No te lo pierdas
jueves, 29 de marzo de 2012
¿POR QUÉ NO VOY A LA HUELGA?
jueves, 1 de marzo de 2012
Clases y Clases
Si en la empresa en la que trabajo se me ocurriera hacer un negocio concreto haciendo una inversión millonaria, pero con unos resultados catastróficos, y después se comprobara que los análisis de viabilidad del negocio no habían sido razonables o no se hubieran ajustado a realidad, puedo garantizarles que estaría despedido de forma inmediata, y con absoluta seguridad con una demanda sobre mi cabeza por, como mínimo, daños y perjuicios.
Si como profesional independiente hubiera cobrado importes elevados, muy elevados, de honorarios por hacer un evento determinado y después dicho evento no se realizara o, de hacerse, hubiera sido un mero acto representativo nada acorde con la cifra de honorarios, también puedo garantizarles que, aparte de estar vetado en el mundo profesional, de forma inmediata me habrían demandado por incumplimiento de contrato o reclamación de daños y perjuicios.
Si como ejecutivo de una empresa no hubiera aportado nada a la mejora o continuidad de la misma, la hubiera sumido en un período de desequilibrio y, lo que es peor, hubiera utilizado los bienes y recursos de la empresa (incluido sus fondos monetarios) para mi beneficio propio, pueden estar seguros que hubieran rescindido mi contrato y que, en caso de llegar al vencimiento del mismo, estaría en una lista negra para que nadie me contratara en el futuro, además de también tener sobre mi cabeza una demanda por malversación de fondos y daños y perjuicios, exigiéndome devolver todo aquello de lo que me hubiera beneficiado.
Si alguien me tuviera en buena estima y me consideraran un profesional en aquello a lo que me dedicara, posiblemente oiría mis consejos. Si hiciera una promesa o defendiera una postura como dogma o como solución a un problema, lo menos que espera ese alguien es que cumpla mi palabra. No puede ser de otra forma. Pero si justamente hago lo contrario de lo que predico, de aquello que defendí a ultranza, y lo único que hago es contradecirme de forma abultada en aquello que dije o prometí sin dar un argumento fiable sino evadiendo responsabilidades, y todo porque mi conveniencia ha cambiado, hubiera perdido la confianza de ese alguien. Y si esto ocurriera en el entorno de una empresa, llámenlo como quieran, pero estaría despedido por "pérdida de confianza", y si de mi actuación se derivara algún perjuicio económico, me lo habrían reclamado posiblemente a través de otra demanda.
Pero he despertado aparentemente de un sueño. O debo estar soñando. Ya no sé qué pensar. Creo que no soy capaz de distinguir la realidad de la ficción, o si la ficción se ha convertido en realidad, porque miro mi entorno y me encuentro una "gran empresa" llamada España de la que soy accionista, minoritario eso sí, en la que:
- Hay unos señores que han gastado millonadas en proyectos y ejecuciones de obra para no poderlas utilizar, que no son viables, porque se demuestra que los análisis previos se hicieron con arte e imaginación, ¡mucha imaginación!. Pero a ninguno se le pide responsabilidades.
- Hay unos señores que han pagado unos servicios que no se han prestado, y no han reclamado la devolución de dichos importes.
- Hay unos señores que han pagado 100 por algo que en el mercado vale 1, pero tampoco lo denunciaron, y tampoco se les ha exigido responsabilidades o que devuelvan aquello por lo que cobraron y no hicieron.
- Hay unos señores que se han ido enriqueciendo a costa del uso particular de unos recursos que no eran suyos, sino públicos o comunes, o incluso de empobrecerlos con tal de salir ganando, pero tampoco se les exige responsabilidades ni que devuelvan lo que han usado para bien propio.
- Veo ejecutivos de esa empresa que hicieron un flaco favor a la misma, pero que, lejos de estar en listas negras, vuelven a ser contratados para prestar servicios por los que se ha demostrado que no cumplieron.
