uno de los ponentes, con gran acierto y desparpajo, “hay profesores que les quieren…, y también hay otros profesores”.


Han sido cuatro años de muchos cambios, con una pandemia que quiso tumbarlos pero no pudo, con momentos de querer parar el tiempo, sin poderlo, de cabreos sordos y gritos de ansiedad, esa misma que estaban estudiando cómo identificar, entender y compensar.
Cuatro años en los que superaron el nivel alto que ya traían como personas, lo cual es indicio de que el entorno inmediato les arropaba y les incitaba a ser mejores seres humanos.

Pero desde mi humilde opinión, el cuarto curso para ustedes ha sido un antes y un después. Casi que diría que un renacer en su forma de entender la psicología, las personas…, y a ustedes mismos.

Ahora les toca a ustedes actuar. Dejar de lado ese vértigo que posiblemente todavía no les termine dejar de verse como profesionales de la psicología y adentrarse en la vocación de ayudar, a crecer y a ser,

Desde la fila 15, butaca 7 del Auditorio Alfredo Kraus, con la emoción que supone ver a una parte muy importante de mi ser como una de las protagonistas del acto, he experimentado por segunda vez en mi vida algo maravilloso: el verles subir por un lado del escenario como alumnos de psicología, y verles bajar por el otro lado como compañeros de profesión de aquellos que les han formado y les han entregado sus acreditaciones. Un solo segundo de diferencia, las mismas personas, pero un horizonte infinito que se abre. Como les dijo su padrino…, “desde ahora colegas de profesión”.

Esa es la grandeza de la enseñanza, de la formación bien asimilada, de los valores bien transmitidos y de las buenas personas que transmiten su pasión por lo que hacen. Pasión y valor.

Oirles decir al unísono, de forma conjunta como si fueran una única voz, clara y firme, enérgica y contundente, ante un auditorio en silencio, su Juramento de Psicología, es una prueba de que pisan fuerte y seguirán pisando fuerte.




¿Saben quien dijo aquello de: “Ahora, piensa en las cosas más felices. ¡Es lo mismo que tener alas!.. ? Yo creo que si, pero si no…, al final lo podrán deducir.

Porque de eso va lo que tienen por delante, de pensar en cosas felices, es decir, de tener alas para ser las mejores “cabras” (gracias por el ejemplo Peter) que se les pueda ocurrir, porque los patrones están para seguirlos, pero también para experimentarlos, para probar desde el conocimiento que ya han adquirido.
  • Ahora les toca a ustedes poner su granito de arena en la mejora de las condiciones de las personas que se les acerquen:
  • Tratar a los demás como si fueran ustedes mismos
  • Hacerlo desde el corazón, sin olvidarse de su cerebro
  • Actuar como profesional, también es anteponer el bienestar de la persona al beneficio material.
  • Saber escuchar, no para responder, sino para entender y después poder acompañar
  • Entender el mapa de cada uno sin confundirlo con el territorio que transita.
  • Ser profesionales desde la integración y la diversidad, dejando a un lado luchas banales e interesadas.
  • No caer en la monotonía, ser capaces de parar y reconstruir si hace falta las bases del conocimiento y del punto de evolución personal de cada uno.
  • Buscar siempre el perfeccionamiento, pero no a costa de cualquier precio, y menos del rigor en la actuación.
  • No caer en la competencia inconsciente como valor seguro de progreso, sino cuestionarla constantemente.
Pero sobre todo, no se olviden de divertirse, de ser felices en lo que hagan. De crecer y ayudar a crecer.

No se trata de conseguir objetivos, sino de cómo construir el camino que les lleve a ello.

No se trata de trabajar como psícólogos, se trata de SER psicólogos, en su día a día, y disfrutando de lo que hacen, aunque a veces la recompensa no sea la adecuada y aunque a veces sombras disfrazadas de impotencia amenacen vuestro entorno o ambigo de influencia..
Se trata de no olvidar el niño interior que tenemos, ese que piensa en hacer lo que le divierte mientras busca el crecimiento de esa identidad que se ha ido formando y construyendo, y que les ayudará a conseguir lo que se propongan.

