No te lo pierdas

martes, 15 de marzo de 2016

No sé patinar, pero “vuelo” con ellos cada vez que los veo.



Creo que el deporte solo muestra su esencia más rica cuando, además de realizar ejercicio físico, existe un componente de diversión y una variable opcional de superación.
Cuando la esencia del deporte se profesionaliza, se quiera o no, pierde una cantidad importante de naturalidad para convertirse en un medio de vida. Los buenos profesionales son aquellos que teniendo el deporte como medio de vida, siguen teniendo presente su origen y pretenden mantenerlo intacto para que siga siendo deporte, dependiendo exclusivamente de su propia valía como deportista y disfrutando con ello.
Pero se corre el riesgo de que el deporte se convierta en negocio. Si eso ocurre, a partir de entonces ya no se depende exclusivamente de la valía del protagonista principal, el deportista, sino que entran en juego, y nunca mejor dicho, muchas variables que para nada tienen que ver con el deporte en sí, sino más bien con la rentabilización del mismo, variables que van desde argucias interpretativas de la normativa hasta supeditación del deporte a intereses externos. Crean falsas expectativas y carecen de algo muy importante: pasión y creatividad (en este punto creo que habrán algunos buscándome ya para acribillarme).

Entre más minoritaria sea la disciplina deportiva, menos probabilidades tendrá de convertirse en negocio.

Por eso, si quiero disfrutar, prefiero ver un deporte minoritario, donde el esfuerzo se agradece y la recompensa de jugar y competir ya es un Oro.

Existen muchos deportes minoritarios (especialmente si nos ceñimos al territorio canario) que tienen verdaderos artistas entre sus filas, y que cuando los ves jugar te da igual la disciplina que sea, simplemente los sigues y disfrutas con ello. 
Les une un denominador común:
- Todos apuestan por la formación, creando sus propias escuelas.
- Todos se las ven y desean para poder organizar eventos en los que sus miembros puedan poner a prueba lo que han aprendido y  así forjar su aprendizaje.
- Solo cuentan con el apoyo incondicional de sus practicantes y /o familiares.
- Cuando quieren realizar una competición tienen que buscarse la vida.
- Año a año casi que están en la cuerda floja por no saber si al año siguiente podrán repetir, ya no por valía, sino por medios para poder estar.

Eso sí, en todos los casos, los mismos que niegan el apoyo por “no ser deportes de interés”, son los primeros en reclamar (a veces imponer) protagonismo cuando esos clubes destacan y ven que pueden obtener una renta aunque sea de posado fotográfico.


El pasado año fue el azar el que hizo que mientras paseaba por una calle de Las Palmas, me encontrara con un furgón aparcado que en sus laterales mostraba unas serigrafías sobre un equipo de Hockey en línea. Me llamó poderosamente la atención puesto que es un deporte que siempre me ha gustado y del que desconocía que había practicantes en Las Palmas.
Pues sí, ¡los hay!, ¡y vaya si tienen nivel!. El polideportivo García San Román es testigo de ello, y los que hemos podido presenciarlo, lo agradecemos.


Durante todo lo que va de temporada he tenido el placer de asistir a los encuentros de la Liga Élite Nacional que el Club de Hockey Molina Sport ha disputado en ese pabellón, a pie de pista, junto al banquillo, gracias a Alejandro Molina, su entrenador, gerente y alma mater. Y además he tenido el inmenso gusto de poder fotografiarlos.
Y sí, es un deporte minoritario, pero un DEPORTE, en el que se sigue viendo pasión y disfrute.
Es un deporte duro, muy rápido, de mucho contacto físico, pero en el que se ve mucho respeto entre los propios jugadores. Es una liga profesional, pero sus integrantes siguen “jugando al” hockey, no “trabajando en” el hockey. Eso se nota. Merecen todo mi respeto.




Es un lujo ver como, en lo que uno tarda en pestañear, se ponen a toda velocidad de una punta a la otra de la cancha sobre sus patines, haciendo quiebros imprevisibles, y cuando tú crees que se van a pegar una leche de narices hacen un derrape o una parada en seco sobre sus patines y cambian de sentido como si nada, sin perder el control del disco que llevan guiando todo el camino, para después dar un golpe casi de billar con su stick y buscar la carambola más precisa para que el tan castigado disco entre en una portería con un hueco de apenas 1.8 metros cuadrados, defendida por un portero dotado con unos reflejos más que extraordinarios (casi superpoderes),  que ocupa todo su frontal interponiéndose en cualquier trayectoria, lo cual reduce a menos de la mitad ese hueco y que, en la mayoría de las veces, se encuentra en medio de un “barullo” de jugadores que pugnan en apenas 2 metros cuadrados por adelantarse a él y conseguir que el disco entre por el minúsculo espacio que haya podido quedar libre.