- Hay ejecutivos de esa empresa que en sus "entrevistas" para ser contratados establecieron una serie de argumentos como dogma de fe de lo que era su perfil profesional y de lo que sería su proceder y actuar si fueran contratados, pero que una vez que sí lo han sido, han empezado a hacer justo lo contrario. Y encima, no pueden ser despedidos.
Me niego a formar parte de esta farsa.
Y aunque me siento en cierta medida impotente para acabar con ella de una manera más o menos rápida, sigo siendo optimista. Sigo pensando que el bien prevalecerá sobre el mal. Que la cordura se impondrá a los necios, y que aquello que nuestros padres (al menos los míos) nos inculcaban de "tu palabra de honor" volverá a tener el valor que realmente se merece.
Ayer, en un grupo al que pertenezco, un miembro publicó una foto de un atardecer en el mar, con el siguiente pié (con tu permiso Emma):
"Cierro los ojos y salgo de este mundo. Un mundo cruel, fantasma, sin sentido. En definitiva, un mundo en el que ni yo ni nadie pinta nada. ¿Para qué alguien iba a pintar nada? Nada pinta nada en este mundo, si nos paramos a pensar. Sólo somos un individuo con dos patas que deambula como almas en pena por el mundo. Si nos juntásemos todos los humanos y formásemos una unidad, empezaríamos a cobrar un poco de sentido. Hasta entonces, no valdremos nada. Nada. Uno contra millones es peor que todos juntos. Nuestra unidad nos sacaría adelante. Nuestra unidad tendría sentido. Tendríamos una razón por la que levantarnos por la mañana. Mano con mano y el mundo saldría adelante" (Emma Gallardo).
Desgraciadamente hay mucha verdad en lo que dice.
Pero no podemos rendirnos de una manera fácil. La debilidad debe convertirse en fuerza, y esta fue mi respuesta:
"Solo te pido una cosa: Cierra los ojos, pero sin salir de este mundo. Piensa, sueña con un mundo como quisieras. Aunque puedas pensar lo contrario, SÍ que pintas, ¡y mucho!. El pensar lo contrario es justo rendirse, y permitir que los que se creen que son los únicos que "pintan" se fortalezcan más en su mundo de egolatría. Tu pensamiento, y el de otros muchos como tú son los que con el tiempo conseguirán derrotar esas corrientes oportunistas que se empeñan en afectarnos".
Intento inculcar a mis hijas el buen comportamiento, la honestidad y el cumplimiento de las normas. Intento convencerlas que el ser una persona íntegra tiene siempre recompensa. Cada vez es más difícil argumentarlo, especialmente cuando el reflejo que ven en ciertos personajes es que hacen y deshacen lo que les apetece, jugando con recursos que son de todos para su bien propio, y no tienen "castigo". Al contrario, en algunos casos hasta se recompensa. En cualquier caso, persevero, a ver si en algún momento padecen su propio egoísmo: eso sí sería justicia.
lunes, 20 de febrero de 2012
LA NEURONA...
Hombres, mujeres, … ¿tan distintos somos? ¿o es que nos empeñamos en vernos distintos?.
Ayer, ya en la parte final de una reunión de amigos, los caprichos de la conversación llevaron a un tema que levantó puntos de vista distintos y fuertemente encontrados.
Y como si estuviera asomado a un balcón mirando un patio, asistí como observador a un debate improvisado en el que, ahora debo reconocer, no quise participar porque no veía visos de que ninguno de los tertulianos quisiera "ponerse" en el pellejo del otro, sino que hacían defensa a ultranza de su posición (cosa totalmente plausible).
Dos bandos: hombre y mujeres. Y en mi caso, decantándome en forma general por los primeros.
