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jueves, 23 de agosto de 2018

MARISA, sin más.


Hace ya bastante tiempo que el baile y la danza llegó a mi vida, aunque al principio solo como un trayecto casi diario de ida y vuelta.
Con el tiempo, el baile y la danza me han permitido saborear momentos fantásticos, y, como no, conocer gente maravillosa, gente profesional cuyo corazón late con pulso de pasos perfectos y magistrales, gente que vive por y para su pasión, el baile.



Cuando, sin conocer a alguien, a tus oídos te empieza a llegar repetidamente un nombre, y ese nombre siempre ves que va ligado a momentos de felicidad para quien te lo cuenta, momentos de sueños cumplidos, momentos de aprendizaje adquirido desde el corazón, y momentos en los que ves que quien te lo cuenta está contagiado de su forma particular de pasión por lo que ha aprendido o ha experimentado, significa que algo maravilloso está ocurriendo en sus vidas, especialmente cuando de niños pequeños, jóvenes y adolescentes se trata.


Así fue como supe de alguien que se llamaba Marisa (casi mamá Marisa).
La persona que con paciencia, con voz templada y uniforme, con una sonrisa casi constante y normalmente con un abrigo anudado a su cintura, tendía un puente entre su sabiduría y las ganas de aprender de sus "alumnas y alumnos" para que su pulso rítmico y disciplinado les contagiara.
La persona con la que todos querían probar a estirar su piernitas, más adelante piernas, y probarse por primera vez una malla, para emular a los mejores bailarines y bailarinas clásicos en el momento de su primera subida en puntas.
La persona que año tras año irradiaba la misma pasión cuando se ponía al frente de cada una de sus clases para, sin olvidar que delante tenía niños, y siendo consciente de las aptitudes y capacidades de cada uno, hacer que todos alcanzaran un mismo nivel de satisfacción y de disfrute con lo que hacían, consiguiendo que su pasión se inoculara en ellos de la manera que mejor funciona, paso a paso, y saboreando cada movimiento que se hace.


Los años me dieron la certeza de que había sido una gran suerte que se cruzara en mi camino, en el de mi hija, y en el de otros tantos niños y niñas, porque con el tiempo tengo más que claro que su forma de entender el baile y la danza, inevitablemente ha influenciado en la forma en la que quien la practica la disfruta, y quien la ve, la entiende y también disfruta.

El baile, la danza, requiere disciplina, mucha disciplina, pero por encima de eso, ser consciente de donde estás, y de que, ante todo estás trabajando con personas. Personas que no tienen por qué asociar sufrimiento a un arte que exige dedicación, pero si disciplina de trabajo continuo, lo que indudablemente le valdrá al que la practique no solo para crecimiento como bailarina o bailarín, sino para afrontar otras muchas cosas en su vida cotidiana y en la construcción de su futuro.
Marisa en eso ha sido una gran especialista, y lo mejor, lo hace de forma natural.


Desgraciadamente Marisa, y no por decisión suya, no va a estar el próximo año cerca de algunos de sus grupos..., algunos de sus alumnos..., de una parte de su peculiar familia. Y es que, no siempre puedes controlar qué obstáculos se ponen en tu camino, sean de la índole que sea.
Pero una cosa tiene segura: tiene familia numerosa, aunque sea postiza, porque he podido constatar que sus enseñanzas están muy bien arraigadas, muy bien aprendidas y nunca se olvidarán: ¡nunca la olvidarán!. 

Es imposible olvidarse de Marisa. Y si no, no tienen más que ver la reacción de cualquiera de sus alumnos cuando se la encuentran por la calle: un ¡Mariiisa! enorme y acentuado en el centro sale de sus bocas con todo el sentimiento del mundo para posteriormente apagarse mientras se funden en un abrazo que desprende cariño, que desprende ternura y que desprende esa clase de amor que ella les ha dado y les da cada vez que las ve.

Hay una gran diferencia entre ser jefe y ser líder. El primero da órdenes y todos las acatan porque es una obligación. El segundo genera confianza, enseña con su ejemplo y provoca que todos le sigan porque sabe que está haciendo lo mejor para ellos, valorándolos como personas, reconociéndolos como persona. Indiscutiblemente, Marisa es Líder.