Es un lujo ver como parece que tienen ojos en la espalda, que patinando a una velocidad de vértigo son capaces de apreciar que tienen a un compañero en cualquier posición no visible y con un toque preciso pasarle el disco, sea a la distancia que sea, sea en la posición que sea, continuando con una danza endiablada sobre patines para lograr acabarla engañando o adelantándose a los reflejos del contrario, cosa ya difícil, y anotar un tanto a su favor.
He visto jugadores que vuelan como diablos de una punta a la otra y no desisten del empeño en acosar una y otra vez la portería del contrario.
Los he visto patinar de espaldas, de lado, girando, agachados, sobre un pie…, creo que si llevaran patines en el casco, también patinarían de cabeza.
He visto como después de una jugada celebran un tanto conseguido y yo no he sido capaz de ver entrar el disco de lo rápido que ha sido.
He visto como después de una jugada de locura, con un asedio al portero constante, se oye el estruendo del golpe del stick sobre el disco y hacerse el silencio durante menos de un segundo en el que todos buscan el disco, para volver a la realidad cuando el portero en un gesto de “naturalidad”, abre su mano y lo deja caer como diciendo “tranquilos, lo tenía yo”.
Por cierto, a los que piensen que los porteros de hockey no “sudan”, porque no corren sino que están siempre quietos, les invitaría a que miraran Jirkuv, uno de los porteros del Hockey Molina, cuando llega al descanso: se despoja de sus protecciones y ves que su ropa está completamente mojada de su propio manantial de sudor. La tensión también es ejercicio.

En una ocasión alguien me dijo que el Hockey era un deporte de brutos. La verdad es que no pienso así cuando, después de un final de partido y cuando todos los jugadores ya se están retirando a los vestuarios, veo a alguno de ellos ir a por su hijo pequeño que apenas camina y que lo está esperando al borde de la cancha, para ayudarle a evolucionar y que “arrastre” por la pista el stick que lo triplica en tamaño emulando a su padre mientras éste sonríe y se presta a sus juegos. Si, seguramente eso será ser bruto.

Espero seguir viendo muchos más partidos de este deporte, al menos mientras sigan siendo profesionales y estén ajenos a ese escalón maldito de los negocios.


Les invito a que sigan al club y asistan la próxima temporada a sus partidos para ver lo que significan dos tiempos de 20 minutos reales de juego disputándose el empujar un disco hacia el interior de una portería sobre patines de ruedas y a un ritmo trepidante. Y si les apetece, del 22 al 24 de Abril tienen una estupenda oportunidad de ver al producto de su escuela, a través de su equipo infantil, disputar el campeonato de España en las instalaciones del García San Román.


No sé patinar, pero “vuelo” con ellos cada vez que los veo.



JSR-Marzo/16














martes, 1 de marzo de 2016

No aprendemos: ¿Será Incompetencia Consciente o Inconsciente?




“El 18 de octubre de 1993, USA Today reveló que los Golden State Warriors ofrecían un contrato por 15 años y 74,4 millones de dólares a un joven de 20 años, Chris Webber, que a la sazón no había jugado ni un solo minuto de baloncesto profesional. El mismo día, el Financial Times resaltaba en titulares la grave amenaza que pesaba sobre el empleo de 400.000 trabajadores europeos de la industria auxiliar del automóvil. Tres meses más tarde, en enero de 1994, Business Week publicó una encuesta que revelaba que el 90% de los ejecutivos preveía un incremento de las ventas durante el año. Pero a pesar de este optimismo, más de la mitad de los ejecutivos pensaban mantener la misma plantilla o incluso seguir despidiendo gente.
El mundo está más chiflado que nunca”.


Así comienza un libro de Tom Peters, allá por los años noventa, en el que llegaba a esa estrambótica pero contundente conclusión final.

Lo curioso es que 20 años después no han cambiado mucho las cosas. Y se siguen repitiendo los mismos acontecimientos:
Se cierran contratos con deportistas por cifras estratosféricas que para nada obedecen al valor del "bien" que se está "adquiriendo" y que resolverían el déficit de más de un país, seguimos en situación de amenaza de empleo, pero paradójicamente con sectores que en época de crisis han registrado sus mejores resultados en años, y, como no podía ser menos, se sigue aplicando el método de incrementar producción presumiendo del supuesto logro de hacerlo apoyado en una reducción de plantilla.
La chifladura se ha enraizado y ha acampado entre nosotros.