Indudablemente han crecido como personas, y han crecido como buenos psicólogos.


Es justo dar las gracias a todos los que han puesto su granito de arena para que ello sea así, a la Universidad que les ha servido como incubadora de crecimiento y conocimiento, a los profesores que han actuado como disparadores de la curiosidad y la superación, a cada uno de los grupos que han hecho piña entre si, y entre todos para hacer el camino más llevadero
y a todos aquellos que de una forma u otra les han apoyado en cualquier momento que lo hayan necesitado.

Pero, sin desmerecer a nadie, permítanme hacer una mención especial a alguien que creo tiene bastante culpa (bendita culpa) de que ustedes en el último año crean más en sí mismos, en la carrera que han escogido, y en las personas. 

Alguien que les ha inculcado la naturalidad de las cosas, la efectividad de la espontaneidad, la riqueza del compartir, el valor de jugar y la fuerza del creer, en definitiva alguien apasionado de lo que hace, que les ha inspirado y que ha conseguido transmitirles a ustedes su pasión.. 

Alguien que hace del juego un motor de aprendizaje, y de la observación un arte. Alguien que hace poco se ha tatuado en su brazo un corazón con vetas de cerebro, y en medio la palabra “Docencia”. 

Gracias Peter por ser como eres, por dejarte conocer tal como eres, por creer como crees en lo que haces, por transmitir la pasión por lo que haces y por contagiarla (eso no se aprende en ningún libro).

Como padre ha sido una suerte inmensa que hayas transitado con ellos este camino, y nuestra gratitud por ello será eterna. Estoy seguro que gracias a tí y a tus ahijados y ahijadas el ser humano tiene desde ahora muchas más posibilidades y opciones para mejorar, para contribuir a que este mundo sea mejor, porque hay unos cuántos corazones ansiosos de juego ahí fuera que lo van a conseguir. Todos se llevan un trocito de tu ADN y harán muy buen uso de él.

Solo puedo decir ¡Gracias! Es una palabra cortita…, pero con mucha fuerza cuando se dice con corazón.

Y a todos ustedes, desde ya profesionales de la psicología, crean en lo que hacen, amen lo que hacen, confíen en lo que son, no tengan miedo a equivocarse, también es una fuente de aprendizaje, pero sobre todo, diviértanse. Nadie dice que sea fácil, pero sí que lo pueden hacer divertido.

¡Ah!, y si en algún momento dudan o no tienen seguridad en algo, recuerden que hay un sitio al que siempre podrán volver para recargarse de lo que necesiten.

¿Saben dónde es? Si, si.. ahí mismo…, "segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer".

Vuelen hacia el país de “siempre hay una oportunidad”. No para estar perdidos, sino para crecer con la Humanidad.



¡Feliz vida y a brillar, mis Estrellas!



JSR - Julio/2022















jueves, 10 de septiembre de 2020

KAIROS




Érase una vez un niño de 9 años al que sus padres le regalaron una cámara fotográfica Kodak instamatic 25, cuyos rollos de 12 disparos eran un tesoro que había que administrar con fervor.

Más bien pronto que tarde empezó a preguntarse el cómo de las cosas, primero cómo era posible que de algo tan raro podían hacerse copias de momentos que había vivido y que al verlas podía recordar, y, después, sobre qué es lo que se veía en las fotos que tomaba, incluso aquellas en las que la visión había resultado “borrosa”.

El problema de ser un chiquillo con curiosidad es que a medida que iba descubriendo y dando respuestas a unas cosas (y no todo lo rápido que le hubiera gustado), se le multiplicaban las posibilidades de investigar otras.

Esa curiosidad y afán de dar respuesta a preguntas le llevó, taitantos años después, a seguir buscándole explicación a lo que él entendía por el lenguaje fotográfico, por hablar con la fotografía.

Y en esas estaba cuando, una tarde, deambulando por la calle, se encontró en el suelo un folleto que llamó su atención.

Se agachó, lo recogió y vio que era un programa de una exposición de fotografía que decía:

—- o —-

Exposición KAIROS

En la Sala Virtual de Exposiciones.