Todo se inició cuando una de las asistentes sentenció que "cuando una mujer tiene hijos, el marido pasa a un segundo término y tiene que ser así" (interpretado por los hombres como que la mujer usa al hombre para satisfacer su necesidad de procreación, y después, "lo tira", -maquiavélico-). Lo aderezó con que "el hombre solo tiene una neurona y la usa para pensar siempre en lo mismo: sexo", y lo terminó de adornar con el argumento de que el hombre cuando llega a casa no tiene preocupaciones, y por eso no tiene ningún reparo en "molestar" a la mujer con sus "caprichos" y pensando siempre en lo mismo, mientras que la mujer cuando llega de trabajar lo hace cargando con mil problemas y no tiene el horno para bollos (sin comentarios).
En conclusión, y con alguna puntualización que otra, digamos que de forma general las mujeres se veían en posesión de la verdad, ¡su verdad!, y poco menos que no se admitía discusión (de ahí lo de quedarme simplemente como observador).
El argumento mayoritariamente esgrimido por los hombres (y que comparto) es que esa aparente ausencia de preocupación es un ejercicio final de querer y saber dejar fuera del hogar lo que se entiende que NO debe afectar al hogar, y por ende, a la relación de pareja.
Llegado este punto me permito hacer, ahora sí, algunas reflexiones.
Nuestras vidas se ven afectadas por dos clases de fuerzas: las impuestas y las que uno mismo gestiona.
Hay multitud de hechos en los que te ves inmerso, la mayoría de las veces por obligación, que curiosamente se desarrollan "fuera" de eso que llamamos hogar, y que, salvo para algunos privilegiados, normalmente no forma parte de tus preferencias o de aquello que te llena, pero que desgraciadamente tienes que seguir haciendo, y encima, para más "inri", te ocupa una parte muy grande de tu tiempo. Pues bien, quienes me conocen saben que siempre digo que "mi filosofía es muy simple". Y es que tenemos que conseguir llenar de cosas buenas nuestro cajón particular. Ese que pretendemos cultivar alejado de intrusos y de las malas energías y vibraciones.
Hace mucho tiempo aprendí que si traigo problemas a casa, problemas de los que no podemos hacer nada por evitarlos porque al día siguiente van a estar ahí, y que, además, hay gente que se va a encargar de recordárnoslo o incluso darnos otro, lo único que estoy consiguiendo es "contagiar" mi tiempo de familia. Y ese tiempo es sagrado, no se lo doy a nadie, ni permito que nadie actúe sobre él sin mi permiso.
Lo que no podemos hacer es arrastrar esa carga hasta casa y pretender culpar a tu pareja, o sacrificar tu tiempo de familia, porque vienes cabreado o porque hay algo que te ronda la cabeza. Podemos "compartir" nuestras preocupaciones, que para eso se supone que nuestra pareja es nuestro mejor consejero, pero de ahí a tirar por tierra todo el tiempo que podrías aprovechar en disfrutar y pasarlo bien con ella, porque alguien "de la calle" se está adueñando de tu otro tiempo, es una aberración.
Igual deberían dedicar un tiempo a meditar si realmente ese es el camino correcto, y si acusar a la pareja (al hombre) de pensar solo en lo mismo es una respuesta válida o simplemente una disculpa fácil por no poder (¿querer?) hacer lo mismo. Dicen que eso es imposible. Pues miren, si hay hombres que ya lo hacen, y encima normalmente nos acusan de inútiles, no lo será tanto.
¿qué es más correcto, pretender disfrutar con tu pareja o ayudarla a destruir conjuntamente tu tiempo en común? Me quedo con lo primero.
¿qué es más útil, tener una única neurona que siempre piensa en lo mismo (con matices) e intentar disfrutar, o argumentar que se tienen mil neuronas, pero las tienes todas en conflicto y en guerra permanente? También me quedo con lo primero (pero puedo asegurarles que tengo más de una neurona, y no todas piensan en lo mismo).
Ojo, que quede claro que estoy considerando hombre a aquel que tiene al menos dos dedos de frente y se siente involucrado con su familia, no el que llega a casa tira los zapatos y se sienta delante de la tele o se acuesta en el sofá esperando que su sirviente le atienda. Eso no es un hombre, es un desperdicio humano.