Dicen que la economía es cíclica. Y esa es la prueba más evidente de que los dirigentes (también los empresariales) no han sabido ser buenos gestores, además de estar chiflados: No han sido buenos gestores por no saber anticiparse al ciclo para cambiarlo sabiendo que se iba a repetir, y chiflados por seguir entendiendo que la economía es solo un juego.

No entro a cuestionar la justificación o no de estar en crisis, o de que se repita una punta de ese “ciclo”, que también pudiera ser. Cuestiono las banderas que se enarbolan como dogmas incongruentes con la sola justificación de conveniencia para un objetivo en muchos casos dudosos, y casi siempre conveniente.

Muchos son los ejemplos que se pueden dar de empresas que reduciendo su plantilla incrementan notablemente su producción, duplicándola, triplicándola o x-plicándola. En esos mismos casos, sus ejecutivos exponen multitud de argumentaciones de cómo han sabido ver y aprovechar “el efecto pasivo de una actividad latente encubierta, o las sinergias en la reestructuración (palabra muy hábil y oportunista) junto al potencial de la reingeniería de procesos (por aquello de reinventarse, aunque no sea cierto), tareas e incluso estrategias (ahí es nada)”.

A mi solo se me ocurre un pensamiento absurdo…, y es que, si ese método es tan bueno y han x-plicado su producción reduciendo la plantilla, con esas mismas estrategias la producción hubiera sido exponencialmente muchísimo mayor de haber mantenido la plantilla original.
¡Ah claro!, es que se me pasaba por alto la excusa del sobredimensionamiento. ¡Qué tonto soy!.

¿En verdad estamos ante un logro de gestión, o un logro de la comodidad bajo la estrategia del miedo?.
Viejas reglas con trajes nuevos, aplicadas con mejor tecnología. Eso no es reinventar, eso no es progresar, eso es hacer lo que se sabe sin ahondar en nuevas formas o investigar.

Si echamos una mirada a nuestros dirigentes (también empresariales), creo que podemos afirmar lo mismo que decía David Vice, de Northern Telecom en los años noventa: “Habrá dos clases de directores: los rápidos y los muertos”.
Veo muchos directores muertos (de ahí que existan empresas dinosaurios…). Y después están los que, siendo dinosaurios, se creen rápidos. ¡Esos tienen un peligro que para qué!




Nuevamente vemos que las cosas siguen sin cambiar. 
Por algo toma cada vez más valor ese dicho de que el hombre es un ser de “costumbres”. Pocos son los que se aventuran a hacer algo distinto o, simplemente, buscar la forma de hacerlo mejor, sin que sea una nueva release de algo que hasta ahora haya servido. Las "releases" son buenas, pero solo si estás en el camino de una nueva versión. Si no, seguirán siendo meros parches.



Falta imaginación. ¡Si!, ¡imaginación!.

La imaginación es un combustible potente para el crecimiento, para la mejora continua, para el propio conocimiento, y para todo eso que forma lo que llamamos Desarrollo.

Fred Moddy, redactor jefe de The New York Time Magazine decía en 1992 que “el único bien de producción de Microsoft era la Imaginación Humana”.
Pocas empresas, pocos dirigentes, son los que optan por cultivar ese bien de producción. Las empresas que lo han hecho han demostrado que subsisten y crecen casi de forma natural y espontánea.
Pero incentivar ese bien de producción requiere algo que no todos están dispuestos a aceptar: reconocer uno de los bienes más preciados, pero en muchas ocasiones poco valorados, que pueda tener una empresa: el factor humano. Ese factor humano tiene la capacidad de entusiasmarse para recrearse a sí mismo cada día, y eso es un combustible inagotable si se sabe gestionar, y que dará muchísimo más potencial de progresión y crecimiento que los métodos tradicionales. Conocer y entender el valor de ese factor humano no es fácil, es casi un arte. No todos, al igual que con el arte, están dispuestos a querer entenderlo.

“Gran parte de los dirigentes están todavía aferrados, en materia de gestión, a doctrinas de la revolución industrial: Directores muertos”.



Lo importante no es conseguir aumentar la producción, sino ser capaz de generarla, y, una vez conseguido, mantenerla a ritmo adecuado, constante, creciente y sostenida. Para eso lo que hace falta es mucha imaginación.