Hace poco estaba hablando con ella después de conocer que no contaban con su participación para el próximo curso en la escuela de baile de Rubén T., y durante la conversación me hizo un regalo vital en forma de palabras: "toda mi vida ha estado vinculada a la danza, y siempre estará vinculada a la danza. Y si no es bailando, será dando clases o cualquier otra manera en que pueda hacerlo". 
Es cierto: solo se trata de adaptarte en cada momento, y seguir haciendo lo que te gusta, en la forma que te gusta.

Hace un año le propuse a Marisa hacer una sesión de fotos ambientada en una de sus clases y en la que ella fuera la protagonista. Por problemas de tiempo no pudimos hacerlo en aquel momento, pero ahora, ¡qué mejor momento para hacerlo!

Y así fue como hace un par de días, con la complicidad de nueve de los que hasta ahora han sido sus alumn@s en la escuela de baile de Ruben T., nos dejamos ver en un parque de Las Palmas y jugamos durante algo más de 2 horas en las que hubo de todo, pero sobre todo, y especialmente para quien se dedicó todo el tiempo a observarles,  tanto desde el visor de la cámara como desde la amplitud que te da el aislarte por momentos de lo que está ocurriendo delante de tus ojos, hubo devoción, agradecimiento y amor camuflado de muchas maneras.

Quiero con estas líneas dar las gracias a quienes hicieron posible que pasáramos esa tarde que nunca olvidaremos:

Primero a los alumnos, ya bailarines, que participaron y que tantos buenos momentos me han regalado este año, no solo como bailarines, sino como personas.
Gracias Laura, Gracias Valentina, Gracias Alba Hernández, Gracias Sara, Gracias Barbi, Gracias Andrea, Gracias Paula, Gracias Alba Doria, Gracias Jaiset. Son un lujo de personas. No cambien, solo mejoren su propia versión.

Gracias a Elizabeth López de Dansarte Las Palmas por el vestuario que dejó para la ocasión con el que se puso el toque mágico y clásico en cada imagen.

Y como no, a Gracias infinitas a tí Marisa, que aceptaste el reto sin dudarlo en ningún momento, dejando claro una vez más lo que significa profesionalidad y humildad caminando de la misma mano.



Este es nuestro pequeño homenaje a una gran persona, a la que esperamos seguir viendo  y encontrándonos en todos los recovecos de nuestra vida.
Se que cuando llegas a tu casa tienes dos cositas pequeñas que agitan alegremente sus colas al verte.
Puedes estar segura de que en cualquier de las nuestras, siempre serás recibida con gran alegría y con agradecimiento infinito.

Ese día me regalaste una imagen que posiblemente pase inadvertida, pero tiene mucho significado. Es la imagen de cabecera de esta entrada: Marisa sentada en la escalinata con la cabeza apoyada en sus manos y los ojos medio cerrados.
Significa orgullo, por ver lo que has conseguido con todos aquellos que han pasado por tu lado. Significa también algo de tristeza, por ver que en esta parada se queda parte de tu mochila.
Pero por sobre todo significa lo grande que eres y todo lo que te queda por enseñar, ya que solo tienes que desplegar tu elegante andar, cual diagonal, para seguir subiendo todos esos escalones que se te presentan, y seguro que lo harás con ágiles y firmes pasos, mientras otra corte de aprendices te seguirán hacia el manantial de tu experiencia y buen saber, y los que ya han aprendido te aplaudirán desde el borde del camino o, incluso, se unan a él.


Y ahora..., que no baje el telón..., ¡que siga el baile!.







jueves, 9 de agosto de 2018

Guerras exclusivas del inclusismo


Cada día veo algún episodio nuevo de eso que llaman “lenguaje no inclusivo”, y, sinceramente, vuelvo a pensar que como personas dejamos mucho que desear, porque creo que cada vez hay más brújulas erráticas.