“En ti mismo está la FUERZA para salir fuera, MÁS ALLÁ de tus sombras, dejando que una LUZ FRESCA te embriague e inunde, y te anime con un ¡ATRÉVETE! a dejarte llevar por tu propio SOUL hacia tu lado BURLESQUE, ese que te permita ir ADELANTE y recorrer EL CAMINO, sea el que sea.

La SABIDURÍA y la experiencia te permitirán sortear los OBSTÁCULOS y encontrar el EQUILIBRIO con el que te dirás ¡EH!, ¡no es tan difícil!, puedo crear mis propias ESTRUCTURAS y serán perfectamente válidas en todos los RINCONES, y sin importar la fachada”.

—- o —-

El título de la exposición, “KAIROS”, ya de por sí llamó poderosamente su atención.

Los Griegos se referían al tiempo con dos expresiones, Cronos y Kairos. Cronos es el tiempo secuencial, cronológico, el lado cuantitativo del tiempo, mientras que Kairos es ese momento indeterminado donde suceden las cosas especiales, el lado cualitativo del tiempo, el momento de la inspiración, el momento en que sientes, en que intuyes que tienes que hacer algo porque, si no, el momento se desvanece, es el conectar lo que puedes hacer con lo que a tu alrededor acontece.

Con tal tarjeta de presentación, tenía que asistir.

Accedió a la sala y después de visualizar cada una de las fotografías que se exponían, preguntó por el autor para saludarle y conocer un poco más sobre sus creaciones.

Al momento una voz le saluda, “Hola, soy Adan, ¿me buscabas?”; y la palabra Kairos volvió a tomar sentido. Un hombrecillo, corriente pero afable, le tendía su mano, la cual le estrechó con la sensación de que podría ser cualquier otro que el efecto hubiera sido de la misma sorpresa.

Entablaron una conversación suave, sin prisas. Hablaron de fotografía, de miradas, de sentimientos, de espacio, de provocación, de latencia, de relatos, de evocación, de solidaridad, de tristeza, de resiliencia, de orden, de errores, de vidas truncadas, de esperanzas encontradas,  de terapia, de responsabilidad, de humanidad, de arte..., y sobre todo, de personas.

Personas que según él, en una tarde del mes de Junio de 2020, tres meses atrás, se sumaron a una aventura de investigar sobre la cara oculta de la fotografía, o más que oculta, la que no todos ven de la misma forma, acompañados de otras 6 personas que compartían la misma locura, pero que ya llevaban tiempo experimentándola.

Tres meses en los que el Kairos tomó asiento a su lado en cada sesión o reunión, y donde, gracias a la riqueza humana de todos, consiguieron caminar sin miedo, con sana curiosidad, y con mucho respeto, por las veredas de lo hasta entonces desconocido o erróneamente interpretado.

Personas a las que, al igual que la curiosidad satisfecha de aquel niño de 9 años, se le abrían delante de sus caminos infinidad de posibilidades de decidir cómo usar lo que ya sabían y ahora entendían, para su propia riqueza personal y espiritual, para ver y para ser vistos.

Y fue en este momento cuando la cara A y la cara B de este relato se unieron, dando sentido a lo que decía Anáis Nin de que “No vemos las cosas tal cual son, sino tal cual somos”, o dicho de otra forma por John Berger, “Lo visible no existe en ninguna parte. No es más que un conjunto de imágenes que el ojo crea al mirar”.

Han sido tres meses en que todo lo que ha pasado pasa a formar parte y a buen recaudo de la vitrina de mis recuerdos recurrentes, esa misma vitrina a la que regreso de vez en cuando para cargarme de su energía porque guardan momentos y personas que nunca se olvidan, vitrinas en las que, como ya en alguna ocasión he escrito, están guardados, entre otros,

- Un capítulo especial para mi Madre
- Un capítulo especial para mi Padre
- Mi primer día de colegio
- El día que descubrí el maravilloso mundo de la naturaleza sumergida
- La cara de mis padres cuando les dijimos “van a ser abuelos”
- El nacimiento de mis dos hijas
- ...

y a partir de ahora, tres meses de aprendizaje junto con 14 personas inolvidables ya tienen su hueco reservado.