No hace mucho leía una entrada en el blog de Talengo que decía:

Debemos ser capaces de alejarnos de la cultura de la evaluación, que genera miedo y desconfianza, para abrazar la cultura del desarrollo, que genera ojos brillantes”.
“… Una cultura de desarrollo y motivación permanente, que nos permite crecer y hacer crecer, orientar y/o reorientar, parar, continuar o cambiar el rumbo o subir de marcha”.


Esos ojos brillantes sin duda los da la imaginación y la capacidad de entusiasmarse de cada persona, de automotivarse y creer en lo que se hace.


Hay muchas maneras de hacerlo y conseguir que los ojos brillen, pero mientras el empeño esté en aplicar medidas estándar y condicionamientos estándares, no se conseguirá. ¿Acaso no hay nada menos estándar que el ser humano?. Desgraciadamente no todos tienen la valentía y la inteligencia para entenderlo y asumirlo.  “Lo esencial es invisible a los ojos”. Tanto que todavía veo muchos ejemplos, demasiados, de organizaciones en las que el principal capital que tienen, el Humano, es el que menos se valora. Valorar el capital Humano no es solo ofrecer una retribución económica.
Prevalece el gestionar lo palpable, todo aquello que se ve con los propios ojos, olvidándose del resto. Fijarse en las moscas y dejar pasar elefantes.






Asea Brown Boveri (ABB) es un monstruo de la industria pesada que está presente en sectores tales como centrales eléctricas, transporte y distribución de energía, automatización industrial, etc. Esta empresa estaba buscando en su momento la forma de reducir a la mitad el ciclo de todas sus actividades. Los directivos de ABB analizaron cuidadosamente todos sus ciclos o plazos de entrega (venta, recepción de pedidos, ingeniería, desarrollo de especificaciones, planificación, fabricación y entrega). El resultado que obtuvieron fue que la fabricación representaba solamente el 3% del ciclo. El resto, el 97%, se podía clasificar como “otras tareas”. Un ejecutivo de ABB sentenció entonces: “administramos ese endiablado 3% creando superautopistas de la fabricación, y luego dejamos que el resto se administre solo”.
Moscas y elefantes.

En los días que corren, la fórmula tan manida de Resultado = Ingresos – costes no puede ser entendida meramente como una medida tangible, palpable. Tanto en la variable de ingresos como en la variable de costes intervienen muchos factores que no siempre son fácilmente medibles y mucho menos detectables, y que normalmente representarán mucho más que la simple suma de la facturación menos la simple suma de los costes. Darse cuenta de ello significa ser un director rápido. Fijarse solo en el eslabón final que da el ingreso o el eslabón final que produce los costes significa ser un director muerto.

Y como decía Mario Andretti (piloto de carreras): “si las cosas parecen estar bajo control, es que no llevas suficiente velocidad”.





lunes, 8 de febrero de 2016

Rubén T.: Con la danza en las venas






Desde pequeño lo tenía claro y aunque pudiera tener una concepción distinta de lo que era bailar, estaba seguro de que eso es lo que quería. Cuando con 8 años su madre lo llevó a tomar clases con Lorenzo Godoy (en una época bastante complicada ya que, como el mismo reconoce, el hecho de que un chico bailara se veía como algo muy “raro”), se levantó el telón de un espectáculo muy personal en el que ha ido escribiendo con trabajo y dedicación su coreografía particular, no exenta de muchas dificultades, pero aliñada de muchas alegrías. Y desde ese entonces no ha parado de bailar, coreografiar…, y contagiar…, primero formándose en escuelas en Las Palmas, después con becas en el extranjero, en Madrid y Barcelona, posteriormente como bailarín profesional y, finalmente, a través de su escuela de danza en Telde, en la que lleva impartiendo su buen saber y hacer desde hace ya la nada despreciable cifra de 14 años, lo que le ha valido el reconocimiento profesional y ser el elegido para diseñar y montar las coreografías de las galas de elección de la Reina y Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria 2016.

¿Por qué baile y no otra cosa?
Porque eso es innato. Desde pequeño estaba bailando, y quería que me vieran como bailaba, mostrar mi trabajo siempre. Sigo sintiendo eso, que lo que quiero es mostrar con mis alumnos de danza lo que estoy enseñando.