Y como "pedrado" no existe, al menos hasta ahora, aquí va la pedrada (según una de las acepciones de la RAE, “Expresión dicha con intención de que alguien la oiga y se dé por aludido”):

Parece ser que según cómo escribamos las cosas formamos parte, sin haberlo pedido, y sin que nos lo hayan pedido, de una especie de partido o liga cuya competición se basa en estar a favor o en contra de la “imperiosa necesidad” de crear versiones nuevas de determinadas palabras en base al uso interesado de su género, esas mismas palabras que durante años han servido para comunicar a tantas miles de personas sin ningún problema.

¿Por qué nos empeñamos en crear guerras innecesarias para justificar lo que no hacemos en actos, con cruzadas en pro de cambios de lenguaje?
Es una cuestión de educación, no de escritura, Es producto de la incultura y del empeño en educar a personas desde ópticas diferentes, cuando en realidad solo hay un tipo de persona: el ser humano.

Perdónenme, pero me da risa tanto inteligente salido de no se donde, y erigido en Cid Campeador del lenguaje, que en algunos casos lo maneja solo de oídas.
Habrá que reescribir el Quijote, Fuenteovejuna, el Lazarillo de Tormes, La Celestina (por si no lo saben su verdadero nombre el Tragicomedia de Calixto y Melibea y la Puta Vieja Celestina) y tantas otras obras de arte de la literatura, que esos mismos nuevos hidalgos de paja posiblemente no han leído en su vida.

Parece ser que la solución a todos esos problemas de conducta humana pasa por un simple corrección o cambio en nuestra forma de expresión gramatical y/o semántica, e inmediatamente dejaremos de tener comportamientos "exclusivos" para convertirnos en seres "inclusivos".
Me explico:
“Soy deportisto, pero nunca he querido ser futbolisto, porque mis piernos no entienden de patados, solo de caminatos, en “los” cuales se respira de otra manera el aire que llega hasta mi caro.”
¿De verdad piensan que esto es lo que soluciona el problema? No lo soluciona. Ni siquiera creo que ayude a ello.

Es que si seguimos así, lo próximo será incluir en el código penal como delito que un matemático estudie matemáticas, porque se va a entender casi como un abuso sin consentimiento o una  violación, y, señores, un abuso sin consentimiento o una violación SI es algo muy serio. Lo de estas cruzadas del lenguaje, con perdón, son ganas de hacer polvajera.

Es la misma mano (¿o debo decir mana para no herir susceptibilidades?) la que golpea a un hombre o una mujer, y a ambos no le va a doler menos porque tenga género masculino o femenino, le duele por quien golpea.

No se, llámenme loco, pero me da por pensar que, en lugar de tapar carencias con corrientes de moda que solo generan “bulla” y más enfrentamiento innecesario, igual podrían dedicar ese tiempo a educar mejor en su ámbito de influencia, pero con hechos.


¿Y si...?

Estar convencido de que se puede conseguir lo que anhelas, y ver que, con algo que realmente sientes y deseas de corazón, no encuentras cómo hacerlo.

En tu mano está dar el primer paso, pero te frena un puñado de años, te frena una distancia a meta que se antoja injusta, te frena ponerte en el peor lugar respecto de la otra persona y concluir que eres un camino paralelo que nunca con el suyo se va a cruzar.

Me siento extraño en una burbuja particular con forma de Enero, el mismo Enero de esa canción que me retumba en la mente y que no se marcha para volver, sino que solo se aleja, ese que se va disfrazado de oportunidad, ese que toma forma de esperanza, escondida en la incredulidad, o de un sueño que se antoja irreal, y que a cada momento se distancia más y más.

Me resisto y busco la formula para crear estaciones más cortas que hasta mi nuevamente te hagan llegar, aunque solo sea para mirarte y beber de esa sonrisa que no se puede olvidar.
Mi tiempo va más rápido, lo se. Se consume más deprisa, lo sé. Pero quisiera que en él pudieras estar.