La condición humana se adquiere por tener tres componentes o acciones: Pensar, Hacer y Relacionar.
Les invito a que cojan una hoja, tracen una línea divisoria en medio, y coloquen a un lado las características que creen tiene un hombre y en el otro lado las características que tiene una mujer. Casi con toda seguridad, la primera característica que escribirían de un hombre es que es "más bruto" (o algo parecido), y para una mujer, que es "más sensible". Pero hagan el ejercicio, y después verán por qué.
Pues bien, aunque no nos guste, y aunque parezca un retorno al pasado, lo cierto es que el hombre ha desarrollado como fuertes el Pensar y el Hacer, mientras que la mujer ha desarrollado el Pensar y el Relacionar.
Si miran la lista de características que han escrito (si lo han hecho) verán que las que le han asignado al hombre están relacionadas con el pensar y el hacer, y las que le han asignado a la mujer están relacionadas con el pensar y el relacionarse.
El hombre suele ser parco en palabras, pero mucho más proactivo a desarrollar cosas y llevarlas a la práctica, sin preocuparle el qué dirán o el tener que llevarse bien con todo el mundo.
La mujer ha desarrollado todo un lenguaje no escrito, y ha desempañado el papel de conciliadora con el entorno social de ahí que se devane los sesos intentando agradar a todo el mundo, y para ella eso sea algo primordial.
Pero lo importante es saber compaginar los tres pilares, darles su dosis adecuada a cada persona y no establecer una competición por definir cuáles son los más importantes. No debemos ser clones.
Como hombre siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que es muy gráfico y a todos seguro que nos ha pasado: Vas de compra con tu pareja, se compra una prenda y pasa al probador. Se la prueba y lanza "La" pregunta: ¿te gusta? Tú respondes sinceramente SI, y empieza la debacle: ¡claro, me dices sí para que me esté callada, si ni siquiera me has mirado!.
Puedo garantizar que las respuestas SI y NO son las más sencillas y simples en el mundo (no solo para los hombres). Solo son SI y NO. No hay Sí tirando a No, o casi Si, o casi NO. Pero para una mujer siempre tiene connotaciones.
Y también puedo garantizar que si se supone que conoces a tu pareja, no necesitas diez minutos para mirarla, remirarla y hacerle un zoom contrapicado para ver si lo que se ha puesto te gusta o no. Simplemente ves la imagen de conjunto y opinas de una manera clara y rápida.
El hombre siempre verá una prenda roja como roja. La mujer verá una infinidad de tonalidades . Ambos están viendo lo mismo.
Aunque no nos guste, esa diferencia de apreciaciones son las que al final están aplicándose a todas las situaciones de nuestra vida, y hay que convivir con ellas. Hagamos de ello un aprendizaje, no una lucha. Disfrutemos juntos y dejemos de pelear por quién de los dos tiene razón y quién no.
Y por último dos pensamientos en voz alta:
- Si tengo un problema y tiene solución, no me preocupo. Pero si tengo un problema y NO hay solución o no puedo hacer nada para evitarlo, lo podré meditar y razonar para aprender de cara al futuro, pero intentaré por todos los medios poner mi parcela "privada" a buen recaudo de contagios.
- Que distinto es dar un "buenos días" por la mañana y que te respondan con una sonrisa y con un beso, a que te respondan con un gruñido. Si ni siquiera ha abierto los ojos, ¿porqué me culpa de cómo esté el día si a lo mejor está precioso?. (válido tanto para hombres como para mujeres).
Seguro que habrá muchos que comparten todo que he expuesto, pero también otros que me tacharán de iluso. Bueno, a todos les pido un ejercicio de empatía, de ponerse en la situación del otro, con todas sus consecuencias, y después volver a opinar.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Hubo un tiempo
Hubo un tiempo en que la Política se construía con letras mayúsculas. Era una Ciencia. Una Ciencia que como todas las Ciencias eran objeto de estudio y confrontación.