¿Danza o baile?
Danza. Baile es moverse, te puedes mover de cualquier manera. Pero danza ya es sentir, pulir los movimientos,  y hay un trabajo detrás.
Cualquiera que tenga un poco de ritmo puede bailar. Un Go-go baila, por supuesto. Pero Danza significa que estamos estudiando esos movimientos, nuestro cuerpo es nuestro instrumento, y a partir de ahí lo afinamos y bailamos.

¿Concibes una melodía de Hip-hop como danza?
Si está bien hecho si.
Lo que pasa es que ahora a todo se le pone nombre, y no todo vale.
Con el tiempo tu ves cuando hay un trabajo de preparación detrás.
Le llaman Hip-hop, pero muchas veces las palabras son modas.
La gente fusiona, ye so es bueno si está bien hecho.
En mi caso, a mi estilo lo llamo Jazz-Funk, porque fusiono Jazz, Funk, Musicales y técnica clásica. Todos los maestros y coreógrafos lo que hacemos es que fusionamos todas esas técnicas que conocemos. El nombre en sí es como una marca para acercarnos a los adolescentes, y que digan “estoy haciendo Hip-hop”, pero a lo mejor estás mezclando contemporáneo y otras disciplinas. Tenemos que guiarnos mucho por la música actual, para motivar a los chicos.

¿Si fueras a identificarte con un baile en concreto, cual sería?
Me identifico con los musicales con técnica clásica. Por ejemplo Cats. Es un musical muy fuerte, muy potente de baile y coreografía, en el que se necesita una muy buena base clásica. También me veo identificado con lo que más trabajo, el Jazz-Funky, como he dicho antes.

¿Que es lo que te da el Jazz Funky que no te da el clásico?.
La energía, la fuerza, la música que se utiliza.
A mi me gustan mucho los acentos musicales, tengo mucha fuerza bailando, y eso es lo que me motiva.

¿Qué le pides a un baile para que tú lo sientas como que te está diciendo algo?
Primero que los bailarines lo sientan, porque es la única manera de llegar al público. Y después, que haya un trabajo técnico. Soy muy técnico.
Los profesionales nos damos cuenta cuando hay un trabajo y cuando no. Yo valoro muy mucho cuando hay un trabajo detrás.

¿Se infravalora lo que es hoy por hoy el trabajo de un profesor de baile?
Si. Se piensan que bailar no es nada del otro mundo. Te mueves un poco y ya está. Pero principalmente con todo el tema comercial.
Antes los cursillos eran de 15 días y estabas 5 horas diarias. Ahora las “Masterclass” son de una hora. Es la moda. Antes había técnica. Por ejemplo, en  baile moderno ibas a una clase y te encontrabas con diagonales, piruetas. Ahora no, solo un pequeño calentamiento y a moverse un poco.
Si los adolescentes lo que están viendo es eso no ven que necesita tener un trabajo detrás. Se ha perdido un poco lo del trabajo de fondo.
Es lo que le hecho en falta al mundo de la danza.
Lo veo en mi escuela. Tengo que trabajarme mucho a la gente para que se den cuenta de que hay que trabajar, y me cuesta muchísimo, porque los alumnos tienen otras obligaciones, estudios, etc., y no pueden dedicar mucho tiempo.
Es una profesión y hay que currar, pero la gente no está por la labor de echar tantas horas.

Aunque empezaste a los 8 años, ¿dónde fijarías tu comienzo de bailar con sentido y queriendo transmitir cosas?.
Creo que a partir de los 12 años empiezas a madurar y a conocer tu cuerpo. Cuando el bailarín empieza a conocer su cuerpo es cuando ya puede empezar a trabajar su disciplina, sabiendo lo que está haciendo.

Si te colocas en esa época y haces un barrido hasta hoy, ¿qué es lo que consideras que el baile ha evolucionado a mejor y qué es lo que consideras que ha evolucionado a peor?
A mejor es que hay más disciplinas, y se fusiona más en todos los espectáculos, se ha innovado más.
Pero a peor es que se ha perdido un poco el tema de formación en clásico, el respeto al maestro, la disciplina en el trabajo…
No se debe perder esa parte del trabajo duro.
Y creo que se ha perdido porque ahora los jóvenes lo quieren todo rápido, y no están por la labor de currárselo. Solo quieren ir a hacer una horita de clase y ya está. Pero eso ocurre en todos los sectores: en el baile, en los estudios, en todo. Lo quieren ya. No piensan que detrás tiene que haber un esfuerzo y persistencia para poder llegar.