No me canso de buscar cómo acelerar el poder compartir contigo mis ganas de llegar a esa caprichosa estación del destino que se esconde delante del final, y se asoma detrás de mis deseos de junto a ti poder andar.
¡Ay, ese doble filo de la imaginación! Te permite visionar sueños, que sientes, que palmas y en los que crees más y más. Y te genera angustia por no conseguir volverlo real. No se si será la diferencia de velocidad entre cómo quieres que sucedan los acontecimientos y cómo se construyen en la realidad, o sentirte pasajero equivocado en un tranvía de ambigüedad, o, simplemente, darte cuenta de que por más que lo veas y lo sientas, no tienes ninguna posibilidad.

Así y todo, tu sonrisa me da vida, tus ojos iluminan y tu vida será la mía, aunque no me permita a tu lado sentarme para algo más que no sea sentir de lejos tu presencia o compartir un cruce de miradas que se escabullen con la excusa de un saludo pasajero y cordial.

Bueno, quizás ese cruce de miradas podría forzar el regreso de un nuevo Enero, para no irse más.

¿Y si se hiciera realidad?.

sábado, 21 de julio de 2018

UNA VUELTA POR EL MUNDO, EN 80 PASOS.



Es tarde-noche de un día cualquiera, y estás sentado en un cómodo banco de una avenida  mirando relajadamente el mar, su movimiento, su música, a ratos pausada y a ratos enérgica, los cambios de tonalidades que el sol pone gradualmente sobre el agua..., mientras el aire diluye con sus caricias tus pensamientos.
En ese momento, alguien se te acerca con una gran sonrisa y un "halo" inconfundible de bondad y serenidad y, sin mediar palabra, te extiende su mano y te invita a acompañarle.
No sabes muy bien por qué, pero le das tu mano, te la coge cual Peter Pan a Wendy (o Wendy a Peter Pan), y con la misma sonrisa te invita a caminar, de una manera pausada, tranquila.

De pronto te das cuenta de que tus pies ya no tocan el suelo. Sigues caminando, pero es un caminar sin esfuerzo y ves que te elevas poco a poco, ascendiendo hacia el cielo en un perfecto baile sincronizado con el azar, hasta que, de repente, paran en una hermosa y algodonosa nube blanca que, sin que te des cuenta, te envuelve y te acoge en su seno para que descanses en ella. Tu misterioso acompañante abre un maletín que lleva en su mano y saca una hoja de papel en blanco. Te la entrega y, con la misma serenidad que llegó, se aleja mezclándose con el resto de nubes como si buscara a alguien más.
Te acomodas en la nube y te das cuenta de que ves a tus pies el mágico teatro del mundo que en ese momento sube el telón del amanecer de un nuevo día en el que el sol agita sus más hermosos rayos para que puedas admirar y ser testigo de lo que la música y el movimiento tienen que contarte.

Es entonces cuando empiezas a oir música y te das cuenta de que allá abajo, tan lejos, pero tan cerca, unas niñas están jugando en Rusia al compás de una música familiar, juego al que de pronto se une Olaf y dos soldados de plomo,
para, juntos, describir giros y más giros mientras siembran de alegría el aire que les envuelve y te transportan a una Alemania de contrastes alpinos.
Un aire que sigue su camino y que se torna cálido, sensual, incluso dramático, cuando desde España nos llegan las primeras evoluciones de un Carmen totalmente intrigante, que al tiempo se desvanece entre los movimientos ondulantes de los ritmos dorados de Arabia que, a modo de tormenta de sensaciones, nos termina transportando a los mejores escenarios de Hollywood donde resuenan sus coreografías y bailes de película hasta alcanzar las calles de New York y sus ritmos urbanos a la vez que frenéticos.