Pero vivimos otro tiempo en que la "política" se ha convertido en un arte. Mejor dicho, ha degenerado hacia un arte pésimo e interesado.
Cuando la política era Ciencia, lo normal era que se escogieran para tales menesteres personas de renombre. Personas que se habían ganado su reconocimiento por su buen hacer y por su experiencia.
Ahora se escogen personas agrupadas en etiquetas de tal o cual corriente, personas que tienen como único logro el haber sabido hacer campaña de marketing, con variantes de aquello de "el fin justifica los medios", y aparecer en los medios de comunicación de forma repetitiva. Es lo que ahora se denomina "darse a conocer".
Por lo general, cada 4 años se escoge o se autopromueve un títere de conveniencia y se organiza un espectáculo mediático para darlo a conocer al público en general. Es así como personas totalmente desconocidas para la gran mayoría, llegan a tomar las riendas de nuestro país.
Parece que hoy entre más aparecen en los medios es que eres más reconocido. Pero esa clase de reconocimiento no sirve. Solo sirve para la corte de interesados que, a buen seguro, una vez que acabe la campaña para la que fueron escogidos, tendrán más saneadas sus economías y vivirán a costa de lo que no hicieron pero vendieron.
Estoy cansado de que mi país sea gobernado por artistas de la palabra. Profesionales de la mentira aliados a intereses no siempre claros, no siempre orientados al bien común, y, para más "inri", con todas las instituciones gubernamentales a su servicio. Y, claro, con esa clase de intereses no es de extrañar que lo único que se haya conseguido en los últimos años solo sea la separación más pronunciada entre los curritos y los que se enriquecen.
Qué casualidad, cuando lanzo una pregunta a un "profesional" me da respuestas claras y con ejemplos de acción-reacción, de comportamiento respecto a actuaciones, de causa-efecto que son medianamente comprensibles, argumentos casi medibles. Pero cuando hago una pregunta a uno de estos "artistas de la palabra", sus respuestas son un bucle de descripciones, conceptos y gestos que no llevan a nada, que no dan una respuesta concisa y clara. Creo que las palabras que con más sinsentido y despropósito usan son "coyuntura" y "situación", con toda una retahíla de variantes que dicen lo mismo pero suenan de otra manera. Tan en decadencia hemos caído, que hasta incluso se permiten el lujo de mentir descaradamente y hacer oídos sordos cuando se lo recuerdan, o utilizar otro ejército de palabras estudiadas para distraer y confundir.
Total, la culpa siempre la habrá tenido el que estuvo antes (de otra etiqueta, por supuesto).
Alguno me dirá que es un pensamiento fatalista. Sinceramente, estaría encantado de que me pudieran demostrar lo contrario, pero con argumentos de hechos, no de palabra.
lunes, 13 de febrero de 2012
EN-AMOR
martes, 25 de octubre de 2011
Toc, Toc,...
Soy un amante de la fotografía. Solo aficionado. Y disfruto cuando veo fotografías hechas con personalidad.
Gracias a eso que llaman "las nuevas tecnologías" existen sitios donde personas que comparten una misma afición, pueden compartir sus obras, comentarlas. Son una fuente inagotable de aprendizaje.
Al final, cada obra lleva un sello personal de su autor. Un sello que en algunas ocasiones traspasa la mera imagen y va más allá. Llega hasta la apreciación de la propia personalidad, estado anímico, etc.
Comparto mis pequeñas creaciones en uno de esos sitios: Flickr. En él me he encontrado con gente muy profesional, con los que compartes afición y comentarios, incluso aunque personalmente no los conozcas.
En Flickr me tropecé por casualidad con la galería de una persona llamada Cristina Marrodán (http://www.flickr.com/photos/cristinagallery), que me sorprendió porque a todas sus fotos les pone un comentario, cotidiano, personal. Sus fotos describían su propia vida, desde la perspectiva unidireccional y aislada de ella misma.