¿Qué cambiarías tú en cuanto a la forma en que se enseña baile o danza?
Daría como asignatura obligatoria el ballet clásico y que todo el mundo tocara todas las disciplinas de forma obligatoria.
Lo he intentado hacer pero no es posible ya que no pueden dedicar tanto tiempo, tienen otras obligaciones, especialmente con los estudios.
El Funky no lo baila igual un bailarín que ha tocado una barra que un bailarín que no se ha formado. Hay gente que de forma innata te baila, pero son las excepciones. Si un profesional lo mira sabe que hay fallos.

¿Tienes el “defecto” como profesional cuando vas a ver un espectáculo de no ponerte en el papel de espectador sino seguir siendo profesor?
Antes disfrutaba menos porque miraba siempre la ejecución y los fallos. Ahora cada vez intento disfrutar más de lo que me ofrecen.
Con el tiempo intentas borrar ese aspecto de “revisar” para poder disfrutar de las cosas buenas.

Desde que empezaste con la escuela en Telde hace 14 años, hasta hoy, ¿cual es la evolución que has visto en los alumnos que te llegan?
Que ya conocen mi trabajo, y los que vienen a la escuela son porque verdaderamente quieren bailar. Antes era mucha gente probando, que venían y se iban. Ahora ya mantengo un grupo de alumnos que saben cual es la forma de trabajar y quieren continuar formándose.

¿Cuál es el rango de edad de alumnos que tienes?
Los más pequeños son de dos años y medio, y hasta los 18 años.

¿Qué es lo más difícil en cada rango de edad?, ¿En qué se basa enseñar danza o baile a un niño pequeño y a un adolescente?
Los niños pequeños tienen que divertirse. Lo difícil es enseñarles de forma divertida. Puedes ponerle juegos, pero con esos juegos tienen que aprender, porque si tienen la sensación de que no juegan, abandonan la actividad. Tienes que enseñarles jugando.
Con los adolescentes el tema es que mantengan la ilusión, porque desgraciadamente aquí en Canarias no hay audiciones. La gente no ve esto como salida. Entonces ¿cómo les ilusionas tú para que sigan si la danza es algo segundario?
En cambio fuera, en la península y en el extranjero por ejemplo, la gente va a las escuelas porque van a hacer audiciones y van a trabajar en ello. Lo ven como una obligación porque quieren vivir de ello. Aquí no.
¿Quién es el responsable de que se ilusionen? Pues la escuela. Sacarlos a bailar y explicarles lo que hay fuera, porque una vez que empiezan la universidad es muy difícil mantenerles la ilusión.

¿Crees que lo estás consiguiendo?
Hasta ahora creo que si. Siguen ahí.
Al que realmente le gusta sigue, aunque esté en la universidad. Pero le tiene que nacer.
El ser bailarín es algo innato. El bailarín nace. Y si se forma, mejor.
También es cierto que hay algunos que bailan porque nacen y no se han formado. En televisión había gente sin formación alguna y bailaban como profesionales



¿Consideras que en el caso de la danza, quienes llevan los destinos de la cultura realmente son conscientes de lo que significa la danza?
Solo lo sabrá quien haya estado en una escuela formativa. Si no has estado con profesionales no lo vas a conocer nunca. A mi me viene gente que ha estado en escuelas y como los profesores no lo son, al final han tragado lo mismo que ha tragado su profesor. Seguirán pensando que el baile no es un curro.

¿Crees que está bien vista la danza hoy?
No existe acceso a ver danza.
Ni siquiera en la televisión hay posibilidad de ver danza, y antes si la había. La gente no sabe lo que es. Solo lo sabe por lo que ven. Creo que lo desconocen.

Lo que más te ha llenado de tu etapa como bailarín profesional.
El salir a bailar delante del público. Un sueño cumplido: Sentirte bailarín.
Que lo que he sentido desde que he nacido, lo hago, gusta, y me estén pagando por ello: por lo que más te gusta.

¿Qué es lo que borrarías?
Posiblemente el haberme venido tan pronto de Madrid.
Monté la escuela con muy poca edad, y podría haberme quedado más en Madrid.
Pero no me arrepiento. Me gusta enseñar y estoy orgulloso de la gente que he sacado fuera a bailar.
Estoy satisfecho de cómo estoy enfocando mi escuela. Creo que es la forma más adecuada porque estoy trabajando diferentes disciplinas: contemporáneo, jazz, funky, ballet clásico, musicales y lírico.

¿Te has planteado montar la escuela en otro sitio?
Si, pero sin dejar Telde.
Yo solo no puedo, y cuando forme un equipo de trabajo, sí podré hacerlo. Poco a poco lo estoy formando.