Una antesala para el homenaje desde las sensaciones de los más pequeños a un Neverland totalmente eclipsante en su particular reino del pop antes de introducirnos en los ritmos más calientes de Miami y en los calurosos movimientos de Las Vegas, donde terminas rindiéndote ante los pasos desenfrenados y vibraciones tropicales de Rio de Janeiro y su carnaval para, momentos después, recargar el alma con la melodia de un inolvidable Fado en Portugal que nos envuelve, atrae y secuestra de nuestros propios pensamientos, esos de los cuales despertamos con el sueño de un niño en Londres que convierte la realidad en danza,
la misma que desde el continente africano nos salpica momentos después haciéndonos partícipes de sus salvajes y ancestrales movimientos al calor de un ambiente lleno de entusiasmo con el que desembarcamos en Brasil de la mano de bailes tropicales a la vez que contemporáneos y, de pronto, de un salto espectacular, llevarnos a un vertiginoso y desenfadado Can Can en Francia que nos sube a una noria de luz, risas y diversión de lo que se es y lo que se quiere ser, lo mismo que se esconde tras la máscara del carnaval Veneciano que pocos instantes después nos atrapa en su misterio, al rato desenmascarado por la inocencia de una China infantil pero metódica y cortés a la par que contagiosa, igual que la satisfacción que nos embarga al vernos recorriendo Australia de la mano de Priscilla y su corte de bailarines.



Justo cuando estás en el apogeo de tu disfrute, te das cuenta de que vuelves a tener a tu lado a la misma misteriosa persona que al comienzo te invitó a subir a "tu"nube. Nuevamente te invita a acompañarle, te toma de la mano y, con la misma serenidad del principio, sales de la nube y caminas a su lado, para pausadamente descender poco a poco, a la vez que observas que gradualmente hay un fuerte sonido ambiente que crece muy progresivamente. Cuando por fin llegas a tu banco de partida, de pronto,  ¡despiertas!, ... y tomas consciencia de tu propia realidad:


Estás sentado en la butaca de un teatro, en medio de un ensordecedor aplauso y tienes delante en el escenario todas esas figuras, personajes y escenografías que observaste y te deleitaron mientras estabas en la nube. En tu mano tienes una hoja de papel, pero ya no está en blanco, sino que tiene impreso el programa y el cartel de un espectáculo llamado "La vuelta al mundo en 80 pasos".
La realidad supera a la ficción, y aunque los sueños, sueños son, en este caso, el hilo que los separa de la realidad ya se ha hecho invisible. Solo ha bastado que creas en ello, y ya solo queda sumarte a la fiesta y alegría que inunda la sala contribuyendo con tus palmas a tocar la inefable melodía del reconocimiento a quienes lo han hecho posible.

Sinceramente creo que esta es la manera en que sucedió todo durante las tres puestas en escena del espectáculo La vuelta al mundo en 80 pasos, bajo la idea (o mejor dicho, el sueño) de Rubén T, convertida en realidad en una ejecución de máxima dedicación y precisión por el elenco de bailarines  de su escuela de baile y con el acompañamiento de su equipo docente.
Hubo compañerismo, hubo alegría, hubo ilusión, hubo divertimento, hubo sobre todo pasión..., Eso se siente, y es el mejor indicador del trabajo bien hecho.

Cuando voy al cine a ver una película, al salir, lo que me llevo son momentos de esa película. Me quedo con el argumento, me quedo con el desarrollo, soy consciente de los personajes y actores que han estado, pero, indiscutiblemente, lo que me llevo grabado a fuego en mi mente y conocimiento son determinados "momentos" de esa película. Lo demás podrá difuminarse en el tiempo, pero esos momentos siempre perdurarán. Cuanto más momentos me llevo, mejor ha sido la película.

Algo similar me ha pasado con el espectáculo "La vuelta al mundo en 80 pasos" que tuve la gran suerte de ver y vivir los días 7 y 8 de Julio pasados, pero con una gran diferencia: la colección de momentos que me llevo desbordan mi memoria para gusto de mis sensaciones y alimento de mis experiencias.

Tres sesiones en la que no disminuyó ni un ápice las ganas, el compromiso, la calidad de ejecución, la puesta en escena y, como no, las expectativas cumplidas que embriagaron a todos los presentes de eso que se llama "arte". Tres sesiones inolvidables que quedarán hermosamente guardadas en las vitrinas del intelecto de cada uno para poder recurrir a ellas cada vez que queramos, porque estoy convencido de que con el tiempo, seguirán transmitiendo todas las sensaciones que en vivo se disfrutaron.

Pero no solo me quedo con momentos de los que todos vimos encima del escenario, que me los llevo todos, absolutamente todos, sino momentos que de una forma u otra también forman parte del otro espectáculo, el de sus prolegómenos y sus preparativos, esa coreografía tan extraña que se construye alrededor y dentro de un espectáculo.