Por mi forma de ser, si veo que algo o alguien necesita ayuda, intento darla en la medida de mis posibilidades y en la mejor forma que considero en cada momento.
Este es el comentario que dejé en una de las últimas fotos de Cristina. No quiere decir que sea la única que necesite ayuda, ni siquiera que la necesite, sino que posiblemente haya pasado por momentos en los que ha dudado… y lo ha plasmado en sus creaciones.
Simplemente, me sentí en la obligación o necesidad de hacerlo, y ahora lo comparto.
Toc, toc…,
Hola Cristina. Permíteme que te salude como un vecino más de este portal. No te quito mucho tiempo, solo el justo para compartir dos reflexiones.
La primera: Tus obras son muy buenas, buenísimas. Pero eso ya lo sabes. Y si no lo sabes es que estás majara. Con lo cual, si estando majara haces lo que haces, hija mía, date prisa por estar cuerda.
No te conozco. Supe de tu obra gracias a los vientos caprichosos de las "sugerencias" de este barrio llamado Flickr. Y la verdad, que para bien. Solo soy un aprendiz de la imagen, pero sin prisas. Y cuando veo creaciones como las tuyas, no puedo por menos que admirarlas, y admirarlas. En cada pixel se aprende algo, y no exagero.
Tienes un sello propio, un estilo inconfundible. Eso es tuyo y de nadie más. ¡Se creativa y sácale todo el jugo que puedas!, y verás que nunca te cansarás…
La segunda: ¡He leído tu novela! Sí, tu novela. Esa que supongo has escrito inconscientemente, y que de la misma forma inconsciente has convertido en arte, como si de una caricatura de tu vida se tratara.
Me he permitido hacer una lectura cronológica de tu galería, desde las primeras obras colgadas hasta las más recientes.
A modo de novela, tiene capítulos apasionantes, otros casi trágicos, otros tiernos y otros que derrochan vida por todos lados. ¡Sorprendente conjugación de momentos!
Me llamó mucho la atención el capítulo en el que haces una reivindicación a gritos de tus principios en cuanto a tu forma de ser, a cómo quisieras que te aceptaran, y a que nadie tiene el derecho a exigir que cambies por el mero hecho de una cuestión de "gustos unipersonales" cuando intentas compartir algo del universo de otra persona. Compartir es bidireccional.
Y también me sorprendió algún capítulo de descontento contigo misma. Una especie de "a la porra con todo". Me sorprendió no por el hecho en sí, perfectamente lícito para cada persona, sino por el aparente abandono de algo que en teoría te llena y que debió ser precisamente lo que te debía ayudar a no mandarlo a la porra: tus criaturas. Y no me hables de inspiración, porque la mejor inspiración es el momento.
Mogen Cunnigham respondió una vez así a una pregunta: "¿Qué cuál de mis fotos es mi fotografía preferida? Una que voy a hacer mañana".
Te garantizo que mi mejor día será mañana. Y te invito a que hagas lo mismo, si no es que lo haces ya.
Te invito a que tú misma leas tu novela nuevamente, ahora desde la perspectiva del tiempo ya pasado, e intenta ver cómo afrontarías ahora, con la experiencia y tiempo transcurrido, esos capítulos difíciles, pero intentando abstraerte de predisposiciones (no olvides que en muchos capítulos por no decir todos, eres la protagonista). Igual hasta te sorprendes.
Desde mi más sincero respeto por tu obra y persona, Felicidades. Emborráchate de toda la buena gente que te rodea. Aparta todo lo que te hace daño y camina. Siempre camina. Después de la noche, siempre viene el día. Detrás de la tormenta, siempre sale el sol, y aunque a veces el día aparezca nublado, siempre encontrarás un encuadre y motivo perfecto para tu vida: ¡captúralo! ¡Recréate con él!, y si puedes, ¡compártelo!. Algunos te lo agradeceremos.