¿Qué le pides a esa gente que quiere formar equipo contigo?
Que tengan una formación para que puedan transmitirla a los alumnos, y un compromiso con la escuela.
La gente que ha recibido formación y tiene detrás un curro en su preparación sabe de lo que estoy hablando.
Yo quiero trabajar en mi escuela, y si pongo a alguien es para los alumnos no tengan que ir a otro centro a buscarlo. Por eso he puesto todas estas disciplinas. Y, además, con el orgullo de que con eso se ha demostrado que mis alumnos son muy versátiles, hacen de todo ¡solo nos falta flamenco!
Pero todavía falta más trabajo en cada disciplina.

Si tuvieras carta blanca para establecer el programa cultural de un organismo los próximos cuatro años a nivel de danza, ¿qué harías?
Primero propondría un plan formativo, con danza clásica como actividad obligatoria, y como motivación el Funky, Hip-hop, y todas las demás. Y segundo, formar un equipo de profesores en todas las materias, como si fuera un conservatorio.





Un alumno que no pueda optar a un conservatorio ¿tiene que buscarse la vida por su cuenta?
Un alumno que no pueda optar a un conservatorio tiene que ir a las escuelas privadas y formarse en ellas. Y como aquí no existe conservatorio, los que tenemos esa obligación de dar una buena formación somos nosotros.
Las personas que quieren llegar lejos en la danza tienen que tener unas muy buenas condiciones. Entran en el conservatorio aquellas personas que tengan condiciones buenas para bailar. Eso en la selección lo tienen muy claro.
La gente que no tiene condiciones, que lo haga como hobby, y yo como profesor tengo la obligación de ser sincero y decirle que lo tendrían un poco difícil si se lo plantearan en algún momento. Estamos hablando de condiciones físicas, síquicas, etc. muy fuertes.

¿En general como consideras que te ven tus alumnos?
Me ven bastante responsable, quizás demasiado serio. Pero ya me conocen así, y con una mirada ya saben lo que estoy pensando. Soy muy trabajador y saben que me estoy preocupando por ellos. Saben que quiero que lleguen a conseguir cosas.

¿Y los padres?
Los padres valoran mi trabajo cuando ven mis espectáculos, cuando ven el trabajo en el escenario, porque a los padres también se les educa. Los padres desconocen el mundo de la danza, y cuando llegan al escenario y ven el trabajo de esos alumnos que llevan años, se dan cuenta de que esto no es un juego. A partir de ahí es cuando te empiezan a valorar. Mientras se piensan que el profesor de baile es un “animador socio-cultural”.
Los padres que llevan tiempo son los que de verdad ya saben el trabajo que hay detrás.

¿En qué momento te consideras que estás ahora mismo?.
La experiencia como profesor es lo que me da más seguridad. No es lo mismo bailar que tener una escuela. Tengo más madurez y estoy disfrutando mucho más, porque veo el resultado en mis alumnos.

¿Qué es de lo más orgulloso que te sientes hoy día de tu carrera como docente?
El resultado de los bailarines que tengo.

¿Qué te gustaría hacer?
Me gustaría montar un musical en condiciones, escogiendo la gente más fuerte, con un decorado apropiado. Un espectáculo a lo grande.
En mi cabeza tengo espectáculos, pero necesito un esfuerzo, y por supuesto financiación, para llevarlo a cabo.
Es algo que tengo ahí para acometerlo en cualquier momento.




Ahora estás montando la coreografía de las galas de la Reina y Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Qué significa eso?
Pues que han visto mi trabajo y me siento super-orgulloso, porque el resultado de ese trabajo lo han visto con mis alumnos. Es reconocimiento a mi trabajo. Es un acontecimiento muy importante. Sus oberturas son muy famosas y tienen una gran difusión. Que haya confiado en mí la Organización del Carnaval, y en especial Israel Reyes, es un orgullo y un reto.

¿Cómo lo afrontas?
Hay mucha tensión, pero como tengo ya mucha experiencia montando, es más fácil. Y tengo unas ayudas técnicas bestiales.

¿Y después del Carnaval, qué?
Seguir trabajando con la escuela, porque quiero hacer el musical de los 80 y me gustaría afrontar cualquier otro reto fuera. Me gusta coreografiar.