Momentos como:
- La confirmación de las tablas de Pablo, disciplinado y entregado donde los haya, un bailarín, maestro de ceremonias, narrador, compañero..., y todo ello aun siendo niño, desafiando al más prestigioso de los personajillos famosos que pudiera osar ponerse en su papel.
- Los nervios de Rubén preocupado por no fallar en ningún engranaje de su sueño con constantes idas y venidas entre bambalinas.
- El vuelo desinteresado del viajero que te invitaba a cerrar los ojos y meterte en su maleta para no perder detalle de lo que se estaba desarrollando, aun a costa de dolores musculares y algún que otro calambre.
- Las caras de juego de las pequeñajas, que convertían el juego en disciplina, o la disciplina en juego, para, al fin y al cabo, conseguir lo que querían y jugar a mayores.
- El ascenso de Pablo en su versión de Billy Elliot, y su baile en medio de aquellas nubes de sueño con total maestría y naturalidad, convenciendo a los presentes de que se puede alcanzar aquello en lo que crees.
- La calma aparente de Elena y su ojo avizor para conseguir siempre un punto más de perfección..
- La voltereta de Marisa, Y el poema maravilloso que se escribía en su cara cuando sus "niñas" le dieron su regalo muy especial.
- El contemplar, desde detrás de ellos, a Rubén y Elena ensayando su parte de coreografía, y su forma de entenderse, casi sin hablar, solo con pasos.
- El abrazo de Marisa a Olaf al encontrárselo solito arrinconado junto a una puerta.
- Las chuches de Alejandro y otros tantos que se empeñaron en endulzar el entretiempo.
- Las poses individuales de los más pequeños cuando bajé a la planta baja para hacerles fotos de grupo, queriendo parecer adultos, cuando en realidad somos nosotros los que debiéramos parecer niños
- Fran (a saber, Diábolo). Una persona que llegó a los ensayos como un viandante que pasaba a saludar, que llegó al backstage en cada sesión desde el minuto 0 con su bolsa, como uno más, mezclándose y hablando con todos, grandes y pequeños, sin perder su naturalidad, y que se fue el último día como una REINA, y llevándose un trozo de corazón de todos los que allí estábamos.
- Los abrazos y la emoción de la niñas y niños despidiéndose de Fran.
- El guiño de Valentina a la platea en el trapecio, jugando con los presentes y transportándolos a la mejor carpa de sus sueños.
- La fuerza y profesionalidad de Gerardo y Cristian, que en todo momento mantuvieron los sueños en las alturas y a los soñadores a salvo.
- El compromiso de algunos colaboradores como Mariló Acevedo o Carla Hernández, que, al igual que los profesores de la escuela, permanecieron al pié de backstage antes, entre y durante las puestas en escena, demostrando que la profesionalidad no solo se mide con fama, sino con tablas, talante y respeto hacia los demás.
- Natalia, la única persona capaz de poner orden cuando no lo parece y de estar en 5 sitios a la vez, aunque en todos esté huyendo de una cámara de fotos, por no se qué historia de la fotogenia (si supiera que la palabra fotogenia es solo una excusa...)
- Las sesiones de maquillaje de Adriana.
- El macro-espejo del backstage, testigo mudo de mil carantoñas y otros tantos abrazos.
- La complicidad de l@s mayores con los más pequeños.
- El magnífico detalle de Andrea con sus compañer@s de grupo y añadidos, regalándole un trocito suyo en forma de dibujo.
- Las caras de felicidad y disfrute de los bailarines mientras ejecutaban las coreografías de ritmos tan dispares como un folclórico Carmen en España, un Fado en Portugal, un Rey León en la sabana africana o un Can-Can en el París de la Francia.
- El desorden totalmente ordenado en los cambios de vestuario, y el "todos a una" para conseguir que los bailarines que repetían estuvieran listos a tiempo de entrar en la siguiente coreo.
- Los bailarines en las calles de entrada al escenario mientras otro grupo estaba actuando, dando ánimos y, por qué no, también bailando.
- Ver una percha alargada con todos los vestuarios que se iban a utilizar, y ser consciente de la cantidad de horas que supone no solo el diseñarlo, sino el hacerlos realidad.
- La concentración de Pipi (la técnico de Audiovisuales Canarias) buscando a pie de platea la manera de materializar en forma de luces la idea exacta de lo que la escenografía le exigía, su paciencia infinita para no sucumbir en el intento, y la profesionalidad y naturalidad con la que se distinguió en cada momento.
- Jesús,  siempre junto a su cámara de video, y que, al igual que quien escribe, se gozó de pié dos funciones el sábado y una el domingo, siempre preocupado porque los espectadores en su entrada y tránsito no golpearan el trípode y perjudicara la grabación de lo que se va a convertir en uno de los mejores testigos y recuerdos de ese fin de semana.
- Las caras de los padres al ver salir a escena a sus hijas e hijos.
- Ver evolucionar a mi hija sobre puntas...
- Un Can-Can endiablado, enérgico y divertido que hizo mover los pies, agitar las palmas,  levantar el ánimo y plantar una sonrisa a todos los presentes.
- El abrazo de dos hermanos sobre el escenario.
- El llanto abrazado de algunas bailarinas al ver que el espectáculo acababa.
- La dedicatoria final de uno de los grupos a una de sus componentes que por causa de fuerza mayor se vio obligada a abandonar los ensayos a una semana de la puesta en escena.
- Las despedidas.
- El gradual descenso del bullicio y griterío en el backstage en la última función, a medida que los bailarines lo iban abandonando con la certeza de haber alcanzado su parte del sueño.
- La última mirada atrás cuando abandoné el recinto...