Durante ese tiempo he estado en un Kairos continuo gracias a ustedes, de la mano de la fotografía y de la mano de la humanidad que todos desbordan.

Y, mira por donde, me llevo el Gran Aprendizaje hecho con ustedes: Quería traducir palabras a imágenes, y he descubierto que lo verdaderamente bonito es dejar que las imágenes hablen, por mi, por ti, y por los demás.

Este relato no es más que un mini proyecto que ha salido de esta vivencia. Un mini proyecto en el que la imagen es su origen y destino, y en el que a modo de Exposición Fotográfica, muestro mi visión de esas personas que me han acompañado, que me han enseñado, que me han arropado, y lo que es más bonito, he dejado que el título y la narrativa de dicha exposición a modo de folleto de presentación,  saliera de las fotografías expuestas (ese es el poder de las narrativas).



Permití dejarme llevar, y que la proyección que sentía de cada uno de ustedes me viniera de vuelta como reflejo de las sensaciones que me provocaban, para con ellas seleccionar una imagen que me generara inequívocamente ese punctum que hiciera enraizar esas sensaciones, esos sentimientos. Y la magia de las imágenes se hizo valer de nuevo, mostrándome una historia sin necesidad de forzar orden o contenido.

Soy consciente de que lo que esas imágenes dicen es multicultural, y que tendrá un significado según sea cada uno que las mire, pero son imágenes y ese es, precisamente, su mayor valor: que a todos les hablará.

Hay una fotografía representando a cada uno, sin más pretensión que intentar mostrar lo que ustedes me inspiran y que cada vez que las mire me traigan a mis ojos, a mi olfato, a mi alma, lo que con cada uno he vivido en estos días, dándole sentido a eso que llamamos realidad, la de cada uno..., y la mía.

De estos tres meses me llevo muchas cosas, pero de entre todas ellas, 

- El coraje disimulado de Renata
- La duda motivadora de Nuria
- La sonrisa eterna de Catarina
- El valor emergente de Eli
- La mutación convincente de Raul
- El desenfado irreverente de Carol
- La paz emergente de Sergio
- La valentía carismática de Adrian
- La adaptación enérgica de Agus
- La serenidad cómplice de María
- La visión reflexiva de Elena
- Las seguridad moldeable de Mireia
- La aventura espontánea de Jorge
- La templanza socarrona de David

Gracias Renata por enseñarnos tu coraje y compromiso especialmente contigo misma, gracias Nuria por mostrarnos que una sonrisa encierra mucho poder y hace maravillas, gracias Catarina por iluminarnos las tardes con tu alegría espontánea y perenne, gracias Eli por hacer de tu viaje nuestra aventura, gracias Raúl por enseñarnos que el espíritu tiene colores y a veces lo llamamos alma, gracias Carol por tus aterrizajes y todos esos tatuajes que nos has regalado, gracias Sergio por compartir tu rincón de pensar con tanto acierto, gracias Adrian por enseñarnos que el mundo es solo un espacio y que lo que importa es quienes lo ocupan.

Gracias David por compartir tu conocimiento, experiencia y buen hacer de una forma tan sencilla, gracias María por tu forma de mostrar y hacer visibles las cosas, gracias Agus por recordarnos que un plano fotográfico también es el personal, gracias Elena por instigarnos a romper los mapas, gracias Mireia por dar sentido a las expectativas, gracias Jorge por tan buena caligrafía en tu caminar, ... a ustedes, los que nos han trasladado sus vivencias y conocimiento, gracias por compartir y enseñar viviéndolo con la pasión con que lo hacen porque es contagiante.

Y a todos, gracias por regalarme un trocito de sus vidas: la cuidaré con mucho amor, lo prometo.

Juan Sanabria - Septiembre 2020

Les invito a ver su exposición:



Pd: 
1.- No se quien dijo..., “cuando veo algo, ya no puedo no verlo”.
2.- ¿Adivinan a quien corresponde cada fotografía de la exposición?



Y con esto empezó, o cambió, todo.