No te robo más tiempo.
Sigue escribiendo con tu cámara…, y si puedo proponerte un reto, escribe ahora sobre lo que quisieras hacer, no sobre lo que haces.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Trabajar
Trabajar, trabajar poco, trabajar mucho, ¡no trabajar!, diferentes puntos de vista para un mismo hecho.
De la misma forma que se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro, hoy en día quien tiene un trabajo tiene una mina, que producirá más o menos, pero mina al fin y al cabo.
Siempre han existido discusiones en relación con los distintos calificativos que pueden valer para medir el trabajo: su dureza, las distintas formas de hacerlo o afrontarlo, las diferencias en criterios de remuneración, la variopinta interpretación de la dedicación, y como no, la percepción personal de importancia que cada cual tiene sobre el suyo.
Lo normal era que las discrepancias existieran entre distintos "gremios" o grandes niveles de agrupaciones profesionales. Aquello de "médicos, arquitectos, ingenieros y abogados" son los que mejor lo ganan, con lo que todo el mundo quería tener un hijo en dicho gremio. Después estaban los gremios especiales, tipo pilotos, estibadores, etc., con supuesta poca dedicación y mucha rentabilidad. Y alrededor de todos ellos estaban los llamados funcionarios (los del "puesto seguro" de por vida, cosa que nunca entenderé), el más alto rango de los puestos deseados, fuera cual fuere su dedicación.
Pero he aquí que cuando tormentas estrepitosas y de gran calado sacuden toda la vida económica, a todos esos gremios que antes eran vistos de forma global, le salen conspiradores en su propio fuero. Ahora hay reojo entre los propios médicos, entre los propios abogados, y, ¡cómo no!, entre los propios funcionarios. Si antes todos tan contentos porque con serlo era suficiente, ahora ya no basta. Ahora se comparan escalafones, niveles, tiempo de dedicación, horas trabajadas, "beneficios adicionales", etc.
En estos últimos días se ha abierto un debate cuasi público sobre la dedicación de los maestros (o profesores, que los hay que se molestan si no se les llama así). Y miren ustedes por donde, ahora se están cuestionando que esos "maestros" tienen muchas vacaciones, que trabajan pocas horas, y lo que es peor, que la calidad de la enseñanza no mejora ni en sueños.
No sé de qué se extrañan. Tiempo atrás se quería que los hijos fueran "maestros", porque "vivían bien", daba igual qué es lo que hiciera. Entonces coincidirán conmigo en que si no se antepone la "profesionalidad" y la "calidad" para el desempeño de cualquier trabajo, unido a una justa medida de recompensa, no nos podemos quejar después del resultado obtenido.
Ahora no es demasiado tarde para corregirlo, simplemente tarde, pero hay que poner remedio. El remedio empieza por la concienciación, algo que a todos nos cuesta pero con lo que debemos comprometernos.
He visto médicos malos, que ni te miran a la cara cuando vas a su consulta por necesidad, pero también he visto médicos buenos, vocacionales, que se toman cada caso con la profesionalidad que requiere para dar una solución.
He visto abogados buenos, que intentan hacer su trabajo desde la perspectiva de defender a un tercero (ya no entro si culpable o no), sin elucubraciones o "tejemanejes", y también he visto abogados que se venden por tres duros.
Pero también he visto maestros que disfrutan enseñando (y con los que se aprende sin problemas, solo los lógicos de su materia), y profesores que solo son eso, casi meros lectores de un libro que no transmiten conocimiento sino pena o desidia.
El que un trabajo no me guste no debe implicar que lo haga mal. Pero desgraciadamente, hay muchos que no lo ven así, y siempre está la excusa de echarle la culpa a otro (normalmente el gobierno u otra institución). Ese es el principal cambio a realizar.
Las comparaciones son odiosas, dicen. Más que odiosas, creo que son frustrantes.