Todo eso junto es lo que te hace ver y entender que detrás de todo espectáculo hay, sobre todo, personas, con sus problemas, defectos y virtudes, pero personas que creen en lo que hacen y que son capaces de dar forma física a una idea..., a un sueño.
Gracias a eso es por lo que se consigue que lo que vimos llenara tanto, y estemos seguros de que a nosotros no se nos va a olvidar en la vida. A los protagonistas no solo no se les va a olvidar en la vida, sino que les elevará en el aire en todos los pasos que den en la suya.


Rubén, no se si lo que vimos era tu sueño tal cual lo imaginaste. Solo sé que al ponerlo en escena conseguiste meternos a todos en él, y lo que es mejor, por si no se han dado cuenta, demostrar que los sueños se pueden materializar, solo hace falta poner ganas, empeño..., y pasión en lo que crees. No me cansaré de decirlo.

Un año más demuestras que no basta con cumplir, sino que hay que hacerlo más que bien, ser original y crecer, aunque ello suponga muchos dolores de cabeza e inconvenientes. Por favor, sigue alimentando esa curiosidad innata que tienes. Ya estamos contando las horas hasta el próximo año.


A los niños y niñas de tu escuela, solo decirles "sigan soñando", sigan creyendo..., sigan luchando por alcanzar cosas y por siempre, siempre, siempre... aprender, si es divirtiéndose, mejor.

Y a todos, solo decirles la única palabra que cabe en este momento: GRACIAS.

No les canso más. Me voy divertir un rato dando una vuelta, no se si será de 80 pasos, pero seguro que será por el mundo...


JSR - Julio 2018







































martes, 10 de julio de 2018

Hola Andrea.




Con toda mi admiración, para Andrea, Sara, Susana, Barbi, Adriana, Alba Doria, Valentina, Paula, Alejandro, Jaiset..., y por extensión para Valentina Rodríguez, Laura, Ada y Alba Hernández.



Hola Andrea.

Quisiera contarte un secreto que no lo es.

Llevo muchos años haciendo minutos y minutos de espera a la puerta de “Baile”, pero no es una espera baldía.

Posiblemente quien me haya visto haya pensado que soy antipático, porque en esos momentos soy de hablar lo justo. Y es que todo ese tiempo lo he pasado haciendo una de las cosas que más me gusta: observar (porque de todo se aprende).