Requisito indispensable para ser coreógrafo.
Haber bailado, pero sobre todo tener creatividad, esa capacidad para mover gente, ya sean 2, 3 o 50 personas, y que visualmente eso llegue al espectador y le guste. Tengo esa capacidad. El coreógrafo tiene que saber qué publico es el que va a ver el espectáculo y llegar a él.

¿Montas la coreografía pensando en quien va a verla o solo en lo que quieres mostrar?.
En lo que quiero expresar, porque si no, no disfruto del trabajo. Pero también pienso mucho en el tipo de espectador que va a ir, que se quede con buen sabor de boca y llegue a entender lo que quiero transmitir. Y por último, que le guste y estén motivados las niñas y niños que van a bailar.
Hay que pensar en tres cosas: el público, los bailarines y el propio coreógrafo.

¿Por qué hay pocos bailarines y más bailarinas?
Porque sigue la creencia de que el ser bailarín va a cambiar tu estilo de vida o personalidad. Muchos padres para evitarlo, no quieren que el niño baile. Todavía existe eso. Pero, ¡claro que hay niños con ganas de bailar!.

¿Qué les dirías a todos esos niños?
Que puedo ser el ejemplo de que se puede bailar, de que se puede dedicar profesionalmente a ello  y puede ser tu medio de vida. Es complicado y tienes que salir fuera, pero es una profesión igual que otra cualquiera, en la que también sales fuera a formarte.
Antes habían becas a las que podías acceder, pero las han quitado.

¿Es elitista la danza?.
Es un poco elitista. Si pensamos en la danza clásica, el ballet es caro. Si hablamos de otros tipos de disciplina, es más asequible.

En todas las escuelas de baile he visto un gran espejo que domina toda la sala de baile.
Si el instrumento de trabajo de los bailarines es el cuerpo, tenemos que mirar en el espejo si los movimientos que hacemos son correctos.
El profesor mira a los alumnos y los corrige, y los mismos alumnos aprenden a corregirse. Es como si fuera el espejo que te valora y va a ser crítico.





Si te miraras ahora en el espejo, ¿qué verías?.
Veo que no tengo la misma agilidad que antes, pero así y todo, me sigo considerando exigente.

Dime tres palabras, una para tu pasado, una para tu presente y una para tu futuro.
Mi pasado, “incógnita”. Porque no sabía cómo iba a seguir, si como bailarín, o profesor.
Mi presente  “estabilidad”.
El futuro, “trabajar” y “equipo”. Quiero seguir trabajando en formar ese equipo. Ningún profesor puede abarcarlo todo, sea cual sea.

Un bailarín de referencia.
Angel Corella, un gran bailarín, que aquí no se le reconoció y si se le reconoció fuera.

Un musical que te haya marcado.
Disney hace musicales de escenografías muy fuertes, y a nivel coreográfico Cats, porque se baila las dos horas y media que dura el espectáculo.


Que le pides al futuro.
Salud para poder seguir bailando y dar clases.

Como te ves dentro de 10 años.
Dirigiendo la escuela, con un equipo de gente trabajando.

Algo que siempre has querido hacer y no has podido hacer.
Me gustaría llegar a tener una escuela más grande, y abarcar mucho más. Que vinieran a mi escuela de todos lados, más bailarines y profesionales.


--- o O o ---


Seguro que lo conseguirá.

Particularmente creo que lo que hace Rubén no es solo baile.

Esa coreografía iniciada a los 8 años va de menos a más, y esa es precisamente la fuente de la creatividad, de la superación, y la manera de demostrar lo que significa alcanzar y materializar sueños. Pasos de baile en la coreografía de una vida interesante, que te llevan por veredas y caminos desconocidos pero que finalmente se rinden al compás de la ejecución para, hablando sin palabras, transmitir y contagiar, enseñar e ilusionar. En definitiva, sembrar en un campo de niños, jóvenes y adultos lo que significa el trabajo y el compromiso, que llevado al área personal de cada cual, se convertirá en el mejor combustible de nuestra propia persona, ese que nos permitirá conseguir metas y objetivos. Porque, ¿Qué son los sueños sino las ansias de alcanzar algo que se ve en un futuro? Siempre hay algo más a lo que subir, algo más que mostrar, algo más que alcanzar.
En nuestra mano está el acercar ese futuro, sin olvidar que lo verdaderamente divertido no es alcanzarlo, sino caminar hacia ello.
Y si es bailando, mejor.

De momento, ya estoy ansioso por ver el proyecto de ese Musical del que los dos hablamos, y cuya fecha…, cada vez está más cerca.




Juan Fco. Sanabria – Enero 2016