Todos esos minutos de espera me han permitido saber mucho de ustedes y ver la evolución que han registrado en sus caracteres, en sus comportamientos, en sus relaciones con los demás, y, por supuesto, en su forma de afrontar cosas nuevas, en su forma de aceptar la críticas, en su manera de afrontar nuevos retos..., en definitiva en su forma de "crecer".

Y llegó este año. El año en el que aquellas niñas que empezaron más pequeñas haciendo giros sencillos, mirando con ojos de admiración, y soñando con emular, a las chicas del grupo”grande”, resulta que ahora se han convertido en el grupo de referencia, en el grupo de l@s “mayores”, las que sirven de modelo a todos esos niños y niñas pequeños que ahora las miran con la misma admiración y anhelo de llegar un día a bailar como ustedes.

Ese grupo, el de l@s “mayores”, este año ha bailado como nunca, ha transmitido energía y pasión como nunca y, lo que es mejor, ha disfrutado como nunca.

Pero además de eso, este año he visto algo que me emociona y ratifica mi absoluta creencia en que hay jóvenes con valores, jóvenes con sentido de humildad y con sentido de humanidad.

He visto como, en una casuística muy especial, ese grupo homogéneo de “mayores” ha acogido a cuatro compañeras de edades inferiores como si hubieran estado toda la vida con ellas, las han recibido con calor y las han acompañado hasta alcanzar la endiablada vertiginosidad de todas aquellas coreos en las que han participado juntas, no solo como bailarinas, sino como compañeras, siendo tod@s un@ sol@,

Y en tu caso particular, he visto una muestra de lo que significa hacer valer tus propias convicciones, aparte de demostrar que tienes un gran corazón y que pones por encima de todo el ser persona, aun a costa de que haya quien eso no le pueda gustar y genere recelo. Ell@s se lo pierden.

El día de la segunda inolvidable actuación le hiciste a tus compañer@s un regalo de los que no tienen precio, porque no hay dinero en el mundo que lo pague.

Le regalaste a cada uno de tus compañeros de ese grupo de “mayores” un dibujo hecho por tí, envuelto con el calor tu corazón, donde les decías sobre un lienzo de sensaciones en forma de papel, con trazos de lápiz, y tinta de tu propia alma, lo que cada uno de ellos significaba y representaba para ti.

Y tuviste el gran detalle de también entregar un dibujo a esas cuatro personas que se unieron a ustedes y que desde ya forman parte de vuestros corazones, por aceptarse mutuamente, tal cual, y por haber compartido con ustedes esas vivencias que nadie ya les podrá quitar.

Desde la distancia de un desconocido que solo opina sobre lo que ve, y lo hace tal cual lo piensa, no puedo estar más orgulloso del detalle que has tenido con tus compañer@s.

He visto cada uno de esos dibujos y, sinceramente, no necesito que me digan a quién pertenece cada uno, porque hablan por sí solos, y no solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen.

Es el mejor regalo que se puede recibir. Bueno corrijo, es el segundo mejor regalo que se puede recibir. Creo que el primero es que te hayas cruzado en sus vidas.

Es una muestra de que el baile es exigencia, es disciplina, pero también es diversión, y ayuda indiscutiblemente a formar a personas como tú, buenas personas..

No se qué les deparará el año próximo. Solo deseo que sigan construyendo sus vidas en la misma forma en que disfrutan de la mejor de sus coreografías.

Y a ti en particular, no cambies. Sigue con esa forma medio alocada de hacer las cosas, porque en la diferencia está la excelencia, y ese “don” que tienes se alimenta de ello.

Un abrazo y un beso fuerte para tod@s. Y para tí, además, una palmada en el “totiso”, con todo mi cariño.

Juan.

P.D.:
Estas líneas están dedicadas a sus protagonistas, l@s que aparecen en la dedicatoria de cabecera.

Pero no sería lo mismo si no se los presento tal cual Andrea los ve (y puedo asegurar que no se distancia ni un milimetro de su realidad).




Alejandro


Paula


Valentina


Alba Doria


Sara


Adriana


Jaiset


Susana


Barbi


Valentina Rodríguez, Laura, Ada y Alba Hernández